Esta tarde tengo previsto revisarla. El comentario, para el domingo o lunes.![]()
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Fellini Satiricon (Fellini - Satyricon, 1969)
Como ya vimos la semana pasada, el documental para la NBC recogía el inicio del rodaje de Satyricon, que empezó en noviembre de 1968, mostrándonos precisamente uno de los momentos iniciales del film, un monólogo de Encolpio. Nuevamente con producción de Alberto Grimaldi para su compañía, Produzioni Europee Associate (PEA), Fellini se embarcó en uno de sus proyectos más ambiciosos: la adaptación (casi mejor dicho, la apropiación) de un clásico de la literatura latina, “El Satiricón” (datado aprox. en el 66 d.C.), de Petronio, conocido como el “árbitro de la elegancia” (elegantiae arbiter) en tiempos del emperador Nerón.
El mismo título de la película refuerza ese aspecto de “apropiación”. Al parecer fue idea de Grimaldi llamarla Fellini – Satyricon, incluyendo el nombre del director en el título del film (algo que acabará casi siendo un signo identificativo de la obra del de Rimini también en films posteriores). El motivo fue, según se cuenta, el rodaje en la misma época de otra traslación del clásico a la pantalla a cargo de Gian Luigi Polidoro: Satyricon, un film de bajo presupuesto que no he tenido ocasión de ver.
Fellini, junto a Bernardino Zapponi (y con la colaboración de Brunello Rondi), lleva el texto latino a su mundo, ampliando las aventuras de Encolpio y Ascilto (una especie de pícaros de la época de Nerón: Quevedo conocía y admiraba la obra del romano) con nuevos episodios. El guion está primorosamente hilvanado, de manera que sin cotejarlo con el texto se hace difícil decir qué es de Petronio y qué de Fellini y Zapponi. La novela latina nos ha llegado fragmentada, incluso con enormes lagunas dentro del texto conservado, y frases o citas aisladas sin ligazón con el resto recogidas en la obra de otros autores. Algo de la impresión que causa en el lector esta compleja y dificultosa lectura se mantiene en el film, con saltos temporales y espaciales injustificados, elipsis brutales o personajes que aparecen y desaparecen sin justificación. Petronio dibuja una Roma imperial alejada de la imagen habitual del cine épico de romanos, lejos de la Roma hollywoodiense. Aquí nada es blanco como el mármol ni elegante ni sofisticado. Más bien, parece que nos hayamos trasladado a un mundo salvaje, primitivo, obsceno, escatológico, de fin de era, casi como si estuviéramos en un extraño planeta alejado de la Tierra. En cierto modo, el propio Fellini comentó que concebía Satyricon como un film de ciencia ficción, pura fantasía, desbordante, excitante. José María Latorre lo incluía en su libro “La vuelta al mundo en 80 aventuras”, afirmando que pocos films del género aventurero incluían tantas peripecias como el de Fellini.
Y es que, ciertamente, Encolpio, Ascilto y, durante un trecho del film, Gitone se sumergen en una sucesión ininterrumpida de aventuras donde pasa casi de todo. La película empieza con un arrebatado monólogo de Encolpio (el británico Martin Potter),
en el que se lamenta que su amigo de estudios y compañero Ascilto (el norteamericano Hiram Keller) le ha robado a su joven amante, Gitone (Max Born, un joven hippie que Fellini encontró por las calles de Londres, y que no volvió a ponerse delante de las cámaras). Encolpio encuentra a Gitone integrado en la compañía de teatro bufo de Vernacchio (a quien se lo ha vendido Ascilto),
un actor obsceno y vulgar que ofrece un espectáculo en que incluye entre otras actuaciones sorprendentes la mutilación de un esclavo. Los personajes de la obra parecen escapados de un film de Tod Browning, entre los cuales, en el papel de César, vemos a Alvaro Vitali (en su primer papel en la pantalla, aunque ya lo vimos fugazmente en A Director’s Notebook).
