Me apunto. Sobre todo por tener esa joyita titulada "Supervixens". Alucino con esa mezcla de surrealismo, violencia, sensualidad, humor, cómic, locura... Ese cóctel de mandíbulas cuadradas y pechos más que prominentes. Waters tiene su porqué, pero Meyer es el rey de este cine independiente setentero. Este Fellini de brocha gorda, que no siente rubor en restregar sus filias por nuestras narices. Venga, que salgan ya, que el público se va.