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Tema: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

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    Video Home System User Avatar de Charles Lee Ra
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    Predeterminado Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Algunos me lo habíais pedido hace tiempo. Espero que tengáis paciencia


    INTRODUCCIÓN


    Erase una vez, unos lugares llamados videoclubs.

    Seguro que si pregunto a todos los que leéis esto, que queríais ser de pequeños, todos o casi todos podéis dar una respuesta. Algunos dirán futbolistas, bomberos o policías, actores, médicos, astronautas, en fin, profesiones que ilusionan en mayor o medida a muchos niños del mundo. Otros dirán “pues siempre quise seguir el oficio de mi padre o de mi madre, o de un familiar…”. Otros cogerían ya de pequeños, la afición a la química, la biología, a la electrónica, a la informática o la fotografía, mediante hobbies y juguetes infantiles y juveniles, hobbies heredados de sus padres, de sus amigos, vecinos…
    Yo, desde muy niño, quería tener un videoclub. En aquella época al menos, parecía sencillo (nací en 1980). En mi juventud, viví los videoclubs intensamente. Sé que mucha gente de mi generación tuvo un apego especial por los salones recreativos, en mi caso, eran videoclubs, que estaban en pleno apogeo y eran un gran negocio (los abrían como churros en todas partes).
    No debía haber sido muy difícil dedicarme a ello. Supongo que hubiera estudiado algo relacionado con dirección de empresas, o ni eso, quizás solo unos cursillos de marketing y similares, no lo sé. Hubiera pedido un préstamo, mis padres supongo que me abrían ayudado, y habría abierto un videoclub, y habría dedicado mi vida a ello, sintiéndome plena y absolutamente realizado. Feliz. Satisfecho.


    Desgraciadamente, cuando me llegó la edad de salir al mundo y empezar a pensar en elegir una profesión para mi futuro, los videoclubs habían empezado a caer en franca decadencia y ya no eran una opción. Si apenas quince años atrás, se abrían por todas partes, ahora cerraban por todas partes. Muchos fueron los motivos que se esgrimieron para explicar la caída del modelo de negocio, hasta su desaparición. El caso es que no pude dedicarme a lo que siempre había soñado, pero a pesar de eso (o precisamente por eso) mi cariño y nostalgia por aquellos antros no ha disminuido con los años, a pesar de que estoy a poco de rozar cuarenta primaveras ya. En realidad, ha ido a más con el tiempo.

    Este post es mi forma de rendirle un sentido homenaje a esos locales, a una época concreta que viví con gran felicidad; una etapa con sus circunstancias irrepetibles, con una forma de ser concreta… en fin, a un mundo que desde entonces, ha cambiado mucho.
    A los que no lo habéis vivido, a los que habéis nacido más tarde, en los últimos años 90 y más adelante, quizá os resulte difícil entender el porqué del culto que había, e incluso hay, aunque menos, a aquella época y a aquellos sitios. Espero poder explicarlo aunque sea en parte. Mucho de lo dicho aquí lo he dicho, e incluso escrito, otras veces, pero aún así, todavía no he conseguido quitarme la espinita. Aunque mi actual oficio me es grato y me reporta todavía muchas satisfacciones, nada tiene que ver con aquellas tardes de verano en las que trabajé esporádicamente en el videoclub “Amigos”… y quizá, ya nunca vuelva a sentir esa sensación.


    Postdata: ¡Tocho va!


    EL VÍDEO



    El ver películas en casa es un concepto que hoy tenemos más que extendido y asimilado casi desde la cuna, pero que realmente, empezó a darse en los años 50 o 60. Caras, pesadas y a veces en malas condiciones, copias de películas en soporte químico en distintos formatos y tamaños (Super 8, 8mm, 16mm y formatos aún más raros) permitían a la gente ver películas, proyectándolas igual que en el cine, pero en formatos más manejables, económicos y que requerían de menos espacio.
    La calidad del visionado no era la más óptima: ruido (motores del proyector), imagen no muy estable, a veces gastada… la película, el celuloide, era altamente perecedero, se estropeaba, se quebraba, se rompía, había que empalmar, tensar… eso sí, la experiencia era satisfactoria, ya que ver cine en casa era una experiencia muy nueva, casi una ceremonia, toda la familia se reunía normalmente, en días señalados, era todo un rito…
    A esto hay que añadir que los largometrajes completos eran raros, carísimos, al alcance de pocos bolsillos. Lo que se estilaba eran las reducciones: resúmenes de películas, con “escenas seleccionadas” que te permitían disfrutar de las escenas más espectaculares, pero no de la película completa. ¡Algo que hoy nos parece increíble que existiera!


    Así tiró la cosa durante un buen número de años, los nuevos cinéfilos caseros tenían sus rituales y sus truquillos, era su mundo: hasta entrados los 70, la única forma de ver películas en casa era esa, o ver lo que echaran por los pocos canales de televisión que había.

    En 1952 la compañía americana Ampex Corporation creó el dichoso video tape recorder, en blanco y negro, un sistema grabador y reproductor de cinta magnética, pero su volumen (era como esos viejos ordenadores de la época, que llenaban habitaciones enteras) y su elevado precio, hacían imposible su comercialización, salvo para grandes empresas y gobiernos.


    En 1968 la misma Ampex creó un sistema de vídeo en color por primera vez, y a los empresarios de la compañía se les empezó a meter en la cabeza la idea de que aquello había que poder aprovecharlo de alguna manera, para consumo doméstico y mayoritario, no solo profesional. Así, en 1970 llega al mercado doméstico el primer “vídeo”, sistema VCR, fabricado por Philips; el primer vídeo doméstico tal y como los conocimos. No obstante, se echaron la manta a la cabeza y siguieron mejorando e innovando el aparato, sacando a lo largo de los años 70, sucesivas y nuevas versiones mejoradas que daban mayor estabilidad y calidad de imagen, entre otras prestaciones técnicos que fueron añadiendo.


    En 1978 otras compañías comenzaron a sacar sus propios sistemas de vídeo doméstico al mercado, y comenzó la carrera por llevarse el mercado al bolsillo: Sony fabricaría el Beta, y la japonesa JVC, el VHS. Estos sistemas desplazaron pronto al primitivo VCR de Philips, y la empresa, lejos de darse por vencida, siguió investigando y sacó al mercado un nuevo formato: el V-2000, o Vídeo-2000. Así quedaron establecidos los tres soportes de vídeo doméstico principales, que se partirían la pana durante los años 80, aunque el VHS pronto se erigió como ganador absoluto.
    Técnicamente, era mejor el V-2000, e incluso el Beta tenía varios ascendentes en calidad de imagen, aunque este último admitía menos duración de las cintas debido a su tamaño, lo que fue uno de los clavos de su tumba… pero el VHS poseía una cantidad muy superior de títulos disponibles que ofertar, de diferentes compañías, y eso es lo que le permitió llevarse el gato al agua. Aunque el fracaso no significó desaparición, de hecho Sony cesó la fabricación de Beta… ¡EN 2015!


    Su competición comercial fue legendaria en su época, quizá la primera “guerra de formatos” que tuvimos que presenciar y vivir los niños de los 80 junto con la guerra Sega-Nintendo; y hubo muchas soluciones ingeniosas para que ambos formatos pudieran convivir. Por ejemplo, recordaréis las cajas de películas que tenían en los videoclubs, que eran grandes y gordas (seguimos hablando de cajas de plástico, ¿vale?). Esto era así porque una sola caja permitía almacenar las cintas de los tres formatos disponibles en el mercado: en determinada posición A, el VHS, en posición B, el Beta, en posición C, el V-2000. De esa forma se ahorraron costes y no hacía falta fabricar tres tipos distintos de cajas para cada formato.

    El VHS por su parte, dejó de fabricarse en el año 2016, para dolor de algunos que aún atesoramos cintas en ese formato. Un paso inevitable del progreso tecnológico, no por ello menos doloroso para los coleccionistas.

    Una de las cosas que tenían los soportes magnéticos, era que se desgastaban con el uso, aunque la forma en que esto ocurría y el periodo de vida útil de las cintas se exageraron durante sus últimos años, para destacar las bondades del recién llegado DVD; la cinta está hecha de varias capas (básicamente, respaldo antiestático de carbón, capa de soporte poliéster, el óxido magnético y el recubrimiento superior), y al rozar las cabezas lectoras, estas se desgastan infinitesimalmente. Sin embargo, según las pruebas hechas por los fabricantes, una cinta de calidad tardaría entre 1.000 y 1.500 visionados en comenzar a dar señales de desgaste apreciables al ojo humano. Naturalmente las cintas baratas (que eran las que abundaban a partir de finales de los 90) serían de peor calidad, pero su existencia se debió al abaratamiento de costes del mercado VHS para invertir en el nuevo mercado DVD.
    Hablando personalmente, nunca he visto una película en V-2000, ni he conocido a nadie que tuviera un vídeo que reprodujera dicho formato, creo que fue el primer perdedor de la guerra tecnológica. De hecho, aunque tengo cajas de videoclub que permiten poner los tres tipos de cinta, la mayoría de las cajas que tengo solo tenían dos “posiciones”: VHS y Beta.
    Aunque tampoco tuve nunca Beta, este formato sí era más conocido, en muchos videoclubs vi que tenían estanterías dedicadas al Beta, sobre todo en los 80, y conocí gente que usaba dicho sistema y tenía vídeos Beta en su casa. Un amigo sin ir más lejos encontró un par de cintas haciendo limpieza en el garaje de sus padres, y me las dio como recuerdo. Pero el VHS fue el único de los tres formatos que yo usé, desde que tuvimos en casa el primer vídeo.


    EL VIDEOCLUB



    El videoclub como concepto nació en Estados Unidos, concretamente en California a finales de los 70, cuando un señor llamado Geoge Atkinson tuvo la feliz idea de abrir un establecimiento dedicado al alquiler de películas. ¡Cuánto le debemos algunos a ese caballero!

    Gracias, señor Atkinson



    Atkinson no era nuevo en el oficio, ya que, entre sus varias ocupaciones, había sido dueño de una tienda que vendía y alquilaba películas y proyectores de Súper 8. En aquella época comprar una película de vídeo rondaba los 1.000 dólares, que en aquellos tiempos era un precio bastante importante, lo suficiente para que pocos se lo pudieran permitir. Atkinson adquirió varios títulos clásicos de la FOX, y comenzó a ofertar su alquiler a través de periódicos y revistas de cine, enviando “la mercancía” por correspondencia.
    La increíble respuesta en forma de cientos de peticiones que recibió de todas partes del país, le convenció de que había un filón por aprovechar, y que debía profesionalizar aquel negocio antes de que otro lo hiciera. Junto con un amigo, abrió un local en California donde comenzó a alquilar títulos clásicos: 150 dólares para inscribirse como socio, y 10 dólares cada alquiler. Había nacido Video Station, el primer videoclub de la historia, en 1977.





    En España, el concepto llegó en 1979, cuando se celebró una feria tecnológica en Barcelona (Sonimag) donde se introdujo el vídeo, aunque el VHS sería el último en llegar, después del Beta y de formatos aún más antiguos como el VCR.
    El primer videoclub, según los datos que he podido conseguir, se abrió en Madrid en 1980, y se llamaba “Videoclub España”. Los primeros títulos disponibles fueron sobre todo, cine “de destape” ya que era la época propicia de aquel mítico “subgénero”, porno blando, cine nacional y extranjero, dibujos animados, cine infantil, y películas antiguas, y por lo tanto, más baratas que los títulos recientes.
    Las primeras compañías videográficas eran bastante inseguras acerca del terreno que pisaban, puesto que aún no quedaba claro el alcance que podía tener el negocio en nuestro país. La distribución de títulos pirata no tardó demasiado en aparecer; se “telecinaban” películas en celuloide, pasándolas a vídeo, a veces, con una calidad que rayaba en lo invisionable. En cambio, las principales compañías “oficiales” como IVS, sí que adquirían legalmente los derechos de los títulos que distribuían.


