Ahora vuelves a sacarme para que te vea de nuevo. Ya son horas, cabrón. Pero claro, eso que llamas intuición te viene de vez en cuando y no puedes controlarlo, y siempre coincide de madrugada o cagando. O de madrugada y cagando, como es el caso.
Has empezado a escribir lejos del asunto que, se supone, te debería llevar a hacerlo; intentas distanciarte para adquirir perspectiva y asumir el pragmatismo que un japonés loco te recomendó. Vaya si fue un consejo, ¿eh? Realmente es una experiencia desagradable, demoledora, pero de ésta manera puedes mantener en coma tus sentimientos sin que sean dañados irreversiblemente una vez salgan a la luz. Si una vez creiste que la madurez consistía en asumir el precio a pagar en sufrimiento por alcanzar la estabilidad, ahora estás plenamente convencido; quizás no sea así, pero es una idea en la que apoyarse tan válida como cualquier otra.
Tampoco te hagas ilusiones. No eres San Lorenzo y no estás en ninguna parrilla. Te ayudaron a verlo hace poco, ¿recuerdas? El único mártir que existe en toda esta historia pereció en el momento que decidiste serlo. Nadie va a venir a secarte las lágrimas; actúa con ellas aún en las mejillas, con el movimiento se irán secando.
Piensas en lo gilipollas que has sido todo este tiempo, en esos momentos en los que te has parado en pensar en su actitud cuando, en realidad, no tienes la más mínima pista de qué se mueve en su cabeza. Ojos que no ven, corazón que no siente y cerebro que delira. Puede que te recuerde, o puede que te haya olvidado para siempre; quizás tenga suficiente con ella misma o esté con otro chico mejor, o de noche hunde su cara en la almohada pensando en tí. Eso no lo sabes, ni lo sabrás nunca, y el que lo sepas es algo que no te incumbe lo más mínimo.
Las ideas estúpidas sobre el destino adquieren más valor, y confías en que un golpe de suerte se cruce en tu vida como pasó hace diez meses. Te debilita pensar en que la historia se repita otra, y otra, y otra vez, pero ahí está el asunto: si no asumes ese riesgo y el sufrimiento consiguiente, poco vas a conseguir. Y la experiencia de haber sido un guiñapo ya es algo más de lo que tienes si estás tocándote los huevos todo el día, jodido mamón. Ahora tira a dormir, cojones.



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