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Tema: El callejón de las películas perdidas

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  1. #1
    Senior Member Avatar de Alcaudón
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    REVISANDO CLÁSICOS: EL CINE POR DESCUBRIR...

    ALIAS NICK BEAL (1949)



    Director: John Farrow.

    Productor: Endre Bohem.

    Producción y distribucion: Paramount Pictures, Inc.

    Guion: John Latimer, a partir de una historia original de Mindret Lord.

    Fotografía: Lionel Lindon, en blanco y negro (1.37:1).

    Dirección artística: Hans Dreier y Franz Bachelin.

    Decorados: Sam Comer y Ross Dowd.

    Música: Franz Waxman.

    Supervisora del montaje: Eda Warren.

    Reparto: Ray Milland (Nick Beal), Audrey Totter (Donna Allen), Thomas Mitchell (Joseph Foster), George Macready (Reverendo Thomas Garfield), Fred Clark (Frankie Faulkner) y Geraldine Wall (Martha Foster).

    Rodaje: desde finales de abril hasta principios de mayo de 1948.

    Duración: 1:32:31.

    Estreno: 4 de marzo de 1949.



    El australiano John Villiers Farrow (1904-1963) es uno (o más bien otro) de esos directores clásicos a los que parece que “el viento se llevó”.

    A pesar de que durante los años 40 y 50 del pasado siglo gozó del beneplácito tanto del público como de la crítica hoy en día es más conocido entre la cinefilia por ser el marido de la compañera del Tarzán (o sea, la deliciosa Maureen O’Sullivan [1911-1998], desde 1936 hasta el final de sus días) encarnado por Johnny Weissmuller (1904-1984) en las 6 películas en las que intervinieron juntos (entre 1932 y 1942)...



    ... y, especialmente, por ser el padre de Mia Farrow (1945), la inolvidable protagonista de la obra maestra de Roman Polanski (1933) LA SEMILLA DEL DIABLO (1968) y segunda de las musas del neoyorquino Woody Allen (1935) [13 películas, entre 1982 y 1992].



    Pese a su prematura muerte a los 58 años (la misma edad que tiene el que pergeña estas modestas líneas... ) su filmografía es relativamente extensa, abarcando desde 1934 hasta 1959 y aunque desconozco la mayor parte de la misma debido a la dificultad para acceder a sus primeros largometrajes lo cierto es que todo lo que de él he visionado hasta la fecha me ha gustado.

    Por lo que he visto (y he leído) los géneros en los que más se prodigó fueron el cine de aventuras (marítimas) (desde REVOLUCIÓN EN ALTA MAR [1946]), el cine negro (desde CALCUTA [1946] - comentada hace meses (¿o años?) en el OR… -) y el wéstern (desde CALIFORNIA [1947]).

    Del primero me gustaría recordar que dirigió la primera de las 6 superproducciones que Samuel Bronston (1908-1994) facturó en nuestro país, EL CAPITÁN JONES (1959) y que además se convertiría en su canto del cisne.



    Sin embargo, en mi modesto punto de vista fue en los otros dos donde consiguió sus mayores logros.

    Así estrenó 4 notables wésterns entre 1947 y 1953, el mencionado CALIFORNIA, EL DESFILADERO DEL COBRE (1950), UNA VIDA POR OTRA (1953) y HONDO (1953), todos ellos rodados en color y el último además en 3-D.

    En los dos primeros el protagonista (masculino) era el gran (y extremadamente versátil) Ray Milland (1907-1986).



    - De este actor (y director) ya tendremos tiempo de hablar más adelante si las autoridades, la salud y el tiempo lo permiten… -

    Por lo que respecta al cine negro sus contribuciones más importantes bien podrían ser EL RELOJ ASESINO (1948), MIL OJOS TIENE LA NOCHE (1948), WHERE DANGER LIVES (1950) o LAS FRONTERAS DEL CRIMEN (1951).

    O… ¿ALIAS NICK BEAL (1949)?…

    Y por qué digo esto.

    Porque la cinta objeto hoy del presente comentario es un magistral cruce entre el cine fantástico y el negro.



    O si queremos ser más precisos es una película fantástica (o no, dependiendo de las creencias de cada uno) pero rodada a la manera de los mejores clásicos del cine negro de los 40, la década dorada del género.

    Por ello sorprende que una película tan “condenadamente” (enseguida se entenderá el uso del entrecomillado) buena apenas sea hoy recordada (incluso por un servidor, que juraría no haberla visto jamás hasta la pasada noche ) cuando bien podría calificarse como una de sus mejores obras, siempre teniendo en cuenta lo que comentaba al inicio de mi exposición.

    Dado que la película no es un whodunit (un subgénero que detestaba el mago del suspense y del que este año se conmemora el 125 aniversario de su nacimiento… aunque algun@s compañer@s ya nos adelantamos hace unos años en uno de los hilos más fértiles de los que cobija la presente página… ) no creo que nadie se moleste si digo que el protagonista en las sombras (en este sentido me gustaría destacar la formidable fotografía en blanco y negro del gran Lionel Lindon [1905-1971]) de la historia es el mismo al que The Rolling Stones le dedicaron las dos canciones que abrían sus discos “Beggars Banquet” (1968) y “Goats Head Soup” (1973), como pronto nos damos cuenta los que ya peinamos (y con suerte) canas.

    El título de la película ya nos da algunas de las claves de la identidad del personaje soberbiamente encarnado por Ray Milland, un actor que funcionaba igual de bien haciendo de bueno que de malo.



    Si lo desmenuzamos la cosa quedaría tal que así…

    ALIAS = NICK = PSEUDÓNIMO

    BEAL = ¿abreviatura fonética de BEELZEBUB? = BELCEBÚ?

