Goldfinger (Guy Hamilton, 1964)
La tercera entrega de Saltzman y Broccoli sobre el personaje de Fleming asienta ya del todo las características que hicieron de estas películas un hito en si mismo, casi al modo de una serie episódica trazada con las mismas constantes: los títulos de crédito iniciales imaginativos, la canción compuesta a tal efecto, prólogo espectacular, introducción de entornos cosmopolitas, mezcla de localizaciones, aportaciones de humor socarrón por parte del héroe, la presencia de supuestas chicas Bond pero que en realidad son el cordero a sacrificar, una chica Bond mucho más útil que las dos precedentes, un villano con un plan algo más complejo, el ayudante letal del mismo, un coche especial entre las aportaciones de Q etc
En la intro, con ese Bond mostrando un impoluto traje smoking bajo un neopreno, vemos el homenaje que hizo James Cameron en True Lies (y el smoking blanco podría remitirnos casi hasta Temple of Doom) y ese particular humor:
Why do you always wear that thing?
I have a slight inferiority complex.
La intro en Miami (parece ser que salvo el equipo técnico, ninguno de los actores estuvo rodando ahí) es una grata sorpresa, nos metemos en Estados Unidos, fuera de las ciudades habituales (NY, Chicago, Los Ángeles) y le da a la saga ese toque cosmopolita pero igualmente exótico (lo de Miami a ojos de un español en 1964 debía ser ciencia ficción). Se hace raro que un tipo como Goldfinger se dedique a timar de esa forma tan cutre a su compañero de partidas, pero bueno.
El hallazgo del cadáver dorado de Jill tiene un punto malsano, casi que impropio de la saga, pero que le da al héroe y al espectador un plus de motivación. Poca cosa, insuficiente (no deja de ser, con perdón, sexo de una tarde con una desconocida), pero llama la atención. La idea del responsable de su asesinato marcando a la víctima con su sello personal y que este sea a la vez bello y horrible, me atrae aunque me saca algo de la película pues más tarde no seguimos por ese lado.
Las escenas de acción quedan más pulidas (sin que las de las dos anteriores fueran malas, en absoluto, eran muy ágiles comparadas con lo que hasta hace nada se hacia en los 50) como podemos ver en la persecución del Mustang y el Aston Martin en Suiza o las escenas de lucha. Y el plan de Goldfinger, aunque megalómano como el del ladrón/terrorista/villano medio que necesita Bond, tiene un punto de mala leche en su lógica (contaminar el oro) que resulta original.
Algunas escenas tienen miga (dado que Q fabrica un asiento de copiloto que puede salir despedido, cuando Bond es apresado por primera vez, uno de los hombres de Goldfinger se sube al coche con él, pero dejando que conduzca Bond para que así podamos ver el invento en accción... hombre... Y en otra ocasión Bond está perfectamente encerrado en una celda y consigue salir haciendo que su carcelero entre a verle tras un juego infantil de miradas) pero otras, como la muerte de la chica de Goldfinger en Miami, aportan una necesaria dosis de dureza en la saga.
La chica por fin es algo más que una casi-molestia para Bond, es más, avanzamos mucho: es una antagonista, fría y disciplinada al principio, y su cambio de chaqueta es lo que propicia el engaño a Goldfinger (y al espectador, pero a 1964 y en un Bond, eso no creo que sea negativo). Eso sí, el ataque romántico de Bond es lo que entonces se entendía como la fuerza del macho: básicamente me aprieto a ti para besarte hasta que cedas, guapa.
De momento:
1. From Russia with Love
2. Goldfinger
3. Dr. No




LinkBack URL
About LinkBacks


). Se hace raro que un tipo como Goldfinger se dedique a timar de esa forma tan cutre a su compañero de partidas, pero bueno.
Citar
