Mis sensaciones son calcadas a las de Elliott y Nolan: Iñárritu filma las tres historias con su habitual pretensión de resultar trascendental y le sale un producto que huele a rancio desde el logotipo de la Paramount. Y lo peor es que sales del cine vacío, como el que va al fútbol y presencia un empate a cero por el penoso montaje de Iñárritu, que se empeña en darle el balón al contrario cuando una jugada huele a peligro.
A mí no me decepciona: esto olía a truño a distancia y menos mal que ya tenía preparadas mis propias asistencias médicas a la salida del cine (si es que hay sitios a los que uno no debe de ir, que diría la Blanchett).
Saludos.




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Y otra en el pueblo de Borat, por ejemplo!