    - Sí, tal vez esta última reflexión esté un poco traída por los pelos pero no deja de tener su lógica… -

    Para conseguir el equilibrio perfecto que presenta una propuesta tan heterodoxa como es esta (no tanto en el fondo como en la forma) Farrow contó con la inestimable ayuda (aparte del mencionado Lindon) de uno de sus más estrechos colaboradores, el escritor de novela negra y guionista John Latimer (1906-1983), con quién trabajó en la mayor parte de sus títulos punteros y no solo en sus incursiones en el género negro, como las mencionadas EL RELOJ ASESINO o MIL OJOS TIENE LA NOCHE, sino también en el wéstern, como es el caso del estupendo EL DESFILADERO DE COBRE y en la que el citado Milland comparte protagonismo con una bellísima Hedy Lamarr.

    Evidentemente el hecho de que todas estas películas surgiesen de la misma compañía, en este caso la más poderosa de todas ellas en aquellos años, o sea, la Paramount, permitía a los realizadores trabajar (si era su gusto y si no también, todo sea dicho…) con los equipos técnicos y repartos de su confianza.

    Aunque sea de una manera somera (e incompleta, puesto que no he incluido, por ejemplo, los [decisivos] directores artísticos y/o decoradores) he aquí una especie de resumen de las personas que trabajaron en este película y que lo hicieron igualmente antes o después con Farrow.

    Por su puesto, me refiero a su etapa Paramount...

    1947, CALIFORNIA / ídem / Milland / Technicolor

    1948, THE BIG CLOCK / EL RELOJ ASESINO / Latimer / Macready / Milland

    1948, BEYOND GLORY / Latimer / Macready / Wall

    1948, NIGHT HAS A THOUSAND EYES / MIL OJOS TIENE LA NOCHE / Boehm

    1949, ALIAS NICK BEAL / Boehm / Latimer / Macready / Milland / Wall

    1950, COPPER CANYON / EL DESFILADERO DEL COBRE / Latimer / Milland / Technicolor

    Como podemos comprobar, aparte del mencionado Latimer, el nombre que más se repite es el del actor de reparto George Macready (1899-1973), inolvidable villano en GILDA (1946), de Charles Vidor o en SENDEROS DE GLORIA (1957), de Stanley Kubrick y que aquí encarná al reverendo Garfield, el cual tendrá una importancia capital en la resolución de la trama.



    La historia (circular) se inicia con la voz en off de ese “morador de las tinieblas” (usando la jerga lovecraftiana) que es el personaje que da título a la película y que hace igualmente de narrador (aparentemente) omnisciente, casi omnipresente aunque ciertamente no omnipotente…

    Una historia que abarca un arco temporal de tan solo 8 meses, los que necesita el fiscal del distrito Joseph Foster (un, como siempre, magnífico Thomas Mitchell [1892-1962])...



    ... para convertirse en gobernador del estado con la ayuda (siempre desde las sombras…) del impecable (e implacable) Nick Beal, un nombre ciertamente inventado (como he indicado, más o menos certeramente, más arriba) por alguien para quién engañar y mentir es parte indisoluble de su existencia.



    Porque aunque ALIAS NICK BEAL nos narre el ascenso y la caída del antes íntegro e incorruptible Foster y por tanto sea él el auténtico protagonista de la historia, lo cierto es que es Beal el que mueve los hilos detrás del escenario.



    Y aunque alguno pueda pensar que el desentrañar la verdadera naturaleza de ese siniestro personaje pudiera parecer como mínimo una falta de respeto hacia l@s compañer@s que todavía no han visto la película, como indicaba su verdadera identidad es pronto descubierta hasta por el cinéfilo menos curtido.

    No quiero extenderme demasiado en el comentario como suele ser (desgraciadamente) la norma pero sí al menos me gustaría destacar unos pocos aspectos que hacen de la película una propuesta tan sugestiva.

    Por ejemplo, el excelente guion diseñado por Latimer, en el que no solo la narración sino también los personajes que la protagonizan están espléndidamente diseñados.

    A este respecto y dado que antes he hablado de las impecables interpretaciones de los actores, ahora me toca por igual alabar las de las actrices, la de la casi centenaria Audrey Totter (1917-2013) y la de Geraldine Wall (1907-1970).

    La primera encarna a la Eva tentadora surgida de la (incansable) imaginación de Mr. B (no D…) y fue una de las grandes damas del cine negro de esos años, con títulos inolvidables como LA DAMA DEL LAGO (1947), de Robert Montgomery, MURO DE TINIEBLAS (1947), de Curtis Bernhardt o THE SET-UP (1949), de Robert Wise.



    La segunda, mucho más desconocida, pero que está igualmente espléndida como la devota (aunque crítica) esposa del aspirante a gobernador, además de asumir la conciencia adormecida por los cantos de sirena del ya inseparable señor Beal.



    O diálogos como los que acontecen en la primera cita entre Foster y Beal y que nos pueden recordar a alguno mítico de la mismísima EL PADRINO…



    Ya he subrayado la decisiva contribución tras la cámara de Lionel Lindon quien pese a rodar los exteriores en una perpetua neblina que ya hubiese deseado para sí el ínclito Jack el Destripador logra que todo lo que se muestra en la gran (o en mi caso pequeña) pantalla parezca el escenario de un sueño... o de una pesadilla...

    De hecho, ese uso de las luces y de las sombras o más bien, de esa lucha entre la luz y la sombra, es uno de los leitmotivs sobre los que Farrow hace girar toda su puesta en escena.





    O ese homenaje a nuestro Salvador Dalí como podemos apreciar en el piso decorado ex profeso por un diligente señor Beal para su pupila, Donna (Trotter).