    Para que os hagáis una idea de cómo este negocio entró en España como elefante en una cacharrería, si en 1980 abrió el primer videoclub, en 1984 ya había en España 3.500 videoclubs abiertos, ¡y subiendo! Se vendieron cientos de miles de aparatos de vídeo (el VCR quedó rápidamente obsoleto, pasando a ser los formatos competidores los tres gigantes: VHS, Beta, Vídeo 2000).
    Se calcula que en las navidades de 1983 se vendieron 500.000 magnetoscopios de los diferentes formatos en nuestro país. A mediados de los 80, los vídeos habían llegado a buena parte de los hogares españoles, y el alquiler de películas se convertía en un rito social en el que los españoles se dejaban varios millones de pesetas cada año. El alquiler de una película estaba en torno a las 400 / 500 pesetas, por aquella época.
    La cosa no había hecho más que empezar


    MIS PRIMEROS VIDEOCLUBS

    Yo nací en un pueblo pequeñito. A base de interrogar a parientes y a gente mayor, y dar mucho la brasa por ahí, he podido exprimir la memoria de la gente para hacer un recuento, de hasta veinte videoclubs abiertos durante los años 80, entre recuerdos de unos y de otros. Sí, veinte. ¡En un pueblo pequeño, insisto! A saber los que habría en una gran ciudad en los 80… cientos, quizás. No he conseguido los datos exactos.

    Mi primer contacto fue con un videoclub que había en mi misma calle, a cinco o seis metros de la puerta de mi casa, no tenía ni que cruzar para llegar hasta allí. El “Videoclub Fuentes”. De aquel videoclub se alquiló la que fue, sin duda alguna, la primera película que vi o al menos, la primera que recuerdo ver en toda mi vida: el King Kong de los años 70, que me produjo una enorme impresión. Otras películas que recuerdo alquilar allí, fueron La guerra de papá, de Antornio Mercero, King Kong contra Godzilla (me dio por King Kong, ya veis) o Re-Sonator. Esto merece explicarse, y es que a mí me fascinaba la carátula de aquella película, y mis padres la alquilaron. En aquella época teníamos una tele pequeña en una salita, y veíamos allí las películas, pero el vídeo estaba en el comedor (otra habitación).

    El caso es que se me advirtió de aquella era una película “de sangre” y que, si veían que era “muy fuerte” para mí, la quitarían. Ya sabéis lo que son los críos, a mi me encantaba tentar a la suerte y poder ver películas que normalmente no me permitían. Recuerdo que no tardó en salir alguna asquerosidad en pantalla, pero yo convencía a mi padre para que “rebobinara solo un poco” y así tiramos durante un rato, pero claro, se trata de una peli gore de los 80 que además tiene no pocos momentos, ejem, “de dos rombos” principalmente con la musa Barbara Crampton, así que al final, me la quitaron y nunca pude ver más allá de veinte minutos o así. Durante muchísimos años me quedó la espinita, y Re-Sonator fue para mi sinónimo de algo “prohibido”, muy fuerte, casi “pecaminoso”, algo bizarro y extremo.


    Recuerdo este videoclub como un sitio oscuro, de estanterías gigantescas, y recuerdo también una carátula en una estantería que me daba mucho miedo (que nunca he llegado a identificar) con un ojo azul mirando muy abierto, con el resto de la carátula en negro. Una película de terror seguramente.
    Este videoclub terminó por cerrar cuando yo todavía era muy pequeño. Desconozco los motivos. Como mucho sería 1987 u 88.
    Por aquella época conocí otros varios videoclubs. Uno era el “Videoclub V” se llamaba así, recuerdo que el cartel era “Videoclub” siendo la V el doble de tamaño que el resto de las letras y de color rojo. Solo entré una vez con mi tío, para devolver una película. Este era un establecimiento mucho más y mejor iluminado, con neones fluorescentes por lo que recuerdo. Nunca volví a entrar, no estaba cerca de mi casa. Ignoro en qué época cerró, ahora hay allí una pizzería.
    El segundo era el videoclub “Torres” que estaba junto a una clínica donde solían llevarme mis padres a ponerme las vacunas. Bajo la promesa de que “no dolía” me daban a elegir después del pinchazo, entre comprar un juguete baratuelo de un quiosco, o alquilar una película en el videoclub. Siempre elegía la segunda opción. ¿No he dicho ya que estaba como una cabra por los videoclubs? Y aún lo estoy. ¡A mucha honra!





    Del “Torres” recuerdo alquilar Drácula de Jack Palance, dirigida por Dan Curtis (¡el primer Drácula que vi!), The Vindicator (una serie B ochentera con Pam Grier que solo yo recuerdo), Superman IV (el primer Superman que vi, hay que joderse) y Mi amigo orangután, una película infantil de la época que alquilé de muchos videoclubs y que me encantó. A día de hoy no ha salido ni en DVD ni en Bluray en nuestro país, aunque hay por ahí corriendo vhsrip con el doblaje. Recuerdo haber visto la carátula de Acorralado, la primera de Rambo, aunque no la alquilé allí.
    Años después volví por allí y los dueños habían montado un todo a cien, y vendían sus películas en una estantería. Allí seguía “The vindicator” que me llevé por cien pesetas. Al preguntarle si la película se vería bien, la dueña me confesó “Está como la última vez que la alquilaste. Esa película solo la has visto tú”.

    También allí alquilé Re-Animator. No recuerdo ahora mismo si en su día la relacioné con Re-Sonator, pero sí recuerdo perfectamente ver la carátula en las estanterías del videoclub, cerca de la puerta, y convencer a mi madre de que me la alquilase. Recuerdo esa tarde con una claridad absoluta: fui con mi madre a casa de mi tía a pasar la tarde, y allí pusimos la película. Ignoro cómo es que me dejaron verla, yo tenía, todo lo más, diez años, pero consintieron, imagino que yo insistí. Podía ser muy cabezón en temas cinéfilos. También puede ser que ellas estuvieran en otra habitación casi la totalidad del visionado, porque recuerdo que ya casi al final, cuando están en la morgue con todo lleno de cuerpos y tripas, entró mi madre, miró la pantalla, me miró a mi, y me dijo “tu padre te va a poner tibio cuando sepa la película que has visto”.

    El tercer videoclub que descubrí por aquel entonces se llamaba “Valle”. Recuerdo que fui una vez con mi abuela para que reparasen una cinta grabada de la tele que se había roto, ni más ni menos que un concierto de Romina y Albano.
    Quizá fue entonces cuando comenzó mi interés técnico primitivo por aquellos vídeos: ¿Cómo estarían hechos? ¿Por qué se rompen? ¿Cómo se arreglan?



    He de decir que en mi infantil mente yo ya había hecho un esquema de cómo, seguramente, se hacían las películas en VHS. Estaba bastante convencido de que los dueños de cada videoclub recibían un paquete con una cinta virgen, y los elementos de la película, todos, miniaturizados. Y que, con unas pinzas, iban colocando cada elemento de cada escena en la cinta, y así iban pasando la cinta trozo a trozo y “creándola”. Y siempre me preguntaba, ¿no tendrán miedo cuando toque meter ahí a los monstruos, aunque estén en miniatura?
    ¡Al menos mi método imaginario era más divertido que el real!


    El videoclub Valle era muy pequeñito, al menos comparado con otros que conocí, pero destaca por dos cosas: tenía una ventana que daba a la calle, y donde ponían las novedades. De esa forma podías saber si tal peli que te interesaba había salido ya en vídeo o no, desde la misma calle, sin tener que entrar. La segunda, que tenían una pequeña estantería dedicada al terror. Allí recuerdo ver, a lo largo de los años, carátulas como Escalofrío, Hellraiser y su primera secuela, Sacrificio de sangre, secuelas de Viernes 13, La divertida noche de los zombis… aparte, allí alquilé con los años películas como El secreto de los fantasmas, El misterio de la dama blanca o Estamos muertos, o qué… esta última la compré allí cuando pusieron sus pelis en venta, y aún la conservo. El videoclub cerró años después, y ahora hay allí una franquicia de dentistas.

    El último videoclub del que voy a hablar es el que, probablemente, cambió el curso de mi vida e instaló en mi software el deseo de ser dueño de un videoclub, si no lo tenía ya: el videoclub Cinema.





    Abrió a espaldas de mi casa, allá por 1989 o 1990. Lo llevaba un matrimonio con sus hijos, y pronto pasaron a formar parte de mi familia. El caso es que pasé buena parte de mi infancia y adolescencia allí. Era el sitio al que iba cuando me aburría o cuando tenía un rato libre sin nada que hacer: dar vueltas por sus estanterías, mirarme todas sus películas, leerme todas las sinopsis… quería conocer el videoclub entero. Estaba obsesionado con “aprendérmelo” TODO.

    El hacerme amigo de los dueños me permitió, por primera vez, meterme detrás del mostrador de un videoclub. Y recuerdo ser curioso con todo. Recuerdo mirar, fascinado, hasta los albaranes del “viajante” que traía las novedades; la empalmadora con la que arreglaban las cintas estropeadas, pero sobre todo, el material de promo. ¡Pegatinas! ¡Pósters! Trípticos de cartón. Millones de promociones de las películas, la mayoría de las cuales acababan en manos de los propios dueños del videoclub, de sus familiares… y de un servidor.

    Aunque desgraciadamente, no conservo TODAS las cosas que me llevé, pues muchas eran pegatinas que pegaba en libretas y paredes de mi habitación (como una chulísima de Perseguido de Arnold Schwarzenegger, que lamento no haber conservado) algunas cosillas me quedan, como un cartel de cartón muy chulo de Hook, o el tríptico de “Pesadilla final, la muerte de Freddy”. Tesoros que ahora guardo con el cuidado que se merecen.







    En el Cinema tuvieron, por cierto, durante meses, publicidad de Muñeco diabólico 2: un póster, un llavero con un Chucky en miniatura… y un Chucky a tamaño real, en su caja amarilla y todo. Pero yo no había visto Muñeco diabólico. Y la noche en que finalmente vi en la tele la primera parte, me encantó. Constituyó una obsesión para mí en mi adolescencia, y cuando al día siguiente de verla fui al videoclub a pedirle si me vendían el muñeco… no quedaba nada. Todo había volado en menos de una semana: póster, llavero, Chucky. ¡Me dio una rabia!

    También había allí un cartón ¡a tamaño natural! De Flash, la serie de los 90 sobre el superhéroe Barry Allen, que en nuestro país estrenó en cines y en vídeo su piloto, como si fuera una película. Siempre soñé con que me regalaran aquel impresionante cartón más alto que yo, pero jamás sucedió. También me apalabraron regalarme un póster de la película “Sonámbulos” que tenían colgado en la fachada del videoclub, cuanto lo quitaran de allí. Desgraciadamente, lo robaron una noche, junto con los otros dos posters de novedades que había colgados.

