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Tema: Billy Wilder: revisando sus películas

  1. #276
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    Aprovecho este impasse para anunciar la continuación del ciclo Wilder con seis películas con guion de nuestro director y de su colaborador habitual al inicio de su carrera, Charles Brackett, tal como avancé hace unos días. La selección será la siguiente, por orden cronológico:

    A. La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard’s Eighth Wife,1938), de Ernst Lubitsch.
    B. Medianoche (Midnight, 1939), de Mitchell Leisen.
    C. Ninotchka (Ninotchka, 1939), de Ernst Lubitsch.
    D. Adelante, mi amor (Arise, My Love, 1940), de Mitchell Leisen.
    E. Si no amaneciera (Hold Back the Dawn, 1941), de Mitchell Leisen.
    F. Bola de fuego (Ball of Fire, 1941), de Howard Hawks.

    En un breve período de cuatro años entregaron seis guiones fabulosos, imprescindibles en cualquier antología de la comedia cinematográfica (y del melodrama, si pensamos en Hold Back the Dawn). Será, pues, un perfecto complemento a la revisión de los films que dirigió.
    cinefilototal, Alcaudón y Otto+ han agradecido esto.

  2. #277
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    A. La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard’s Eighth Wife, 1938), de Ernts Lubitsch



    Volvemos atrás en el tiempo para iniciar este breve apéndice a la revisión de la obra de Wilder. Serán seis films con guion suyo y de Brackett, dirigidos por auténticos maestros de la comedia: Ernst Lubitsch, Mitchell Leisen y Howard Hawks.

    Empezamos con Lubitsch, el gran maestro de Wilder, como este no se cansó de repetir a lo largo de toda su vida. Para la ocasión se parte, como tantas otras veces en el futuro en la filmografía de Wilder, de una obra teatral europea, “La Huitième Femme de Barbe-Bleue” (1921), del dramaturgo franco-polaco Alfred Savoir (seudónimo de Alfred Poznanski), que ya había sido llevada a la pantalla por Sam Wood en 1923, Bluebeard’s Eight Wife, con Gloria Swanson y Huntley Gordon en los principales papeles, después de su paso por Broadway.



    Teniendo en cuenta el origen del film, cuesta determinar qué hay en el resultado final de la obra de Savoir, qué de la obra teatral estrenada en Broadway, qué de los guionistas de la primera versión cinematográfica (Charlton Andrews y Sada Cowan), qué de Wilder y Brackett y, last but not least, qué de Lubitsch, puesto que, como reconoció el propio Wilder, el director berlinés, que era además el productor para la Paramount, siempre intervenía de una u otra forma en los guiones de sus películas.

    Sea como sea, el resultado final es una comedia chispeante, elegante (en eso se nota que tras la cámara está Lubitsch, no Wilder), que sigue funcionando a las mil maravillas y que pasa como un soplo. Supongo que parte del éxito del film habrá que atribuirlo a los diálogos de Wilder y Brackett, aunque haya el problema de la autoría. A todo lo citado hay que añadir la clara influencia, que se explicita dentro del film, de una célebre comedia de Shakespeare, llevada varias veces al cine (bofetadas y mordiscos incluidos): “La fierecilla domada (The Taming of the Shrew)”, aunque en este caso el domado es más bien el protagonista masculino (un Gary Cooper que se mueve bien en el terreno de la comedia), un multimillonario estadounidense, Michael Brandon, que, entre compra y venta de acciones, ha tenido tiempo de casarse siete veces, acumulando seis divorcios (más la muerte de una de las esposas).



    De paso en la Riviera francesa, Brandon, gracias a la compra de un pijama, ha conocido a Nicole (maravillosa Claudette Colbert), hija del marqués de Loiselle, aristócrata francés arruinado y poco escrupuloso (interpretado con su estilo habitual por Edward Everett Horton). Lo del reparto del pijama (la chaqueta para Michael, los pantalones para Nicole) permiten abrir el film con un largo gag, magnífico, que nos lleva del mostrador de los grandes almacenes a la mansión de su propietario… que se levanta de la cama vistiendo solo los pantalones del pijama y negándose a autorizar que Michael compre solo la chaqueta, porque eso significaría... comunismo.



