Emulando a la querida compañera hannaben, un comentario doble que hice hace tres años en el OR y que de paso me ha servido para subsanar algún pequeño error que se me deslizó en su momento.
Ah, y aunque la primera sea una cinta Pre-Code y la segunda no desde luego me parece mucho más transgresora esta que la primera.
PROGRAMA DOBLE
o
DRACULA (1931, DRÁCULA)
Director: Tod Browning (y Karl Freund).
Producción: Universal Pictures Corporation.
Productor: Carl Laemmle, Jr.
Productor adjunto: E. M. Asher.
Guion: Garrett Fort, a partir de las adaptaciones teatrales de Hamilton Deane (1924) y Hamilton Deane y John L. Balderston (1927) de la novela homónima de Bram Stoker (Londres, 1897).
Dirección artística: Charles D. Hall.
Fotografía: Karl Freund, en blanco y negro.
Música: Chaikovski, Wagner y Schubert.
Montaje: Milton Carruth, supervisado por Maurice Pivar.
Reparto: Bela Lugosi (Conde Drácula), Helen Chandler (Mina), David Manners (John Harker), Dwight Frye (Renfield), Edward Van Sloan (Van Helsing), Herbert Bunston (Doctor Seward), Frances Dade (Lucy).
Presupuesto: 341.191,20 dólares.
Rodaje: en 42 días (del 29 de septiembre al 15 de noviembre de 1930).
Duración: 75 minutos (versión sonora) y 78 minutos (versión muda).
Estreno: 12 de febrero de 1931.
y
DRACULA’S DAUGHTER (1936, LA HIJA DE DRÁCULA)
Director: Lambert Hillyer.
Producción: Universal Productions, Inc.
Productor adjunto: E. M. Asher.
Guion: Garrett Fort, a partir de una historia de John L. Balderston sugerida por David O. Selznick (bajo el pseudónimo Oliver Jeffries).
Dirección artística: Albert S. D’Agostino.
Fotografía: George Robinson, en blanco y negro.
Música: Heinz Roemheld (no acreditado) y Chopin.
Montaje: Milton Carruth.
Reparto: Otto Kruger (Jeffrey Garth), Gloria Holden (Condesa Marya Zaleska (La hija de Drácula)), Marguerite Churchill (Janet), Edward Van Sloan (Profesor Von (sic) Helsing), Gilbert Emery (Sir Basil Humphrey), Irving Pichel (Sandor).
Presupuesto: 278.000 dólares
Rodaje: en 29 días (del 4 de febrero al 10 de marzo de 1936).
Duración: 71 minutos.
Estreno: 11 de mayo de 1936.
DRÁCULA y LA HIJA DE DRÁCULA representan, respectivamente, el cenit y el nadir del personaje ideado por el irlandés Bram Stoker (1847-1912) e igualmente el de la propia Universal como referente ineludible del mejor cine fantástico de los años ‘30.
Y no sólo eso sino que curiosamente ambas cintas se complementan a la perfección puesto que la segunda finaliza donde debía haberlo hecho la primera, o sea, en el castillo del Conde Drácula, en Transilvania y no en la abadía de Carfax, en Inglaterra.
Dos películas, la original y su (postergada) secuela, que fueron escritas por el mismo guionista, el neoyorquino Garrett Fort (1900-1945) - que también intervendría en el libreto de EL DOCTOR FRANKENSTEIN (1931), de James Whale, la siguiente película del ciclo de la Universal – y basadas, no en la novela original de Bram Stoker (como ha ocurrido prácticamente sin excepción hasta nuestros días) sino o bien en adaptaciones teatrales previas (caso de DRÁCULA) o en una historia original escrita en profeso (caso de LA HIJA DE DRÁCULA).
En este apartado no podemos obviar la referencia al otro escritor determinante en la serie, el también norteamericano John L. Balderston (1889-1954), quien fue el encargado de reescribir la obra teatral original del británico Hamilton Deane (1879-1958) para adecuarla a los gustos de sus compatriotas y que serviría de sustrato de la primera entrega e igualmente colaboró en la segunda, una versión apócrifa y notablemente libre de CARMILLA (1872), de Sheridan Le Fanu (1814-1873), que sirvió igualmente de fuente de inspiración a Stoker para su propia novela.
