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Tema: De la literatura al cine

  1. #851
    Video Home System User Avatar de Charles Lee Ra
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Es una película mucho menos... simpática. Los personajes son todos menos simpáticos que los compuestos por los actores. El episodio del adulterio, aunque tiene mucho sentido en el contexto de los personajes, da la impresión de estar de relleno, además de la trama de corrupción política... prefiero la película también.

    De Benchley me gusta mucho más "La isla" que también tiene adaptación cinematográfica, con Michael Caine y David Warner.

  2. #852
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Hace unos días comenté brevemente en el hilo dedicado a Polanski las diferencias que había entre el texto teatral de Ariel Dorfman, La muerte y la doncella, y la adaptación llevada al cine por el director franco-polaco. Hoy le toca el turno a un par de obras teatrales más:

    Terra baixa, de Àngel Guimerà (1897)
    vs
    Tiefland, de Leni Riefenstahl (1954)



    La obra de Guimerà, pieza esencial dentro del repertorio clásico del teatro catalán, enfrenta al mundo corrompido de esa “terra baixa” (el llano) con la pureza de la montaña. Sebastià es un cacique despiadado que gobierna sobre personas y haciendas, sus órdenes son la ley, aunque su economía es débil, cargado de deudas e hipotecas. Su situación financiera lo obliga a casarse con una rica “pubilla”, una heredera, pero para ello antes ha de limpiar su imagen, deshaciéndose de Marta, su amante, una joven que recogió cuando era casi una niña y vagaba pidiendo limosna con su “padrastro”. Le busca un marido, un inocente e ingenuo pastor, Manelic, acostumbrado a la vida solitaria de las altas montañas, con las ovejas como única compañía y la presencia del lobo como amenaza. Manelic no sabe manejarse bien entre los rumores, los cotilleos, las malas intenciones de la gente del pueblo, pero con lo que no contaba es que todo sea un engaño, y que en la misma noche de bodas Sebastià visite a Marta en su dormitorio, aunque el marido no llega a saber quién es el visitante. Unos días más tarde, y después de lloros, gritos y confesiones varias, Marta parece dispuesta a dejar el pueblo e irse con Manelic a la montaña, pero Sebastià intentará evitarlo. La lucha entre los dos hombres será a muerte. Manelic mata a Sebastià y marcha con Marta en brazos al grito de “he mort el llop” (“he matado el lobo”).

    Riefenstahl, por su parte, adapta a la pantalla la obra de Guimerà pero pasada por la ópera de Eugen d’Albert sobre libreto de Rudolph Lottar. Desconozco la obra lírica, pero el film respeta en lo esencial a Guimerà, aunque modificando su estructura en tres actos y escenario único. En una España de gitanos y bailaoras (la propia Riefenstahl, demasiado “talludita” para el papel),



    de aspecto más mesetario que mediterráneo (algunas imágenes se rodaron en España, durante la II Guerra Mundial, pero al parecer se perdieron, trasladándose el rodaje a la zona de los Alpes), don Sebastián, marqués de Roccabruna (Bernhard Minetti, uno de los grandes actores del teatro en alemán, al cual Thomas Bernhard dedicó una obra), acostumbrado a actuar según sus caprichos, se prenda de una bailarina, Martha, a la que convierte en su amante. Pero, como en la obra de Guimerà, sus enormes deudas lo obligan a contraer matrimonio con la hija del alcalde. Para ello ha de “arreglar” su situación con Martha, casándola con Pedro, el pastor, que vive felizmente en sus idílicas montañas (aunque allá tenga que vérselas con el lobo, cosa que Riefenstahl muestra en una lucha escalofriante, que en el texto de Guimerà describe Manelic con notable plasticidad), alejado de la corrupción de la tierra baja.




    El mismo día se casan Martha y Pedro y Don Sebastián y la hija del alcalde, pero ello no impide al marqués presentarse en casa de Martha (la casa del molino que Don Sebastián ha cedido a los esposos) para yacer con la amante. El enfrentamiento, de gran fiereza, como el que vimos en su momento entre el pastor y el lobo, acaba con la muerte del tiránico aristócrata y con la marcha de Pedro y Martha hacia la pureza de las montañas.



    Riefenstahl le da al drama ese aire de cuento que caracterizaba también su Das blaue Licht, con la idealización de las cumbres alpinas, casi como si de uno de los films que rodó con Arnold Fanck se tratara. Riefenstahl pone en juego toda su brillante concepción de la fotografía, su trabajo con las sombras, con la iluminación, con los encuadres, consiguiendo un film muy atractivo. No entro en las vicisitudes del rodaje y de su postproducción, que daría para otro comentario más extenso aún. En todo caso, a pesar de rodarse durante la primera mitad de los 40, la película no se estrenó hasta 1954, después de que la directora fuera acusada de utilizar gitanos, en especial niños, prisioneros de un campo de concentración cercano a Salzburg, lo cual provocó su depuración durante unos años y que el proyecto quedará congelado.

    El chico de la última fila, de Juan Mayorga (2006)
    vs.
    En la casa (Dans la maison), de François Ozon (2012)



    El texto del madrileño Mayorga, que he tenido la oportunidad de ver en un reciente y excelente montaje teatral en la Sala Beckett de Barcelona, con dirección de Andrés Lima y Sergi López como actor principal, nos cuenta la relación entre un profesor de lengua y literatura, Germán, escritor frustrado (Germain, Fabrice Luchini en el film) y un solitario alumno, Claudio (Claude, Ernst Umhauer), ese muchacho callado que siempre se sienta en la última fila, y que se revela como un notable escritor a través de las redacciones que le va entregando y en las que describe con detalle la vida de la familia de Rafa, compañero de clase. Germán va comentando durante la obra los escritos con su mujer, Juana (Jeanne, Kristin Scott Thomas),




    que regenta una galería de arte contemporáneo, sobre la que pende la amenaza del cierre ya que no consigue vender ninguna obra. Por su parte, la familia de Rafa la componen Rafa padre (Rapha, Denis Ménochet), un vulgar comercial con vínculos con China y aficionado por encima de todo al baloncesto, y Ester (Esther, Emmanuelle Seigner), que mata sus largas horas de aburrimiento hojeando revistas de decoración y proyectando modificaciones en la casa.