    Después de un inicio tan brillante había el riesgo de que la película no mantuviera el nivel, pero lo cierto es que encadena situaciones hilarantes, sobre todo en lo que tiene de representación de un tema muy habitual en las comedias de la época: la lucha de sexos. ¿Quién vencerá: el apuesto millonario o la astuta Nicole? Aunque entre los dos se establece una atracción amorosa desde el primer momento, Nicole jugará sus cartas para obligar a Michael a doblegarse, hasta la secuencia final en que se reconcilian, después de divorciados, y con el exmarido sujeto por una camisa de fuerza (prenda que Wilder sacará a relucir de nuevo en su canto de cisne de manera particularmente desafortunada).



    A pesar de que la acción transcurre en Francia (primero en la Riviera, después en París), se nos ahorran los típicos tópicos sobre el amor y, afortunadamente, no suena “La vie en rose” (claro que todavía no se había compuesto ). La comparación con Love in the Afternoon, film con el que este guarda más de un punto de contacto, es desfavorable para el guion de Wilder y Diamond. El “toque Lubitsch” se hace notar en beneficio del resultado. Aunque la película no evita la habitual inverosimilitud lingüística (todo el mundo habla inglés), el reparto brilla a gran nivel, incluido un David Niven que siempre dota a sus personajes de un toque de distinción.



    A pesar de todo, también se intuye la mano de Wilder (¿o será la de Lubistch?), en especial en esa secuencia final en que el marqués aparece hasta tres veces en la habitación donde se están reconciliando Michael y Nicole para decir, solamente, “nothing”. Tampoco falta una pulla a la psiquiatría, en la cabeza del profesor Urganzeff o una ironía muy wilderiana sobre el inglés de los norteamericanos.



    La próxima entrega seguirá contando con Claudette Colbert como protagonista: Midnight, de Mitchell Leisen.
    cinefilototal, Alcaudón y Otto+ han agradecido esto.

  3. #278
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    B. Medianoche (Midnight, 1939), de Mitchell Leisen



    El siguiente guion de Wilder y Brackett parte de una historia escrita por dos guionistas con orígenes en el Imperio Austro-húngaro, como nuestro director: Edwin Justus Mayer (guionista algo después del To Be or Not to Be de Lubitsch), estadounidense cuyo padre era originario de la actual República Checa, y Franz Schulz, nacido en Praga de familia judía.

    Con estos antecedentes, no nos sorprende que, de nuevo, la acción se concentre en París, y que uno de los personajes, el taxista Tibor Czerny (Don Ameche), sea un inmigrante húngaro. La trama gira alrededor de una norteamericana, Eve Peabody (Claudette Colbert, actriz francesa, pero este detalle a estas alturas del melting pot ya importa poco, como tampoco que todo el mundo hable en inglés), que ha ido a parar con lo puesto a la capital gala, después de haberlo perdido todo en Montecarlo.



    ¿Es una gold digger o simplemente una jugadora con mala fortuna? La película parece que nos quiere dar a entender lo segundo. Así, por no querer sacar ventaja de la evidente atracción que ha ejercido desde el primer momento sobre Tibor, que la ha ayudado sin éxito a encontrar trabajo de cantante en los locales nocturnos de París, decide no aceptar su ofrecimiento y escapar de su atención, refugiándose en una fiesta de alta sociedad (cuya anfitriona está interpretada por Hedda Hopper, a la que vimos en la partida de cartas de Sunset Blvd.), donde gracias a un equívoco es tomada por la baronesa Czerny.



    La salva del apuro Georges Flammarion (un divertido John Barrymore),



    reservándole una habitación en el Ritz, lo que cubre su identidad falsa, y dándole dinero para sus gastos con la intención de que atrape a Jacques Picot (Francis Lederer, actor nacido en Praga, por cierto), el amante de su mujer, Helene (magnífica Mary Astor).



    Pero Tibor no se va a dar por vencido e iniciará una búsqueda por la ciudad para la que contará con la colaboración interesada (hay una suma de dinero en juego) de sus colegas del taxi.

    La confusión acaba llevándolos a todos a la finca campestre de los Flammarion, donde Georges espera que Jacques caiga rendido a los pies de la falsa baronesa. Pero, de manera inesperada, aparece el taxista haciéndose pasar por… ¡el barón Czerny!