    Me sería imposible citar aquí todas las películas que descubrí en el Cinema. Sobre todo cuando, con los años, me dejaban llevarme gratis cualquier película salvo las novedades, y quedármelas en mi casa semanas y hasta meses sin cobrarme. Además me dejaban llevarme las carátulas, y yo aprovechaba para que mi padre me las fotocopiara en su oficina (primero, en blanco y negro y más adelante, en glorioso color) para colgarlas en mi habitación. Las de Commando y Robocop fueron las que más años duraron decorando mis paredes.

    Aventuras en la gran ciudad, Golpe en la pequeña China, 3 pequeños Ninja, Los bicivoladores, El secreto de Joey, Jóvenes ocultos, Cortocircuito, Karate Kimura y su primera secuela, Una pandilla alucinante, Cocodrilo Dundee, Dos súperpolicías en Miami, Enemigo mío, y podría seguir citando docenas y docenas de títulos que descubrí en aquel sitio. En mis primeras visitas, todavía acompañado por mi hermana, vi carátulas de Noche de miedo (que me impactó muchísimo) Los chicos del maíz y Pesadilla en Elm Street y sus primeras secuelas, pero no llegué a alquilarlas y años más tarde ya no estaban allí.
    En ese sitio pasé algunos de los mejores momentos de mi vida, y me trataron como a uno más. En verano siempre me regalaban algún helado por las tardes, y en mi cumpleaños siempre caía algo de promo y alquileres gratis. Como digo, para mí eran familia.





    El videoclub Cinema cerró a finales de los 90, y durante algunos años intentaron sacar adelante otro negocio, y con ello van tirando. Para mí supuso un auténtico trauma, pues no solo el sitio tenía una carga importante emocional para mí, sino que yo pensaba que “duraría siempre”. Lo daba por seguro. Y no hay nada seguro en esta vida.
    Los últimos videoclubs que mentaré en este capítulo son el “Videoclub Murillo”. Estaba bastante lejos de mi casa, y recuerdo que una tarde lluviosa nos llevó mi padre a mi hermana y a mí. Era pequeño y bastante “nuevo” porque no tenían películas antiguas. Abriría en 1990 o un poco después. Allí alquilé varias películas, sobre todo en los 90, alguna de Viernes 13, Entre pillos anda el juego, y Cazafantasmas que años más tarde, les compraría por 450 pesetas, y todavía se encuentra en mi colección. Era un videoclub muy pequeño y cuyos dueños por lo que recuerdo, eran bastante bordes con los niños. Estuve yendo durante años cuando pusieron a la venta sus VHS para intentar sacar todo lo bueno. Pero no sobrevivieron a la llegada del DVD.

    También estaba el “San Francisco”, aunque quedaba ATPC de mi casa y solo fui tres o cuatro veces. De allí alquilé cosas principalmente de terror, como Killer Klowns, El padrastro, El devorador del océano, o la propia Muñeco diabólico que intenté, sin éxito, que me vendieran… desapareció hace muchísimos años, reconvertido en una lavandería auto-servicio.

    Aquí me toca hablar del “Videoclub Amigos”… quizá el gran protagonista de este post. Yo de niño escuché continuas referencias a un videoclub donde estaba TODO, pero absolutamente TODO el cine que pidieras. Y me maravillaba pensando en ese mágico lugar. El caso es que estaba también muy lejos de mi casa, por lo que la primera vez que fui, tendría entre diez u once años, no lo recuerdo exactamente.
    Me gustaría poder describir, con la mayor precisión de detalle, su distribución. No soy muy ducho en artes gráficas así que tendrá que bastar una mera descripción que escribiré en el siguiente capítulo. Solo puedo decir que había un panel gigante donde estaban las películas “antiguas”, y que ese panel era mi pasión de niño y aún lo sigue siendo. También había un rincón con películas de terror que me acojonaba vivo.





    El dueño del videoclub, Vicente, era un cinéfilo de tomo y lomo, un auténtico frikazo del cine, y en el “panel de las sagas” tenía todas las sagas de la época ordenadas: James Bond, Superman, Alien, Mad Max, Tiburón, Viernes 13, Porky’s, las películas de la Cannon todas juntitas, las de Disney, las de Spencer y Hill… aquel panel era un Poema para los sentidos. ¡Y qué carátulas! Tanta maravilla gráfica junta era como un viaje, pero sin droga.
    El caso es que, nada más llegar allí, una tarde de sábado, mi padre, mi madre, mi hermana y yo, aquel local gigantesco y lleno de películas y de gente me emocionó. Yo iba buscando Muñeco diabólico (yo quería comprarla, más ningún videoclub me la quería vender, pero fui preguntando pacientemente a todos los que iba) y por cierto que la encontré pero no me la vendieron. Teníamos con nosotros una lista con tres o cuatro títulos que nos encargaron familiares, pues ya os digo que era ir allí y encontrar CUALQUIER COSA que buscaras.
    Probablemente después del Cinema, el Amigos es el videoclub en el que más horas he tirado y jamás podría contarlas. Al principio iba solo los sábados por la mañana con mi padre, porque estaba muy lejos de casa; con los años empecé a ir yo en bici.


    La cantidad de títulos que conocí allí, es difícilmente catalogable. Me vienen a la cabeza el Dracula de Badham (una edición en VHS que siempre he querido tener), Christine de John Carpenter, La isla del tesoro de Disney, Mi amigo Mac, Tron, Carrie de Stephen King, varios episodios recopilados en VHS de la serie “Cuentos asombrosos”, La matanza de texas, Curso 1984 y su pseudo-secuela, Noche de miedo, La profecía y sus secuelas, La cosa de John Carpenter (otra carátula que me mantenía acojonadísimo ante la estantería de niño) Yo, el halcón (que años después les compré por 200 pesetas, y aún conservo), Temblores, El regreso de los muertos vivientes, Los albóndigas en remojo… insisto, es absurdo citar títulos porque me formé como cinéfilo en aquellas estanterías. Y si buscabas algo que no sabías que era o qué título tenía, tenías grandes posibilidades de que Vicente te lo encontrara y consiguiera.







    Vicente también fue el primero, al menos en mi pueblo, que desarrolló ofertas “de fin de semana” para cualquier película salvo novedades. Primero te podías llevar 3 por 500 pesetas, de viernes a lunes, y más tarde, eran 5 por 300 pesetas todo el fin de semana. Todavía recuerdo las primeras 3 que nos llevamos con aquella oferta: Tiburón 3, FIST Símbolo de fuerza (para verla mis padres) y Cocoon. ¡Fin de semana cinéfilo!

    Las anécdotas que podría contar son infinitas. Por ejemplo, descubrir allí que una película que me encantaba El planeta de los simios, tenía secuelas, y que allí tenían varias disponibles, algo que me hizo explotar la cabeza; o alquilar compulsivamente Noche de miedo, que se convirtió en mi película-fetiche en la adolescencia, llegando a grabar con amigos míos varias escenas de la misma con una cámara de vídeo, para ridículo nuestro y vergüenza de nuestros padres.

    Hubo un tiempo en que mi tía me recogía los viernes por la tarde del colegio, me llevaba a su casa a merendar y alquilábamos una peli para ver. Muchas eran alquiladas del Amigos, que a ella le quedaba más cerca. De esas sesiones recuerdo claramente La fuga del Mal (Amityville 4), Los ojos del bosque (película que me sigue pareciendo genial), Thrashin (aquella película de adolescentes patinadores), Noche de miedo 2, y sobre todo IT, que me produjo tal trauma que juré no volver a ver una película “No recomendada para menores de 18 años” hasta que tuviera la edad. No cumplí aquel propósito, pero el susto me duró varias semanas hasta el punto de no querer acercarme mucho a la estantería donde estaba aquella carátula.








    Después de aquella fiebre inicial, hubo pocos videoclubs nuevos en mi pueblo, así que no tengo mucho que reseñar de esta época: los que había aguantaron con buena competencia y mantuvieron su supremacía hasta mediados de los 90 aproximadamente, tiempo en que llegaron las franquicias a España y fueron quitando el sitio a los videoclubs de barrio.
    Que yo recuerde, un videoclub llamado “La chimenea”, pero tenían pocos títulos y solo novedades, y enseguida se volcaron en otros mercados, como videojuegos y “Todo a 100”. Nunca fui mucho por allí, aunque recuerdo alquilar Willow por primera vez en ese sitio, e ignoro si sigue abierto.
    Otro era el “Murillo II”, de parientes del videoclub Murillo, que se mantuvo abierto unos dos años tan solo. Igualmente, fui pocas veces a ese sitio, pero sobre todo recuerdo que allí descubrí que había una secuela del King Kong setentero, y la alquilé por primera vez en ese videoclub.


    También hay otro videoclub (cuyo nombre nunca supe, o he olvidado) al que solo fui una vez con mi padre. Y es que, mi padre, mi hermana y yo teníamos la costumbre de ir a hacer los recados y a desayunar los sábados por la mañana. A hacer la quiniela, al súper a comprar lo que se terciara, a la ferretería si hacía falta algo, al “todo a cien” ídem… y al videoclub. No íbamos siempre al mismo, íbamos variando. Al principio mi padre iba simplemente a aquel que le pillara más cerca, con el tiempo nos pusimos más pesados y lo elegíamos nosotros.
    Pues bien, un día fuimos a uno en una zona que no conocía demasiado. Era un sitio muy pequeño, poco más que un agujero en la pared, pero recuerdo que mi padre conocía de vista a la dueña y estuvo charlando con ella mientras nosotros elegíamos película: y la elegida fue La loca historia de las galaxias. Nunca volvimos a ese sitio, y aunque de mayor he pasado alguna vez con el coche, nunca lo he encontrado, así que supongo que ya no existe desde hace muchos años. Recuerdo ver carátulas de Al final de la escalera y una película de terror de serie B hoy olvidada Celia.


    AUGE Y CAÍDA DE UN AUXILIAR DE VIDEOCLUB



    Allá por 1993, había terminado el curso sin suspender ninguna asignatura. Tenía mil proyectos y planes para el verano… hasta que, al día siguiente de la cena de fin de curso, mi padre me dijo que iba a buscarme un trabajo. Media jornada, para que no pasara todo el verano sin hacer nada, y supiera lo que era trabajar. Me sentí acojonado.
    Mi padre debió ver mi cara de espanto, porque se apresuró a tranquilizarme; que solo sería por las mañanas, que tendría todas las tardes libres para jugar con los amigos… su idea era buscarme trabajo en la fábrica de algún amigo.

    Por la tarde, decidí ir al videoclub. Podía haber ido al Cinema (que estaba en la parte de atrás de mi casa como ya he contado) pero me apetecía pensar, así que pillé la bici y me fui al Amigos, que estaba en la otra punta del pueblo. No tenía, en aquel momento, plan alguno; solo quería pasar la tarde en un sitio donde sabía que me distraería.






    Dejadme que intente explicaros ahora, si es que puedo, como era el Amigos… se me hace difícil.