    Claudio se siente atraído por desvelar el secreto de una familia “normal” (en un momento dado escribe que en la casa se percibe “el inconfundible olor de la mujer de clase media”). Poco a poco, Claudio y German van pintando juntos el retrato de esa familia, una radiografía por momentos hiriente de la clase media. Entre los dos se establece una especie de atracción mutua, una dependencia de uno con el otro, que poco a poco va a provocar la degradación de German como maestro, las discusiones con su mujer, Juana, y la obsesión de Claudio con la escritura en detrimento de todo lo demás (aunque nunca sabremos gran cosa de Claudio, que se mantendrá en una zona de penumbra a lo largo de toda la obra y del film). La película pone mayor énfasis en el carácter misterioso y provocador del alumno, que parece manejar todo el proceso, algo que no está tan marcado en la obra teatral. Además, Ozon modifica el final para convertirlo en una especie de castigo a la inmoralidad de Germain, a su falta de escrúpulos (pierde su trabajo en la escuela y a su mujer). La obra de Mayorga no respeta la estructura clásica en escenas mezclando tiempos y lugares, solapando la lectura de las redacciones con la visualización de lo redactado y los comentarios sobre el texto entre maestro y alumno o entre German y su esposa. Ozon es más convencional en su tratamiento, aunque no deja de utilizar también algunos de estos recursos. En todo caso, tanto la obra como la película me parecen espléndidas. A destacar las interpretaciones de todo el reparto en el film de Ozon, con especial mención al joven e inquietante Ernst Umhauer.

    Última edición por mad dog earle; 24/03/2019 a las 21:54

  3. #853
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    El altar de los muertos (The Altar of the Dead) (1895), de Henry James
    vs.
    La habitación verde (La chambre verte) (1978), de François Truffaut








    Después de desesperarme en la lectura de “La copa dorada” de Henry James, me decidí a reconciliarme con el escrito norteamericano afincado en el Reino Unido por medio de algunos de sus relatos, en especial uno que hacía tiempo que quería leer: “El altar de los muertos”, que dio pie a la película de Truffaut que prefiero (junto a Los 400 golpes): La habitación verde.

    El relato de James nos cuenta la historia de George Stransom, uno de esos personajes típicos jamesianos, acomodado, solitario, de pasado inconcreto, que en esta ocasión parece solo vivir para honrar la memoria de la que iba a ser su mujer, Mary, y que murió poco antes de la ceremonia. Stransom es un viudo perpetuo, de duelo permanente, hasta el punto que ha concebido, y se ha dedicado plenamente, a una especie de religión de los muertos, de “sus” muertos, con Mary a la cabeza. Esa especie de santoral necrófilo necesita de un lugar de culto y Stransom lo va a encontrar en una capella vacía dentro de una iglesia, en donde podrá poner una vela por cada uno de sus amigos y seres queridos fallecidos, formando una especie de bosque de luz.

    En un determinado momento James nos dice: “ratos había en que se sorprendía a sí mismo casi deseando que determinados amigos suyos se murieran de una vez, a fin de poder así establecer con ellos una relación más grata de lo que era, en realidad, hacedero tener con ellos en vida”. Es, por tanto, un hombre que busca la compañía de los muertos, y rechaza la de los vivos. Con todo, empieza a encontrarse con una mujer más joven en la iglesia. Es una mujer con un "solo" muerto al que venerar. Poco a poco van estableciendo algo parecido a una amistad, pero sin llegar nunca a intimar. Su marco de relación es la capilla mortuoria. Con el paso de los años, y una vez muerta su madre, con la que vivía, la mujer invita un día a Stransom a visitarla en su casa. Allí descubre por las fotos y los recuerdos que decoran la estancia que ese amor único al que la mujer dedica su vida es Acton Hague, viejo amigo de Stransom que años atrás le hizo objeto de una ofensa imperdonable. Así, Stransom se da cuenta que la relación con su acompañante es imposible, ya que se siente incapaz de perdonar a Hague y de acogerlo en su capilla, de compartir su duelo con el de ella.

    Rota la relación, solo se van a reencontrar en el último momento de la vida de Stransom, cuando este, enfermo, vuelva a la capilla para encontrarse allí a la mujer. Dispuesto ahora a aceptar a Hague, su deseo es completar la obra de su vida con una vela más: la suya propia. Y con esa petición Stransom expira en los brazos de la mujer.

    Truffaut, junto a Jean Gruault (colaborador en varios de sus films), adaptan el texto de James con gran acierto. Por un lado trasladan la acción a la Francia rural de entreguerras, una década después de la I Guerra Mundial. Además convierten al protagonista, Julien Davenne (interpretado por el propio Truffaut), en un exsoldado que combatió en la artillería, no siendo ni siquiera herido, mientras que casi todos sus amigos murieron en combate.





    Al duelo personal se añade así un duelo de una dimensión más universal, el que provoca la guerra. Además, Julien colabora en una revista, Le Globe, redactando notas necrológicas. Una revista, por cierto, moribunda, porque como comenta su director se está quedando sin lectores, ya que se mueren los subscritores.

    En su casa, Julien tiene acondicionada una habitación (la habitación verde del título) como santuario dedicado a su mujer muerta, Julie (en este caso, la mujer murió poco después de casados), con fotos e incluso la reproducción de una mano. Serio, circunspecto, Julien se dedica a recuperar objetos en las subastas, como un anillo que perteneció a su esposa. En una de esas subastas conoce a Cecilia (Nathalie Baye), que también mantiene el duelo por alguien, pero ella le aclara que ama a los muertos, pero no “contra los vivos”, como es en el caso de Julien.

    Un buen día muere un político de prestigio, Paul Masigny, al cual dedica una necrológica demoledora, que ni siquiera se llega a publicar. Ese Masigny se corresponde al Hague de James. Más tarde, en una noche de tormenta, se producirá un incendio en la habitación verde, quedando muy dañada,






    hasta el punto que Julien se plantea recordar a Julie con una figura artificial (un poco a lo Ensayo de un crimen buñueliano), pero cuando la ve ordena su destrucción.




    Todo ello lo lleva, como en el relato de James, a acondicionar, con la ayuda de Cecilia, una capilla junto al cementerio (en este caso exenta, no integrada en una iglesia), donde dar forma al altar de los muertos (el efecto de las velas nos puede hacer recordar Die müde Tod, de Lang).




    La capilla, además de las velas, está decorada con las fotos de todos sus muertos (entre los que vemos personajes reales, entre otros el propio Henry James, del que dice Julien que “me enseño a respetar a los muertos”).