    En mi opinión, a partir de ese momento, o sea a lo largo de lo que podemos considerar el tercer acto, la película pierde fuelle, se vuelve más vulgar y previsible, a lo cual contribuye que, al menos para mí, la pareja Ameche-Colbert no acaba de funcionar, en especial por lo que a él respecta (la Colbert siempre estaba deliciosamente bien).

    El embrollo se complica aún más, puesto que los supuestos amoríos de Eve y Jacques obligan a Tibor a pedir el divorcio… de un matrimonio que no existe. La farsa llega hasta los tribunales donde se le deniega porque se le considera mentalmente inestable, lo cual permite un chiste final, muy a lo Wilder, cuando después de la vista se cruzan con el juez (Monty Woolley) y a la pregunta de a dónde van, responden: “To get married”. Unos segundos después el juez reacciona con un desconcertado “What?” con el que finaliza la película.

    Los dos primeros tercios me parece excelentes, sobre todo porque la película gira alrededor de Colbert y Barrymore, pero esa última parte me parece menos lograda, salvo quizá algunos momentos del juicio y el chiste final. Con todo, Leisen demuestra que era un magnífico director de comedia, no solo un escaparatista como le criticaba maliciosamente Wilder, aunque en planos como este demostraba ser un esteta.



    Volveremos más adelante a Leisen, pero de momento en la próxima entrega Wilder y Brackett regresan a Lubitsch, con uno de sus films más recordados: Ninotchka.
    cinefilototal y Otto+ han agradecido esto.

  4. #279
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    C. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitsch



    El cartel lo dice todo. “Garbo ríe”. Al parecer, esa frase fue el motor de todo el proyecto (una producción Metro-Goldwyn-Mayer a pesar de la vinculación de Wilder con Paramount): mostrar por primera vez en la pantalla a la gran estrella riendo, y además a carcajada batiente, en la escena en que Melvyn Douglas cae al suelo, silla incluida, arrastrando una mesa y desencadenando una auténtica explosión de risotadas en un restaurante popular.



    La película, estrenada poco después del inicio de la II Guerra Mundial, cuando Estados Unidos todavía era neutral, es una comedia romántica que se burla del comunismo. El guion, firmado por Wilder, Brackett y Walter Reisch (procedente, como Billy, del Imperio Austrohúngaro), a partir de una historia de Melchior Lengyel, escritor húngaro de origen judío, ridiculiza la rigidez y la hipocresía de los camaradas soviéticos, con cierta ligereza, sin llegar al sarcasmo que destila el guion de Wilder y Diamond en One, Two, Three. Si en esta había palos tanto para comunistas como para capitalistas (y para nazis disimulados), en Ninotchka da la impresión de que el capitalismo, en el marco “incomparable” de París, es el mejor de los mundos, donde todo es diversión, champán y restaurantes elegantes.

    Se nota la mano de Lubitsch, precisamente en lo sofisticado de la propuesta, alejada del trazo grueso típico de Wilder. Solo hay que comparar los tres enviados comerciales (Sig Ruman, Felix Bressart y Alexander Granach) llegados a París para negociar la venta de las joyas de la Gran Duquesa con los tres agregados comerciales soviéticos en One, Two, Three. Aunque ridículos, no son meras caricaturas, sino que despiertan la simpatía del público.



    Según imdb, Lubitsch contribuyó tanto al guion que los tres guionistas oficiales pidieron que se incluyera en los créditos en ese apartado, sin éxito (aunque en un momento de la entrevista con Crowe, parece que Wilder lo relativiza).

    La “gracia” de la historia que se nos cuenta es que la persona que acaba enviando a París la URSS de Stalin para solucionar el asunto, vista la incompetencia de los tres agentes (que sucumben rápida y alegremente a las bondades del capitalismo), es una mujer, y además, claro está, es la Garbo. Como no podía ser de otro modo, el amante de la Gran Duquesa (Ina Claire), una suerte de gigoló vivalavirgen, que responde al pomposo título de Conde Léon d’Algout, se sentirá inmediatamente atraído por la gélida comunista, intentando solucionar el afer en beneficio de su “protectora”, pero a la vez conseguir las atenciones de Ninotchka. Melvyn Douglas, como Léon, saca a relucir todo su encanto, sus buenas maneras, pero uno lamenta que no se consiguiera para el papel a Cary Grant, que al parecer era la primera opción.