    Nada más entrar, a mano izquierda estaba el mostrador. Tras el mostrador, había bastante espacio, con una docena de estanterías PETADAS de VHS dentro de las cajas del videoclub (eran cajas negras con una etiqueta, con los datos del Videoclub y un dibujo o fotocopia con muchas caras superpuestas de actores famosos). A mano derecha había un panel con VHS… era un panel de rejilla en forma de V invertida, con películas en ambos lados. Y al fondo, un panel de madera “pegado” a la pared. Allí tenía las novedades, las películas más alquiladas, una selección de “clásicos”…

    Si volvemos junto al mostrador, más allá de este, a la derecha, había una pared que ocupaba toda esa parte del videoclub, con una puerta, que daba a las películas que no eran “novedades”. Allí estaba oscuro (no había ventanas, solo luz de neón, lo llamábamos “el cubiculo”) y había otro panel de rejilla y otra estantería de madera en la pared… pero de un tamaño TRES veces mayor a las que había fuera. Allí tenían todas las películas antiguas; el panel de madera era mi favorito, porque allí tenían todas las sagas (Indiana Jones, Tiburón, Alien, Mad Max, Superman… y un largo, largo etc.).
    En “el cubículo”, a mano izquierda había otra puerta abierta, con una cortina, donde tenían las pelis “de mayores”… con el consabido letrerito al lado “Solo mayores de edad”.

    Aquella tarde, no iba con ninguna idea. Solo distraerme. Yo ya tenía algo de confianza con el dueño, aunque no excesiva, pero debió verme con mala cara y me preguntó que me pasaba. Se lo dije. Entonces él me hizo una propuesta que cambió, seguramente, el curso de mi vida.

    -Yo si quieres, puedes trabajar aquí… los fines de semana tengo a mi hermano ayudándome pero entre semana, a nadie.
    Siempre hay algo que hacer. Piénsatelo.

    Me lo pensé poco. Trabajar en un videoclub era, en aquellos tiempos, el sueño de mi vida. No diré que seguía viendo a los dueños de videoclubs como dioses (pues así los veía de niño) pero sí persistía en mi cierta idea de que eran “brujos” que conocían todos los secretos del cine, y que podían enseñarme mucho de lo que yo quería saber.
    Le comenté la idea a mi padre. Al día siguiente fue a hablar con Vicente para asegurarse de que yo estaba en buenas manos, y acordó que empezaría a trabajar el lunes siguiente, de nueve a doce y media, de lunes a viernes.
    No recuerdo ahora mismo, cuanto me pagaba Vicente, en cualquier caso era una miseria simbólica (podríamos estar hablando de 500 pesetas semanales…). Un trabajito de verano, al fin y al cabo.
    Pero a mí el dinero, entonces, me importaba muy poco. Lo que me maravillaban eran los beneficios colaterales de trabajar en un videoclub: alquileres gratis (sin abusar) quedarme películas meses enteros en mi casa sin pagar recargo, material publicitario gratis… igual que en el Cinema. Del Amigos sí que no conservo nada, algo que me fastidia bastante.
    Recuerdo mi primer lunes allí como si fuera hoy. Mi padre me llevó en coche. Yo estaba impaciente; ¿Por dónde empezaría? ¿Qué aprendería?







    A fregar, concretamente, aprendería ese día. Mis labores en casa se limitaban a sacar la basura, quitar la mesa, hacer mi cama y poco más. Nada más llegar, primero tuve que fregar los aseos y el almacén; aquello evidentemente, me cortó un poco las ilusiones. El resto de la mañana la pasé sentado en un taburete tras el mostrador, pegando etiquetas en películas recién llegadas. Había que poner una en la carátula y otra en la cinta; eran pegatinas color metal, con los datos del videoclub en color rojo. Si por casualidad, un día veis en un mercadillo un VHS de 1492 La conquista del paraíso, con una etiqueta del Videoclub Amigos… la puso vuestro colega Charles en su primer día de trabajo.

    A pesar de las malas vibraciones que aquel día pude recibir… fue la mejor época de mi vida. Los siguientes días fueron bastante mejores; había que limpiar, si, y quitar el polvo a las carátulas cada X días, pero también ir a hacer recados relacionados con la gestión del videoclub (una papelería cercana de encargaba de hacernos tanto las etiquetas para las películas, como los carteles de ALQUILADA y varias cosas más, y había que recoger encargos cada pocos días). Y también ver pelis gratis; todo el día estaba la tele y el vídeo del videoclub puestos con películas actuales. Y es que, si en pelis “normales” solo se pedía una copia, en taquillazos podían pedirse cinco o seis, y había que verlas todas para asegurarse de que no estuvieran defectuosas. Por ejemplo, recuerdo que nos llegó Top Secret, una edición que formaba parte de una colección (El mejor cine de Universal, o algo así) y nada más desprecintarla y meterla al vídeo, se veía mal; rayas constantes. Entonces había que cambiarla. En aquella época ya empezaban a ahorrarse costes en la fabricación de cintas; las robustas cintas hechas en los 80 dieron paso a otras más baratas… y falibles.

    No sé cuánto tiempo pasó antes de que me sintiera uno más allí… semanas, seguramente. Al principio mi padre me llevaba y recogía, pero luego llegó un momento en que yo iba y venía en bici; unos 15 minutos de distancia a pedalear, de ida y vuelta. Llegaba, iba antes que nada al bar de al lado (el bar Patxi, hoy todavía abierto) a por un café para el “jefe”, y luego al videoclub, donde Vicente ya habría puesto el ventilador a todo trapo.
    Creo que, profesionalmente, nunca me he vuelto a sentir así de realizado y satisfecho. Todos me conocían, desde los clientes hasta los viajantes de las distintas casas videográficas. Procuré saberme donde estaban las películas, TODAS, y especialmente las novedades, para cuando un cliente venía pidiendo algo, poder ir a traérselo enseguida. Yo conocía los gustos de los clientes más habituales, y me permitía incluso recomendarles tal o cual cosa.








    En algún momento, empecé a ir los sábados por la mañana, aunque no tenía porque hacerlo, y descubrí que en esos momentos se reunían unos cuantos “clientes de la casa”, un grupo de amigos que se juntaban en el videoclub, a tomar unas cervezas y unos panchitos con Vicente; recuerdo sobre todo a Pedro (un señor mayor que alquilaba películas porno a espaldas de su santa señora) o Paco (que solía venir con el perro, un perrillo manso al que yo adoraba) o Miguel, que era el hermano de Vicente y era quien le echaba una mano los fines de semana.
    También iba los sábados por la tarde, no a trabajar, sino a alquilar algo para ver con la familia, o los amigos, si me iba a dormir a casa de alguno, o viceversa. Anda que no me gustaba ir con mis amigos a fardar, ponerme detrás del mostrador, encontrar películas que pidieran al instante… era un fantasma.

    Los sábados por la tarde era ACOJONANTE. Yo trabajaba por las mañanas; entre semana, la clientela era limitada. Los sábados por la mañana sí iba bastante gente… pero, ¿POR LA TARDE? Por la tarde podían juntarse 20 o 25 clientes simultáneamente en el videoclub durante buena parte de la tarde; y lo digo sin exagerar en absoluto. Entre grupos de chavales que iban a alquilar una peli, o familias enteras que pillaban una para cada miembro de la familia, se juntaban grandes cantidades de personas. El videoclub era popular, era una OPCIÓN de ocio y un punto de reunión social, y eso es lo que más echo de menos. Hoy los videoclubs son tiendas como otra cualquiera…

    Aunque limpiara el polvo e hiciera recados, aquella experiencia no me defraudó, también aprendí muchísimas cosas de las que me interesaban. Aprendí a desmontar cintas VHS para repararlas si se podía; y luego a volver a montarlas (cosa muy difícil si no tienes a alguien al lado que sepa como hacerlo).
    Los VHS son como un mecanismo de relojería, con piezas metidas a presión por máquinas, difíciles de volver a meter manualmente en caso de que se salgan. Si la abrías con “violencia” y se te saltaba un muelle o un sujetador de plástico, luego había que reconstruirlo con una paciencia inhumana…
    La mayoría de los VHS se estropeaban por usar los p*tos rebobinadotes, ¿los recordáis? En aquella época se decía que lo que más gastaba el cabezal del vídeo era rebobinar las cintas, así que se inventaron máquinas que solo hacían eso, rebobinar las cintas. Pero mientras algunos eran robustos y prácticos, la mayoría eran baratos y malos, y se cargaban las cintas con enorme facilidad.



    Las cintas de VHS tienen, al principio y al final, algo llamado técnicamente “colas de inicio y fin” unos trozos de cinta transparente y MUUUUY frágil, que empezaba y terminaba la cinta magnética propiamente dicha.
    Usando un vídeo decente nunca verás las colas de inicio y fin al rebobinar, porque el vídeo paraba el rebobinado antes ya que detecta esa cola de inicio y fin con un LED y para la máquina a tiempo, pero los rebobinadores malos no tenían ningún sistema de prevención similar. Si no tenías cuidado, la cinta se rompía y se “perdía” dentro del VHS, había que desmontarla, enhebrar el roto y empalmar.

    Para empalmar por aquellos años, en los videoclubs usábamos una cinta negra igual a la cinta magnética, a la que le ponías una cola especial y a la vista, parecía que no hubiera empalme alguno, y el vídeo no lo detectaba. Solo se perdían unos pocos fotogramas y la diferencia era mínima. Años más tarde esa cinta se dejó de fabricar, o se encareció, y usamos celofán de toda la vida, que era más crítico.

    También aprendí a abrir vídeos y repararlos, cuando era posible. La mayoría de los fallos eran cabezales sucios o directamente rotos, piezas mal engrasadas o piezas que se hubieran soltado… y cosas que la gente metía en los vídeos. No os digo más que una vez abrí un vídeo y me encontré una caña de zumo dentro… Los cabezales había que limpiarlos con un trapito suave que no dejara pelusa (similar a los usados para limpiar las gafas) mojados en alcohol especial. ¡¡Nada de usar algodón!! (que es lo que usábamos en mi casa antes de que yo descubriera el daño que les hace a los cabezales).







    El verano terminó, y se me había pasado volando. A principios de septiembre aún solía ir cuando podía, pero al empezar el curso se acabó; iba los sábados por la mañana, eso sí, echando una mano en algunas cosas, a cambio de alquileres gratis y material de promo. Del Amigos obtuve unas cuantas pegatinas de películas y pósters, sobre todo recuerdo los de Pulp Fiction y La máscara de Jim Carrey. Por desgracia no conservo ninguno, se fueron perdiendo o rompiendo con sucesivos cambios y mudanzas.
    El año siguiente terminé el curso y no hizo falta que mi padre me preguntara si iba a volver a trabajar; el día después de la cena de fin de curso, fui a ver a Vicente y le pregunté si me necesitaba ese verano. Dijo que sí.

    La verdad es que ese verano fue MUCHO mejor… yo tenía más confianza, conocía el “oficio” y a la gente. Aquel año ya pillaba recados telefónicos, hablaba con distribuidoras que llamaban, atendía directamente al cliente… siempre con Vicente cerca, desde luego, pero yo me sentía mucho más seguro.

    Podría contar mil anécdotas de aquella época. La primera vez que reparé yo solo una cinta del videoclub, sin ayuda (fue Desafío total) que sentí un orgullo y una satisfacción enormes aquella vez que vino un niño que quería alquilar Aladino (la de Bud Spencer) y vino su abuela detrás, negándose a alquilársela porque decía que esa era “de guerrillas” y el nieto insistiendo en que no… un matrimonio peleándose a grito pelado delante de una docena de personas porque él no había rebobinado la cinta (cobrábamos 100 pesetas por no rebobinar) hasta el punto en que pensamos que llegaban a las manos. Recuerdo que Vicente me llegó a regalar una película al final del verano, me preguntó cual quería, siempre que no fuese una novedad, y yo elegí Noche de miedo, la primigenia edición de VHS que luego, cuando abandoné mi vhsfilia, regalé impunemente, y cuando quise recuperarla la habían tirado. Nunca me lo perdoné. Afortunadamente luego la he vuelto a conseguir… pero me sigo lamentando. Era un regalo de un amigo.