    Tampoco sería nada extraño que esta fuese la primera vez en el cine norteamericano (muy condicionado por el Código de Producción) en el que asistimos a un auténtico “exorcismo” ciertamente menos espectacular que los que le sucederán pero también mucho más ingenioso. Tal vez incluso a alguno de vosotr@s el final os recuerde a uno ciertamente similar que acontecía en la que para mí es la última obra maestra de Jacques Tourneur y de cuyo nombre no quiero acordarme…







    Desde luego solo un actor como Ray Milland, uno de los mejores “villanos con encanto” del Hollywood clásico, podía encarnar al elegante señor Beal y eso a pesar de usar durante toda la proyección el mismo traje y el mismo sombrero… oscuros…



    Un individuo que, pese a perder lo que ya daba por ganado, sabe reconocer la derrota puesto que, después de todo, siempre habrá más personas que como el señor Foster sean capaces de vender aquello que es intangible (o inexistente para otros) por conseguir lo que más ansían, aunque no sea en beneficio propio sino de la comunidad, o al menos esa es la justificación con la que se escudan.



    Y es que, como bien dice el señor Beal al inicio de la proyección, en el corazón de cada hombre se aloja la semilla de su propia destrucción.

    No sé si ALIAS NICK BEAL es la mejor película de John Farrow pero desde luego es un ejemplo pluscuamperfecto de cómo mezclar con acierto géneros y que de dicha mixtura surja un obra sobresaliente de principio a fin.

    Desde luego, una película que merecía un (mucho) mayor (re)conocimiento.

    Y como siempre digo, vosotr@s mism@s, que la vida es corta como decía otro grupo británico de cuyo nombre tampoco logro acordarme…

    Buenas tardes/noches y, buena suerte.



    Última edición por Alcaudón; 06/01/2025 a las 12:05

  2. #2
    gurú Avatar de Otto+
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Efectivamente, muy recomendable la película que acaba de reseñar Alcaudón. No solamente por su hábil mixtura de géneros, aunque formalmente se encuadra el el noir de alta alcurnia, sino porque es un film juguetón en su intencionalidad retorcida de anular sistemáticamente la razón por la posibilidad muy improbable de que esto vaya más allá de lo habitual (no tan juguetona como "El reloj asesino", del mismo director, con un ritmo más vivaz y excéntrico que incluye momentos más ligeros y abiertamente de comedia al estilo de "Con la muerte en los talones", siendo aqui ocupado por unas contundentes andanadas más breves de un humor mucho más negro) y por la disposición de la trama a ir intoxicando al espectador paulatinamente para ver dónde desemboca el torrente final de ingenio. No es casual que este "Alias Nick Beal" y la mencionada "El reloj asesino" compartan mismo guionista, ya que ambos puzzles establecen las ganas de enganchar al espectador en el sofá hasta el final.

    Dicho lo cual yo dividiría el film en dos partes: la primera hora por un lado y su media final, el último tercio.
    La primera parte nos cuenta la deriva del personaje de Thomas Mitchell en su apuesta por consolidarse en lo más alto del panorama político y judicial de su área con una lealtad al sistema y a los menos favorecidos encomiable (un personaje capriano, ya que Capra ha estado de actualidad por acá que piensa en el bien común e interpretado por un actor que procede de la mismísima "¡Qué bello es vivir!"), mientras que la segunda ya pone el foco de forma definitiva en el ostentoso Nick Beal, a veces con demasiada contundencia, y es que es en éste, a veces, más apresurado acto final donde el film pierde algo de la narrativa supremamente bien contada y ambientada (la niebla como elemento predispositivo fundamental) y se apresura en darnos la información que nos falta (aunque no es difícil interpretar y jugar con la imaginación la naturaleza de tan inquieto individuo) acudiendo a alguna vuelta de tuerca ya demasiado explicativa propiciada por el reverendo Garfield (George MacReady).
    Que no se me entienda mal, el film sigue rayando a buen nivel en la última media hora, pero cuando hay un viraje explicativo muy connotativo con el estamento eclesiástico como posible benefactor, el relato tiende a acusar ya una única meta posible de desarrollo final, el espíritu de un Van Helsing. Es tan directo ese viraje que el misterio y la capacidad de sorpresa del film se estanca y deja claro que probablemente el film haya tocado un techo muy alto irrecuparable y se prepare para una salida final algo más irregular, con algún personaje principal un tanto dejado de lado o desaprovechado que hasta entonces ha tenido secuencias estupendas a su servicio (hablo del personaje de Audrey Totter, muy bien presentado, perfilado, noqueado y asustado paulatinamente: ver su secuencia confesora en un bar ante el dueño que sirve copas -y la tremenda resolución de dicha secuencia- o aquélla en la que la susodicha Donna prepara con Nick Beal su posterior reunión con el fiscal Foster, encarnado por Thomas Mitchell). Las revelaciones no son tan potentes como para asombrar y, sin embargo, se hacen evidentes. El espectador en definitiva ya no puede dejar de hacer volar su imaginación a la hora de anticiparse a lo que el film va a mostrar a continuación mientras se visiona.