    Al parecer fue el mismo Lubitsch quien le dio al detalle del famoso sombrero la importancia que acaba teniendo en la evolución de Ninotchka. Primero lo desprecia, como muestra de la decadencia del capitalismo; luego lo mira de reojo; y finalmente descubrimos que se lo ha comprado y que lo luce en la noche parisina.



    Quizá resulta un tanto inverosímil la rapidez con la que Ninotchka cae en los brazos del capitalismo más banal personificado en Léon, provocando los celos de la Gran Duquesa. Al final, la Gran Duquesa se hace con las joyas aprovechando un descuido debido a una monumental borrachera de Ninotchka y Léon. El precio que pondrá para que el asunto finalice de manera acorde con los deseos soviéticos, será que Ninotchka renuncie a Léon y vuelva a Moscú (saltando de la Royal Suite parisina a su habitación moscovita compartida con otras dos mujeres).



    Pero como se trata de una comedia romántica, y es preciso el “happy end”, Léon se las ingeniará, con la colaboración de los tres simpáticos agentes soviéticos, para que Ninotchka viaje hasta Constantinopla y consigan unirse lejos de “tío” Stalin.

    La película todavía guarda un chiste final, muy wilderiano, fuera quien fuera su autor. Iranoff, Bujanoff y Kopalski han montado un restaurante ruso en la ciudad turca, con gran éxito, pero Kopalski se manifiesta delante del local criticando a sus antiguos camaradas… Las escisiones de los comunistas son proverbiales, algo que no ha cambiado con el tiempo.

    ¡Ah, me olvidaba! La película depara una sorpresa mayúscula a los aficionados al cine de terror. La aparición, brevísima, de Bela Lugosi en el papel del comisario Razinin.



    En todo caso, la fórmula tendrá continuación al año siguiente con un film que supone una vuelta de tuerca más a la relación entre un apuesto capitalista y una bella comunista: Comrade X, de King Vidor, con Clark Gable y Hedy Lamarr, también en la MGM. Y unos cuantos años después, se repetirá la fórmula, con mucha menos fortuna, en una modesta producción británica, The Iron Petticoat, de Ralph Thomas, con Bob Hope y Katharine Hepburn, sin olvidar, por supuesto, a lo que puede considerarse un remake musical de Ninotchka: Silk Stockings, de Rouben Mamoulian, con Fred Astaire y Cyd Charisse. Greta Garbo, Hedy Lamarr, Katharine Hepburn y Cyd Charisse, cuatro formas de representar a las camaradas soviéticas en el cine de Hollywood. Y seguro que hay más.





    cinefilototal y Otto+ han agradecido esto.

  5. #280
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    D. Adelante, mi amor (Arise, My Love, 1940), de Mitchell Leisen



    ¿Es una comedia? ¿Es un drama? ¿Es un film histórico sobre el inicio de la Segunda Guerra Mundial? No, es una película de Mitchell Leisen, director que tenía la rara habilidad de tender a la mezcla de géneros.

    Con guion de Brackett y Wilder, esta vez para la Paramount, con Arthur Hornblow Jr. de productor, a partir de una historia original de Benjamin Glazer y Hans Székely (ambos judíos nacidos en Irlanda del Norte y Hungría, respectivamente), Arise, My Love tiene un poco de todo. Hay una historia romántica, entre Tom Martin (Ray Milland), un piloto que pasa de la Guerra Civil española a querer enrolarse en la aviación polaca ante la inminencia del conflicto con la Alemania de Hitler, y Augusta Nash (Claudette Colbert), una intrépida periodista estadounidense, a la caza del gran reportaje. Desde el primer momento entre Tom y Augusta hay eso que se suele llamar “tensión sexual no resuelta”, elemento que dinamizó buena parte de las comedias de esa época, dentro del esquema de la “guerra de sexos”. Quizá no sea Milland el actor más adecuado para el papel, pero al menos Claudette está espléndida, como casi siempre.