    El resto es muy similar a la novela. También descubrirá Julien que el objeto del duelo de Cecilia es ese amigo que lo ofendió, Masigny, lo cual comportará la ruptura de la relación. Pasa el tiempo y Julien enferma, recluido a menudo en la quemada habitación verde. Al final, al límite de su vida, encontrará una noche a Cecilia en la capilla y declarará que hay sitio para Masigny, pero necesita que ella encienda una vela más que completará su obra: la suya, tras lo cual muere en los brazos de Cecilia.




    El tono mortuorio del film, perfectamente conseguido, se expresa de diferentes maneras: en la interpretación ausente de Truffaut; en la fotografía oscura, de días grises o lluviosos sin sol,de ambientaciones cerradas o nocturnas, obra de Néstor Almendros; y la música triste y evocadora (y un tanto fúnebre) de Maurice Jaubert. Truffaut logra así uno de sus mejores films, alejado de esa imagen ligera y un tanto frívola que puede parecer que se expresa en su cine, ese canto a la vida y al amor, pero que siempre he pensado que, en el fondo, oculta en su capa más profunda, un sentimiento fundamentalmente triste y melancólico, en el que la muerte se transluce a menudo. Muy recomendable texto y película.
    Última edición por mad dog earle; 08/04/2019 a las 21:36
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  4. #854
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    El huésped (The Lodger, 1913), de Marie Belloc Lowndes
    Vs.
    El enemigo de las rubias (The Lodger, 1927), de Alfred Hitchcock





    En el marco de la revisión que estamos llevando a cabo de las películas de Hitchcock (en el hilo Sir Alfred Hitchcock: revisando sus películas), comentamos hace poco The Lodger, uno de los mejores films mudos del director, si no el mejor o como mínimo el más evidentemente hitchcockiano. Como la mayoría de los films de Hitchcock de esa época (y también de las posteriores), la película adapta un texto literario (que solían ser novelas de segundo orden u obras teatrales de autores hoy bastante olvidados). En el caso que nos ocupa, Marie Belloc Lowndes (1868-1947) fue una prolífica novelista inglesa y The Lodger una de sus obras de mayor éxito. Se destaca que era una autora con un especial interés por los retratos psicológicos de sus personajes femeninos. Y esta es, precisamente, una de las grandes diferencias de la novela respecto a la película: el texto se centra en buena medida en el personaje de la patrona Ellen, mucho más que en el huésped del título.

    Ellen y Robert Bunting son unos antiguos criados, retirados de su oficio, que se dedican a malvivir alquilando, sin mucho éxito, habitaciones de su casa. Al inicio del relato están al borde de la ruina, pero la llegada de un misterioso inquilino les sacará del apuro.



    El huésped, que responde al nombre de Mr. Sleuth (nombre que, recordemos, es un apelativo utilizado para los detectives, traducible por “sabueso”) es un tipo reservado, de extrañas costumbres (se pasa la mayor parte del día encerrado en su cuarto leyendo la Biblia y sale a dar largos paseos por la noche),



    que no soporta la presencia en sus estancias de una serie de grabados victorianos de bellas mujeres (algo que se reproduce en la película).



    Además, alquila una estancia adicional para sus “experimentos” (que nunca sabremos en qué consisten). Su llegada coincide con una nueva muerte producida por “El Vengador”, un asesino en serie que tiene atemorizado a todo Londres.

    El matrimonio Bunting tienen un joven amigo, Joe, que es policía, al que Robert sonsaca todo lo que pueden sobre el caso del asesino. Joe frecuenta aún más la casa a partir del momento en que Daisy, la hija de Robert, vuelva al hogar paterno, ya que siente un evidente interés amoroso por ella. Ellen, por su parte, cada vez sospecha más y más del inquilino: las muertes continúan e incluso se acercan a la vivienda. La patrona llega a asistir a la instrucción judicial sobre uno de los asesinatos, obsesionada con el caso. Robert, por su parte, también empieza a sospechar de él cuando una noche en que ha estado trabajando de camarero se encuentra a Sleuth de regreso a casa con el abrigo sucio de sangre.

    Unos días después, Sleuth acompaña a Ellen y Daisy (su hijastra) al museo de figuras de cera de Madame Tussauds. Se cruzan con el nuevo comisario (el anterior ha sido destituido por la incapacidad de atrapar al asesino), el cual comenta que el probable asesino es un loco escapado de un psiquiátrico al que siguen la pista desde hace tiempo. Sleuth deja plantadas a sus acompañantes, aduciendo que se encuentra mal, y huye del museo. No sabremos nada más de él, pero el lector adquiere la certeza de que se trataba de esa especie de Jack el Destripador que aterrorizaba Londres.

    El final es feliz: Daisy se compromete con Joe y Ellen y Robert vuelven a su oficio de criados y se supone que resolverán así sus problemas económicos. El huésped ha sido como una nube negra que ha oscurecido sus vidas durante un breve período de tiempo.

    En el film de Hitchcock, en cambio, como es bien sabido, el inquilino (interpretado histriónicamente por Ivor Novello) no es el asesino, sino el hermano de una de sus víctimas, que sale por las noches para intentar encontrar al Vengador. La película también tiene un final feliz, pero un tanto inverosímil: el huésped, del que nunca sabremos su nombre, es un hombre rico que se ha enamorado de Daisy, con la que se casará con la consiguiente satisfacción de sus padres.



    O sea, en la pantalla el policía Joe no se queda con la chica (y es que con Hitchcock la policía no suele tener recompensas).

    Es una novela que se lee con rapidez, sumamente entretenida, y que trabaja notablemente el perfil del personaje de Ellen. La película, por su parte, respeta los dos primeros tercios del film (aunque le da un protagonismo y presencia a Daisy que no tiene en el texto), pero modifica sustancialmente la parte final, en parte por imposiciones de producción: Ivor Novello, una estrella del momento, no podía ser un asesino (como no lo podía ser Cary Grant en Sospecha). A pesar de ello, Hitchcock consiguió filmar uno de sus mejores films anteriores a 1934, uno de los pocos auténticamente hitchcockianos de esa época.
    Última edición por mad dog earle; 06/07/2019 a las 22:27
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  5. #855
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    El viernes me compré en el FNAC tres novelas que luego han sido llevadas al cine con gran éxito: El asesino vive en el 21 (Steeman), Picnic en Hanging Road (Lindsay) y El otro (Tryon).

    mad dog earle, Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

  6. #856
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Ya contarás. La de Lindsay la he leído dos veces y es muy buena. Las otras dos no las he leído... de momento: en especial me interesaría la de Tryon, que fue llevaba a la pantalla por Robert Mulligan con brillantez (aunque no sé si con fidelidad). La otra tiene versión de Henri-Georges Clouzot, otro de esos directores que apetecería revisar a fondo.

