Oscar o no, en Shakespeare in Love estaba fantástica atravesando la pantalla y recitando los versos de Will cómo si fuera la encarnación de Julieta. O en el 96, bordando a la Emma de Jane Austen -para la que se curró durante un año el acento británico-. O en Grandes Esperanzas de Cuarón. E incluso su papelito en Seven. En general, toda la década de los 90 dejó ver a una excelente joven actriz (estaba en la veintena). Poco después de 2000 tuvo a su primer hijo, empezó a hacer campaña del veganismo, las dietas alternativas y demás, dejó peso -aunque siempre ha sido delgada-, y desde entonces está más centrada en su faceta de mujer de negocios que en el cine, al que después del Oscar no ha vuelto a ponerle la misma dedicación, salvo en los papeles que citas (es verdad que bordó su Pepper Poots), y parece abordar sus incursiones en el cine con piloto automático.




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