    Recuerdo que ese verano hubo un pequeño terremoto en el pueblo. No imaginéis desastres ni daños, tembló el suelo unos seis segundos, y ya. El sábado siguiente fui a trabajar por la mañana; pues bien, SIETE personas, la friolera de siete, fueron viniendo a lo largo de la mañana pidiendo para alquilar la película Terremoto, de Charlton Heston. El primero se la llevó, los otros seis se quedaron con las ganas. Vicente dijo que si lo llega a saber, pide más copias a la distribuidora… La psicología humana, vaya.

    Recuerdo el robo de carátulas… yo nunca pillé a nadie haciéndolo, Vicente si. Se las llevaban escondidas bajo la ropa, en mochilas… Recuerdo el caso de “la Noche de Halloween” película que yo estaba loco por ver, y que Vicente tenía en sus fichas, pero alguien la había alquilado y no la había devuelto. Vicente llamó por teléfono para pedir que la devolvieran, y resultó que los datos del cliente eran falsos. Muchas veces ocurría eso… por eso al principio los videoclubs no pedían DNI para hacerte socio, pero poco a poco todos lo pedían. También podía suceder que te devolvían películas habiendo grabado encima, como sucedió una vez con Arma letal 3, encima habían grabado un trozo de otra película. Evidentemente esa copia hubo que retirarla y pedir otra.





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    Recuerdo que un sábado por la mañana, cuando estaba reunido el “consejo de sabios” o los clientes más habituales, gente que yo respetaba y que me respetaban, entró mi hermano mayor en el videoclub (un cabrón y un troll de manual) y se puso a gritarme delante de todo el videoclub “Hermano, ¿Dónde tenéis las pelis porno?”. Pocas veces he pasado más vergüenza…

    Aquel fue uno de los mejores veranos de mi vida, el “auge” que da título a este post loco y nostálgico. Desgraciadamente, y como reza el dicho… “más dura será la caída”.

    En el verano de 1995 no pude trabajar en el Amigos. Yo pensaba que si, e incluso iba, durante el curso, alguna tarde de sábado a echar una mano. Pero mi padre tuvo un derrame cerebral; nada serio, pero no podía hacer esfuerzos ni levantar peso. Su trabajo va de eso… y su época de más trabajo es julio. Así que me tuve que poner a ayudarle ese verano. Fui a ver a Vicente y le dije que lo sentía, pero que me iba a ser imposible ayudarle en julio, aunque en agosto si podía, iría un par de semanas. Él me dijo que no pasaba nada.

    Al final, no fui ni en agosto. Aquel año cerraron mi colegio y me pasaron a otro, donde hice un grupo de amigos que duraría hasta después del instituto. Estaba más cómodo haciendo el vago con ellos, y como había trabajado de lo lindo en julio, mi padre no puso pegas a que no hiciera nada en agosto. Fue un fallo, porque había prometido ir… y no fui.

    En 1996 fue aún peor. Abrieron varios videoclubs cerca de mi casa, como el Blockbuster vídeo, ya hablaré de él. Dejé de ir como cliente; para qué tirarme un cuarto de hora pedaleando o media hora andando, si podía encontrar lo mismo a dos calles… solo fui a por pelis antiguas, dos o tres veces. Me eché novia. Me quería ir en verano con ella y con mis amigos a la playa unos días. Mis padres pagaban mi viaje, pero había otros gastos, ejem, gastos alcohólicos, para parques acuáticos, y otras cosas, y tenía que ganármelos yo trabajando en julio.

    Pensé en volver al Amigos… pero no me llegaba con el pago simbólico de Vicente. Ahora tenía más gastos que nunca. Salía a cenar los fines de semana. Me había sacado el carnet de conducir, y la gasolina de la moto había que pagarla, no quería abusar de mis padres, que me habían comprado la moto. Tenía un grupo de rol con mis amigos, y los manuales que continuamente había que comprar eran bastante caros (al año siguiente entré en contacto con un club de rol de un pueblo vecino que me, ejem, fotocopiaba los libros por un módico precio). Trabajando en el videoclub no me llegaba, simple y llanamente.







    Aquel año, creo que ni fui a decirle que no iba a trabajar con él… como llevaba meses sin ir, no creo que le sorprendiera. Como aquella era la época de “la informática es EL FUTURO” eché varios curriculums y me coloqué en una tienda de informática de reciente apertura como auxiliar, por un sueldo que no es que fuera el rescate de un rey, pero tampoco era la miseria simbólica que me daba Vicente… me ocupaba básicamente de abrir ordenadores y limpiarlos de mierda y polvo, de formatear y de instalar drivers y poco más.
    Al año siguiente… lo mismo. Pereza. Pasión por la informática. Apenas pisé el videoclub. El cine era algo cada vez más remoto para mí. Tenía otras aficiones… en aquel entonces me tomaba muy en serio mi labor como máster de los juegos de rol, a los que pasábamos jugando cada momento libre. Dejé de ver cine una buena temporada.

    1998. El año en que murieron los videoclubs (para mi).

    Aquel año yo estaba MUY metido en la informática, me pasaba el día delante de ordenadores, cuando no el mío, reparando los de otros. Se corrió la voz de que yo era un “informático” y me llamaban a diario, hasta el punto en que a veces iba a casa de la prima de un amigo de… no quería ver los ordenadores ni en pintura en todo el verano. Pensé en ir al Amigos y trabajar allí para tomarme un respiro. No había ido prácticamente en todo el año.

    Cuando entré… me esperaban sorpresas, y no agradables. La primera, que Vicente había hecho obras en el local. ¡Casi no lo reconocí! La pared o muro que separaba las estanterías de novedades de las películas antiguas había sido derribada. El mostrador estaba ahora donde antes estaba el rincón porno, y viceversa. Además, las viejas estanterías metálicas de rejilla habían sido sustituidas por otras de madera, más eficientes.
    Noté también que había una estantería junto al mostrador, con pelis antiguas. Las había puesto a la venta, por 200 pesetas… algo olía a chamusquina. Nunca antes Vicente había vendido películas de alquiler en su videoclub. Solo las de venta directa.
    Tras el shock inicial, estuve hablando con el jefe. Le comenté que quería trabajar y que, si necesitaba a alguien, contara conmigo. Me dijo que si, aunque había ahora menos trabajo que en otros años… palabras amargas que yo iba a aprender qué significaban.

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    Recuerdo que me subió el “salario simbólico” a algo más, aunque no recuerdo ahora cuanto fue, ni cómo lo hablamos. Lo que sé es que, mientras daba una vuelta para hacerme con la nueva “estructura” del videoclub, vi varias películas en la estantería de novedades, que no eran como las demás: aún las recuerdo, Batman, Mars Attack, Bonnie y Clyde, Esfera y El exorcistaeran DVD. Yo había visto ya DVD en un VIPS de Madrid ese año, pero no llegué a prestarles atención. Pensaba que serían un complemento al VHS… un “capricho” solo para ricos, dado que costaban 4.000 pelas, el doble que un VHS, y que simplemente sería eso, un acompañamiento. Cuan equivocado estaba.

    Ese verano fue “la caída” del título de este ya largo ensayo nostálgico. Para empezar, los sábados por la mañana el “consejo de sabios” no se reunía. Miguel, el hermano de Vicente, estaba de baja porque se había roto una pierna (trabajaba en una cantera). Pedro, el entrañable abuelo verde que alquilaba porno de lesbianas a espaldas de su mujer, tuvo un infarto, pidió la jubilación anticipada y volvió a Valencia, su tierra natal. El único que quedaba era Paco… el del perro. Cada sábado por la mañana, yo le traía la cerveza y unas patatas de jamón, y charlaba con él un rato. Por lo visto, todos sus amigos se habían ido o se habían muerto, y no tenía familia cercana. El hombre tenía una gran pasión por el cine clásico y adoraba a los animales. Solía pasarse toda la mañana con su perro, desde que abríamos hasta que cerrábamos, y yo tenía la impresión de que no le hubiera importado estar allí cada día de la semana. Creedme que en aquellos sábados por la mañana, que antes tanto disfrutaba, se me partió el corazón.

    Lo peor es que ya no tenía sensación satisfactoria de ser útil y estar realizado. No venía tanta gente como antes… no diré que el videoclub estuviera desierto, ojo. Sería mentira, exagerar y dramatizar. Pero el BAJÓN se notaba. Los sábados por la mañana solía venir gente, pero esa sensación de que yo conocía cada rincón, cada película, y de que podía guiarles un poco, se había apagado. Vicente olvidó su idea de que le hiciera una base de datos de clientes y otra de películas (pues todo lo tenía escrito a mano en fichas). Sus planes eran ir deshaciéndose de todos los VHS viejos, y no le interesaba una base de datos para eso. Lo curioso es que mucha de la gente que acudía al videoclub lo hacía porque buscaba películas viejas que solo podían encontrarse allí. Bajo mi punto de vista, deshacerse de los VHS, que era lo que la mayoría de clientes buscaban, era un error, pero no creo que me atreviera a decírselo. Además, gracias a ello, yo me compré cientos de VHS allí… pero cientos. Prácticamente la mitad de los VHS que hay en el post del coleccionismo los compré allí. Así que, decirle que no los vendiera habría ido contra mis propios intereses egoístas.

    Los sábados por la tarde, eso sí que era desolador. Si antes se podían juntar 20 personas, y EN NINGÚN momento, entre las 5 y las 8-9 estábamos solos… ahora entraba mucha menos gente, en un goteo constante, pero muy fugaz. No diré (sería dramatizar otra vez) que no viniera nadie. Pero sí es verdad que se notaba que ese pasatiempo social que era ir al videoclub se estaba abandonando. La gente que entraba iba directamente a las novedades, y el que buscaba películas antiguas preguntaba directamente al dependiente. Ya no iban dando vueltas por el videoclub, con el placer de mirar, de elegir… eso se perdió. Yo mismo ya no estaba tan metido en el cine como antes; alquilaba muchas películas que devolvía sin ver, o que me veía de resaca los domingos, sin apenas ganas. Fue un todo… que me desconectó de ese mundillo.






    Al final del verano le dije a Vicente que al año siguiente iba a estudiar informática, y que en verano tendría que hacer prácticas en empresa, y no iba a poder trabajar con él. Le di las gracias por todo, y aunque no le dije que no pensaba volver, no creo que hiciera falta… Poco a poco, sin yo darme cuenta, había llegado la muerte de los videoclubes de barrio.

    DECADENCIA DE LOS VIDEOCLUBS


    La decadencia no fue un proceso repentino y cortante. Fue como un goteo, poco a poco fue llegando entre mediados y finales de los 90. ¿Las causas? Varias. Intentaré desglosar los factores que, siempre en mi opinión, fueron poniendo un clavo tras otro al ataúd de ese modelo de negocio.

    *Las máquinas expendedoras fueron la primera amenaza al videoclub de barrio. Los más jóvenes quizá ni sepáis que era eso. Yo mismo las vi funcionar poco tiempo, unos añitos a lo sumo. Llegaron en los 90, y eran máquinas expendedoras de películas, como las de tabaco, que se ponían en bares, pubs…
    La teoría era que los domingos, los videoclubs cerraban, y si la gente quería ver una peli, no podía. Tenía que conformarse con lo que echaran en la tele. Con la máquina expendedora colocada en negocios que no cierran en domingo, podías ir al bar o al pub de tu barrio y alquilar una película. La teoría no era mala, pero yo no vi más que dos o tres de esas máquinas funcionar unos añitos, a principios de los 90. Recuerdo alquilar en el que había en el pub frente a mi casa, al menos dos: Solo en casa, y Muñeco diabólico 2.