    No puedo decir que el film se resienta porque ya ha colocado (¡de qué manera además tan admirable!) la semilla de congratularse con el interés del espectador, que sigue manteniéndose firme y creciente pero, lo palpé, en una línea ascendente bastante más plana y con mesetas incorporadas, no tan pronunciada como lo hacía en su primera hora. Digamos que la hora del juego de conquista mete una velocidad de más y el mecanismo emite algunos chirridos leves pero audibles. Además, intuyo que había que terminar el film con una resolución, mensaje y fórmula que el Código Hays supuraba (si se me permite, hubiese deseado que una de las dos mujeres del film ansorbiera la figura del reverendo argumentalmente con lo que la historia ganaría en aplomo en mi opinión)

    Los actores bien, pero ninguno en la órbita o estela magnética y carismática de un Ray Milland glorioso y suculento (para mí era tan bueno y versátil como el mejor James Stewart). Ves a Thomas Mitchell y luego pienso en lo que podría haber dado de sí un Van Heflin en el papel, mayor juventud desde luego -y acompañado de esa juventud un fuego interno o genio inconformista, un poquito más de mala leche, en el rol del modélico fiscal; y veas a Audrey Totter, que está muy bien, y sientes que una Gloria Grahame podría hacerlo igual de bien. Pero lo de Milland, ¡ay, amigo,!, confisca el film y cierra un círculo personal prácticamente perfecto en su trayectoria hasta entonces (y que revisará posteriormente en otros roles más adelante) pues su retrato de Nick Beal y de lo que representa, es toda una lección de interpretación con un personaje que per sé no evoluciona a lo largo del metraje, pero sus apariciones, tal como son mostradas, su forma de caminar como Pedro por su casa, su cinismo o sarcasmo, la forma tan avasalladora con la que domina el relato sin importar su desparpajo (rara vez perderá la compostura, pero incluso cuando lo hace o lanza un aviso a navegantes, su composición interpretativa está espectacularmente matizada y contenida), son delicatessen.
    Él es el alma del film (curiosa contradicción), con todos sus recursos y poder vampirizador (¡la sombra de este particular vampiro no deja de alargarse!). Y sí, me reitero en una paralela transmisión por todo lo que he dicho de una traslación de su presencia tan acaparadora y taimada a la figura de un Elon Musk sin sus aspavientos y con una flema señorial.

    Recomiendo ver el film sin duda, o apuntarla por lo menos para un visionado a no mucho tradar. Pese a algún bajón o achaque sufrido en sus postrimerías, un espléndido film a revisar. Y que conste que si entiendes que el film baja el pistón un tanto en su exposición, también se explica por el notabilísimo acta notarial que exhibe el film como facturado artístico y entretenimento asegurado.

    Y denota que John Farrow era un gran artesano por entonces y ahora a redescubrir. Si le falta lustre a sus filmografía, no será por habilidad sino por falta de mejores oportunidades. Todos los apartados técnicos encadenan una labor metódica minuciosa y con respeto hacia el detalle. Con su ritmo de cocción, permite al espectador reposar una secuencia antes de embarcarse a otra y hacer cábalas sobre lo que podría suceder a continuación. Y si te parece previsible lo que llega, espera a empaparte del magma fluyente para calificar la experiencia.

    PD: El peor enemigo de una persona es élla misma, pero muchas veces hace falta el empujón de una segunda persona con influencias para recular y traicionarse a sí mismo a pesar de que crea que está de un lado correcto y dar un giro de timón a su existencia. Y quizá se desvíe de lo realmente honesto sin darse cuenta (un Elon Musk induciendo a ello por ser la nueva forma de ejercer el poder....). Éste es el mensaje por excelencia que desentraña del film, aislándolo de un posible contexto más trivial propio de la época en que fue hecho el film.

    Creo que lo más importante que quería destacar ya lo he comentado. Cine con magia.

    Si no es sentido del humor negro preciosamente encapsulado este diálogo, baje Dios y lo vea....
    Spoiler Spoiler:
    Última edición por Otto+; 07/01/2025 a las 01:43

  3. #3
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Cuidadito con lo que se desea que luego viene el perro maldito…

    Esto viene a colacción como complemente a las dos anteriores y magníficas reseñas del filme “Alias Nick Beal”, del artesano director, John Farrow, autor de varios mini-clásicos de cine negro en la Paramount, durante los años 40, cuya carrera abarca también otras productoras como la RKO, Warner Brothers o la Metro Goldwyn Mayer.

    Una película que mezcla varios géneros cinematográficos como es el noir, la fantasía o la política, pero todo en un tono homogéneo, fluyendo los tres admirablemente.

    Al igual que ha comentado el compañero Otto+, quizás la parte final sea un poco mas “cuesta arriba”, no porque el ritmo sea mas flojo, sino porque ya se adivina todo el percal, y la situación de nuestro protagonista es cada vez más oscuro… quizás si se hubiese hecho mas incapié en el personaje de la esposa, hubiera “capeado” mejor el temporal, ya que es el personaje mas inteligente de la historia, enseguida se da cuenta del carácter de ese misterioso hombre que aparece en la vida de su esposo, y eso sin saber nada de su carácter sobrenatural.

    Otra lástima es el desdibujado personaje de la actriz Audrey Totter, que merecía algo más estimulante, y parece que lo dejan fuera, en un momento dado. Parece que el guión tiene más interés en la confrontación entre los dos personajes principales: El aspirante a gobernador de conducta intachable y el misterioso “benefactor” que aparece para ayudarlo, cada uno interpretado por Thomas Mitchell y Ray Milland respectivamente.

    Por cierto, el absoluto protagonista es en esta ocasión: Thomas Mitchell, y eso que aparece el tercero en los títulos de créditos, pero siempre este maravilloso actor, roba escenas, se convierte en la estrella del filme.

    Aunque la verdadera gran estrella es Ray Milland, que duda cabe, pero su rol está bastante supeditado al anterior, aunque es fascinante cada una de sus apariciones, sobre todo en la primera hora, y me intrigó también bastante el hecho de que dice varias veces: “no me toques”, “no soporto que me toquen”, no sé que habría pasado si alguno le hubiera dado un buen puñetazo… sobre todo en la parte final que se vuelve mas odioso, mas manipulador, casi un acosador.