Encolpio recupera a Gitone y vuelve a su domicilio. Fellini aprovecha para ofrecernos un pintoresco recorrido a través una Roma (si es que realmente es la capital) imaginada, llena de prostíbulos, suciedad, caos y mescolanza de lenguas, costumbres, religiones y etnias de lo más diverso (llevando al paroxismo lo que ya intento Fellini en el episodio Agenzia matrimoniale). Uno experimenta una cierta sensación de agotamiento, de exceso, de no saber qué mirar, casi como si nos pasarán con rapidez un cuadro del Bosco por delante de la vista. Probablemente Satyricon sea el punto culminante en el uso del figurante dentro de la obra de Fellini, la profusión de rostros y cuerpos grotescos es indescriptible (rostros y cuerpos que en algunos casos reconocemos haber visto en A Director’s Notebook y que veremos de nuevo en otros films, como por ejemplo Roma).
Pero la recuperación de Gitone dura poco. Ascilto vuelve y pregunta al muchacho con quién quiere estar. Ante la sorpresa de Encolpio, Gitone prefiere irse con Ascilto. Pero no hay tiempo para que Encolpio se desespere, porque a continuación un terremoto destruye buena parte del gigantesco y laberíntico edificio donde vive nuestro héroe.
Un salto temporal sin justificación nos traslada a una suerte de pinacoteca donde Encolpio entabla relación con el poeta Eumolpo (Salvo Randone). Este lo lleva al banquete de Trimalcione (encarnado por un restaurador romano, conocido como “Il Moro”, otro de los aciertos de Fellini a la hora de elegir rostros, más que no actores, para sus personajes).
Trimalcione es un liberto, un esclavo que obtuvo su libertad, y que con los años se ha convertido en uno de los hombres más ricos del país. Pero su incultura y mal gusto se pone de manifiesto en la espectacular fiesta que organiza, en la que muchos de los asistentes son como él libertos enriquecidos (entre ellos, Hermeros, interpretado por el habitual Genius).
Todo este episodio, aunque modificado en muyos aspectos, constituye el grueso de la novela de Petronio, tal como nos ha llegado (aunque en el texto de Petronio no es Eumolpo quien lleva a Encolpio a la fiesta, sino su maestro de retórica, Agamenón; además, asiste al festejo con Ascilto y Gitone). La paleta de colores es deslumbrante, aunque Giuseppe Rotunno no se sirve de los colores brillantes de Giulietta degli spiriti, sino de unos tonos más cálidos, más oscuros, incluso más sucios, pero no por ello menos asombrosos.
También pertenece a Petronio la historia de la viuda de Éfeso, aunque en el film se cuenta en otro momento y por parte de otro orador.
Pero las aventuras no han hecho más que comenzar. En una nueva elipsis, nos encontramos ahora con que Encolpio es apresado por una especie de piratas, a las órdenes de Licas (Alain Cuny), que se dedica a apoderarse de objetos y personas con la finalidad de proporcionárselos al emperador para su diversión. Han sido apresados también Ascilto y Gitone, coincidiendo de nuevo los tres en las bodegas del barco. Licas es un personaje tuerto que se divierte luchando con sus prisioneros y a saciar con ellos sus deseos sexuales, con la complicidad de su mujer, Trifena (Capucine), a la que ya hemos visto en la fiesta de Trimalcione.
Licas se encapricha de Encolpio y, después de vencerlo en combate, decide casarse con él, en una ceremonia bufa en que Encolpio hace de marido y Licas de mujer (todo esta ceremonia es un añadido de Fellini).
Durante la travesía, pescan una especie de ballena podrida, uno de esos extraños seres que aparecen en las películas fellinianas con una simbología oscura (el pez de La dolce vita; el rinoceronte de E la nave va…).
El emperador (que no es Nerón, lógicamente; este también es un añadido de Fellini) se suicida cuando tropas enemigas lo cercan (Fellini recurre a una actriz para encarnarlo, Tanya Lopert). La nave de Licas también es apresada, y él decapitado: su cabeza, con su enorme ojo artificial abierto, se hunde lentamente en el mar, en uno de los planos más inquietantes y a la vez hermosos del film.
