Una compañera de trabajo me contó que en la oficina donde ella trabajaba antes (una oficina del Inem) había un tío que "cantaba por soleares", y nadie se atrevía a decirle nada. Como la situación se hacía cada vez más insostenible, fueron a hablar con el jefe de la oficina, pero éste tampoco se atrevió a hacer nada. Al final compraron una pastilla de jabón, y se la dejaron encima de su mesa antes de que el "sujeto" llegase, y luego tod@s miraron para otra parte
El caso es que funcionó, y el tío comenzó una nueva vida de "higiene y buen olor".
Eso sí, también rompió relaciones.....