    Se recomienda un visionado, sobre todo si te gustan estos temas, o este tipo de películas clásicas de los años 40, o si eres fan del maravilloso Ray Milland, esta es tu película.

    Última edición por cinefilototal; 07/01/2025 a las 02:57

  4. #4
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Cita Iniciado por cinefilototal Ver mensaje
    Por cierto, el absoluto protagonista es en esta ocasión: Thomas Mitchell, y eso que aparece el tercero en los títulos de créditos, pero siempre este maravilloso actor, roba escenas, se convierte en la estrella del filme.
    Sin duda, aunque el personaje de Ray Milland es más "cool". En realidad se puede ver el film como una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en el que Beal/Hyde adquiere entidad corpórea disociada de la de Foster/Jekyll, pero en el fondo no es más que el reflejo de sus ambiciones reprimidas: quiere ser gobernador y quiere acabar con la delincuencia que representan los gánsters como Faulkner (curioso apellido... ¿va con segundas?)... al precio que sea.

    A mí, en muchos momentos, sobre todo al inicio, me recordó el estilo de las historias de Rod Serling para The Twilight Zone, aunque obviamente el aparato de producción es mucho más brillante, y la moralina de Serling un poco menos evidente (aunque haberla, hayla). Con todo, me ha parecido un magnífico film, quizá el mejor de Farrow de los que he visto.
    Última edición por mad dog earle; 08/01/2025 a las 14:39

  5. #5
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Pues me he visto las 2 últimas películas del Pack de Jose Luis Garci en Blu-Ray, que son, precisamente, las que no había visto nunca. La sensación es agridulce.

    Sesión continua me ha encantado. Una historia sobre cine y sobre la vida. Carta de amor a las cosas que a Garci siempre le han gustado. A la altura de sus grandes pelis, aunque probablemente no es una película para todos los públicos, y sólo los locos forofos del cine llegarán a entrar de verdad en la propuesta, y comprender a sus protagonistas.

    Adolfo Marsillach interpreta a un guionista de cine misántropo y solitario. Jesús Puente es su colega y director de su próximo guión, una película titulada "Me deprimo despacio" que quieren rodar en blanco y negro. Ambos están locos por el cine y viven en casas llenas de libros, pósters de cine y otros objetos que son pura delicia darle al pause para verlas.



    La película nos va contando los entresijos de la otra película, desde la formación del guión al rodaje y el estreno, como excusa para mostrarnos las vidas de estos dos hombres y quienes les rodean. El personaje de Adolfo tiene una relación esporádica e indefinida, con derecho a roce y sin compromiso, con una mística más joven que él, una mujer que parece más fantasma que persona (una María Casanova completamente marciana, muy diferente de su habitual registro en el cine de Garci) mientras que a Jesús, su mujer se prepara para dejarle (impagable la escena de Jesús en nochevieja tomándose las uvas sólo viendo la tele, mientras en el dormitorio, su ya futura ex-mujer se prepara para meterse a monja).

    José Bódalo como el avispado hombre en lo empresarial (es el productor de la película) y despistado hasta la fatalidad como padre de familia, vuelve a componernos otro personaje para el recuerdo, un hombre entrañable, roto por el dolor y por la incomprensión entre generaciones.

    Me quedo particularmente con dos escenas: en lo cómico, ese rato que pasan los 2 protagonistas en la terraza de un café desarrollando la escena del guión en la que el protagonista de la peli, un ministro, es secuestrado, con un cliente de la cafetería al fondo, escuchándolo todo y creyendo que está ante dos terroristas que planean un secuestro real En lo trágico, me gusta mucho la escena en la que Bódalo habla de su hijo (Bódalo está de 10) pero no puedo dejar de reseñar esa conversación donde Marsillach explica que los directores a los que admiran (Ford, Wilder y compañía) primero fueron hombres viviendo experiencias y aventuras, y luego se hicieron cineastas con cosas que contar, mientras que su generación, destetada con el cine y enamorada del cine, no ha vivido nada previo, su vida, su experiencia, es una pantalla de cine, no el mundo real, y por supuesto, no tienen gran cosa que contar.

    Algo más frío me ha dejado su siguiente película, Asignatura aprobada. No porque no me haya gustado, aunque sin duda es la que menos me ha gustado de toda la primera parte de su filmo, incluida en el pack que ha salido en Blu-Ray.

    Quizá porque es la menos real y la más centrada en las obsesiones del director. Es muy teatral, más dispersa, menos terrenal, más pretenciosa. Quizá no ayude un Jesús Puente que parece hacer casi el mismo papel que en la anterior, aunque sin ese punto tragicómico.
    Aquí tenemos a un autor teatral fracasado en la vida que vive en una casa llena de trastos y libros (¡con póster de Silverado de Kasdan incluido!), que se reencuentra con su hijo y con una ex-novia, una actriz teatral que anda ahora enredada con una obra en su ciudad.



    La película te deja con la sensación de que este hombre es una indefinición, un espectro torturado más que una persona. Si era fácil empatizar con su personaje de Sesión continúa, que era tragicómico, no lo es tanto aquí, quizá porque existe la sensación de que es un arquetipo menos trabajado. Menos humanizado.

    Tampoco ayuda la indefinición de sus relaciones, especialmente el personaje de Teresa Gimpera, ¿quién se supone que es? Él va y viene a verla, se pasea por su jardín como Pedro por su casa, pero no son novios, ni son amantes, aunque él se toma más libertades de las que se debería tomar si fueran simplemente amigos... en ningún momento se nos clarifica la verdadera naturaleza de su relación, de qué demonios se conocen o qué relación tienen. Por momentos pensé que era una figuración, un fantasma, un personaje irreal salido de la mente de Puente, igual que en Sesión continua, el personaje de Marsillach hablaba con su padre muerto.