La acción se traslada a una familia patricia (ella es Lucia Bosè) que decide suicidarse ante la llegada de las tropas del nuevo emperador (de aspecto bárbaro y salvaje, realzado por las fanfarrias grotescas de Nino Rota). Liberan a los esclavos y ponen a salvo a sus hijos, para después, de forma ritual, suicidarse: él se corta las venas y ella, en off visual, la garganta. A la villa romana llegan Encolpio y Ascilto, que no sabemos cómo se han liberado. Además, Gitone ya no aparece más, se desvanece en la narración fílmica. En la casa de los patricios, con sus cadáveres a la entrada, encuentran a una esclava con la que mantienen una relación en un ménage à trois festivo.
Otro salto temporal y espacial los lleva a un paisaje desértico donde encuentran una mujer ninfómana para la que el marido busca hombre que satisfagan sus deseos (cosa a la que se apuntará solícito Ascilto) y, más tarde, al santuario de un hermafrodita, un semidiós, al cual llegan todo tipo de personas enfermas o deformes (nuevamente es fácil invocar a Tod Browning y su Freaks) para implorar el milagro (una recuperación, distorsionada, de las procesiones rogativas de Le notti di Cabiria o La dolce vita). Los dos pícaros se asocian con un ladrón y raptan al hermafrodita, a la espera de conseguir pingües beneficios con él. Pero el semidiós muere deshidratado en un páramo desierto y seco. Todo esta parte es otro añadido de Fellini, pero que encaja a la perfección con la narración de Petronio.
Un nuevo salto sin justificación nos traslada ahora a un extraño país donde Encolpio ha de enfrentarse al Minotauro.
Lo que el joven desconoce es que el combate forma parte de la Fiesta de la Risa. Derrotado por el “monstruo”, y como recompensa por el mal trago, se le ofrece hacer el amor a Ariadna, pero Encolpio no puede, ha perdido su vigor físico, ante las burlas de Ascilto y el disgusto de los anfitriones. Eumolpo, que se encuentra en la misma ciudad, le recomienda primero, como remedio, unas prostitutas que habitan un extraño lugar de fantasía que parece extraído de un cuento oriental. A la vista del nuevo fracaso, Encolpio se dirige a la sacerdotisa Enotea. Fellini nos la muestra inicialmente con el aspecto esbelto y bello de la modelo Donyale Luna (que trabajó con Andy Warhol y Salvador Dalí),
para después adquirir el corpachón de una mujer enorme que nos recuerda la Saraghina. Encolpio recupera su potencia sexual, pero mientras tanto Ascilto es asesinado. Además, descubre que Eumolpo también ha muerto, y que en su testamento ha dejado estipulado que sus herederos han de comérselo si quieren disfrutar de la herencia. Ante un panorama desolador, con los herederos arrojándose sobre el cuerpo de Eumolpo para devorarlo, Encolpio embarca a la búsqueda de nuevas aventuras… pero el relato se interrumpe aquí. Solo nos quedan, como despedida, los rostros de los personajes principales convertidos en murales pintados sobre unas ruinas (algo que Fellini repetirá en Roma, al convertir en los mismos personajes del film en los modelos para unos frescos romanos descubiertos en las profundidades del metro de la capital italiana).
Confieso que Satyricon me parece un film agotador, cada fotograma te exige la máxima atención para no perderte alguno de los múltiples detalles que contiene. Es un film bellísimo pero excesivo, pero sin duda una extraordinaria recreación de la Roma felliniana, bien servida por el vestuario y los decorados de Danilo Donati. Donati había trabajado con Pasolini en otro acercamiento peculiar al mundo clásico en Edipo Re, que sin duda influyó en la representación de la Roma imperial de Fellini, de la misma manera que algo de Satyricon se puede rastrear en la “Trilogía de la vida” pasoliniana (películas todas ellas que contaron también con Donati). Los antiguos amigos quedaron en cierto modo unidos de nuevo a través de los diseños de Donati.