    Por mi parte me he hecho con "La Costa de los Mosquitos", de Paul Theroux, para preparar la revisión del film de Peter Weir. Ya os contaré qué tal.
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  7. #857
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    El día de los trífidos (The Day of the Triffids, de 1951), de John Wyndham



    vs. La semilla del espacio (The Day of the Triffids, 1963), de Steve Sekeley



    Hace unos días comenté la película de Steve Sekeley en el “otro rincón”, un film británico de ciencia ficción no especialmente lucido. A pesar de lo poco reconfortante del visionado, me pareció que, de fondo, había una narración de género suficientemente atractiva como para dedicar un tiempo a la lectura de la novela que se dice adaptar, obra de John Wyndham, autor de, entre otras obras, “The Midwich Cuckoos”, llevada a la pantalla en 1960 por Wolf Rilla (Village of the Damned), y años después, en 1995, por John Carpenter (Village of the Damned), con mucha mayor fortuna que en el caso de “El día de los trífidos”.

    La novela tiene, a mi modo de ver, el mismo problema que la película: mezcla dos tramas de manera poco armoniosa. Por un lado, unas extrañas luces, que se atribuyen a un cometa (aunque en la novela el protagonista duda de esa interpretación), han provocado la ceguera de la mayor parte de la población mundial, solo salvándose algunas personas por razones circunstanciales, como el protagonista, el biólogo Bill Masen, que se encontraba en un hospital recuperándose de una dolencia en los ojos (en la película es un oficial de la marina).



    Masen se despierta en su cama del hospital sin encontrar respuesta a sus llamadas de auxilio: ni médicos ni enfermeras ni otros pacientes, nadie responde.



    Decidirá quitarse las vendas de los ojos para descubrir que Londres, y se supone que el resto del mundo, de manera súbita, ha entrado en una era apocalíptica de caos, violencia, destrucción, enfermedad y muerte. A partir de ese momento, la narración enfrenta a Masen con el reto de la supervivencia, como si se hubiera trasladado al mundo resultante de una catástrofe nuclear (de hecho, se apunta a la II Guerra Mundial como algo reciente, desde un presente indefinido, y se hace un referencia concreta al 6 de agosto, el día en que se arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima, o sea que el miedo a la noche nuclear está muy presente).

    En paralelo, surge la amenaza de los trífidos, unas enormes plantas que crecen hasta una altura de algo más de dos metros, y que se cultivan para la fabricación de un aceite de gran calidad.



    Los trífidos son el resultado de la manipulación genética llevada a cabo en la URSS, algo que en la película no se comenta, pareciendo más bien que su origen y extensión sea debido a una causa extraterrestre (quizá esas luces misteriosas), aunque una breve secuencia en un invernadero cuestiona esta interpretación.

    Tenemos, pues, por un lado a pequeños grupos de supervivientes que intentan agruparse y protegerse mutuamente, aunque también se generan enfrentamientos entre ellos, y, por otro, las cada vez más agresivas plantas, dotadas de un aguijón mortal que escupe veneno. Los trífidos se pueden desplazar mediante sus raíces, que actúan como tres patas, por lo que se van paulatinamente extendiendo por todo el territorio. Pero como pasaba en la película, incluso de manera más acusada, las dos tramas no combinan demasiado bien: los trífidos desaparecen durante bastantes páginas del relato, cobrando más importancia (cosa que es de agradecer) los intentos robinsonianos de sobrevivir en un mundo hostil. Si en la película Masen iniciaba un largo periplo hacia el Sur, primero acompañado de una niña huérfana y luego de una joven francesa, con destino a una base naval norteamericana en Cádiz, en la novela los personajes se mueven siempre dentro de Gran Bretaña, más en concreto en Londres y regiones próximas.

    En el film se intercalaba paralalelamente otro hilo argumental: las investigaciones que un matrimonio lleva a cabo en una isla alejada del mundo, mediante las cuales consiguen descubrir que se puede acabar con los trífidos con agua del mar. Esta forzadísima solución al problema no existe en la novela, en la que queda abierto cuál será el futuro de la humanidad. Al acabar, dejamos a nuestros protagonistas (Masen ha conocido a una joven con la que tiene un hijo, y además se han hecho cargo de varias personas más, entre ellas varías ciegas) dispuestos a instalarse en la isla de Wight, limpia de trífidos, que ha de servir como punto de partida para la consolidación de una nueva sociedad basada en principios distintos. Este planteamiento en clave utópica es quizá lo más relevante del texto, incluso plantea soluciones atrevidas sobre la familia, el sexo o el ejercicio del poder, elementos prácticamente ausentes de la película.

    En definitiva, un texto atractivo, mucho mejor que la película (que no es más que una mediocre adaptación, poco fiel a la forma y al fondo), pero que, a pesar de todo, me ha resultado un tanto decepcionante: esperaba mucho más.

  8. #858
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    La dama desaparece (The Lady Vanishes o The Wheel Spins, 1936), de Ethel Lina White



    vs. Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938), de Alfred Hitchcock



    Atendiendo a la revisión de la obra de Hitchcock que seguimos en el hilo correspondiente, y como “efecto colateral” del visionado de The Lady Vanishes, se me despertó el interés por leer la novela de Ethel Lina White del mismo título (aunque inicialmente el libro se publicó como “The Wheel Spins”). White también es autora de otra novela famosa, “Some Must Watch”, llevada al cine con éxito por Robert Siodmak: La escalera de caracol.

    Ya de entrada hay que decir que la adaptación para la pantalla recoge casi todo lo que hay en el libro. El trabajo de los guionistas (aparecen acreditados Sidney Gilliat y Frank Lauder, pero es bien sabido que el propio Hitchcock y su esposa Alma Reville, responsable de la “continuity”, intervenían de manera decisiva en la construcción de los guiones de sus películas) fue ampliar el ámbito de la intriga dotándole de una dimensión más amplia y espectacular. Lo que en la novela de White es un afer local con motivaciones criminales, sucedido en un pequeño país centroeuropeo no identificado (como en el film), en la película tiene una alcance internacional, es un caso de espionaje que puede ser clave para el futuro de la estabilidad europea (mucho más precaria en 1938 que en 1936).

