REVISANDO CLÁSICOS: EL CINE POR DESCUBRIR...
ALIAS NICK BEAL (1949)
Director: John Farrow.
Productor: Endre Bohem.
Producción y distribucion: Paramount Pictures, Inc.
Guion: John Latimer, a partir de una historia original de Mindret Lord.
Fotografía: Lionel Lindon, en blanco y negro (1.37:1).
Dirección artística: Hans Dreier y Franz Bachelin.
Decorados: Sam Comer y Ross Dowd.
Música: Franz Waxman.
Supervisora del montaje: Eda Warren.
Reparto: Ray Milland (Nick Beal), Audrey Totter (Donna Allen), Thomas Mitchell (Joseph Foster), George Macready (Reverendo Thomas Garfield), Fred Clark (Frankie Faulkner) y Geraldine Wall (Martha Foster).
Rodaje: desde finales de abril hasta principios de mayo de 1948.
Duración: 1:32:31.
Estreno: 4 de marzo de 1949.
El australiano John Villiers Farrow (1904-1963) es uno (o más bien otro) de esos directores clásicos a los que parece que “el viento se llevó”.
A pesar de que durante los años 40 y 50 del pasado siglo gozó del beneplácito tanto del público como de la crítica hoy en día es más conocido entre la cinefilia por ser el marido de la compañera del Tarzán (o sea, la deliciosa Maureen O’Sullivan [1911-1998], desde 1936 hasta el final de sus días) encarnado por Johnny Weissmuller (1904-1984) en las 6 películas en las que intervinieron juntos (entre 1932 y 1942)...
... y, especialmente, por ser el padre de Mia Farrow (1945), la inolvidable protagonista de la obra maestra de Roman Polanski (1933) LA SEMILLA DEL DIABLO (1968) y segunda de las musas del neoyorquino Woody Allen (1935) [13 películas, entre 1982 y 1992].
Pese a su prematura muerte a los 58 años (la misma edad que tiene el que pergeña estas modestas líneas...) su filmografía es relativamente extensa, abarcando desde 1934 hasta 1959 y aunque desconozco la mayor parte de la misma debido a la dificultad para acceder a sus primeros largometrajes lo cierto es que todo lo que de él he visionado hasta la fecha me ha gustado.
Por lo que he visto (y he leído) los géneros en los que más se prodigó fueron el cine de aventuras (marítimas) (desde REVOLUCIÓN EN ALTA MAR [1946]), el cine negro (desde CALCUTA [1946] - comentada hace meses (¿o años?) en el OR… -) y el wéstern (desde CALIFORNIA [1947]).
Del primero me gustaría recordar que dirigió la primera de las 6 superproducciones que Samuel Bronston (1908-1994) facturó en nuestro país, EL CAPITÁN JONES (1959) y que además se convertiría en su canto del cisne.
Sin embargo, en mi modesto punto de vista fue en los otros dos donde consiguió sus mayores logros.
Así estrenó 4 notables wésterns entre 1947 y 1953, el mencionado CALIFORNIA, EL DESFILADERO DEL COBRE (1950), UNA VIDA POR OTRA (1953) y HONDO (1953), todos ellos rodados en color y el último además en 3-D.
En los dos primeros el protagonista (masculino) era el gran (y extremadamente versátil) Ray Milland (1907-1986).
- De este actor (y director) ya tendremos tiempo de hablar más adelante si las autoridades, la salud y el tiempo lo permiten…-
Por lo que respecta al cine negro sus contribuciones más importantes bien podrían ser EL RELOJ ASESINO (1948), MIL OJOS TIENE LA NOCHE (1948), WHERE DANGER LIVES (1950) o LAS FRONTERAS DEL CRIMEN (1951).
O… ¿ALIAS NICK BEAL (1949)?…
Y por qué digo esto.
Porque la cinta objeto hoy del presente comentario es un magistral cruce entre el cine fantástico y el negro.
O si queremos ser más precisos es una película fantástica (o no, dependiendo de las creencias de cada uno) pero rodada a la manera de los mejores clásicos del cine negro de los 40, la década dorada del género.
Por ello sorprende que una película tan “condenadamente” (enseguida se entenderá el uso del entrecomillado) buena apenas sea hoy recordada (incluso por un servidor, que juraría no haberla visto jamás hasta la pasada noche) cuando bien podría calificarse como una de sus mejores obras, siempre teniendo en cuenta lo que comentaba al inicio de mi exposición.