Tampoco convendría olvidar la presencia en los créditos de la segunda entrega del personaje del pronto considerado como el productor independiente más poderoso del Hollywood clásico, David O. Selznick (1902-1965).
Selznick, siendo vicepresidente y jefe de producción de la MGM (de 1933 a 1935), había comprado a la viuda de Stoker, Florence, los derechos de “El invitado de Drácula” (1914), una historia que había formado parte del borrador original de la novela pero que el autor finalmente acabó por descartar, con el fin de rodar una secuela de la cinta original.
Sin embargo, el productor fue incapaz de convencer a sus superiores de la idoneidad del proyecto y más teniendo en cuenta lo truculento del tratamiento original ideado por Balderston.
Si en la parte literaria la figura de Fort sirve para cohesionar de alguna forma ambas entregas (a pesar de repetir diálogos, como el más famoso de todos y que NO procede de la novela (“Yo nunca bebo… vino”)), en la parte técnica únicamente repite el montador Milton Carruth (quien sin duda se las vio y se las deseó para entregar una copia mínimamente coherente en el caso de DRÁCULA dado lo abrupto de su desarrollo por la desidia de su director, Tod Browning (1880-1962), al que el (gran) director de fotografía Karl Freund (1890-1969) tuvo que suplir en numerosas ocasiones).
Y en cuanto al reparto sólo Edward Van Sloan, que encarna a Van Helsing (o Von Helsing, como indican erróneamente los títulos de crédito de la segunda entrega), repite.
- De la obra de teatro de Deane y Balderstone volverían a recrear sus papeles en la gran pantalla el citado Van Sloan, Herbert Bunston (como el doctor Seward) y, por supuesto, Bela Lugosi (como, lógicamente, el Conde). -
DRÁCULA, la película que lo inició todo dentro del cine de terror sonoro, es un clásico que ha envejecido no todo lo bien que debiera, en buena medida y como antes decía por el escaso interés que su director, el otrora genial Browning, puso en ella después de la muerte del que en principio iba a ser su protagonista, el Hombre de las Mil Caras, Lon Chaney, el 26 de agosto de 1930, a los 47 años de edad.
Descartado por tanto Chaney la elección del nuevo protagonista recayó en el hombre que había encarnado al personaje desde el estreno (oficial) de la obra teatral el 5 de octubre de 1927 en el Fulton Theatre de Nueva York.
- Programa de mano de la semana del 10 de octubre de 1927, al parecer el más antiguo que se conserva. -
Pese a ello Lugosi cobró la cuarta parte del sueldo de David Manners, que aquí encarna a un soso John (que no Jonathan, como en la novela) Harker, el pretendiente de Mina, la auténtica protagonista de la obra de Stoker junto a la figura del conde vampiro.
Precisamente será no tanto la actuación (ciertamente afectada) como la (imponente) presencia de Bela Lugosi una de las bazas más importantes de la película.
Un Lugosi que apenas hablaba inglés y que memorizaba sus diálogos fonéticamente, lo que otorga al personaje un aire de extrañeza al mismo tiempo que lo hace más atractivo (al menos para las damas…).
De hecho, la rivalidad entre Drácula y Van Helsing, se puede considerar en un doble sentido.
Primero, por ser ambos enemigos encarnizados.
Segundo, por ser igualmente ambos forasteros en tierra extraña.
En DRÁCULA Fort tuvo la brillante idea de rescatar de la novela original la primera parte de la misma, la que transcurría en el castillo de Drácula y que incomprensiblemente había sido eliminada en las dos sucesivas adaptaciones teatrales, así como la llegada del conde a Inglaterra a bordo de la Demeter.
Lo que no se recuperaría sería el final, tal y como he indicado al principio de mi comentario, puesto que Drácula morirá a manos de Van Helsing en la abadía de Carfax y no en su tierra natal.
También habría juego de las sillas musicales con algunos de los personajes de la novela.
De esta forma es Renfield (un espléndido Dwight Frye, el mejor de la función junto a Bela Lugosi) y no Harker quien va a visitar a Drácula a su castillo.