    Iris (Margaret Lockwood en la película) es una joven inglesa, rica y caprichosa, que vuelve a Inglaterra de sus vacaciones en las montañas centroeuropeas. Pero en la misma estación, mientras espera el tren, sufre un desmayo por insolación (no le cae ninguna maceta como en el film). Fruto de ese percance es subida al tren en el último momento. Allí recibe las cuidados de una madura institutriz inglesa, Miss Froy (May Whitty en el film), atenta y simpática, pero que Iris encuentra terriblemente pesada. Toman el té juntas y después, de vuelta a su compartimento, Iris duerme una breve siesta. Cuando despierta, Miss Froy ya no está allí, y los compañeros de compartimento (la baronesa, un matrimonio con una hija –que aquí no tienen nada que ver con el mundo del espectáculo- y una joven rubia) dicen no saber nada de esa mujer que se ha desvanecido. Iris busca la ayuda de varios compañeros de viaje ingleses, pero sin mucho éxito: son las estiradas hermanas Flood-Porters (en lugar de los hilarantes Charters y Caldicott, uno de los grandes aciertos cómicos del film), el falso matrimonio Todhunter, el reverendo Barnes y su esposa, y un profesor y su compañero de reservado, el joven ingeniero Max (papel que en la película encarna, aunque con otro nombre y como folklorista o musicólogo, Michael Redgrave).

    En el compartimento contiguo viaja un enfermo, cubierto de vendas, con una enfermera (o dos, he ahí una de las claves) y el doctor. Este, desde el primer momento, atribuye a la insolación la creencia de Iris en la existencia de Miss Froy, que todos niegan. Pese a ello, algunos de los pasajeros británicos recuerdan haber vista a una mujer de características similares. Como en el film, aparece de golpe una mujer que viste como la desaparecida: Frau Kummer (que, sabremos más tarde, era la “falsa” enferma vendada, lugar que ahora ocupa Miss Froy, y que ha aparecido provisionalmente como la segunda enfermera). En la novela se mantiene la desconfianza en la versión de Iris hasta el final, ni siquiera Max, que poco a poco va sintiendo una mayor atracción por la joven, cree en sus palabras (aquí no hay envoltorio de té, como en la película). Solo ya al final del recorrido, a punto de llegar a Trieste, donde se supone que el doctor bajará con la secuestrada Miss Froy para deshacerse de ella, se descubre el engaño. Iris, a la que el propio Max ha suministrado un fuerte somnífero entregado por el doctor reacciona, paradójicamente, sacando fuerzas de flaqueza y, en un descuido de sus guardianes, arrancando las vendas que cubren el rostro de Miss Froy.

    Sin demasiadas explicaciones, mediante una elipsis casi tan notable como la del film de Hitchcock, nos encontramos ya con los personajes británicos en la estación Victoria de Londres, con Miss Froy sana y salva, dispuesta a regresar con sus ancianos padres, e Iris y Max iniciando una relación amorosa.

    ¿Cuál es el misterio que esconde el secuestro de Miss Froy? Aquí no hay mensajes en clave ni secretos de estado ni la buena mujer es ninguna espía. Simplemente, ha tenido la desgracia de encontrarse con su empleador, un hombre poderoso pero corrupto, sospechoso de un asesinato, en un lugar y momento que anula su coartada para el crimen. Por ello, con la complicidad de la baronesa y del doctor, un tipo sin escrúpulos, organizan la acción de sacar de la circulación a la incómoda testigo. Aunque la novela carece de esa dimensión espectacular (no hay tiroteos ni tensión bélica ni es necesario hacerse con el control de la máquina del ferrocarril), no deja de ser una narración que engancha, amena, que se lee en un suspiro. Lástima que nos falten las notas humorísticas irresistibles de los dos amigos amantes del cricket o que el personaje de Max (Gilbert en la película) no tenga la misma simpatía que el encarnado por Redgrave. Una agradable lectura.

  9. #859
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Maravillosa ¨La habitación verde¨...Y es aquí donde me alineo con el alma (no tanto la cabeza) de Truffaut...Lo único que no estoy de acuerdo con él, es por su odio visceral a David Lean.

    En cualquier caso, Truffaut es mi amigo: A pesar de amar lo que el odia, amo lo que él ama.

    La novela de James, creo que no me dará esta vida para leerla. Sencillamente, no hay tiempo: Dedico 1 hora al estudio de la filosofía o Historia 3 horas al Arte (2 hora a la práctica de la fotografía si acompaña el tiempo, o a escribir novela o guión cinematográfico (NARRATIVA, en definitiva) y 1 hora al estudio de la técnica, que ahora me ha derivado al estudio de la escultura para el retrato...Polícleto y praxíteles) y 2 horas a mi estudio de gaps de números primos (aritmética), que estas pueden ser 2, o pueden ser 5 horas seguidas, depende de la fuerza que tenga...Y si me visitan las musas o estoy bloqueado.

    En definitiva, sólo leo algo de novela antes de dormir. Y voy variendo entre novela histórica y narrativa de la BUENA (después de la trilogía de Escipión me toca ¨Divorcio en Buda¨ de Marais. Y al menos de James, que solo me he leido ¨Otra vuelta de tuerca¨, tengo para los próximos años Washington square, y luego a ver si toca esta novela...No creo que tenga tiempo, la verdad.

    Por eso, sólo por la película, entiendo que el personaje traiciona sus valores, traiciona esa labor de albacea de ánimas que se ha autoimpuesto. Pero vaya, como no he leído el libro no puedo corroborar esto...

    Por cierto, sale en una fotografía de ese altar personal la foto de Hitchcock.

    Decir que según las mitologías de casi todas las culturas, el culto al recuerdo ha estado muy presente como una idea antropológica recurrente. Ya los habitantes indoiraníes en su concepción de la muerte, entendían que los espiritus ancestrales se mantenían 4 generaciones hasta ser liberadas...En la cultura china este vínculo persiste también otras tantas generaciones, como en otras tantísimas cultura.

    El recuerdo de los vivos es el sostén de esas ánimas para no ¨caer¨ según cada civilazación a dónde sea que tenga que hacerlo.

