Y el comienzo de la página, con el personaje en la cabina, y el final, con la cabina vacía; y el plano inalterable en las viñetas de la mujer frente al acercamiento gradual del punto de vista en las del héroe. Me gusta mucho, pero mucho: lo que más me atrae de los originales, y de los cómics, claro, es cómo se narra la historia y la expresión de las emociones de los personajes (los tonos oscuros en torno a los ojos en la 9ª viñeta), y todo está aquí muy logrado. Yo me quito el sombrero ante el señor Frenz.