    Por otro lado, hay comedia, pero mucha menos de la que nos podríamos esperar, sobre todo estando Wilder y Brackett en el guion. En cambio, y ahí radica para mí lo más interesante del film, hay una dura, incluso descarnada, revisión de los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial, y de los coletazos de la Guerra Civil española.

    De hecho, el film empieza, en uno de los mejores segmentos de la película, en una prisión en Burgos en donde Tom espera el momento de su ejecución jugando a las cartas con un sacerdote. Fuera de campo asistimos al fusilamiento de otro prisionero, probablemente otro brigadista. Pero el guion nos ofrece la primera sorpresa: se le concede el indulto gracias a la intercesión de su esposa… a pesar de que él está soltero. La falsa esposa es, claro está, Augusta, la periodista.



    A pesar de lo inverosímil de la situación, huida final en un avión incluida, el inicio es eléctrico y, a su vez, fúnebre.



    Estamos en 1939 y dentro de poco estallará el conflicto mundial, lo que intuye Tom, que quiere cambiar España por Polonia, y también Augusta, que suspira por un puesto de su agencia de noticias en Berlín. Por ello intenta evitar que la atracción que surge inevitablemente entre los dos protagonistas no acabe de cristalizar, porque primero está su carrera profesional.



    Una serie de equívocos en París ayudará a que los lazos se estrechen a pesar de que Augusta decida poner tierra por medio y subir a un tren en dirección a la capital alemana.



    Pero Tom no solo la seguirá subiendo al mismo tren, sino que conseguirá convencerla de hacer un alto en el camino, en Compiègne, donde caerán las defensas y se unirán amorosamente… Pero justo en ese momento las tropas alemanas invaden Polonia.

    Con cierta mala conciencia, ambos deciden regresar a los Estados Unidos y casarse, pero tienen la mala fortuna de embarcarse en el SS Athenia, transatlántico que tuvo el dudoso “honor” de ser el primer buque británico hundido por un submarino alemán, el 3 de setiembre de 1939, ataque en el que murieron varios ciudadanos estadounidenses.



    Leisen filma con notable sobriedad el hundimiento, sin buscar la espectacularidad, pero en cambio subraya el efecto que tiene este hecho en la toma de conciencia de Tom y Augusta, él enrolándose en la aviación británica, ella recorriendo Europa en pos de la noticia en los cambiantes frentes de guerra: Polonia, Finlandia, Noruega, Bélgica, hasta la caída de París y la firma del armisticio precisamente en Compiègne, donde se reencontrará con Tom, ahora con el brazo roto.



    Visto el panorama, deciden volver a Estados Unidos pero con un pronunciamiento claro en favor del intervencionismo de su país. Él quiere trabajar como instructor de pilotos y ella seguir como periodista con una consigna combativa dirigida al pueblo norteamericano: “Arise, My Love”, un “levántate” que es toda una llamada a prepararse para la lucha contra Hitler.

    Sorprende quizá, y reconozco que es lo que me ha parecido más interesante, que en 1940 (faltaba aún un año para la entrada de Estados Unidos en el conflicto) la Paramount apostará por un discurso tan nítidamente intervencionista, además con la vista puesta en la participación de los brigadistas americanos en España como antecedente. No sé qué pusieron de su cosecha Wilder y Brackett (este, recordémoslo, más bien un republicano conservador), pero la apuesta del film es nítida, hasta el punto de que lo cómico o romántico queda en un segundo plano ante las urgencias que generaba la guerra. Arise, My Love se convierte así en una interesante contribución al “esfuerzo de guerra”·avant la lettre.

    Avanzo que todavía quedan dos films para completar el programa previsto de este ciclo dedicado a Wilder: Hold Back the Dawn, también de Leisen, y Ball of Fire, de Hawks. A pesar de las dificultades actuales de acceso al foro, con ese mensaje intranquilizador de nuestros antivirus, y de la deserción de muchos (más bien todos) de los "sospechosos habituales" y otros participantes en el ciclo, mi decisión es acabar lo empezado, aunque puede que luego decida, cuando menos, hibernar mi participación en MundoDVD.
    Última edición por mad dog earle; 11/04/2026 a las 13:02
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  6. #281
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    E. Si no amaneciera (Hold Back the Dawn, 1941), de Mitchell Leisen



    Si señalaba en el comentario anterior que Leisen era un director que gustaba de una cierta mezcla de géneros, en esta ocasión estamos claramente ante un melodrama, aunque no excesivamente sentimental ni lacrimógeno, con gotas de humor.