Dado que la película no es un whodunit (un subgénero que detestaba el mago del suspense y del que este año se conmemora el 125 aniversario de su nacimiento… aunque algun@s compañer@s ya nos adelantamos hace unos años en uno de los hilos más fértiles de los que cobija la presente página…) no creo que nadie se moleste si digo que el protagonista en las sombras (en este sentido me gustaría destacar la formidable fotografía en blanco y negro del gran Lionel Lindon [1905-1971]) de la historia es el mismo al que The Rolling Stones le dedicaron las dos canciones que abrían sus discos “Beggars Banquet” (1968) y “Goats Head Soup” (1973), como pronto nos damos cuenta los que ya peinamos (y con suerte) canas.
El título de la película ya nos da algunas de las claves de la identidad del personaje soberbiamente encarnado por Ray Milland, un actor que funcionaba igual de bien haciendo de bueno que de malo.
Si lo desmenuzamos la cosa quedaría tal que así…
ALIAS = NICK = PSEUDÓNIMO
BEAL = ¿abreviatura fonética de BEELZEBUB? = BELCEBÚ?
- Sí, tal vez esta última reflexión esté un poco traída por los pelos pero no deja de tener su lógica… -
Para conseguir el equilibrio perfecto que presenta una propuesta tan heterodoxa como es esta (no tanto en el fondo como en la forma) Farrow contó con la inestimable ayuda (aparte del mencionado Lindon) de uno de sus más estrechos colaboradores, el escritor de novela negra y guionista John Latimer (1906-1983), con quién trabajó en la mayor parte de sus títulos punteros y no solo en sus incursiones en el género negro, como las mencionadas EL RELOJ ASESINO o MIL OJOS TIENE LA NOCHE, sino también en el wéstern, como es el caso del estupendo EL DESFILADERO DE COBRE y en la que el citado Milland comparte protagonismo con una bellísima Hedy Lamarr.
Evidentemente el hecho de que todas estas películas surgiesen de la misma compañía, en este caso la más poderosa de todas ellas en aquellos años, o sea, la Paramount, permitía a los realizadores trabajar (si era su gusto y si no también, todo sea dicho…) con los equipos técnicos y repartos de su confianza.
Aunque sea de una manera somera (e incompleta, puesto que no he incluido, por ejemplo, los [decisivos] directores artísticos y/o decoradores) he aquí una especie de resumen de las personas que trabajaron en este película y que lo hicieron igualmente antes o después con Farrow.
Por su puesto, me refiero a su etapa Paramount...
1947, CALIFORNIA / ídem / Milland / Technicolor
1948, THE BIG CLOCK / EL RELOJ ASESINO / Latimer / Macready / Milland
1948, BEYOND GLORY / Latimer / Macready / Wall
1948, NIGHT HAS A THOUSAND EYES / MIL OJOS TIENE LA NOCHE / Boehm
1949, ALIAS NICK BEAL / Boehm / Latimer / Macready / Milland / Wall
1950, COPPER CANYON / EL DESFILADERO DEL COBRE / Latimer / Milland / Technicolor
Como podemos comprobar, aparte del mencionado Latimer, el nombre que más se repite es el del actor de reparto George Macready (1899-1973), inolvidable villano en GILDA (1946), de Charles Vidor o en SENDEROS DE GLORIA (1957), de Stanley Kubrick y que aquí encarná al reverendo Garfield, el cual tendrá una importancia capital en la resolución de la trama.
La historia (circular) se inicia con la voz en off de ese “morador de las tinieblas” (usando la jerga lovecraftiana) que es el personaje que da título a la película y que hace igualmente de narrador (aparentemente) omnisciente, casi omnipresente aunque ciertamente no omnipotente…
Una historia que abarca un arco temporal de tan solo 8 meses, los que necesita el fiscal del distrito Joseph Foster (un, como siempre, magnífico Thomas Mitchell [1892-1962])...
... para convertirse en gobernador del estado con la ayuda (siempre desde las sombras…) del impecable (e implacable) Nick Beal, un nombre ciertamente inventado (como he indicado, más o menos certeramente, más arriba) por alguien para quién engañar y mentir es parte indisoluble de su existencia.
Porque aunque ALIAS NICK BEAL nos narre el ascenso y la caída del antes íntegro e incorruptible Foster y por tanto sea él el auténtico protagonista de la historia, lo cierto es que es Beal el que mueve los hilos detrás del escenario.
Y aunque alguno pueda pensar que el desentrañar la verdadera naturaleza de ese siniestro personaje pudiera parecer como mínimo una falta de respeto hacia l@s compañer@s que todavía no han visto la película, como indicaba su verdadera identidad es pronto descubierta hasta por el cinéfilo menos curtido.
No quiero extenderme demasiado en el comentario como suele ser (desgraciadamente) la norma pero sí al menos me gustaría destacar unos pocos aspectos que hacen de la película una propuesta tan sugestiva.
Por ejemplo, el excelente guion diseñado por Latimer, en el que no solo la narración sino también los personajes que la protagonizan están espléndidamente diseñados.
