Bueno, me alegra mucho ver que este post va adquiriendo vida propia y que los subtemas se suceden sin solución de continuidad. Gracias a los participantes por vuestra acogida.

En primer lugar, muy atentos la próxima semana a una nueva web: www.santoro.es, que estará dedicada a todas las manifestaciones de la trash culture audiovisual, desde la saga de Santo, el enmascarado de plata, hasta Tristanbraker, pasando por los desvaríos del fantastique italiano. Ahí podreis descargaros los trailers de los ciclos de cine en curso, cuyo lugar de celebración este año es Santiago de Compostela.

En segundo lugar, y en lo que respecta a los rasgos de los productos de serie Z, resultan acertadas algunas de las caracterizaciones apuntadas, pero es imprescindible resaltar que el trash cinema se agrupa en dos familias claramente diferenciadas:

1.- Productos absolutamente desvergonzados, ajenos a toda idea de camuflar su naturaleza de subproducto y su carencia de medios y de oficio. Ej. versiones Z de los hits del fantastique, como el "Terminator 2" (¡), del indescriptible Bruno Mattei (puro, puritito delirio made in spaguetti) o la inefable "El ET y el oto", mugrienta adaptación del alienígena de Spielberg a cargo de los insustituibles Kalatrava

2.- Productos fallidos, imbuidos de altas pretensiones, finalmente descacharrados por la completa estulticia de sus artífices. Ej. filmografía de Ed Wood.

Rasgo en común: el desprecio al standard del buen gusto definido por los productos mainstream y, voluntaria o involuntariamente, la rechifla de las peroratas pedantes de los apóstoles de la ortodoxia cinematográfica (contrapongan ustedes los suspiros afectados del pelma de James Dean con los eruptos que jalonan la saga de "Trinidad").

En suma, ¿qué ofrece la serie Z?. Sana y caústica iconoclastia y un profundo y divertidísmo sentido cachondo del celuloide y de la vida, en general.