Y, además, como se ha dicho ya anteriormente, la traducción no es el eje del debate, pues resulta común tanto al subtitulado como al doblaje, y la fidelidad o infidelidad de la misma afecta a ambas posibilidades.

El doblaje lo que implica es la sustitución radical de una parte fundamental de los actores: sus voces; y, por ende, una parcela sustancial de sus recursos interpretativos, tonos, ritmos y matices de sus actuaciones.

Al aducir que el doblaje aporta una dimensión, no sólo se obvia que se ha eliminado por completo un elemento del original y se ha sustituído por otro, sino que, cuando se esgrime que un actor o actríz es "mejor" (o "peor", que ambos casos podrán evaluarse) con una voz y unas cualidades interpretativas ajenas, se está admitiendo implícitamente que el doblaje altera sustancialmente la interpretación original. Y que resulte más o menos convincente tal alteración será en gran medida una cuestión de gustos personales (y de habilidad del ingeniero de sonido de turno a la hora de elaborar un elemento sonoro diferente del inicialmente establecido).

Como argumentaba Diodati hace poco, la costumbre de oir unas determinadas voces y sonoridades puede ejercer mucha influencia a la hora de evaluar resultados. La mera diferencia entre la atmósfera del sonido directo y la obtenida en estudio, los niveles de mezclas sonoras establecidos, etc, pueden resultar más agradables o convincentes a unos que a otros. En buena medida, en el establecimiento de la costumbre auditiva se basa el rechazo a muchos redoblajes que, aún contando con un nivel de doblaje equivalente a otros y, a menudo, con un nivel técnico superior, son rechazados y considerados falsos por los espectadores que están habituados a escuchar un doblaje anterior, con otros timbres y entonaciones y frases ligeramente distintas. Se rechaza el nuevo doblaje porque se percibe como una suplantación, como una distorsión del que se considera original.

Para aquellos que vieron "La Cenicienta", por ejemplo, con el doblaje de Edmundo Santos, el nuevo doblaje al castellano les chirría, les parece artificial y frio. Sin embargo, las generaciones que se habitúen al nuevo doblaje probablemente considerarán falso y poco convincente el antiguo doblaje sudamericano. Del mismo modo, cuando vemos un fragmento de película doblado a otro idioma y John Wayne o Charlton Heston suenan en italiano o francés, nos parece falso y extraño (o incluso muy divertido), aunque a un italiano o a un francés les parezca tan estupendo y convincente como a muchos espectadores españoles el doblaje a su idioma.