    Las conversaciones con la novieta del pasado, actriz teatral, también me parecen más etéreas, mucho menos reales y menos naturales. Garci siempre ha gustado de hacer declamar a sus actores, que expresen sus pensamientos en monólogos grandilocuentes, pero si en otras películas, como Las verdes praderas o Volver a empezar, esos monólogos sonaban naturales y creíbles, aquí es diferente. No sé, en general me da la impresión de ser una peli hecha con la cabeza puesta en otras cosas, donde todos los personajes son fríos, marcianos e inalcanzables.

    Me quedo, de lejos, con el sucio faje que le hace su hijo a Puente, quizá merecido, pero que me dejó a cuadros. Si algo se nota en estas 2 películas (y de palabra, ya se introducía el tema en "Volver a empezar") es que los hijos ya no son esos simpáticos mochuelos con voz doblada por Sélica Torcal o semejante, que aparecían en El crack, Las verdes praderas, o Asignatura pendiente. Los hijos ya no son niños, cargas familiares, responsabilidades que uno debe asumir. Ahora son adultos independientes, incognoscibles, inabarcables, inentendibles. La brecha generacional es insalvable.
    Si en Volver a empezar ya Bódalo y Ferrandis comentaban que sus hijos hacían sus vidas lejos de ellos, aquí directamente, lo vemos. Y duele. Duele en Sesión continua, donde vemos que Bódalo cree una cosa y luego es otra, o donde las hijas de Marsillach empiezan a tener sus propios planes y su propia vida y a no querer pasar tiempo con su padre. Pero duele sobre todo aquí, donde Puente abandonó a su familia, y su hijo se cobra venganza años después, de forma quizá merecida, pero muy cruel.

    En fin, a la espera quedo de revisar el resto de su filmografía...

  6. #6
    gurú Avatar de Otto+
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Sin duda, aunque el personaje de Ray Milland es más "cool". En realidad se puede ver el film como una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en el que Beal/Hyde adquiere entidad corpórea disociada de la de Foster/Jekyll, pero en el fondo no es más que el reflejo de sus ambiciones reprimidas: quiere ser gobernador y quiere acabar con la delincuencia que representan los gánsters como Faulkner (curioso apellido... ¿va con segundas?)... al precio que sea.

    A mí, en muchos momentos, sobre todo al inicio, me recordó el estilo de las historias de Rod Serling para The Twilight Zone, aunque obviamente el aparato de producción es mucho más brillante, y la moralina de Serling un poco menos evidente (aunque haberla, hayla). Con todo, me ha parecido un magnífico film, quizá el mejor de Farrow de los que he visto.
    El personaje del fiscal viene para mi gusto demasiado patronizado por un actor de apariencia tan bonachona como la de Mitchell. Por eso dije que un Van Heflin (o un Edmond O'Brien), más joven e impulsivo, hubiese dotado de más mordiente al personaje; simplemente hay que realizar algún ajuste a la trama a la hora de hacer a Foster más joven, aunque quizá esa opción desbarate en parte las opciones del film: que la gente se identifique más con el fiscal. Por cierto, hay un diálogo excelente en boca de Milland que habla de un mundo con un escala de grises amplísima en la que no es todo ni blanco ni negro. Sin embargo, esa idea se desliza por el film de forma controlada y sin asumir un salto cualitativo de efervescencia consecuentemente con el forcejeo que tiene Foster consigo mismo, avistado con suavidad (de nuevo, la elección de un actor como Mitchell es consecuente con la sobrecarga emocional que quiere mostrar el film).

    Y si os apetece, aquí tenéis otro film de la época en la línea de éste a priori:

    Última edición por Otto+; 10/01/2025 a las 19:39

  7. #7
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid



    https://pics.filmaffinity.com/la_tia...0511-large.jpg
    Visionar en la actualidad LA TIA TULA supone via-
    jar en el tiempo e introducirse en una atmósfera asfixiante y castradora,
    la de una España sumida en el sopor de la posguerra y ante la cual el artista tenía
    que optar por denunciar sin nombrar, retratar sin revelar: protestar silenciosamente.
    Esta es una película de grandes silencios a través de
    los cuales los protagonistas lo dicen todo. Frente a la verborrea de la novela, los personajes de la peli se
    exhiben a través de miradas penetrantes, furtivas, feroces, sensuales,
    cohibidas, desafiantes, reprobadoras; miradas que se alargan al ritmo pausado de unos planos-secuencia que permiten a la cámara mostrarnos la más
    exacta radiografía de un país a la negra sombra de la Iglesia.
    M Picazo realiza una elegante película inspirada, como él mismo indica,
    en la novela de Unamuno, de la que rescata sólo lo que le
    interesa para retratar una sociedad aletargada de la que Tula es todo un emblema. Una
    película que rehúye la reflexión espiritual a favor
    de la plasmación de una época y, fundamentalmente, unos valores que aprisionan,
    hasta la total autoaniquilación,
    Picazo mediante un lenguaje cinematográfico exquisito y sobrio, refleja la contención
    en tediosas vidas dentro de un opresivo núcleo familiar

    La película empieza con un entierro, campanas de duelo y llantos de pérdida,
    y con la imagen de un niño, ejemplo viviente de una infancia robada e
    portando una corona de flores que casi le dobla en tamaño.



