Según mi opinión, independientemente de los tratados internacionales más o menos arcaicos, de los "derechos históricos" o de los "derechos territoriales naturales" (como el que Rusia pretende ejercer para reclamar la soberanía sobre el Ártico, o Argentina sobre la Antártida, manda huevos), en pleno siglo XXI me parecería aberrante que los estados se siguieran intercambiando como cromos ya sean países, regiones, islas, ciudades o enclaves, como si siguiéramos en el siglo XVII.
El derecho a la autodeterminación de los pueblos incluye que nadie decida por ellos su destino o su sistema de gobierno (y en estos casos sería indiscutible que la población de esos lugares debería poder ejercer ese derecho).