Mención especial merece la música del film. En esta ocasión Fellini pidió a Nino Rota que insertase una selección de músicas tribales africanas y orientales, en ocasiones distorsionadas electrónicamente y mezcladas con pasajes de música atonal, en un experimento realmente logrado. En conclusión, creo que se trata de uno de los films más experimentales de Fellini, pero que a la vez conserva toda la frescura y la viveza propia de un film de aventuras. Además, a pesar de recurrir a actores poco conocidos o directamente a actores no profesionales, el resultado en el capítulo interpretativo me parece ajustadísimo. Una obra maestra que el tiempo no ha hecho más que engrandecer. Y una muestra más (quizá la más extensa e intensa) de la importancia de lo homoerótico en el cine de Fellini.
Como curiosidad, Baxter cita multitud de nombre de actores que pudieron actuar en la película. Algunos parecen un tanto fantasiosos: desde Mae West como Enotea a Danny Kaye como Licas, pasando por Van Heflin como Eumolpo. También parece que Fellini intentó contar con Groucho Marx, y que Aldo Fabrizi fue la primera opción para el papel de Trimalcione (también, se dice, Boris Karloff y Gert Fröbe). Quizá lo más creíble sean los nombres que se barajaron para Encolpio y Ascilto: Terence Stamp y Pierre Clémenti.
La semana que viene volveremos al terreno del documental de ficción visitando el universo del circo y, en especial, de los payasos en I Clowns.
Última edición por mad dog earle; 03/06/2020 a las 11:58
Ya tenemos la peli y seguramente esta noche caerá![]()
"Fellini-Satyricon" me la solía ver yo todos los años, a veces en doblete con "La montaña sagrada" de Jodorowsky. Es probablemente el "2001" de Fellini, su película más alucinada y alucinógena. Federico recordaba una proyección que tuvo lugar en el Madison Square Garden de Nueva York, durante la cual era perceptible una gigantesca nube de humo de marihuana elevándose sobre la pantalla hiper-gigante empleada para la ocasión
En efecto, la peli es casi de ciencia ficción, recordando un poco incluso a todos estos subgéneros post-apocalípticos que básicamente ponen en escena la caída de una civilización, reimaginando la antigua Roma en clave casi contemporánea (es significativo ya desde el principio que en el muro que sirve de fondo al monólogo de Encolpio se vean claramente varias pintadas obscenas, dando ya pistas de por dónde van a ir los tiros, en una operación inversa a lo que ya habíamos visto antes en titulos como "Las noches de Cabiria" o "La dolce vita" y volveríamos a ver en "Roma": puesto que se trata de la Ciudad Eterna, en la eternidad el pasado refleja el futuro y el futuro refleja el pasado, o más bien no hay pasado ni futuro, sino que todo sucede a la par).
El surrealismo insistente de la película no es caprichoso, sino que incide en algo que he pensado muchas veces: si los viajes temporales existieran y pudiéramos plantarnos en mitad de una época pasada, no entenderíamos nada de lo que se desarrollaría a nuestro alrededor, por falta de referencias. El hecho de que solo poseemos fragmentos descontextualizados del pasado está plasmado de manera muy bella en el desenlace con las pinturas sobre paredes en ruinas. Aquí la historia está vista como una labor creativa, imaginativa, a la par que como una vertiente retrospectiva del periodismo.
Recuerdo una vez que regalé a mi hermano un ejemplar del compendio de "Decadencia y caída del Imperio Romano" de Edward Gibbon, y me dijo que era una lectura muy interesante pero que le entristecía por los múltiples paralelos que podían encontrarse con el mundo actual. En el "Satyricon" felliniano puede verse una sociedad del espectáculo llevada al paroxismo, un sentimiento de que los grandes días de la cultura han quedado atrás (aunque los turistas no dejan de pasar en un extraño vehículo precursor del autocar que los lleva de capolavoro en capolavoro) y un momento de confusión social y sexual que resuena extrañamente con el final de los años 60, amén de una rara premonición de un posible desastre (el terremoto en el complejo de viviendas subterráneas me hace pensar en la bola de demolición que irrumpe en el auditorio de "Ensayo de orquesta", extraña metáfora de unos "años de plomo" que en la antigüedad inventada de Fellini parecían estar también a la vuelta de la esquina).