    Ya en los precréditos, en efecto, se establecen todos los temas de la película:
    la fuerza de un personaje audente (la difunta Rosa, primera mujer del desnortado
    Ramiro, los ritos y atavismos de la sociedad (ejemplificada en las bienin-
    tencionadas plañideras que acompañan a la familia en el cortejo fúnebre), la presión
    de la casa como prolongación de un ataúd cuya negra oquedad lo domina todo y, en
    medio de ello, la impenetrable (nunca mejor dicho) Tula, ocultando su dolor tras la
    rígida máscara de fortaleza cristiana y mostrando su ternura sobre unos
    niños desolados e indefensos con su frágil padre.

    Una
    impecable A Batista que, con todo merecimiento, ha sido objeto de encendidos elogios dirigidos a esta peli, actualmente de culto y que en su momento
    fue declarada «de interés artístico nacional». Esa Tula, tan expresiva en su
    contención, tan enigmática,sugerente.imprevisible?¿


    en una de las más logradas interpretaciones del
    cine español de todos los tiempos. Hasta llegar a producir
    angustia en el espectador, a medida que avanza el argumento: empieza con una Tula enlutada que inmola su vida al cuidado de su cuñado y sobrinos mientras se entretiene con obras de caridad y ñoñas
    actividades en un círculo de solteronas a cual más
    caricaturesca.

    Poco a poco, Tula se convierte en la hembra acosada, hasta el intento de
    violación, por el varón en celo que la espía por los rincones de la casa, obligándola
    a una lucha que se establece más entre sus instintos y su férreo código moral que
    entre la mujer secretamente enamorada?¿ y el atractivo hombre que intenta satisfacer los ocultos deseos de ambos.


    Memorable es, su conversación con el
    sacerdote, esta sí, directamente heredada de Unamuno, en la que Tula erige ante el
    confesor una supuesta vocación de mujer independiente e insumisa que, en el fondo,
    oculta su horror al sexo. Y, en uno de los juegos de contrastes que dan a
    la película tanto interés, esta misma Tula, que erige su soltería y maternidad no fisiológica, se nos aparece como una sensual
    y tentadora mujer que acaricia con esmero sus piernas mientras su cuñado se solaza
    semidesnudo en el río, en la que, sin duda, es una de las secuencias más intensas de la película. Pero esta misma Tula vuelve, inmediatamente, a parapetarse en la
    armadura de la represión y, literalmente, pierde...cuando su cuñado
    desahoga sus instintos con una joven algo corta de luces y se ve obligado a contraer
    matrimonio en un desenlace que hace infelices a todos.
    Que una actriz sea capaz de interpretar un personaje con tantos
    matices, deseos y represiones, y que lo haga con la solvencia que
    nos regala plano a plano la gran Aurora, justifica, sin duda, el enorme interés que
    tiene esta peli más allá del desolado retrato de la sociedad que muestra.
    Una estupenda labor de montaje subraya este mundo por los arbitrarios principios del
    bien y el mal, de la tentación y el pecado, de la libre expresión de la espontaneidad
    y posterior arrepentimiento. El espectador advierte, precisamente a través de la
    sintaxis de las secuencias, cómo el realizador pone de manifiesto la fragilidad de
    los personajes ante las imposiciones morales de la época: así ocurre, por ejemplo,el contraste de
    la tórrida secuencia del intento de violación por parte de Ramiro con la exagerada puesta en escena,casi hasta la parodia, de la ceremonia de la Primera Comunión
    de Tulita, con cuyos inmaculados trajes y rimas sacras pretende la virginal Tula limpiar su hogar.
    Este mismo juego se establece también en la sabia elección de
    los espacios: la casa familiar se convierte en claustrofóbico lugar de la enfermiza
    relación entre Tula y Ramiro, llegando a alcanzar un rango de muda y poderosa
    protagonista más.Como prolongación de la casa, cobra gran importancia la ciudad,
    innominada pero reconocible espía, desde sus ventanas como ojos de todos los movimientos de los personajes. En clara oposición, aparecen en dos momentos de la película
    espacios abiertos: el primero, en una ruidosa y desenvuelta reunión juvenil al aire
    libre y el segundo, y más importante, durante la visita de los personajes al campo,
    donde se desarrolla la ya mencionada secuencia del río, con toda su carga erótica, y
    se decide el desenlace de la película.
    La sobria fotografía en blanco y negro, en un negro que, en más de un momento, se nos antoja gris a morir... subrayando el tono de una crítica que no es particularmente
    feroz ni agresiva, sino más bien lacónica y de hartazgo asumido.

    Lo mismo podríamos decir de la música, sobria y escueta, que aparece sólo
    en las escenas importantes de la tortuosa relación entre Ramiro y Tula para reforzar
    una intimidad apenas sugerida y que se desvanece como la pasión entre los personajes. En contraste con estos
    momentos de intimidad, suena una música rítmica y estridente que refuerza, en la
    secuencia de la fiesta juvenil y en la de la estancia de los protagonistas en el campo,la libre expresión del deseo.



    Silencios y gritos, lánguidas melodías y sones ruidosos, casas que son cárceles
    y campos que son vida, niños que se inhiben como adultos y adultos que se com-
    portan como niños, bodas sin amor y amores sin boda…, todo ello en una película
    de pocas palabras y densísimo contenido.
    Picazo ha logrado construir lo que, sin duda alguna, podemos
    considerar una obra maestra: en la adaptación, elección de
    actores, puesta en escena,una peli que no hace más que ganar y ganar a cada nuevo visionado.


    10//10

  8. #8
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Un crimen por hora (Gideon’s Day, 1958), de John Ford



    Mientras esperamos que nuestro querido Alcaudón inicie el largamente anunciado ciclo dedicado a los westerns de John Ford, me permito un breve comentario sobre una película atípica en su filmografía por varios motivos.

    Por un lado, es una producción de la Columbia British rodada en Londres, con notable presencia de planos filmados en exteriores reales, lo que nos permite ver el dinamismo de las calles londinenses, aunque se tenga que recurrir en ocasiones a maquetas quizá demasiado evidentes por repetitivas cuando se ilustra lo que se ve al fondo por la ventana del despacho del protagonista.