Y el doctor Seward de la película se convierte en el padre de Mina (una bella pero inexpresiva Helen Chandler) cuando en la novela era uno de los tres pretendientes de Lucy.
Como se indica en la ficha técnica al parecer se rodaron simultáneamente las versiones muda y sonora aunque que yo sepa no existe copia alguna de la primera.
Igualmente mientras el rodaje de la película de Browning transcurría de día, por la noche se filmaba la versión para el mercado hispano bajo la batuta de George Melford (1877-1961) quien, al igual que Lugosi, no hablaba una palabra de castellano…
Rodada en tan sólo 22 días, la versión española de DRÁCULA es una película bastante mejor dirigida (y notablemente más larga, 102 minutos frente a los 75 de la original), aunque el actor que encarnó al Conde, el cordobés Carlos Villarías (1892-1976), está lejos de igualar el magnetismo (animal) del gran Lugosi.
La música que suena durante los títulos de crédito de DRÁCULA, “El lago de los cisnes”, de Chaikovski, sería reciclada en posteriores producciones de la Universal.
- No deja de ser curioso la escasa relevancia que se le daba a la banda sonora en los primeros tiempos del cine sonoro.
La escasa música que solía sonar o bien era de autores clásicos o bien no se acreditaba a sus creadores.
Tendrían que pasar todavía unos años para que las compañías se diesen cuenta de la importancia capital de la música en el éxito de una película. -
Destacar el espectacular decorado del castillo de Drácula, obra del gran Charles D. Hall (1888-1970) y especialmente la enorme escalinata en la que el Conde recibe a su invitado.
Un entorno en el que no desentona la presencia de zarigüeyas o de armadillos, a pesar de que ambos únicamente habitan en el continente americano (¡!) o la deliciosa imagen de una avispa saliendo de un diminuto ataúd (¡¡!!).
Lástima que la muerte del Conde a manos de Van Helsing sea no sólo anticlimática sino también bastante atropellada.
Lugosi no tiene una muerte tan “gloriosa” como la que sufre a sus manos su servidor, Renfield.
Teniendo en cuenta que estamos en la etapa Pre-Code DRÁCULA es una película notablemente mojigata.
Sólo la mirada de Drácula/Lugosi parece capaz de insuflar vida (algo paradójico, dado que estamos hablando de un no muerto) a una propuesta que no nació precisamente con un pan bajo el brazo pero que consiguió un extraordinario éxito de taquilla.
Al César lo que es del César.
Por su parte, LA HIJA DE DRÁCULA tiene el “privilegio” de ser el último título de la Edad de Oro del cine fantástico de la Universal.
Y es que el 14 de marzo, cuatro días después de la finalización del rodaje de la película, los Laemmle perdieron el control de la compañía al no poder devolver el préstamo de 750.000 dólares que les había hecho la Standard Capital Corporation.
Los nuevos propietarios, que no compartían el gusto por lo macabro de los Laemmle, prefirieron volcarse en los musicales de su joven promesa (y fulgurante estrella) Deanna Durbin (1921-2013), empezando por TRES DIABLILLOS (1936), de Henry Koster y abandonar por completo el género que había hecho grande a la (por entonces) pequeña Universal…
… al menos durante un par de años…
Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
LA HIJA DE DRÁCULA se inicia como finalizaba DRÁCULA, o sea, con la muerte del Conde a manos de Van (que no Von, pues convierten al holandés en alemán) Helsing.
Eso sí, ni rastro de John Harker que acompañaba al profesor en su búsqueda desesperada de su prometida, Mina.
La llegada de la policía provocará que Van Helsing sea detenido por un doble asesinato, el de Renfield y el del propio Conde.
En su defensa el profesor contará con la ayuda de un discípulo suyo, una especie de profesor Higgins – por su (relativa) aversión a las mujeres -, el psicólogo Jeffrey Garth (Otto Kruger (1885-1974), al que los amigos del foro Hitchcock recordarán por su papel de villano en la reivindicable SABOTAJE (1942)) que se convertirá en el auténtico protagonista de la historia…
… junto, lógicamente, la que se autodenomina “la hija de Drácula”, la Condesa Marya Zaleska (una Gloria Holden (1903-1991) de mirada mucho menos imponente que la de su padre), quien acude a la comisaría de policía para reclamar el cuerpo del Conde.