A este respecto y dado que antes he hablado de las impecables interpretaciones de los actores, ahora me toca por igual alabar las de las actrices, la de la casi centenaria Audrey Totter (1917-2013) y la de Geraldine Wall (1907-1970).
La primera encarna a la Eva tentadora surgida de la (incansable) imaginación de Mr. B (no D…) y fue una de las grandes damas del cine negro de esos años, con títulos inolvidables como LA DAMA DEL LAGO (1947), de Robert Montgomery, MURO DE TINIEBLAS (1947), de Curtis Bernhardt o THE SET-UP (1949), de Robert Wise.
La segunda, mucho más desconocida, pero que está igualmente espléndida como la devota (aunque crítica) esposa del aspirante a gobernador, además de asumir la conciencia adormecida por los cantos de sirena del ya inseparable señor Beal.
O diálogos como los que acontecen en la primera cita entre Foster y Beal y que nos pueden recordar a alguno mítico de la mismísima EL PADRINO…
Ya he subrayado la decisiva contribución tras la cámara de Lionel Lindon quien pese a rodar los exteriores en una perpetua neblina que ya hubiese deseado para sí el ínclito Jack el Destripador logra que todo lo que se muestra en la gran (o en mi caso pequeña) pantalla parezca el escenario de un sueño... o de una pesadilla...
De hecho, ese uso de las luces y de las sombras o más bien, de esa lucha entre la luz y la sombra, es uno de los leitmotivs sobre los que Farrow hace girar toda su puesta en escena.
O ese homenaje a nuestro Salvador Dalí como podemos apreciar en el piso decorado ex profeso por un diligente señor Beal para su pupila, Donna (Trotter).
Tampoco sería nada extraño que esta fuese la primera vez en el cine norteamericano (muy condicionado por el Código de Producción) en el que asistimos a un auténtico “exorcismo” ciertamente menos espectacular que los que le sucederán pero también mucho más ingenioso. Tal vez incluso a alguno de vosotr@s el final os recuerde a uno ciertamente similar que acontecía en la que para mí es la última obra maestra de Jacques Tourneur y de cuyo nombre no quiero acordarme…
Desde luego solo un actor como Ray Milland, uno de los mejores “villanos con encanto” del Hollywood clásico, podía encarnar al elegante señor Beal y eso a pesar de usar durante toda la proyección el mismo traje y el mismo sombrero… oscuros…
Un individuo que, pese a perder lo que ya daba por ganado, sabe reconocer la derrota puesto que, después de todo, siempre habrá más personas que como el señor Foster sean capaces de vender aquello que es intangible (o inexistente para otros) por conseguir lo que más ansían, aunque no sea en beneficio propio sino de la comunidad, o al menos esa es la justificación con la que se escudan.
Y es que, como bien dice el señor Beal al inicio de la proyección, en el corazón de cada hombre se aloja la semilla de su propia destrucción.
No sé si ALIAS NICK BEAL es la mejor película de John Farrow pero desde luego es un ejemplo pluscuamperfecto de cómo mezclar con acierto géneros y que de dicha mixtura surja un obra sobresaliente de principio a fin.
Desde luego, una película que merecía un (mucho) mayor (re)conocimiento.
Y como siempre digo, vosotr@s mism@s, que la vida es corta como decía otro grupo británico de cuyo nombre tampoco logro acordarme…
Buenas tardes/noches y, buena suerte.
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) su filmografía es relativamente extensa, abarcando desde 1934 hasta 1959 y aunque desconozco la mayor parte de la misma debido a la dificultad para acceder a sus primeros largometrajes lo cierto es que todo lo que de él he visionado hasta la fecha me ha gustado. 

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) cuando bien podría calificarse como una de sus mejores obras, siempre teniendo en cuenta lo que comentaba al inicio de mi exposición.
) no creo que nadie se moleste si digo que el protagonista en las sombras (en este sentido me gustaría destacar la formidable fotografía en blanco y negro del gran Lionel Lindon [1905-1971]) de la historia es el mismo al que The Rolling Stones le dedicaron las dos canciones que abrían sus discos “Beggars Banquet” (1968) y “Goats Head Soup” (1973), como pronto nos damos cuenta los que ya peinamos (y con suerte) canas. 
















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En lo trágico, me gusta mucho la escena en la que Bódalo habla de su hijo (Bódalo está de 10) pero no puedo dejar de reseñar esa conversación donde Marsillach explica que los directores a los que admiran (Ford, Wilder y compañía) primero fueron hombres viviendo experiencias y aventuras, y luego se hicieron cineastas con cosas que contar, mientras que su generación, destetada con el cine y enamorada del cine, no ha vivido nada previo, su vida, su experiencia, es una pantalla de cine, no el mundo real, y por supuesto, no tienen gran cosa que contar.








