Pues ya era hora de que en los Óscar se acordaran de Jerry, pero no para concederle un premio humanitario, que lo merece desde hace décadas por sus maratones televisivos para recoger fondos, sino como Óscar honorífico por toda su carrera. Y es que los grandes cómicos siempre han sido los grandes olvidados de la trasnochada ceremonia y sólo los han reclamado cuando éstos estaban ya en su declive físico (baste citar a Groucho, a Chaplin o a Keaton). Confieso mi debilidad por Jerry, tanto en sus películas con Martin como en solitario, y dentro de su filmografía hay grandes títulos del género que ya son antológicos. Desgraciadamente, ese filme rodado y no visto sobre un payaso en los campos de concentración alemanes, nos hubiera mostrado los magníficos registros dramáticos de Lewis.