    Probablemente lo distante que resulta en ocasiones el film se deba en buena medida a su personaje protagonista y al actor que lo interpreta. Charles Boyer compone un cínico gigoló, el rumano Georges Iscovescu, capaz de engatusar a la típica ingenua solterona, Emmy (Olivia de Havilland, perfecta para el papel), una maestra estadounidense de excursión en México con una tropa de niños, y conseguir así, mediante un matrimonio exprés, mayores facilidades en la obtención del permiso para entrar en Estados Unidos.



    Revolotea alrededor de Georges, en ese tópico pueblo fronterizo, una descarada Anita Dixon (magnífica Paulette Godard), completamente opuesta a Emmy. Anita se nos dibuja como una “lagartona” que ya obtuvo en el pasado la nacionalidad norteamericana al embaucar a un jockey, del que se divorció poco tiempo después de entrar en Estados Unidos. Además, es también bailarina, como Georges, con el que mantuvo hace tiempo una relación amorosa.



    Entre ambas mujeres, Georges ha de maniobrar sin que el agente de inmigración, el inspector Hammock (un solvente Walter Abel), descubra la jugada, que consiste en abandonar también a Emmy una vez entrado en el país de la “libertad”, para iniciar una gira como bailarín profesional con Anita.



    A partir de esta premisa, el desarrollo del film es bastante obvio. Georges se casa con Emmy, pero tiene que salir del pueblo fronterizo para evitar la mirada inquisidora de Hammock. Durante su improvisado viaje de “luna de miel”, con todo el tipismo habitual del cine de Hollywood a la hora de mostrar el país vecino (esa fiesta popular, la bendición de las velas en la iglesia, la simpatía un tanto inocente y primaria de la población…), surgirá el amor.



    Por eso, aunque al final Anita le descubra a Emmy el plan, la falsedad del que cree marido enamorado, y la humillada profesora vuelva a Azusa (pueblo californiano donde vive, nombre de lo más simbólico:“ A Z USA”), sufriendo un grave accidente de automóvil en la carretera, todo acabará bien, en un forzadísimo e inverosímil “happy end”, que en mi opinión estropea el conjunto.

    De todas formas, si se suele recordar la película a la hora de hablar de Wilder no es tanto por ese final desafortunado, sino por una secuencia presente en el guion que Leisen (al parecer de acuerdo con Boyer) eliminó: la célebre (a pesar de no haberse rodado) conversación de Georges con una cucaracha en el Hotel Esperanza, una sátira realmente vitriólica sobre los criterios de inmigración de Estados Unidos (tan de actualidad en estos tiempos de Trump) y el papel deshumanizador de las fronteras.

    Hay, no obstante, muchas cosas que nos hacen pensar en Wilder y Brackett: la estructura de flashback, que cubre prácticamente todo el film; el uso de la voz en off, de Boyer; la presencia del cine dentro del cine. Esto último es uno de los aspectos más curiosos de la película: el film se inicia con Georges, que ha conseguido atravesar ilegalmente la frontera para visitar en el hospital a Emmy, y se cuela en la Paramount buscando a un director al que conoció en Francia (que interpreta el mismo Leisen). En el plató, donde está rodando la que parece ser I Wanted Wings (película de Leisen de 1941: vemos a Veronica Lake y a Brian Donlevy en el set), Georges le cuenta su historia al director a cambio de 500 dólares, que es la cantidad que le ha sustraído con engaños a Emmy. Esa historia será la que Leisen nos ofrezca en las imágenes de Hold Back the Dawn.