    Si Gilgamesh quiere escapar de la muerte, Aquiles quiere utilizar la gloria y la fama para perpetuarse en el tiempo como leyenda aceptando morir en Troya a sabiendas de que este destino será ineludible..El canje parece justo.

    Es uno de los grandes temas de los mitos. Esta parte de la mente tan importante.

  10. #860
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por C.Bethencourt Ver mensaje

    La novela de James, creo que no me dará esta vida para leerla. Sencillamente, no hay tiempo:
    Sí, hombre, sí. Es un relato no especialmente largo, que se puede leer en una sentada. Nada que ver con otras obras de James, como "La copa dorada", que odié durante semanas porque me resultaba indigesta (y preguntarás: ¿por qué te la leíste?, pues por compromiso con un familiar que me la había dejado y recomendado, y porque tengo el vicio, el defecto, de intentar acabar lo que empiezo, algo que estoy aprendiendo a mi edad a dejar de hacer).
    Alcaudón, Alex Fletcher, muchogris y 1 usuarios han agradecido esto.

  11. #861
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    El día de los trífidos (The Day of the Triffids, de 1951), de John Wyndham
    Personalmente guardo un grato recuerdo de este clásico de la ciencia ficción. Quizá porque me atrae mucho el tema del fin de la sociedad moderna como premisa, así como el de su posterior reconstrucción.

    Sin ir más lejos, el otro día por fin pude ver Escape from New York, de Carpenter, y me encantó. Pero que la historia se desarrolle en un futuro donde todo alrededor es decadencia y devastación le da a mi parecer un plus muy grande. Con unos personajes tan rocambolescos, la sensación de anarquía invadiéndolo todo... ese coche del Duque lleno de adornos ridículos... en fin, que a mí me hizo disfrutar muchísimo.

    Volviendo al libro, lo que más destacable me pareció fue que, aunque la historia bien pudo devenir en algo que encajaría más en el terror post-apocalíptico, tipo Soy Leyenda, el autor por el contrario decidió centrarse más en el aspecto social y humano. Los bichos constituyen el peligro inicial, los que desencadenan la situación crítica. Pero que, en dicha situación, puede terminar siendo el propio hombre otro enemigo no menos peligroso.

    Y apunte final: no puede dejar de mencionarse el punto de partida tan similar que más tarde adoptó Saramago en su Ensayo sobre la ceguera.

    Yo ahora mismo estoy con El Doctor Zhivago, y me está pareciendo un novelón. El autor empieza a tejer las historias por separado de los protagonistas desde su infancia, con muchísimos personajes cuyo devenir termina irremediablemente en acontecimientos confluentes, y con la turbulenta Rusia de principios de siglo XX como telón de fondo.

    No dejo de preguntarme cada poco: ¿habrá sido capaz David Lean de contar todo esto con una maestría a la altura? Y siempre me digo que es imposible, pero lo veré cuando termine el libro y me ponga la multipremiada peli.
    "It's a hell of a lot easier to shoot color than it is to shoot black-and-white; don't ever let anybody tell you different" - John Ford

  12. #862
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Pues cuando hagas esa comparación, te invito a contarnos tus impresiones aquí.

    Respecto a "El día de los trífidos", creo que lo que desencadena la situación apocalíptica no son los trífidos, sino la ceguera, de ahí que en el fondo los peligrosos vegetales me parezcan en buena medida innecesarios. Como bien dices, a mí también me recordó la novela de Saramago, de hecho lo cité en el comentario de la película que publiqué en el otro hilo.
    Alcaudón, Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

  13. #863
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS es uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción británica. Y es que los partidarios del Brexit siempre han tenido una especial devoción por las novelas post catastrofistas y Wyndham es uno de los mayores representantes de tal tendencia.

    El inicio de la novela ha sido imitado en numerosas ocasiones y en infinidad de medios. De hecho, LOS MUERTOS VIVIENTES (cómic) y THE WALKING DEAD (serie) tienen un punto de partida que es calcado al de la novela de Wyndham.
    Última edición por Alcaudón; 13/11/2019 a las 22:34
    mad dog earle y Alex Fletcher han agradecido esto.

  14. #864
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Perros de paja (The Siege of Trencher’s Farm, 1969), de Gordon Williams
    vs.
    Perros de paja (Straw Dogs, 1971), de Sam Peckinpah



    Dedicamos hace poco en el hilo de Sam Peckinpah una serie de comentarios a la película Straw Dogs, quizá su film más polémico (dentro de una filmografía donde precisamente no faltan las polémicas). Ya en su momento cité un comentario de Garner Simmons, biógrafo de Peckinpah, en el que hace referencia a la posición del autor de la novela, el escocés Gordon Williams, frente a la adaptación (firmada por David Zelag Goodman y el propio Peckinpah): “El autor del libro se desmarcó completamente de la película, no por su violencia (el libro era igual de violento) sino por el sexo”.

    Comprensible la actitud del autor, porque, ciertamente, la novela no es menos violenta que el film, pero sí carece de las implicaciones sexuales, en especial de la controvertida “violación”. Como en la película, la novela se centra en un matrimonio mixto: George, norteamericano, aquí profesor de literatura no astromatemático (Dustin Hoffman en el film, aunque allí con el nombre de David), y Louise, inglesa (Susan George en la pantalla, con el nombre de Amy), que se instalan durante un tiempo en un pueblecito inglés para que él pueda trabajar en un libro sobre un escritor británico ficticio. Como en el film, es una pareja que no pasa por sus mejores momentos, parece que el deseo se ha esfumado y que ella considera a su marido como falto de virilidad, no tanto (o no solo) en el aspecto sexual, sino en la misma manera de afrontar el día a día (aquí haría faltar saber qué entendían Williams, y por extensión Peckinpah, por “viril”). Además, Louise no es originaria del pueblo elegido para la estancia, ni conoce a ninguno de sus habitantes (por supuesto, no hay un antiguo novio, como era el caso de Charlie en la película). Hay otra diferencia esencial: el matrimonio tiene una hija, Karen, de unos 8 años, lo cual acentuará y hará más comprensible y justificable la desesperada defensa de la casa por parte de George.

