Uf, planteas tantas cosas... Ahora estoy algo liado, por lo cual, de momento, te pego un texto que escribí tiempo atrás sobre "La máscara de Fu-Manchú"... Luego comento más cosas...


LA MÁSCARA DE FU MANCHÚ (THE MASK OF FU MANCHU)

La tumba de Gengis-Kan es descubierta en el desierto de Gobi, lo cual suscita el interés de todos los arquéologos del globo. También acapara la atención de Fu Manchú, quien estima que poseyendo la máscara y la espada del mítico guerrero se granjeará la unión de los pueblos de Oriente y de esa manera conquistará el mundo. El descubridor de la tumba es secuestrado por los dakoits del maligno doctor en un museo, y la hija de aquél, el prometido de ésta y Sir Nayland Smith se harán cargo del tesoro de Gengis-Kan. El futuro yerno del arqueólogo se presenta ante Fu Manchú con una imitación de las reliquias, con el fin de liberar al secuestrado, pero la falsificación es descubierta y el joven caerá también en garras del maligno oriental...

Ficha Técnica

Director: Charles Brabin [y Charles Vidor] / Producción: Cosmopolitan Production/MGM / Guión: Irene Kuhn, Edgar Allan Woolf y John Willard, según la novela de Sax Rohmer / Fotografía: Gaetano [Tony] Gaudio / Música: William Axt / Dirección artística: Cedric Gibbons / Montaje: Ben Lewis / Vestuario: Adrian / Intérpretes: Boris Karloff (Fu Manchú), Lewis Stone (Nayland Smith), Karen Morley (Sheila Barton), Charles Starret (Terence "Terry" Granville), Myrna Loy (Fah Lo See), Jean Hersholt (profesor Von Berg), Lawrence Grant (Sir Lionel Barton), David Torrence ("Mac" McLeod), Ferdinand Gottshcalk (oficial del Museo Británico), C. Montague Shaw (oficial del Museo Británico), Willie Fung (sobrecargo), Herbert Bunston (eliminado de montaje), Ferdinand Gottschalk (oficial del Museo Británico), Gertrude Michael (eliminada del montaje), E. Allyn Warren (mensajero de Fu Manchú) Nacionalidad y año: USA 1932 / Duración y datos técnicos: 67 min. B/N.

Comentario

Unánimemente está considera esta película como la mejor de todas las que integran la filmografía de Fu Manchú, y nosotros por descontado que no disentiremos. Es, por supuesto, la más lujosa de todas, comparativamente con los medios de cada época, y detenta a una gran compañía, la Metro Goldwyn Mayer, de productora. Como director oficial contamos con el oscuro Charles Brabin, cuya película más valorada, aparte de la referenciada, es el clásico del cine de gangsters El monstruo de la ciudad (The Beast of the City, 1932); sin embargo, el film también cuenta con algunas escenas adicionales rodadas anónimamente por Charles Vidor (despedido al poco de iniciarse el rodaje), clásico artesano de la época y cuya cinta más famosa es Gilda (Gilda, 1946), y al que no hay que confundir con el maestro King Vidor. Ignoramos quién de los dos es el responsable de las mayores virtudes de la cinta (uno se inclina más hacia Brabin, dado el talante realista del resto de la obra de Vidor que conocemos, y con el desconocimiento de aquél como única prueba tajante), pero no cabe duda que gran parte del mérito estriba de igual forma en los fascinantes decorados diseñados por Cedric Gibbons -contrasta la lobreguez de los corredores que conectan la fortaleza de Fu Manchú con los interiores de ésta, cuyo diseño está influido por la escuela Bauhaus-, el máximo especialista en tal campo de la Metro, y que alcanzaría justo reconocimiento en esa tarea (lograría 11 Oscars de entre 39 nominaciones a lo largo de su carrera). Por lo demás, la magistral fotografía en blanco y negro de Tony Gaudio otorga al film una bella estética que entronca a la película directamente con el género de terror, y cabe resaltar en particular la magistral escena con Terry (el prometido de la heroína) "poseído" por Fu Manchú, riendo a carcajadas bajo la lluvia, y que ineludiblemente recuerda al enloquecido Renfield encarnado por Dwight Frye en el Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning.

Decíamos que la película se integra, por su estética, dentro del cine de terror. Desde una perspectiva argumental, La máscara de Fu Manchú es una cinta de aventuras policíacas, con diversos elementos de ciencia-ficción (la máquina con la cual el oriental certifica la autenticidad de la espada, el inmenso cañón de rayos con el que los héroes harán frente al nutrido enemigo), pero tanto por la referida estética como por otros elementos aleatorios se le suele considerar un film de terror, y en tal apartado es referido en las obras de consulta. Esos elementos aleatorios son las refinadas torturas de que hace gala el malvado doctor, así la tortura de la campana (sin duda la mejor de todas, atando al arqueólogo sobre una inmensa campana que no deja de retumbar), un prosaico azote a latigazos, un foso pleno de cocodrilos sobre el cual Nayland Smith será atado, mientras un contrapeso de arena que se va vaciando inclina al detective sobre los reptiles, o unas planchas verticales plagadas de enormes púas, y que irán cerrándose sobre la víctima; no cabe duda la especial predilección con que son tratadas las escenas descritas. También hay que destacar el curioso suero que desarrolla el doctor por medio de sangre de araña y veneno de serpiente inyectado en el cuerpo de un "abnegado" acólito, a lo que después se une la sustancia de otros reptiles, "sangre de dragón y la mezcla mágica de las siete hierbas secretas", y que será calentado e inyectado en Terry, con el fin de poseer su voluntad.

