EL PERIÓDICO
¿Qué título conseguirá esta noche el Goya a la mejor película española del 2008? El nombre del filme ya está escrito, pero el sobre no se abrirá hasta dentro de unas cuantas horas. ICult ofrece argumentos contrapuestos para que el lector pueda sacar sus propias conclusiones sobre qué cinta debe llevarse el trofeo. Como el lector comprobará a continuación, hay razones a favor y en contra de que los cuatro largometrajes finalistas --El orfanato, La soledad, Las 13 rosas y Siete mesas de billar francés-- logren la estatuilla.
A FAVOR
Reconocimiento de una nueva remesa de cineastas
El Goya a la mejor película española para El orfanato sería un paso lógico en la trayectoria de una sorprendente ópera prima que ha arrasado en taquilla (y cautivado, por lo tanto, a muchísimas personas), se ha llevado todos los premios habidos y por haber (se le ha escapado el Oscar, sí, ¿pero qué hay del resto?) y ha puesto el cine español en el punto de mira de medio mundo. Amén de animar a varios realizadores a lanzarse al cine de género y a insuflar (o devolver) a muchos espectadores la atracción por ver filmes de terror en el cine, en pantalla grande.
Por todo esto, el Goya a la mejor película para El orfanato sería merecido y razonable. Pero aún lo sería más porque supondría el reconocimiento por parte de la Academia de Cine al trabajo de una nueva generación de cineastas, entre ellos el director J. A. Bayona, el guionista Sergio G. Sánchez y el músico Fernando Velázquez, con un talento incontestable y la misión de enriquecer el cine que se hace en casa. DESIRÉE DE FEZ
Búsqueda de caminos poco explorados
Para Jaime Rosales, la creación cinematográfica pasa por experimentar con la sensación de tiempo real. Al igual que Andrei Tarkovsky, persigue otras formas de percepción, y esa búsqueda de caminos poco explorados es lo que dignifica a su segunda película. La soledad podría dar la sorpresa por que logra lo más difícil: que el espectador rellene huecos que le son propios. Rosales logra esa respuesta aparentemente sin implicarse emocionalmente, sin planos subjetivos, tratando a la cámara como una tercera persona que presencia desde una mirilla a unas mujeres que, por diversos motivos, deben sobreponerse al dolor. Otra de sus creencias es que el cine muestra demasiadas cosas innecesarias. Por eso se permite hablar de la fragilidad de la vida, abordar el terrorismo evitando justo aquello que la mayoría de películas suele amplificar. En La soledad no hay ni una escena de heridos. Ni siquiera una lágrima, porque el público las ve sin que se las hayan enseñado. CRISTINA SAVALL
Las rentables lágrimas por las víctimas
Si bien El orfanato es la gran favorita haríamos mal descartando la posibilidad de que Las 13 rosas se alzara con el gran premio. Es una película que alude a un tema de gran actualidad, la memoria histórica y, en determinadas ciudades, ha obtenido unas recaudaciones bastante satisfactorias.
Gran parte de la acción transcurre en Madrid, ciudad donde también residen la mayor parte de los académicos. Algunas de las escenas no están tan bien resueltas como deberían y el hecho de ceder el protagonismo a un grupo de chicas (no todas con la suficiente experiencia para interpretar sus personajes) no están a su favor. Pero la mayoría de los espectadores que van a verla ya saben cómo acabará al tratarse de un hecho histórico ampliamente comentado estos meses en la prensa y, pese a ello, se han dejado llevar por la sensibilidad. No despreciemos las lagrimitas del público que bien podrían provocar la sorpresa y otorgar el premio a la segunda gran candidata. EDUARDO DE VICENTE
Un triunfo que no sería ninguna carambola
Los que han vendido la gala de los Goya como un mano a mano entre el cine de terror de El orfanato y el drama histórico de Las 13 rosas no deberían menospreciar el poder de Siete mesas de billar francés, un emotivo relato de relaciones personales. El auge que vive el cine de mujeres otorga a Gracia Querejeta serias posibilidades de triunfo. Maribel Verdú, la eterna candidata, y Blanca Portillo compiten, en un duelo fratricida, por el Goya a la mejor actriz. Lo justo sería un Goya compartido. La película también se cotiza con fuerza en el apartado de guión original tras recibir la medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos. Conocidos artistas e intelectuales han manifestado su simpatía por la cinta en las quinielas que aparecen en la prensa y en internet.
