No se crea, míster MacIgnosh, que no siento cierta envidia por quien tenga la oportunidad de descubrirlo ahora.
Nadie me quita, eso sí, el haber visto al mismísimo mesié Etaix, solo, parado en una esquina de la plazuela de Antón Martín, de Madrid, con su gabardina y su aspecto de hombre despistado y feliz, que espera que lo maravilloso se materialice en cualquier momento.
Y disfrutar luego de su sabiduría y bonhomía en la presentación que de sus películas por fin recuperadas hizo en el Doré.
Tengo la espinita clavada de no haber visto Le grand amour en pantalla grande, pero todo se andará.
etaixianamente suyo, don venerando




LinkBack URL
About LinkBacks

Citar