Si Jeffrey usa de la hipnosis en sus sesiones igualmente la Condesa utilizará un anillo (y la mirada heredada de su progenitor) para unos fines ciertamente más truculentos.
LA HIJA DE DRÁCULA tiene la ventaja sobre DRÁCULA en que es una película mucho más fluida y el trabajo de su director, Lambert Hillyer (1889-1969), bien apoyado por el operador George Robinson (1890-1958) - con el que ya había colaborado en la anterior (y penúltima) propuesta fantástica de la compañía, EL PODER INVISIBLE – aunque no es especialmente remarcable al menos carece del estatismo que tanto perjudicaba a la primera entrega.
De hecho, LA HIJA DE DRÁCULA viene a ser un cruce entre la comedia romántica (el tira y afloja entre el protagonista y su secretaria, Janet (un preciosa Marguerite Churchill (1910-2000), que venía precisamente de coprotagonizar otro título fantástico aunque para otra compañía y junto al gran Boris Karloff, THE WALKING DEAD (1936)) y el cine de terror.
Lo más curioso es que semejante mezcla no funciona del todo mal. Hay una buena química entre los dos actores (aunque Churchill era 25 años más joven que Kruger) y, desde luego, estamos todavía lejos del dúo Abbott y Costello que empezaron a hacer de las suyas a partir de (la muy exitosa) ABBOTT Y COSTELLO CONTRA LOS FANTASMAS (1948)…
Sin embargo, es en el personaje de la Condesa donde la película juega sus mejores bazas puesto que como decía al principio de la reseña el mismo bien podría ser una versión encubierta de la vampira (bisexual, no lesbiana) Carmilla.
Una Condesa Zaleska que mantiene una extraña relación con su siniestro sirviente, Sandor (un excelente y carismático Irving Pichel (1891-1954), director de dos grandes clásicos como EL MALVADO ZAROFF (1932) y CON DESTINO A LA LUNA (1950) – el inicio de la Edad de Oro de la ciencia ficción… -), al que ha prometido la vida eterna junto a ella una vez haya sido convertido.
A pesar de como decía el tono juguetón que preside en buena medida la propuesta escenas tan seductoras (nunca mejor dicho) como aquella en la que la Condesa pide desnudarse a su modelo (una preciosa Nan Grey (1918-1993), de rostro angelical) para a continuación seducirla y (lógicamente) beber su sangre, resultan ciertamente mucho más turbadoras que cualquiera de la primera entrega.
E incluso la película se permite el sacrilegio (otra palabra con doble sentido) de ir en contra de la tradición al hacer que la Condesa coja con sus manos desnudas un crucifijo con el que pretende liberar el alma de su padre después de 500 años de existencia.
- Tendríamos que avanzar mucho en el tiempo, concretamente a la recientemente comentada en el rincón Hammer/Terence Fisher LAS NOVIAS DE DRÁCULA (1960), o posteriormente en DRÁCULA VUELVE DE LA TUMBA (1968), para que volviera a darse semejante ruptura en la ortodoxia vampírica. -
Y la Condesa, al contrario que su padre, tendrá una muerte mucho más digna cuando su corazón sea atravesado por una flecha por su despechado sirviente, cuando finalmente se da cuenta de que es con Jeffrey y no con él con quien ella piensa pasar su eterna existencia.
Y si Drácula tuvo (al menos) una hija, por qué no también un hijo…
Feliz tarde y cuidaros, que el virus se expande como la peste que traían las ratas del barco en el que viajaba el Conde…
P. D. Mi intención (y espero que también la de algun@s compañer@s) sería abrir un hilo específico dedicado a las películas fantásticas y/o de terror de la Universal y que iría desde 1924 hasta 1946, aunque en una primera fase se incluirían únicamente las producciones entre la primera fecha mencionada y 1936.
O sea, que muchas de ellas encuadrables dentro de la etapa Pre-Code.
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