Es muy peculiar la combinación pocas veces vista entre cine de gran espectáculo y temáticas adultas e incluso escandalosas para algunos. En ese sentido, la homosexualidad de los protagonistas debió de ser muy chocante en su momento, aunque, como ya apunté en un comentario a una peli anterior, nunca me ha quedado claro si está vista o no como un síntoma de decadencia en las costumbres, sobre todo en personajes tan grotescos como Vernacchio o Lica (interpretado por Alain Cuny en un papel muy distinto al que hizo en "La dolce vita"). Keller, Potter y Born son muy atractivos y perturbadores, con una juventud insolente desprovista del matiz decadente que habrían aportado actores como Stamp y Clementi (a quienes sin embargo me hubiese encantado ver en el film, ambos están entre mis ídolos de la decadencia), y la humanidad que desprenden a pesar de sus múltiples defectos no tiene nada que ver con las caricaturas de "mariquitas" que abundan en otros films del maestro.
Respecto a la relación de esta película con la "Trilogía de la vida" pasoliniana, yo iría más lejos que Mad Dog y la consideraría casi su origen espiritual, volviendo a los textos clásicos para mostrar una antigüedad vitalista y escandalosa, aunque tal vez a Pasolini le interesara más el carácter puramente escandaloso y revulsivo de las viejas historias "sin censurar", buscando un retorno a la inocencia que está lejos de las intenciones de Fellini. Pero sin duda esa estructura fascinante de infinidad de relatos breves unidos con un hilo conductor, y esa manera de convertir un clásico en una obra casi "underground", están en el ADN de las dos.
Dos apuntes más: la gracia que me ha hecho siempre el cartel anglosajón de la película, que, como muestra de la popularidad cercana a la de los Beatles disfrutada entonces por nuestro admirado cineasta, pone a Federico en pie de igualdad con el mismísimo hijo de Dios (por cierto, el cartel publicado por Mad Dog corresponde a la versión de Gian Luigi Polidoro y no a la de Fellini) y la aparición en el papel del Minotauro de Luigi Montefiori, alias George Eastman, rostro conocido para los seguidores de la serie B italiana gracias a títulos como "Perros rabiosos" de Mario Bava o "Gomia, terror en el Mar Egeo" de Joe D'Amato.
Última edición por Abuelo Igor; 03/06/2020 a las 02:46
Hellsing - Kenshin, el guerrero samurái - K-ON! - Lost Universe - Neo Ranga
Es curioso la importancia de como enfocar un visionado de un film que se presenta complicado, y con Fellini más aún, aquí he tenido una mentalidad más cerrada y curiosamente el experimento me ha funcionado. Más cerrada porque sospechaba un film complicado a priori, otra vez, no quería ni sabía nada sobre el film, me decido aparcar mis gustos favoritos personales, o el querer que films de la obra del director que me han encantado, esperar algo parecido o semejante, sobretodo en el desarrollo de los personajes, diálogos, temática, etc....aquí he ido con la mente en blanco, sentarme en el sofá, y no preocuparme de buscar una obra total para mi, ligar la trama, analizar los personajes, y disfrutar de manera visual, que eso si que sospechaba que sería, una explosión visual de colorido y excentricidad.
Fue Fellini un director que formó parte del neorrealismo italiano? Sin saber del tema, y sólo con ver de manera general el concepto dicho comparado con el film comentado, se me hace difícil comprender que formara parte de esto, si fuera, el neorrealismo, una especie de Dogma con pautas marcadas a seguir; repito, desconozco totalmente del tema, sólo quería preguntar.