Si alguien nos pregunta por una buena película española del 2007, siempre acertaremos si la respuesta es Siete mesas de billar francés. Querejeta y sus chicas pueden dar la campanada. Y no sería una carambola. ALFRED PICÓ
EN CONTRA
Un fenómeno con muestras de agotamiento
La gran favorita es El orfanato, tanto por los premios que acumula como por la extraordinaria recaudación que ha alcanzado. Es innegable que es una buena película. Pero, ¿había para tanto? Quizás no, pero en este año de ciegos, El orfanato ha sido el tuerto. Sin embargo, el fenómeno da muestras de agotamiento en las últimas semanas. El capricho de los votantes de los Oscar, que han preferido a viejas glorias en vez de jóvenes prometedores, le han hecho perder puntos. Ahora la Academia española ya no quedará en ridículo si no la premia. Recientemente otros importantes galardones como los Sant Jordi o los Fotogramas han ido a parar a la película con la que nadie contaba, La soledad. Un director debutante con una historia de género ha llevado a más gente al cine que todos los veteranos juntos. La envidia es muy mala y hay gente que le tiene ganas. Pero, pase lo que pase, Bayona tiene ante sí una carrera muy prometedora y lo que ya ha conseguido no se lo quita nadie. EDUARDO DE VICENTE
Cine de autor distante, frío y riguroso
A los Goya les gusta el cine de autor, pero con reservas. Suelen pasar por encima de aquellos autores que buscan menos lograr la empatía del espectador que mover a la reflexión. Y Jaime Rosales es uno de ellos. Su mirada es distante, fría y rigurosa. Una búsqueda de nuevas formas de percepción, de maneras insólitas de enlazar unas imágenes tras otras o relacionarlas. Alrededor del 30% del metraje está rodado en polivisión, o pantalla partida, un recurso que De Palma o series como 24 emplean para generar, si cabe, más agitación sensorial y que aquí, en cambio, está puesto al servicio del reflejo del vacío. Una decisión arriesgada, como casi todas las que toma Rosales. A su favor tiene el componente social, pero faltan demagogia y pianitos saliendo de la nada para indicarnos cuándo toca echar la lágrima. No hay música, tan solo ruido: el de los coches o un silencio que a veces duele en el oído. Cuesta ver galardonada una película tan dolorosamente parecida a la vida. JUAN MANUEL FREIRE
Un intento de conmover a cualquier precio
¿Que por qué la película Las 13 rosas no debería ganar? Pues, porque es incapaz de sobrellevar el lastre de un guión cargado de líneas argumentales, todas encorsetadas, simplificadas, dispersas o frustradas. Porque trata de conmover a cualquier precio, aunque luego, paradójicamente, eche por tierra las mayúsculas posibilidades emocionales de su premisa a causa, en primer lugar, de su desdén por la credibilidad dramática --¿o es que es posible no preguntarse, mientras las vemos padecer los horrores de la cárcel, cómo logran las desgraciadas protagonistas que no se les corra el rímel ni se les acabe la laca?-- y, en segundo lugar, de su falta de interés en las psicologías individuales de estos 13 angelicales mártires. Porque es académica, convencional, formularia y antigua, y no comprende que películas sobre la guerra civil solo hacen falta si encaran enfoques nuevos. Y porque incluye un baile grupal de claqué en una prisión con el que los Monty Python habrían hecho maravillas. NANDO SALVÀ
El peso de apellidarse Querejeta
Las películas con el sello de Elías Querejeta, las realice su hija o no, acostumbran a imponer entre los miembros de la Academia. El veterano productor vasco es uno de los pesos pesados aún en activo de aquel cine español que plantó cara al franquismo mediante la parábola y la hipérbole, y aunque los tiempos afortunadamente son otros, sigue incidiendo en una línea similar de crónica social. Siete mesas de billar francés es algo más sólida que anteriores cintas de Gracia Querejeta, pero tiene la patina de los filmes prefabricados que se parecen demasiado entre sí. Descartada inicialmente la otra directora con cierta pujanza --Icíar Bollaín-- Gracia tiene números para ganar o, sobre todo, para actuar de alternativa entre El orfanato y Las 13 rosas, dos títulos que pueden dividir en facciones beligerantes a los votantes, por lo que la opción Siete mesas de billar francés (que podría tener asegurado el premio a la mejor actriz para Maribel Verdú) ganaría enteros sin merecerlo realmente. QUIM CASAS