    La novela, a diferencia del film, no se detiene con tanto detalle en ir creando una atmósfera malsana, de tensión creciente: ni el grupo que luego asaltará la casa están trabajando en el cobertizo de la granja; ni bloquean en la carretera al George; ni nadie parece sentir una especial atracción por Louise. Alguien, eso sí, mata al gato de la casa, pero no lo cuelga en el armario ropero, sino que aparece fuera de la casa, cubierto por la nieve. Williams caracteriza a los habitantes del pueblo, salvo excepciones, como un grupo de palurdos endogámicos, hostiles a todo lo que proceda de fuera de su entorno rural, con cierta tendencia a pasarse con la bebida.

    Tampoco el personaje de David Warner, Henry Niles, es el típico “tonto del pueblo”, inocente e inofensivo, sino que se trata de un asesino de niños, encerrado en un psiquiátrico, que queda en libertad debido al accidente que sufre la ambulancia con que lo transportan después de un reconocimiento médico rutinario. Pero este Niles, que a pesar de su pasado sangriento ahora, después de años de encierro y de tratamientos, parece tener la mente de un niño, no mata accidentalmente a ninguna adolescente provocativa (como en el film), sino que simplemente vaga por un paisaje nevado hasta que George lo atropella y lo lleva, ligeramente herido, a su casa. La novela refuerza la sensación de aislamiento haciendo que el conflicto se produzca en plena nevada y con las carreteras cortadas.

    El grupo de borrachuzos violentos (cinco como en el film) se moviliza porque la hija de uno de ellos, discapacitada mental, ha desaparecido y suponen, sin tener ninguna prueba, que Niles la habrá matado. Empapados de alcohol, y armados con un fusil y el resentimiento hacia esos forasteros que se permiten alquiler una casa de las mejores del lugar, intentarán primero apoderarse de Niles (y previsiblemente matarlo), y después, cuando el hombre armado haya matado en un forcejeo a otro lugareño que intenta frenarlos, matar a toda la familia, para evitar dejar testigos del crimen.

    A partir de ese momento, la novela describe el ataque a la casa de manera muy similar a la película. También aquí George ha de ocuparse de evitar la entrada por puertas y ventanas de los asediadores, acallar a una mujer histérica y poco colaborativa, mantener a raya a Niles y proteger a su hija de corta edad. Su forma de acabar con los asaltantes será incluso más primaria que en el film: básicamente a fuerza de mamporros (aquí no hay ese momento final en que la mujer salva al marido usando la escopeta, ni tampoco ninguna trampa de caza, sí en cambio el uso del agua hirviendo).

    Al final, consigue llegar a la cas la policía, encontrándose un espectáculo dantesco, plagado de cadáveres, y un triunfador, George. A diferencia del film, esa animalización del personaje no conlleva la imposibilidad de continuar unido a su mujer, sino que al contrario los lleva a recuperar la atracción sexual (hacen el amor) y a que Louise sienta respeto por su marido por primera vez en mucho tiempo.

    En resumen, creo que Peckinpah convirtió una historia de supervivencia y de exteriorización de la bestia que probablemente todos llevamos dentro en un artefacto mucho más ambiguo moralmente hablando, más retorcido en la relación de la pareja protagonista. De todas formas, queda claro que la violencia brutal del largo final (en la novela ocupa más de la mitad de las páginas) ya está presente en Williams.

  15. #865
    gurú Avatar de Alex Fletcher
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Hoy he estado buscando el libro en Re Read de Reus sin suerte, si puedo probaré en el de Tarragona.
    mad dog earle, Alcaudón y muchogris han agradecido esto.

  16. #866
    gurú Avatar de cinefilototal
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Perros de paja (The Siege of Trencher’s Farm, 1969), de Gordon Williams
    vs.
    Perros de paja (Straw Dogs, 1971), de Sam Peckinpah


    Por curiosidad, ¿cual te gusta mas, la novela o la película?...

  17. #867
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por Alex Fletcher Ver mensaje
    Hoy he estado buscando el libro en Re Read de Reus sin suerte, si puedo probaré en el de Tarragona.
    Es una edición bastante nueva de una editorial pequeña, no sé si será fácil de encontrar en tus caladeros habituales. Quizá hubo una edición con anterioridad.

  18. #868
    Senior Member Avatar de mad dog earle
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por cinefilototal Ver mensaje
    Por curiosidad, ¿cual te gusta mas, la novela o la película?...
    Quizá me quedo con la película, precisamente por los ingredientes que Peckinpah añade al film y que lo hacen más incómodo y perturbador, aunque la novela también me ha gustado.

  19. #869
    maestro Avatar de rohmerin
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    He descubierto que en Alemania y Austria han lanzado el día de navidad una adaptación de
    Cuando Hitler robó el conejo rosa, que es una novela biográfica brutal, que se estudia(ba) en los colegios
    y que tiene una segunda parte, durísima, durante el BLITZ de Londres...
    veo que Judith Kerr murió en mayo a los 95 años.






    pero claro, todo eso es como vivir en el Ritz de Londres, al lado del pájaro pintado, que he releido y que tiene una violencia tan brutal tan contundente que no sé cómo es posible mostrar eso por mucho Blanco y Negro que sea su adaptación. Me creo que no hablen más que en diez minutos en una película cercana a las 3 horas. Es un libro de silencios, de sonidos, de gritos, jadeos, lloros, de paletos brutos inhumanos campesinos atrasados ignorantes supersticiosos racistas.... etc etc. También me creo que el campesinado era así.


    El libro, en cuanto llega el ejército rojo, y los libera, cae en picado en interés y calidad.

    Con ese título, en tiempos de instagram la gente se creería que era un puto Disney.



    La cinta ha sido proyectada recientemente en el Festival Internacional de Cine de Toronto y 40 personas de la sala, de 522 butacas en la que estaba teniendo lugar la proyección, abandonaron el sitio, informa SensaCine.


    https://theworldnews.net/cl-news/el-...y-aca-la-razon


    La fuga masiva de espectadores de “El Pájaro Pintado” también se vivió en el Festival de Cine de Venecia. En Toronto, la gente comenzó a salir poco después del inicio de la proyección. Para cuando habían pasado 60 minutos de metraje —de los 169 minutos en total—, aproximadamente 30 personas se fueron de la sala y casi una docena hizo lo mismo momentos antes del final.

    https://www.youtube.com/watch?v=CyCbhGxsyXQ
    Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

  20. #870
    Senior Member Avatar de mad dog earle
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Kosinski era amigo de Polanski. No he leído esa novela, pero parece interesante, así como la película. De la reacción del público en los festivales se puede esperar cualquier cosa.
    Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

  21. #871
    maestro Avatar de rohmerin
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Kosinski era amigo de Polanski. No he leído esa novela, pero parece interesante, así como la película. De la reacción del público en los festivales se puede esperar cualquier cosa.
    Léela, te la recomiendo. Debería ser obligatoria leerla en institutos, aunque con los presuntamente idiotas que son los jovenes hoy, no sé no sé.