La trama de la película hace hincapié en el tema de la arqueología, de moda por aquel entonces: En 1922 fue descubierta la tumba de Tutankhamen por Howard Carter, y el público occidental se volcó interesado sobre tales temáticas. El mismo año de La máscara de Fu Manchú (la novela de Sax Rohmer de igual título fue simultánea en su edición al estreno del film, pero poseía otro argumento), la Universal producía La momia (The Mummy), de Karl Freund, plagada de descubrimientos arqueológicos, maldiciones y tesoros enterrados; La máscara... posee idénticos elementos, con el fin de aprovechar la referida fama, si bien con respecto a la tumba de Gengis-Kan (1162-1227). A lo largo de la cinta quedará patente que la maldición que figura a la entrada de la cripta no hace efecto, pero por contraste, la sañuda labor de Fu Manchú para con los héroes resultará mucho más atroz que la más espeluznante de las venganzas sobrenaturales.

Fu Manchú se auto-define en esta cinta como doctor en Filosofía por la Universidad de Edimburgo, doctor en Derecho por el Christ College y doctor en Medicina por Harvard; queda pues, patente, la superioridad del enemigo por encima de sus némesis. Súmese a ello la pueril respuesta de los héroes ante la pregunta del oriental sobre la necesidad que tienen los occidentales de las reliquias de Gengis-Kan: "A los ingleses les gusta verlas durante las vacaciones". Con todo, el carácter racista que detentan los personajes "positivos" de la cinta es notoriamente manifiesto, una característica, de todas formas, intrínseca a la época del rodaje del film -véase Robert E. Howard y su novela corta Rostro de Calavera (Skull Face), de inequívocas semejanzas con la creación de Sax Rohmer-.

El estilo de la cinta detenta aún la influencia del cine mudo, e intercala significativos primeros planos de los personajes en los cuales la mirada posee especial relieve para destacar la actitud de los personajes. Cabe resaltar, a tal efecto, la primera aparición de Fu Manchú en la película, en un plano medio, junto a un espejo que distorsiona su imagen, e iluminado de forma diríase sobrenatural por el cañón de rayos que está actuando junto a él; también cabría resaltar los innúmeros primeros planos de Fah Lo See (Myrna Loy) con expresión malvada, dado, relativamente, la escasez de papel que posee la actriz, ya especializada en papeles de tamaño talante -véase su cometido, muy similar, en la cinta de John Ford Shari, la hechicera (The Black Witch, 1929)-.

Boris Karloff, por su parte, aparece como el mejor Fu Manchú de toda la historia del cine -con permiso de Christopher Lee-, destilando una refinada crueldad y una aristocrática barbarie. Nacido el 23 de noviembre de 1887 en el suburbio londinense de Camberwell como Charles Henry Pratt y fallecido el 2 de febrero de 1969, Boris Karloff fue no sólo uno de los más grandes monstruos que ha deparado el cine de terror, sino un magistral actor al que su especialización en un género aún hoy día desconsiderado ha inducido a que no se le valore en la justa medida que merece. De origen inglés, Karloff transmite a su asiático personaje -en la única interpretación del mismo que efectuó- su impecable dicción (la versión doblada que se ha visto siempre en España es particularmente espantosa), transmuta el usual carisma británico en el temple exquisito y delicado del oriental, pero impregnado de la ponzoña maligna que destila tan despiadado personaje. Relativamente, Fu Manchú se manifiesta en persona poco a lo largo de la película, y cuando hace su aparición, ésta se engrandece, gracias al distinguido carisma que desprende el magistral actor. Ante la mirada de Boris Karloff, no queda otro recurso que echarse a temblar.

En cuanto a Nayland Smith, es encarnado en esta ocasión por Lewis Stone, clásico actor de la plantilla de la Metro y que se haría particularmente famoso en los años cuarenta con la serie de la familia Hardy (Harvey en España), amén de haber gozado de una nominación al Oscar por la película El patriota (The Patriot, 1928), de Ernst Lubitsch; actor elegante y sobrio, aporta a su papel un tono austero y un tanto tirante, y bien es cierto que, pese a su valía interpretativa, el personaje es incapaz de granjearse las simpatías del público. Tal vez sea porque siempre resulta más atractivo el Mal que el Bien. La película, por lo demás, prescinde del personaje del Dr. Petrie; quizá los guionistas consideraron que éste únicamente era un recurso narrativo para ir presenciando y narrando los acontecimientos que se iban desarrollando ante él en las novelas; en la película, por tanto carecería de sentido un mero narrador sin afán participativo.

Cabe mencionar también que existe una edición restaurada en laserdisc que ofrece cuatro minutos más de metraje, y que resultan muy fáciles de distinguir, pues la calidad de imagen varía de forma ostentosa cuando se insertan los planos que fueron eliminados en su día, que consisten particularmente en comentarios por parte de Fu Manchú que se consideraba podían resultar ofensivos para el público occidental, pues mostraba al personaje ¡en exceso racista! Sin embargo, como ya se ha señalado más arriba, las actitudes descaradamente xenófobas de los héroes anglosajones se respetaron sin el menor reparo.

Acabemos el comentario de la presente cinta, que fue dada a conocer en España el 5 de marzo de 1934, tal como lo iniciábamos: constatando que se trata de una magnífica película, la mejor que ha deparado la mítica creación de Sax Rohmer, una obra maestra del cine de terror que aún hoy día depara un inusitado placer al más refinado gourmet del Séptimo Arte que no se deje contentar con la comida rápida.

Anécdotas

* Cada mañana le tomaba dos horas y media a Boris Karloff ser maquillado como el maligno oriental.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)