Yo diría, más que correcta, de notable alto, no sólo por los interesantes extras, donde se aprecian los métodos del director cercanos al cine de guerrillas (operando él mismo la cámara), sino porque la calidad visual, a pesar de las pequeñas cámaras que se usaron, es impecable, y la noche barcelonesa es capturada de forma kafkiana y pesadillesca. No recuerdo si eran cámaras DSLR, pero por el tipo de sensor que llevan, abundan los desenfoques bruscos e imprevisibles, lo que le viene de fábula a la propuesta. El sonido también es muy contundente en las numerosas persecuciones, tanto a pie como en coche. Llega un momento, bebé incluído, en que la frenética situación me recordó a Arizona Baby sin el punto Tex Avery y pasada por el tamiz del Thriller kafkiano.
Es una de esas no muy habituales ocasiones en que Divisa roza el excelente. Aunque con el cine español de reciente hornada (y de cierta repercusión) Divisa no suele fallar.
Saludos.




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