Es curioso que Mad diga que el film es agotador, a mi me lo resultó más "Giuletta y los espíritus", quizá fuera por carecer del ritual previo pre Satyricon que hice, supongo que en Giuletta me esperaba algo más "normal". Tengo que decir sinceramente que me ha parecido un film más cercano al terror que a la ciencia ficción; a nivel visual es un espanto (de miedo), la selección de rostros, con ese maquillaje extremo, y criaturas (por no decir personas raras) que nos muestran; las alusiones a Freaks son inmediatas y lógicas; también la temática sexual entra sin tapujos en la obra de Fellini, antes no fue tan explícita, recuerdo vagamente su parecido a nivel visual que Tinto Brass dotó a su obra Calígula, se podría decir que tiene estética Felliniana no?.
El film, a parte de terror, también me da una sensación a lo Clash of Titans, o sea de aventuras mitológicas, como por ejemplo la escena contra el minotauro, donde me sorprende, y como bien hace siempre Abuelo Igor en el cierre de sus comentarios, anotando cositas sobre la serie B italiana, con la presencia de George Eastman, un monstruo, el psicópata canibal de Gomia, entre otros films.
Me ha recordado a la medusa mitológica.
Como he dicho no he estado para el análisis actoral que me gusta y suelo hacer, el shock visual me ha dejado KO como para centrarme en más cosas, recuerdo las escena del desfile, como bien comenta Mad, del submundo de Roma, algo parecido, pero con menos subrayado, me recuerdan a las escenas de la entrega de los oscars italianos en Toby Dammit. Es Romauna continuación de éste film?.
Iré cerrando, a mi me ha gustado y la he disfrutado a nivel visual como si fuera una obra de terror, y me ha tenido pegado al sofá en todo momento, aunque también entiendo que la gente, si la hay, pueda echar pestes sobre el film, no es un film apto para todos los públicos, ni para el público "normal". Evidentemente es un film que requiere nuevos visionados, bueno como toda la obra de Fellini, para gozarlo más y entrar en otros campos.
Otra escena de terror, y van.....
Yo diría que no, aunque como bien ha apuntado Abuelo Igor, en la Roma de Fellini pasado y presente se funden, para convertirse en la Roma felliniana. En ese sentido, sí que hay una continuidad entre ambos films, pero Roma es más bien otro de esos "documentales de ficción" o "ficción documental" que cada vez tuvieron más peso en su obra. Hay un momento, espléndido, de lo mejor del film, en que se baja a las profundidades de las obras del metro romano y se descubre una villa preservada como en una cápsula cerrada, con unos frescos en que los rostros de los personajes pintados son un reflejo de los mismos personajes que han descendido hasta allí, en una de las fusiones más brillantes de pasado y presente dentro de la obra de Fellini, un momento de melancólica poesía. Pero no avancemos acontecimientos.
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Inspirada libremente en El Satiricón de Petronio.
En la Roma del siglo primero...los estudiantes Encolpio y Ascilto discuten sobre a quien corresponde la propiedad de Gitón. El niño escoge a Ascilto. Un terremoto salva a Encolpio del suicidio... el cual después vivirá una serie de aventuras y desventuras decadentes en La Subura, en la época depravada de Nerón.
La historia tiene la particular mirada Felliniana, destacando lo decadente de la Roma de aquel tiempo,se muestran aspectos artísticos de la cultura, pero sobre todo se recalca la desmoralización de esa sociedad.Las actuaciones se exageran con el carácter de los personajes.
Una vez más lo abstracto, fantasioso y ambiguo amparados en una notable fotografía, dirección de arte y maquillaje... el guión tambalea.
La trama se torna pesada y machacona.
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6.5/10
Lo que pasa es que antes del Satyricon felliniano Pasolini ya había rodado Edipo Re, con vestuario de Donati. Tengo la impresión que hubo una influencia mutua durante esos años entre ambos directores.
Cierto, imperdonable, lo seleccioné entre diversos carteles porque otros me parecían demasiado grandes y no me di cuenta del detalle.Lo rectifico, por supuesto, y que Fellini me perdone.
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