    *Las cadenas privadas. Este fue el primer gran clavo a los videoclubs. Antes de la aparición de Antena 3 y Tele5, el cine estaba muy limitado en televisión. Había espacios de cine en TVE1, en La2 y en los canales autonómicos, pero eran pocos. Es obvio que las cadenas públicas y las autonómicas pequeñas no podían hacer frente a la compra e los grandes títulos taquilleros tanto como nosotros queríamos.
    De ahí que los videoclubs te daban opción a elegir y no tenías que ceñirte a lo que el programador de turno quisiera exhibir. Además, las novedades tenían una ventana de tiempo hasta que pudieran ser emitidas en televisión… mientras que llegaban antes al videoclub.
    La aparición, a principios de los 90, de Antena 3 y Tele 5 cambió todo, para siempre. Como cadenas privadas, tenían mucho más poder adquisitivo para ofrecer títulos interesantes y atractivos a una colectividad de públicos, de todos los sexos, edades y condiciones, era algo con lo que las televisiones públicas o pequeñas no podían competir.

    Nota: Tele5, quien te ha visto, ¡y quien te ve! Aún recuerdo aquellas emisiones de películas de Bud Spencer y Terence Hill, las películas de Jaimito, Robocop, Tiburón y secuelas, películas de Pajares y Esteso…
    Sin embargo, seguían siendo “solo” dos canales más. De forma que, aunque la llegada de las privadas sin duda quitó alguna parcelita al videoclub, no fue tan traumático como otros sucesos posteriores.

    *La llegada De Canal Plus, y de la televisión digital. Canal Plus fue una revolución en España, con una oferta de novedades brutal en películas. Cada vez había más oferta cinéfila sin necesidad de tener que salir de casa. Esto es un poco lo que vemos hoy con la caída de centros comerciales “presenciales” frente a online, Amazon… a algunos nos gusta ir a comprar, mirar, pasear por estanterías, elegir. Pero parece que somos minoría, a la vista de los datos.







    *El auténtico clavo para el ataúd del videoclub de barrio fue algo que llegó antes del DVD: el videoclub “de mentira”. Las franquicias, como Blockbuster, Hollywood Vídeo y demás. Locales que eran más tienda que videoclub. El encargado solía ser un tío/a bueno/a de buena presencia, y que no tenía ni puñetera idea de lo que ofrecía al cliente. Si preguntabas por películas que no estuvieran en su catálogo, se encogían de hombros. Y si preguntabas por pelis antiguas, ponían directamente cara de susto.
    Ese fue el fin del videoclub de barrio; la desaparición de un comercio especializado, con un señor o señora que veía películas y sabía de ello, que te podía hablar de las películas editadas desde hacía años, podía aconsejarte, te podía conseguir rarezas… a cambio, nacía la tienda multidisciplinar, donde igual de vendían una película que agua mineral, palomitas o golosinas; el dependiente no tenía ni idea del negocio y además, no se suponía que tuviera que tenerla.

    Otro nombre que solía darles a estas franquicias es “el videoclub sin dueño”. Una vez pregunté en el Blockbuster si me vendían su copia de 1997 Rescatte en Nueva York. Pues bien, tardaron casi dos semanas en darme una respuesta (y fue que no) porque había que preguntar a no se quien, consultar a fulanito…

    También había “cajas-videoclub”. Pequeños edificios que funcionaban a través de una terminal en la calle: tú pedías por la terminal una peli y esta era expedida por una máquina. Fueron negocios bastante abundantes a finales de los 90. No había, salvo a ciertas horas, mano humana tras el negocio, nadie a quien consultar.

    *El DVD, seguro, fue la puntilla final al formato de los magnetoscopios.
    A veces me he preguntado qué pasaría si el DVD hubiera llegado en una época anterior sin Internet, o si no hubieran sido tan fáciles y baratos de copiar. Creo que aquí en el foro vivimos una burbuja porque todos pensamos más o menos igual en cuanto al cine, somos cinéfilos, coleccionistas… pero la realidad es que en este país, somos una minoría, y que para la mayoría, la postura de la población española hacia el cine siempre ha sido un poco “eso solo lo pagan los tontos”. La piratería durante el VHS fue todo un mercado subterráneo, pero jamás alcanzó los límites que se conocieron con el DVD.

    Quizá, si el DVD hubiera llegado antes que Internet, o hubiera sido tan farragoso y caro de copiar como lo era el VHS… los videoclubs hubieran tardado más en desaparecer. Quizá la gente hubiera preferido seguir pagando unas cientos de pesetas por el DVD alquilado en un comercio… o seguramente no.





    El VHS se podía copiar, pero para ello necesitabas dos vídeos que estuvieran preparados para ello, algo de cableado, y tiempo. La copia se hacía en tiempo real, esto es, si la película a copiar duraba dos horas, tardabas dos horas en copiarla. Era lento, era caro (las cintas vírgenes fueron bastante caras hasta que el formato perdió popularidad) y cualquier error hacía que tuvieras que volver a empezar. No era imposible, pero era engorroso, y aunque algunas personas hicieron mucho dinero con las películas pirata en VHS, Beta… el mercado jamás alcanzó las alucinantes cotas del DVD.
    A esto hay que sumar algo que siempre me cabreó como a un mono: en cuanto llegó el DVD, y de hecho, ya un poco antes, empezaron a reducirse los costes en la fabricación de cintas y reproductores. Una cinta de, por ejemplo, 1985, es pesada, es robusta, y con unos mínimos cuidados se reproducirá sin problemas apreciables de imagen y sonido muchos años (en mi canal de Youtube tenéis varios ejemplos al respecto). Una cinta de 1998/99 en adelante es ligera como una pluma, parece que no estés sujetando nada, y se nota la baratura de materiales.

    Es más, el número de cintas NUEVAS, desprecintadas por mí, que se veían mal es un primer visionado, compradas en venta directa a finales de los 90, es de 6. Al menos 6 que recuerde. El número de cintas de videoclub, con docenas o incluso cientos de visionados en distintos vídeos desconocidos y con muchos años a sus espaldas, que se ven mal en mi colección, es menor. Entiendo que era inevitable el recorte de presupuesto en un formato que quedaba obsoleto a pasos agigantados, pero no deja de fastidiarme. Un VHS fabricado en los 80 puede aguantar hasta 1.000 visionados, y los de algunas marcas reputadas como Fuji o TDK, aún más.


    *Internet. Internet cambió el ocio, los negocios, y la vida tal como la conocíamos. Las compras online, poder comprar al extranjero… de repente teníamos acceso no a una amplia variedad sino a todo el cine mundial que estuviera editado en algún país. Y no hacía falta salir de casa para conseguirlo.
    En cuanto Internet empezó a ser asequible para casi todos los hogares, el videoclub ya no tenía nada que hacer. Primaron las ofertas, desde luego, llevarte varias películas por el precio de una y mil más. Pero era imposible. Solo personas mayores sin conocimientos de lo que se cocía en Internet, y cuatro nostálgicos iban a seguir acudiendo al videoclub. Desde ese momento, y aunque algunos videoclubs aguantaron muchos años, el videoclub, como modelo de negocio, ya estaba muerto.


    Aquí podemos estudiar una gráfica de 2002 a 2012. En 2002 el VHS estaba presente en el 71% de los hogares, y el DVD en el 13%. Diez años después el VHS estaba presente en el 43% de los hogares, y el DVD en el 74%.
    Lo curioso es que el descenso del VHS de los hogares españoles fue extremadamente suave, sostenido, y “solo” bajó un 28% su presencia en diez años, en total. El DVD en cambio experimentó un ascenso meteórico y mucho más agresivo, del 61% en el mismo lapso de tiempo.

    LA DESAPARICIÓN DE LOS VIDEOCLUBS

    Al igual que la decadencia, la desaparición de los videoclubs fue un proceso lento y progresivo. De hecho aún no ha terminado (en mi pueblo aún quedan varios). Quizá tarde todavía unos años en completarse, pero en su conjunto, los videoclubs son ya historia.
    La mayoría intentaron aguantar ampliando a otro modelo de negocio. ¡Y ahí he visto de todo! Panaderías, todo a cien, 24 horas con bebidas y golosinas, tiendas de ropa de saldo, alquiler de videojuegos, cibercafé… la cantidad de videoclubs que se han mutado para sobrevivir es bastante alta. Otros, en cambio, cerraron sin más, de la noche a la mañana, sin poder hacer frente a tener la tienda vacía, y sin oportunidad o ganas de cambiar de modelo de negocio. Muchos de los dueños de videoclubs más antiguos eran ya mayores, demasiado quizá como para adaptarse a los nuevos tiempos.

    Los videoclubs abiertos en la era del DVD fueron unos cuantos. A pesar de que aquel negocio estaba en entredicho, la aparición de un formato de gran calidad de imagen, con múltiples opciones de idiomas y subtítulos, con extras, con presentaciones atractivas… resucitó en algo la cinefilia en este país. Yo conozco tres o cuatro videoclubs que abrieron con el “boom” del DVD, todos ellos hoy cerrados.

    Cuando llegó el DVD, los videoclubs más antiguos comenzaron a deshacerse de sus VHS, vendiéndolos a precios irrisorios. Esa es la época en la que conseguí aproximadamente el 50-60% de mi colección actual de VHS. Todos los sábados después de desayunar me iba a hacer un recorrido por todos los videoclubs que ponían sus películas de vídeo a la venta.

    Hay que entender que, antes de la llegada del DVD, las películas de alquiler no se vendían. De hecho en muchas carátulas figuraba el aviso “Solo para alquiler”. Los videoclubs solo podían poner a la venta títulos específicos para ello. Por lo tanto, muchos títulos codiciadísimos por mí, de los años 80, fueron totalmente inaccesibles. Y de repente… ¡todos los VHS están en venta! Y a precios ridículos. De media, me llevaba 10 VHS cada fin de semana a casa… una locura. Me encantaba ir “de caza”, era mi hobby favorito. Además, asumido ya que el formato VHS era técnicamente obsoleto y que el DVD llegaba para quedarse, tenía la motivación de salvar todos los que pudiese salvar.

    Para mí, localizar todos los videoclubs que tuvieran VHS a la venta se convirtió en una caza. Si iba de vacaciones a otra ciudad, buscaba y visitaba sus videoclubs. En algunos sí que conseguí varias “piezas”, sobre todo en uno de Torrevieja donde pasé unas vacaciones, y me llevé cinco títulos en VHS, por 500 pesetas el lote. También visité sitios donde tradicionalmente había películas, como los todo a cien. En los 90 solían tener pelis de vídeo, aunque la mayoría de las que yo llegué a ver eran porno o de artes marciales. ¡No gran cosa!

    Recuerdo varios fines de semana que conseguí títulos estrella, como Másters del Universo, su edición de Cannon, que conservaba su carátula transparente con dos títulos de la compañía; o la vez que pude llevarme tres entregas de la saga Viernes 13 de golpe, ediciones ya entonces bastante codiciadas, o cuando conseguí una tanda de títulos antiquísimos, desde Un hombre lobo americano en Londres a Ojos de fuego en sus primigenias ediciones de alquiler.