    Aquí te dejo el trailer que nos presenta un poco de lo que habla la novela: brujería, violaciones, maltratos, palizas, crueldad infantil, maltrato animal, zoofilia, incesto, matanzas, asesinatos, violaciones, y violaciones y violaciones.
    ¿he dicho ya que hay violaciones?

    https://www.youtube.com/watch?v=cH5YKki0KBs
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  22. #872
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Pues en un break de las casi 2000 paginitas de la serie de Escipión de Santiago Posteguillo me leí ¨El nombre de la rosa¨de Eco, autor del que sólo habia leido la muy decepcionante ¨El péndulo de Foucault¨.

    Autor, este Eco, que también me decepcionó en este libro...La decepción viene después de los muchos visionados de la película y como comparativa a ella. En cualquier caso en mi crítica traté de abstraerme de esos antecedentes y sigo encontrando los mismos problemas narrativos de los que adolece ¨El péndulo de Foucault¨.

    Primeramente hay un desprecio de Eco a la Trama. Ciertamente, esto no tiene porqué ser un problema si hay un gran narrador que maneje esta deficiencia. No sólo es una cuestión de exposiciones de contexto histórico y sobre todo teológico de esa época. Mientras que en el descubrimiento del cadáver del segundo monje se pasa de puntillas en un par de páginas, y también, más grave aún en su falta de impronta en los personajes, la falta de énfasis en las anunciaciones, augurios y revelaciones del Apocalipsis, los contextos de la iglesia, el papel de los franciscanos, los dulcinistas, ect, se come páginas y páginas....pareciendo más un ensayo histórico que una novela.

    Este ataque resulta mortal en la atmósfera, no se crea ningún tipo de climax, toda la exposición de contexto no explota en un desencadenate interesante...Repito, abstrayendome lo máximo que pude del film...

    No es que no haya trama...El golpe mortal a la narrativa de Eco, es que no CUIDA EL MISTERIO...Y esto sí que es un PECADO sin redención.

    Por supuesto, cuando Eco quiere hilvanar algo parecido al ¨género¨, peca de torpe. En el primer encuentro con el Abad, Guillermo de Baskerville ya insiste en la entrada a una torre biblioteca, con tanto ansía, y con un diálogo tan poco trabajado, que se carga los pasos necesarios de CAUSAS--> CONSECUENCIAS del género. Así, todos los eventos próximos carecen de importancia para estos sabuesos medievales. Por ejemplo, en el MAGNIFICO film (atmósfera estupenda, grandes interpretaciones, gran banda sonora), era el segundo encuentro con el abad, cuando Guillermo, como una consecuencia de sus investigaciones, llega a pedir al abad la entrada. Ciertamente su interés por esos libros se refleja habilmente en la escena del Scripturium, pero no llega a convertirse desde los primeros capítulos en lo fundamental para el protagonista...O al menos, el espectador no sabe de esta intención fundamental.

    Recalcar como Eco, en sus haberes, hace un políciaco medieval, sherlockholmiano, muy simpático, con unos personajes estupendos, un genial malo borgiano, referenciado sin ninguna duda, ciego, guardián de una biblioteca prohibida, que es el único que puede caminar con tiento por esa múltitud de libros. La imagen de ese laberinto de conocimiento es MUY ESTIMABLE...La propuesta, la idea, la historia, nadie duda de que sea estupenda. El problema es como pasa con el escritor Javier Marías, que son escritores que por torpeza o por desprecio, no son buenos novelistas, pero tampoco como escritores/artistas, GUARDAN EL MISTERIO, el misterio repito del ARTE, no de una trama; no llegan a presentarnos una ALTA LITERATURA, que puedan ofrecer a cambio de una NARRATIVA más convencional.

    Pongo siempre como ejemplo de ese escritor PURO, que puede navegar por la literatura pura como un auténtico artista a Antonio Muñoz Molina. Alguien que por sus entrevistas tampoco tiene mis simpatías, y que a pesar de que sus personajes a priori no suelen interesarme, logra por su forma de escribir, por los ¨Cómo¨, lograr cautivarme.

    Se puede resumir todo esto de la NARRATIVA desbrozada de los géneros (Cinematográfica, literaria, la que sea), creo, en....CUIDAR EL MISTERIO.
    Última edición por C.Bethencourt; 02/01/2020 a las 01:44
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  23. #873
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Ya contarás. La de Lindsay la he leído dos veces y es muy buena. Las otras dos no las he leído... de momento: en especial me interesaría la de Tryon, que fue llevaba a la pantalla por Robert Mulligan con brillantez (aunque no sé si con fidelidad). La otra tiene versión de Henri-Georges Clouzot, otro de esos directores que apetecería revisar a fondo.

    Por mi parte me he hecho con "La Costa de los Mosquitos", de Paul Theroux, para preparar la revisión del film de Peter Weir. Ya os contaré qué tal.
    La adaptación de "El Otro" es bastante fiel a la novela en todos los aspectos. No me lo pareció tanto la versión Weir de "La costa de los mosquitos", que queda un poco diluida respecto al texto de Theroux (creo que, además, la elección de Harrison Ford como protagonista no fue muy acertada).
    mad dog earle, Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

  24. #874
    Senior Member Avatar de mad dog earle
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    Predeterminado Re: De la literatura al cine

    Cita Iniciado por Twist Ver mensaje
    La adaptación de "El Otro" es bastante fiel a la novela en todos los aspectos. No me lo pareció tanto la versión Weir de "La costa de los mosquitos", que queda un poco diluida respecto al texto de Theroux (creo que, además, la elección de Harrison Ford como protagonista no fue muy acertada).
    A mí sí me parece acertada la interpretación de Ford, creo que se adapta bastante bien al personaje. Eso sí, la película suaviza algunos aspectos, en particular el final, aunque tiene aciertos, como fundir los dos predicadores en una sola figura, que acaba convirtiéndose en la otra cara de la moneda de Allie Fox. La comparé con el film de Weir en el hilo correspondiente.
    Alex Fletcher y muchogris han agradecido esto.

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