    Hay algunos detalles más, cuya dureza parecen responder a los usos de Wilder, aunque quizá ya estén en la historia original de la escritora norteamericana Ketti Frings. Por ejemplo, cuando Georges busca una habitación en el Hotel Esperanza le dicen que todas están ocupadas, pero, para su fortuna, en ese mismo momento una de ellas queda vacante: el huésped se ha suicidado (vemos el cuerpo colgando cuando la mujer de la limpieza abre la puerta). Otro detalle especialmente cínico, es cuando Georges pide en matrimonio a Emmy ofreciéndole el anillo de casada de Anita y diciéndole que era de su madre. Por último, la falsa lesión que finge Georges para evitar la relación sexual con la virginal Emma nos indica, durante la improvisada luna de miel, que está empezando a experimentar remordimientos, porque el amor e incluso el deseo hacia Emma se están despertando, algo que Leisen ilustra con la secuencia de la playa.



    Un buen film, pero que dejó muy insatisfecho a Wilder por las modificaciones que Leisen introdujo en el guion (en especial, la célebre escena de la cucaracha), hasta el punto de que nuestro director señala este conflicto como punto de partida de su decisión de ser director de sus guiones. Pero todavía nos queda hablar de un film: Ball of Fire.
    cinefilototal y Otto+ han agradecido esto.

  7. #282
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    F. Bola de fuego (Ball of Fire, 1941), de Howard Hawks




    “Once Upon a Time…”. Así empieza esta espléndida comedia de Howard Hawks con la que acabaremos el ciclo dedicado a Billy Wilder. Y la frase, que encabeza un rótulo con el que se inicia la película, define a la perfección lo que vamos a ver: un cuento. Si Sabrina era, en cierto modo, una variante de “Cenicienta” (con unas gotas de “El patito feo”), Ball of Fire (título que hace referencia a la enérgica protagonista) es, de forma más que evidente, una vuelta de tuerca, en clave de parodia, de “Blancanieves y los siete enanitos”, con lo que se confirma que Wilder, coautor de la historia original y del guion (este junto a su inseparable Charles Brackett), se trajo de Europa el gusto por los cuentos tradicionales, con permiso de los hermanos Grimm, Perrault y Andersen.


    Para la ocasión, Wilder entregó el trabajo a Samuel Goldwyn, en labores de productor, para un film dirigido por Hawks, de quien, confesaba nuestro director, aprendió mucho de cara a dar el salto a las tareas de dirección. La producción es lujosa: fotografía de Gregg Toland (¡atención al plano que le dedica a Barbara Stanwyck!),





    música de Alfred Newman (con la colaboración en pantalla de Gene Krupa y su orquesta), y un reparto de excepción, empezando por una pareja protagonista sensacional: una arrebatadora Barbara Stanwyck, como la cantante “Sugarpuss” (apodo de lo más obsceno) O’Shea, y un divertidísimo Gary Cooper, como el estirado y anticuado (¡y virginal!) profesor Bertram Potts. Cooper estaba en su mejor momento y Stanwyck, a pesar de que no suele merecer el calificativo de sex symbol entre los cinéfilos, aquí está irresistible, de un erotismo desbordante.





    Creo que la historia es suficientemente conocida como para no necesitar una sinopsis (de hecho, Hawks la volvió a filmar, en clave musical, pocos años después: A Song Is Born, aunque con menos acierto… y con Danny Kaye ). En esta versión, Sugarpuss es una “Blancanieves” para adultos, cantante de cabaret, amante de un gánster buscado por la policía, Joe Lilac (magnífico Dana Andrews).





    Potts, junto a sus siete compañeros (esta vez los “enanitos” son ocho… si queremos considerar aquí al espigado Cooper como un “enanito”), se dedica felizmente a elaborar una enciclopedia encargada por la Fundación Totten.


    Pero la irrupción inesperada de un basurero en el templo del saber donde habitan desde hace nueve años le descubre a Potts, experto en gramática, un problema: no sabe nada de la lengua que habla la gente de la calle, del argot del momento. Su investigación le llevará a conocer a Sugarpuss, y a quedarse fascinado cuando la ve interpretando con Krupa el “Drum Boogie” (por cierto, leo con gran sorpresa en imdb que Stanwyck está doblada por Martha Tilton).





    La necesidad de “salir de circulación”, para que la fiscalía no pueda utilizar su testimonio contra Lilac, la lleva a refugiarse en la mansión de los ocho profesores donde, como es natural, acabará enamorando a Potts, y a la larga, enamorándose también ella de él.