    Aquellos sábados por la mañana se convirtieron en una afición muy divertida. Era otra vez la misma sensación que había tenido de joven: pasear entre estanterías, mirarlo todo, por el placer de mirar, sin buscar nada concreto, encontrar un hallazgo interesante… la diferencia era que ahora, ¡me llevaba las películas a casa para siempre, y no unos días!

    Poco a poco, año a año, las videoclubs cerraban o se deshacían de sus VHS, vendiéndolos al por mayor a mercadillos y coleccionistas, a precios y en cantidades que yo en aquella época, no podía permitirme. Pronto solo quedó un videoclub del que llevarme películas en VHS, y al que he acudido con cierta regularidad, aunque cada vez con menos pasión, pues ya conocía de sobra los títulos disponibles y lo había vaciado ya de cosas que me interesaran.

    Pero me dejaba caer por allí de vez en cuando, un día cada mes, cada dos meses… ya no por buscar películas para mi colección, sino simplemente para arañar una “dosis” de videoclub, de esa sensación de recorrer estanterías, con esa curiosa mixtura de olores: pan recién hecho y ambientador. Bueno, eso ahora. En los 80 era tabaco y ambientador.

    El año pasado, en marzo, fui al videoclub y ya no tenían VHS. Les cogía demasiado espacio para las pocas que vendían, no merecía la pena. Los estaban llevando todos a un almacén y la idea era dejarlos parados. Pero tenían varios envases preparados para llevarse, y me dejaron fisgar en ellos, y así encontré la edición de alquiler de El hombre de la pistola de oro. Esa fue la última que compré de un videoclub, y seguramente, la última que compre nunca.









    EL VHS HOY


    En un episodio de la décima temporada de Los Simpsons, Homer Simpson descubría que, en su infancia, su madre pertenecía a una comuna de hippies, y deseaba que su hijo creciera en ese ambiente. Pero su padre no lo permitió. Homer descubre esto de adulto, e intenta llevar una “vida de hippie” varias décadas tarde, en un mundo en el que, como decía Stitch Jones en El sargento de hierro “hace siglos que se extinguieron los hippies”.

    La desazón de Homer al intentar evocar un mundo que ya no existe, que quedó atrás y que no se puede recuperar, o las reacciones de la gente hacia él (mezcla de asombro y desdén) la conocen bien todos aquellos que en algún momento del siglo XXI han sentido añoranza, activa o pasiva, hacia los VHS y los viejos videoclubs de barrio.

    En el mundo en el que vivimos, un mundo dinámico, frenético y en constante evolución, donde incluso algunas corrientes que popularizan elementos pasados (modas vintage, las llaman) como los discos de vinilo, la fotografía analógica… el VHS no tiene cabida. Es un formato pesado, ocupa espacio, ensucia, el soporte es finito y se va degradando con el uso, el contenido carece de la mayoría de accesorios que traen hoy las películas en formatos domésticos, tales como varios idiomas, subtítulos o “extras”. ¿Quién demonios iba a querer rememorar, o aún incluso, conservar, algo tan poco práctico?
    La respuesta, por increíble que parezca, es “algunos”.

    Y es que, no en vano el formato popular en España durante dos décadas fue el VHS. No se puede hablar de videoclubs sin hablar del VHS. Los videoclubs nacieron con el VHS… y con su marcha como formato mayoritario, murieron, o empezaron a morir. La historia de esos míticos comercios es parte de la historia del formato VHS.


    En un pasado reciente hemos vivido “guerras de formato” entre el HD y el Blu Ray, por ejemplo, o entre diversas formas de almacenamiento de audio, pero no han sido más sonadas que la guerra VHS-Beta (y en menor medida, otros formatos como el Video 2000) que tuvieron lugar en España en los años 80 y 90. Ganó el VHS, y nos acompañó durante más de dos décadas en nuestros hogares, fue parte de nuestras vidas. ¿Es pues, de extrañar, que algunos, aquellos que peinamos canas, lo encontremos encantador, irresistible?

    He conocido a personas que coleccionaban accesorios totalmente inútiles, increíbles. Un amigo mío coleccionaba mecheros, de todas las formas, tamaños, colores y marcas posibles, y los enseñaba a las visitas, orgulloso, todos perfectamente ordenados en cajas de zapatos. Una tía mía colecciona saleros de restaurantes, y tiene un armario de la cocina lleno de saleros vacíos. El coleccionismo no siempre puede explicarse racionalmente, y no se mide por la calidad o el valor objetivo de lo que coleccionamos: es una fiebre inexplicable, que nos atrae, nos domina, y nos impulsa, algo con un valor sentimental para cada coleccionista.

    Hoy, el formato está muerto salvo para unos cuantos coleccionistas. El VHS dejó de fabricarse hace un año, a partir de ahora ya no habrá soporte y solo quedan los reproductores que actualmente existen en tiendas y almacenes. Con el tiempo los repuestos para reparaciones irán escaseando, al igual que los técnicos que tengan los conocimientos necesarios para ello. Veremos entonces, si esta afición no tiene fecha de caducidad... y mientras pasa el tiempo necesario para comprobarlo, espero que este texto azucarado e ilegible haya servido para hacer pasar un buen rato a los foreros. Los más viejos seguro que habrán esbozado aunque sea una sonrisa al recordar viejos tiempos, y los más jóvenes... ¡bueno, me conformo si les ha picado el gusanillo!



    ¡Nos vemos en el videoclub! Bueno... o no
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  2. #2
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    ¡Enhorabuena ! Vaya pedazo de post.

    Cojonudisimo.

    Nunca olvidare el fin de semana que mi madre trajo alquilada (BETA) una película que nos dejo petrificados a mi y a mis hermanos.

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  3. #3
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    ¡Menudo tocho! Me lo leeré más tarde. Deciros que yo aún voy al videoclub.
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  4. #4
    The Final Frontier Avatar de Trek
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Siiiiii, ya era hora...

    Esta noche, tranquilamente, lo leeré y disfrutaré seguro

    Muchas gracias, Henry
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  5. #5
    freak Avatar de humanoide
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Que bueno Charles!!! Lo mejor de tu post es que me transportó a esos años y me has hecho revivir muchas emociones de aquellos días.

    De no ser por los videoclubs cuantas películas no se habrían visto. Recuerdo como entre mis amigos había títulos de videoclub que eran tan famosos o más que cualquier película de cine. Yo me crié en un pueblo pequeño y sólo había una película por semana, o sea alguna taquillera, el resto de películas eran alquiladas en videoclubs.

    Los chicos del maíz, jóvenes ocultos, Hidden, etc. son títulos que no sabría ni que existían.

    Bueno, me ha encantado tu post y lo que más me ha gustado han sido las carátulas y títulos que has puesto, cantidad de películas que no recordaba haber visto y que me encantaron.
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  6. #6
    Cruzado Cinéfilo Avatar de Nomenclatus
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Enhorabuena por el post, Charles. Me has hecho revivir muchos recuerdos. No pocos de los títulos de los que has colgado fotografías de las carátulas, las alquilé yo también en su día.



    P.D.: El Video 2000 no llegué a conocerlo. En Beta, vi 3-4 pelis en casa de unos amigos. Pero en mi casa acabamos comprando el VHS. Acertamos de lleno a la hora de escoger formato, por lo que se ha demostrado al paso del tiempo.
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    "Como te ves, yo me ví, como me ves te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás."

    Osario de Wamba

  7. #7
    Realm of Shadows Avatar de Jane Olsen
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Gracias a Charles por su ingente trabajo de documentación y por compartir esta bonita vivencia con todos nosotros .

    En mi caso, todo esto me pilló tarde. En mi casa no había vídeo y tardó bastante en haberlo, cuando precisamente ya se estaba empezando a pasar la fiebre y la guerra de formatos empezaba a quedar lejana. El 2000 y el Beta no llegué a conocerlos, como le pasó a Nomenclatus. También tardamos bastante en tener DVD y el Blu-Ray no lo hemos tenido hasta este año. Sin embargo, todas estas historias no me resultan ajenas.

    Edito: otra pequeña anécdota de abuelo Cebolleta . Yo aún conservo el último reproductor de vídeo (en casa de mi abuela creo que aún sigue el primero) que compramos, poco antes de que el DVD le extendiera la partida de defunción al sistema, y todavía funciona. Aún lo tengo porque tengo todavía muchos VHS (principalmente, cosas grabadas de la tele), si bien lo uso ya muy poco. Cualquier día lo agarra mi madre y lo tira ...

    Lo cierto es que todo lo relativo al VHS tiene un cierto aire nostálgico. La generación EGB. Los nostálgicos precoces. Aquello de ir al videoclub era como un ritual, como lo fue para los burgueses del siglo XIX ir a la Ópera, o para las gentes de principios del siglo XX ir al cine. Ya cada vez quedan menos rituales de ésos. En mi caso yo comprendo que el aparatito acabara desapareciendo. Era un tanto engorroso, que si rebobinar, que si ahora la cinta se rompía, que si se enganchaba... Hay cantidad de formatos que se han ido quedando por el camino, unos más recordados que otros... El láserdisc, el minidisc, el HD DVD...Y ojo, que no siempre los que ha prevalecido han sido los mejores...

    No deja de ser una extraña paradoja que, a día de hoy, sea todavía posible leer documentos de la Edad Media, y aún más antiguos, mientras que en muchos casos, ya no es posible leer documentos de hace veinte o treinta años: el VHS, otros formatos de vídeo que ya no existen, ciertos archivos de ordenador... porque no quedan reproductores o sistemas operativos que permitan leerlos.
    Última edición por Jane Olsen; 27/01/2018 a las 18:50
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    "There is an inmense joy when you suddenly discover beauty in something that has been around you for ages".

    "Beneath your dancing feet are the tombs of tortured men -thus does the Red Death rebuke your merriment..!"

  8. #8
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Qué recuerdos!!!. Hasta hace poco tenía vídeo vhs y lo tiré porque estaba destrozado del uso que se le dió. Aún conservo algunas películas en vhs y conciertos. Nostalgia más que otra cosa, porque no tengo donde reproducirlos.
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  9. #9
    sabio Avatar de Alex Fletcher
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Bravo Charles!!!!! IMPRESIONANTE!!!! como me gustan leer las vivencias de alguien "de los nuestros".... NO ESTAMOS SOLOS!!!!!
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  10. #10
    Rub
    Rub está desconectado
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Cuando se me pase la erección te felicito.

  11. #11
    gurú Avatar de Dr. Morbius
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Yo, el primer vídeo que tuvimos en casa era Betamax (un flamante Sony F-30, que costó en su momento 122.000 pesetas, en diciembre de 1985), aunque un tío mío tuvo un ADR (marca clonica de Sanyo), también Beta, unos años antes, y veíamos de vez en cuando pelis del oeste en el (Winchester 73, por ejemplo).

    Recuerdo como si fuera ayer los dos primeras películas que alquilamos en el Videoclub del barrio: “Rescaten el Titanic” y “2001”. Visto ahora, eran copias recortadas, con una definición ridícula y un pan-scan intolerable, pero era la ostia poder ver la peli que TÚ querías, y no la que te ponían en los pocos canales de tv de la época.