    Precisamente, que el protagonista sea el inspector jefe George Gideon de Scotland Yard (magníficamente interpretado por Jack Hawkins), y que el argumento sea claramente inscribible en el género policíaco, poco transitado por Ford, es otro de los elementos atípicos. Incluso extraña el tono ligeramente de comedia que adopta el film en muchos momentos, que nos podría hacer pensar en un film de la Ealing.

    Por lo demás, el guion de T.E.B. Clarke (guionista precisamente de varios films de la Ealing), que adapta una novela de John Creasey (autor de un buen número de relatos protagonizados por Gideon, firmados con el seudónimo J.J. Marric, que dieron origen a una serie de televisión: Gideon’s Way, protagonizada por John Gregson), sigue una extenuante jornada en la vida del inspector jefe, tal como recoge el título original (aunque en Estados Unidos se estrenó con el de Gideon of Scotland Yard, y, lo que es más sorprendente, ¡en blanco y negro!).

    Vemos a Gideon inicialmente en su ambiente familiar, aseándose y desayunando, con la perspectiva de una dura jornada de trabajo por delante, que a pesar de ello, como le recuerda su esposa (la fordiana Anna Lee), ha de dejarle tiempo libre para asistir al concierto de violín de su hija (interpretada en su debut en el cine por Anna Massey, hija de Raymond Massey, y protagonista de dos films capitales: Peeping Tom y Frenzy).



    Gideon tendrá que habérselas con un posible caso de corrupción en su equipo; la muerte del policía implicado, atropellado por un coche; la investigación de dos sospechosos por este crimen, el pintor Paul Delafield (Ronald Howard) y su esposa Joanna (Dianne Foster), presumiblemente amante del policía muerto;



    el robo de una nómina, en la que también estará implicada la pareja; el caso de un peligroso enfermo mental fugado (que protagonizará un inquietante asesinato fuera de campo);



    el asalto a las cajas de seguridad de un banco por parte de unos individuos de la alta sociedad que necesitan pagar sus deudas,



    y, por si fuera poco, soportar que un guardia novato, Farnaby-Green (Andrew Ray), le ponga una multa de tráfico. Para colmo, el joven bobby acabará resultando ser el probable futuro novio de su hija.



    La película dosifica con acierto los rasgos cómicos (el personaje del policía bisoño; el salmón que se supone ha de llevar Gideon a casa…), con la dureza de algunos detalles criminales (la muerte a tiros del vigilante del banco; el asesinato elíptico de una joven; la huida del pintor, que se sirve de su mujer…).

    Un film sin duda menor en la filmografía del maestro, pero sumamente entretenido y simpático, del que, desgraciadamente, creo que no disponemos de copia en BD (había una edición “impulsada” en DVD en blanco y negro y que no respetaba el formato). Acabo con una curiosidad: durante el rodaje del film, Ford recibió la visita en el set de un gran admirador… Akira Kurosawa.


  9. #9
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Cita Iniciado por Otto+ Ver mensaje
    PD: El peor enemigo de una persona es élla misma, pero muchas veces hace falta el empujón de una segunda persona con influencias para recular y traicionarse a sí mismo a pesar de que crea que está de un lado correcto y dar un giro de timón a su existencia. Y quizá se desvíe de lo realmente honesto sin darse cuenta (un Elon Musk induciendo a ello por ser la nueva forma de ejercer el poder....). Éste es el mensaje por excelencia que desentraña del film, aislándolo de un posible contexto más trivial propio de la época en que fue hecho el film.
    Yo creo que Foster sí se da cuenta del viraje que está introduciendo en su vida, de la traición a sus principios. Y ahí está su mujer que se lo va recordando repetidamente, como una suerte de Casandra o de Pepito Grillo. Pero la tentación ("diabólica", para dejarlo todo en un tono de alegoría) es demasiado fuerte. Es curioso como en esa época (años treinta, cuarenta...) todavía se jugaba mucho con los personajes típicos de la tradición cristiana: diablos, ángeles, santos, cielo, infierno (aquí esa isla de "las Almas Perdidas", en castellano en el original").

  10. #10
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas; o, Ese lugar donde poder comentar otro tipo de cine menos apreciado o conocid

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    Dado que la película no es un whodunit (un subgénero que detestaba el mago del suspense y del que este año se conmemora el 125 aniversario de su nacimiento… aunque algun@s compañer@s ya nos adelantamos hace unos años en uno de los hilos más fértiles de los que cobija la presente página… ) no creo que nadie se moleste si digo que el protagonista en las sombras (en este sentido me gustaría destacar la formidable fotografía en blanco y negro del gran Lionel Lindon [1905-1971]) de la historia es el mismo al que The Rolling Stones le dedicaron las dos canciones que abrían sus discos “Beggars Banquet” (1968) y “Goats Head Soup” (1973), como pronto nos damos cuenta los que ya peinamos (y con suerte) canas.
    Se nota que empezaste a escribir el comentario el año pasado... porque la conmemoració del 125 aniversario de su nacimiento fue en 2024.

    Respecto a la canción "Dancing With Mr. D.", más bien creo que esa D corresponde a "Death" más que a "Devil", aunque es algo ambiguo. La letra habla de un Mr. D. y de una Mrs. D.

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje

    ALIAS = NICK = PSEUDÓNIMO

    BEAL = ¿abreviatura fonética de BEELZEBUB? = BELCEBÚ?
    De hecho, en el film más bien se le asocia con Lucifer.
    Última edición por mad dog earle; 08/01/2025 a las 14:38

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