    Buena parte del atractivo del film, además de en la excelente química que se da en la pareja protagonista, reside en lo acertado de las caracterizaciones de los restante siete profesores, un elenco de actores de reparto espléndido: Oscar Homolka, Henry Travers, S.Z. Sakall, Tully Marshall, Richard Haydn, Leonid Kinskey y Aubrey Mather.





    A los que hay que añadir el resto de secundarios, de la mayordoma (Kathleen Howard) a los sicarios de Lilac (Dan Duryea, Ralph Peters),




    pasando por Miss Totten (Mary Field) o el basurero (Allen Jenkins).





    Junto a las interpretaciones, se ha de destacar un montaje excelente que hace que el film pase como un soplo. Por supuesto, es un cuento y no lo disimula, la película se mueve en el terreno de las ingenuidades casi infantiles: el camión de basura al rescate de Sugarpuss; el combate final entre Potts y Lilac; la inocencia virginal del profesor; la transformación de la encallecida cantante, de amante de un gánster a futura esposa de un académico que se ha de mojar el cogote después de besarla; las picardías de los enanitos viejos, encantados de bailar la conga con Sugarpuss;





    el efecto “espada de Damocles”, etc.).



    Hay un desarrollo argumental sencillo, de “línea blanca”, que sorprende en un guionista tan dado al brochazo como Wilder. Pero, como en el mejor cine de Hollywood, la cosa funciona.


    En definitiva, una delicia de película, con la que podemos poner el broche de oro a este revisión. “… And they lived happily ever after”.
    cinefilototal y Otto+ han agradecido esto.

  8. #283
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    La versión de 1948, repite casi todo, aunque lo cambia por una enciclopedia de música, el technicolor y algunas melodías, aunque pocas. No sé como Howard Hawks hizo casi una fotocopia de su propia película, sobre todo el personaje de Virginia Mayo, calca todos los diálogos, movimientos y expresiones de Barbara Stanwyck, sólo cambia la canción que interpreta en el cabaret.
    mad dog earle y Otto+ han agradecido esto.

  9. #284
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    Pero la diferencia entre Gary Cooper y Danny Kaye es abismal.



    cinefilototal y Otto+ han agradecido esto.

  10. #285
    gurú Avatar de Otto+
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    Y la que hay entre Mayo y Stanwyck también. Las diferencias radican en el tono, más meloso, y familiar, en un film que ya de por sí está a color.

    No conocía "Arise my love", por cierto.
    mad dog earle y cinefilototal han agradecido esto.

  11. #286
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    Cita Iniciado por Otto+ Ver mensaje
    Y la que hay entre Mayo y Stanwyck también. Las diferencias radican en el tono, más meloso, y familiar, en un film que ya de por sí está a color.

    No conocía "Arise my love", por cierto.
    La editó en dvd El Corte Inglés, en su colección de Los Imprescindibles.
    mad dog earle ha agradecido esto.

  12. #287
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    Cita Iniciado por Otto+ Ver mensaje
    No conocía "Arise my love", por cierto.
    El arranque es muy original y además nos toca de cerca. Es fácil suponer que no se pudo estrenar en España por razones obvias.
    cinefilototal ha agradecido esto.

  13. #288
    gurú Avatar de Alex Fletcher
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    Predeterminado Re: Billy Wilder: revisando sus películas

    PLANTILLA CUESTIONARIO FINAL WILDER:

    MEJOR PELI:
    MENOS BUENA (PEOR) PELI:
    MEJOR PRIMER VISIONADO:
    PEOR PRIMER VISIONADO:
    MEJORA CON EL SEGUNDO VISIONADO:
    EMPEORA CON EL SEGUNDO VISIONADO:
    UNA SORPRESA:
    UNA DECEPCION:
    MEJOR CHICA WILDER:
    MEJOR CHICO WILDER: Toshiro Mifune
    PEOR CHICA WILDER:
    PEOR CHICO WILDER:
    A TODO EL MUNDO LE GUSTA SALVO A MI:
    A TODO EL MUNDO NO LE GUSTA EXCEPTO A MI:
    MEJOR ESCENA:
    PEOR ESCENA:



    RANKING (de mejor a menos buena):

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