    Ese vídeo Sony Beta nos duró unos cuantos años, hasta que las cintas empezaron a escasear en los Videoclubs, y tuvimos que comprar por pelotas un VHS. Creo que fue a principios de los noventa. Llegamos a tener casi cien cintas con pelis y programas grabados de la tele (hacer los cortes para la publicidad y que te salieran bien era todo un arte ), y luego, cuando a finales de los ochenta empezó la venta directa, llegue a tener casi otra cien pelis compradas. Todo ello antes del 97, cuando llegó el DVD.

    Recuerdo también cuando mi hermana se compró otro beta, e íbamos los fines de semana a su casa a grabar un par de pelis del Videoclub (si, el pirateo en esa época era así de arcaico ). Cargar con un aparato que pesaba casi diez kilos y perder cuatro horas grabando un par de pelis (o series como V, que tenía mi hermana grabada de la tele), eran cosas que las piensas ahora y te entra una especie de risa entrañable...

    Tiempos maravillosos (y heroicos) para los cinefilos que crecimos en esa época

    Un saludo.
    Última edición por Dr. Morbius; 27/01/2018 a las 13:37
    tomaszapa, Trek, Nomenclatus y 10 usuarios han agradecido esto.
    Terrence Malick: “Nunca he sido capaz de trabajar con storyboards.
    Es como meter un cubo por un agujero redondo”.

  12. #12
    adicto Avatar de Abetos
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Estupendo, Charles.
    Ha sido una gozada leerte.
    tomaszapa, Nomenclatus, Alcaudón y 3 usuarios han agradecido esto.
    Y no olviden súper vitaminarse y mineralizarse.

  13. #13
    maestro Avatar de Kuouz
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Impresionante post. Gracias por este tema.
    tomaszapa, Nomenclatus, Alcaudón y 1 usuarios han agradecido esto.
    Un mago nunca llega tarde, Frodo Bolsón. Ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone.

  14. #14
    Cinéfilo austero Avatar de Narmer
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Gran post. Aun recuerdo el dia que mi padre trajo el primer vhs a casa. Debía ser por el 90 o así. Casi no comí mirando aquel aparato que me decían que servía para grabar cosas de la tele con las ganas que tenía de probarlo. Todavía me acuerdo que lo primero que grabé fue un capítulo de "La aldea del Arce" de la tele.

    He vivido siempre en un barrio obrero y todavía recuerdo el pedazo de videoclub que había aquí, ahora es una tienda de los chinos. Cuando los padres llegaban a casa nos pillaban a toda la familia y todos al videoclub... lleno estaba todas las tardes. De ahí vino mi nostalgia y mi fanatismo por Terminator 2, la alquilamos muchísimas veces y la quemamos en el video.

    Grandes recuerdos.

    Como curiosidad, la primera vez que hicieron Indiana Jones y la útima cruzada en la tele la grabé... bueno casi, justo en el momento en que un herido papá de Indy le decía aquello de Jehová empieza con i... se acabó la cinta y hasta ahí estuve viendo la peli bastante tiempo.
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    "Es peligroso, Frodo, cruzar tu puerta. Pones tu pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar" -Bilbo Bolsón-

  15. #15
    adicto Avatar de Blood
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Espectacular post, que recuerdos de aquellos años ochenta viendo pelis en la casa de la hermana de un amigo, cuando todavía no tenía video, y a partir de 1987 con mi reproductor Sanyo, cuando aún había más pelis Beta que Vhs en los videoclubs, haciendo ciclos de sagas míticas como Rocky o La guerra de las galaxias, o viendo todas las de Terence Hill y Bud Spencer. Que rabia daba cuando la que querías estaba alquilada, y esas carátulas tan espectaculares, que muchas veces eran mucho mejores que la propia película.
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  16. #16
    freak Avatar de ChanclónVandam
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Qué hermoso relato, no tengo palabras...

    Gracias
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  17. #17
    Video Home System User Avatar de Charles Lee Ra
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Me alegro de que el tema os guste, y de que, como dice el compañero Alex, los "locos del videoclub" no estemos solos

    Por casa no tengo mucho espacio, cada vez menos, pero intento, en lo que puedo, emular aquel gran "panel de las sagas" del videoclub Amigos, cuando el espacio lo permite:





    Espero que este post sirva ante todos para que quienes tengáis anécdotas de videoclub, las contéis, y se nos quede una recopilación bien maja

    Lo mejor de tu post es que me transportó a esos años y me has hecho revivir muchas emociones de aquellos días.
    ¡Esa era la idea! Así que me alegro
    tomaszapa, Nomenclatus, franoel y 9 usuarios han agradecido esto.

  18. #18
    Campanilla, THE WOMAN Avatar de Branagh/Doyle
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Este post es una autentica maravilla.
    tomaszapa, Nomenclatus, Alcaudón y 4 usuarios han agradecido esto.
    Dead Again was my intro to Patrick Doyle, ah yes I remember it well, sitting in the theater wondering "WHO the fuck is THAT? Wow."

  19. #19
    sabio Avatar de horner
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Ohhhhhh

    ¡¡Izaro-Cannon!!

    Hace unos meses compré los dos libros dedicados, pero todavía no he podido hincarles el diente.
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    "The trick is not minding that it hurts"

  20. #20
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Hace meses cerró el videoclub que tenía más cerca de casa: Videoclub Grana, que está en la esquina de Urgell/Floridablanca de Barcelona.

    ¿El primer videoclub de España no fue Video Instan, de Barcelona, que aún sigue abierto?

    ¡Y nadie ha mencionado el Cine Exin!
    Última edición por Zander; 29/01/2018 a las 08:58
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  21. #21
    Video Home System User Avatar de Charles Lee Ra
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Cita Iniciado por horner Ver mensaje
    Ohhhhhh

    ¡¡Izaro-Cannon!!

    Hace unos meses compré los dos libros dedicados, pero todavía no he podido hincarles el diente.
    Una de las compañías más emblemáticas de la época, con la entradilla de ízaro memorable... tengo bastantes de esa distribuidora, aunque me siguen faltando Superman IV e Invasion USA para completar las (a mi juicio) más míticas.

    Otro de mis grandes placeres es ver pelis españolas de los 80 en los que salgan videoclubs. De momento solo he encontrado dos. En su día me tiré un montón de tiempo identificando carátulas que salían en ellas:






    Cita Iniciado por Zander Ver mensaje
    Hace meses cerró el videoclub que tenía más cerca de casa: Videoclub Grana, que está en la esquina de Urgell/Floridablanca de Barcelona.

    ¿El primer videoclub de España no fue Video Instan, de Barcelona, que aún sigue abierto?

    ¡Y nadie ha hablado del Cine Exin!
    Lo de que el Instan fue el primer videoclub de España lo he leído en varios sitios, aunque buscando información para escribir el post también leí que lo fue un tal "Videoclub España". Por cierto que hace tiempo Instan anunció que quería vender sus VHS para hacer sitio e hicieron un llamamiento, ya que no querían tirarlos. Escribí varias veces a su mail indicando una ristra de títulos que me interesarían... ¡y nunca me respondieron! Imagino que tendrían docenas de peticiones como la mía.
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  22. #22
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Cita Iniciado por Charles Lee Ra Ver mensaje
    Una de las compañías más emblemáticas de la época, con la entradilla de ízaro memorable... tengo bastantes de esa distribuidora, aunque me siguen faltando Superman IV e Invasion USA para completar las (a mi juicio) más míticas.

    Otro de mis grandes placeres es ver pelis españolas de los 80 en los que salgan videoclubs. De momento solo he encontrado dos. En su día me tiré un montón de tiempo identificando carátulas que salían en ellas:








    Lo de que el Instan fue el primer videoclub de España lo he leído en varios sitios, aunque buscando información para escribir el post también leí que lo fue un tal "Videoclub España". Por cierto que hace tiempo Instan anunció que quería vender sus VHS para hacer sitio e hicieron un llamamiento, ya que no querían tirarlos. Escribí varias veces a su mail indicando una ristra de títulos que me interesarían... ¡y nunca me respondieron! Imagino que tendrían docenas de peticiones como la mía.
    Y su versión piratona, Pícaro-Zanon ...
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    "There is an inmense joy when you suddenly discover beauty in something that has been around you for ages".

    "Beneath your dancing feet are the tombs of tortured men -thus does the Red Death rebuke your merriment..!"

  23. #23
    adicto Avatar de JMcclane
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Enorme; sencillamente un post genial, cuantos recuerdos me han venido a la cabeza leyéndolo.

    La de pelis y juegos de Nes que alquilé en el videoclub que había debajo de casa; recuerdo querer alquilar Jungla de Cristal3 y haber ido como 8 veces en la misma tarde a preguntar si la habían devuelto, y a la 8ª vez decirme el dueño, "si, ya está aquí, te la he guardado para que no des mas el follón" en el tono amistoso de vecinos que se conocen tiempo ya, o estrenar la Nes alquilando el juego Robocop.

    Prácticamente todo lo comentado en el post lo hemos vivido y lo recordaremos siempre con cariño y nostalgia; por cierto que leyendo todo esto me arrepiento de haber tirado por falta de espacio la colección de vhs que fui adquiriendo poco a poco durante los 90.
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  24. #24
    gurú
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Gran Post Charles,me encantó y emocionó haciéndome recordar los tiempos del VHS y los Videoclubs,te digo que llegué a ver un Video 2000 marca Grundig (este sistema había sido desarrollado por Philips y Grundig conjuntamente) que era uno que habían traído de Alemania una familia Uruguaya que había estado viviendo allá varios años,el primer Video que tuvimos en casa fue un VHS marca Precisión de origen Coreano allá en 1989 y la verdad salió muy bueno lo usamos unos diez años sin problema ninguno,siempre funcionó bien,había un Video club en el mismo complejo habitacional donde vivíamos y alquilábamos películas con frecuencia.
    En Montevideo que es una ciudad de más de un millón y medio de personas no deben quedar más de 3 o 4 videos,han desaparecido casi por completo.
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  25. #25
    sabio Avatar de Alex Fletcher
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    Predeterminado Re: Un "pequeño post" sobre el videoclub de barrio

    Pues ya que hablamos del video Instant, en mi época moza universitaria, con mi compañero de piso, amigo, primo y con el mismo vicio, o sea el cine, en cada trimestre hacíamos una semana cultural, o sea no íbamos a clase excepto exámenes, y nos quedábamos el día mirando pelis, sólo salíamos el lunes, que es cuando íbamos al video instant y alquilábamos entre 6-8 pelis, y el miércoles que hacíamos la segunda tanda. También teníamos dos videos, así que las copiábamos, y claro como la mayoría era pelis de los 70-80 las cintas no tenían anticopy: títulos? fue la época en que descubrimos el exploit italiano: desde "Canibal Feroz", "Aquella casa al lado del cementerio", "el más allá", "Alien 2: sobre la tierra" y también otras nacionalidades "la Granja maldita", "la noche del cometa", "Terror en la Opera" de Argento; también fue la época de la aparición de la guía "Goremanía" de Jesús Palacio, buscábamos las pelis menos conocida "Humanoides del abismo", "Curso del 84", "Curso del 1999"....El video Instant fue nuestra fuente, era una maravilla, un catálogo inacabable. Después hacíamos rutas videocluberas por Barcelona, teníamos unos 4-5 fijos, y siempre atento a las liquidaciones por cierre, que, desgraciadamente, empezaron en esa época.

    2 noticias sobre video Instant, una de julio
    http://www.lavanguardia.com/local/ba...obrevivir.html

    Y otra de diciembre, interesante como se quieren renovar, espero que sea así
    http://www.lavanguardia.com/local/ba...barcelona.html
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