JOHN CARPENTER: la serie B con vocación de obra maestra
Por McReady © 2002

-------------The definitive director's post ------------



<blockquote>Quote:<hr> “En Francia soy un autor, en Alemania soy un director de cine, en Inglaterra soy un director de películas de terror y en Estados Unidos soy una puta mierda”.
(John Carpenter)<hr></blockquote>



Es un mito imperturbable del celuloide, de una especie poco común en la grandiosidad de un Hollywood cada vez más carcomido por el dinero, la fama y las estrellas de un firmamento que sólo piensan en ganar millonadas de escándalo (incluidos muchos directores que se han vendido a la comercialidad). Por eso cuando se habla de este indócil cineasta llamado John Carpenter, se aplican también los términos integridad y lealtad a uno mismo, independientemente de las bogas perecederas que surjan. Hablar de John Carpenter es, sobre todo, hablar de la figura de uno de los más aventajados y diligentes directores que han poblado la Meca del cine durante toda su Historia. Mencionar a Carpenter es referirse a la honestidad, a la artesanía, a la erudición... Este audaz y menestral cineasta ha aprendido, a lo largo de sus 30 años como profesional del cine, que venderse puede resultar muy caro, o en un mejor caso, como sinónimo de éxito. Pero, aún así, Carpenter ha logrado mucho más que reputación o gloria, ha logrado prestigio y dignidad a partir de esfuerzo cimentado en un conocimiento del medio y de sus limitaciones como nadie lo ha entendido jamás (con la excepción del maestro Roger Corman).



La Serie B (ése término que tantos infaman con su sola pronunciación) le ha servido por fin a Carpenter para que le equiparen a gente tan insigne como su admirado John Ford, Jaques Tourneur, Howard Hawks o el mismísimo Alfred Hitchcock. Hoy en día John Carpenter debería estudiarse como todo un clásico debido, en gran parte, al arsenal de pequeñas (y grandes) obras maestras que ha ofrecido a lo largo de su incorruptible carrera, sin que nunca nadie le haya impuesto nada. Y ahí su gran mérito, su divinidad, la entrega a cada labor que ha realizado otorgando prodigiosas muestras de cintas con sentido del cine, con magnanimidad.

Todo un genio alabado por los conocedores del buen cine y que tiene un inmenso hueco en cualquier itinerario a lo largo y ancho de los fastos del Séptimo Arte. John Carpenter es, sin erubescencia y ninguna clase de duda, uno de los más grandes cineastas que ha parido el mundo del celuloide.

Inicios prometedores

Ya en los años 70, cuando el ‘glam’ se apoderó de Estados Unidos y el cine porno hacía sus primeros pinitos comerciales (hermanado de alguna forma al cine de serie B en varios de sus aspectos más fundamentales), una nueva y potente hornada de directores y productores se hicieron con un hueco en un mercado internacional que les otorgaría un aura de inteligencia y rentabilidad gracias a la explotación de terrenos que hasta entonces el cine había considerado tabúes. Esta generación de cineastas creció entre cómics, el descubrimiento de la televisión y las eternas películas de serie B (primordialmente de ciencia-ficción y de terror), tan comunes y beneficiosas en los años de posguerra. Películas que se convertirían en el génesis de la creatividad de directores como Steven Spielberg, Joe Dante, George Lucas, Tobe Hooper, Brian De Palma, Larry Cohen y cómo no, del insigne John Carpenter. Cintas de presupuesto y medios exiguos, pero inmensas en imaginación y en intenciones de transgredir lo impuesto, de ofrecer nuevas y arriesgadas ópticas en los diversos géneros que se acometían. Toda aquella influencia amalgamada con las nuevas técnicas abrieron la imaginación hasta extremos anteriormente desconocidos y que, sorprendentemente, era igual de atractivo tanto para los adultos nostálgicos que vivieron aquella etapa imperecedera, como para los adolescentes más avispados con ganas de ver películas disolutas. Muchos de ellos (no hace falta especificar cuales) lograron la gloria comercial. Algunos tuvieron su momento efímero, pero imborrable... Otros, empero, se han mantenido constantes en la serie B, intentando dar el salto de vez en cuando a las grandes producciones, dependiendo de la desconfianza o confianza de los ‘peces gordos’ de Hollywood. Sin embargo, sólo uno se ha mantenido en un término medio, apostando por un cine personal, consolidándose poco a poco como un mito, fraguando una filmografía tan sincera y honesta como reivindicativa. Es cómo no, John Carpenter.

El alumno aventajado y sus arduos comienzos

John Carpenter nació en Bowling Green (Kentucky) allá por 1948. Con una niñez marcada por los cómics y las películas de Roger Corman, el joven John publica con sólo 17 años una revista bajo el atractivo nombre ‘Fantastic Film Illustrated’, que contenía esencialmente cómics y reportajes sobre el género del que años más tarde reinaría con una supremacía aplastante. Con la vocación en el cuerpo, inicia su carrera de Cinematografía en la Universidad de South California (por aquel entonces daban clases John Ford , Hitchcock e incluso Orson Welles), donde se hizo amigo de un tal George Lucas (cuenta Carpenter que ya entonces el joven Lucas tenía una idea de tres trilogías galácticas –Las Santas Trilogías- o algo así...) con el que le hermanaba una cierta obsesión por el cine fantástico. Aunque Carpenter nunca llegó a graduarse, antepuso toda la teoría impartida en la facultad por una practica (tan aconsejable por los grandes) que no tardó en ejercer. Así que en 1966 ya tenía numerosos cortometrajes de corte ‘fantastique’ que sacaba adelante sin ningún esfuerzo y con una imaginación inhabitual para un joven de su edad. De esta constructiva etapa salieron títulos como ‘Terror from space’, ‘Revenge of the colosal beast’, The Space Monster’ y ’Gorgo Vs Godzilla’ y muchos otros de título atractivo y realización prometedora. Uno de los trabajos menos comentados y más prominentes de la carrera cortometrajística de John Carpenter fue ‘Warrior & the Demon’, una de las más hermosas declaraciones de principios al cine fantástico en el que, a medio camino entre el terror y el ‘kaiju eiga’, dejó patente hacia dónde enfocaría su posterior progresión.

En 1970, uno de estos innumerables cortos, llamado ‘The Bronco Billy Resurrection’, codirigido junto a su amigo James R. Rokos, consigue Oscar al mejor cortometraje ese mismo año. La pieza de corta duración es un poderoso western que, por aquel entonces empezaba a ser el género predilecto de Carpenter. En ‘The Bronco Billy...’ Carpenter rendía homenaje a un género cinematográfico inventado por Estados Unidos, pero que veía su influencia en Sergio Leone y su extraña e impenitente ‘europeización’ en el ‘spaghetti western’. Carpenter lograba un trabajo de rango personal, donde las influencias del propio Leone, Howard Hawks, Bud Boetticher, Edgar Ulmer o John Ford y sobre todo las series televisivas del Oeste de los 60’s marcarían una visión sobre el oeste de una forma elocuente contando la historia de un tipo fracasado que sueña con ser un cowboy respetado por todos, en la que un estilo propio y directo marcaban las coordenadas de lo que empezó siendo una prometedora carrera dentro de Hollywood. Sería el western (subvertido siempre en el terror o el cine fantástico, géneros del que es considerado el maestro contemporáneo) el que le otorgaría años después un céfiro de grandeza que hoy sigue compeliendo y que se singularizaría en una de sus múltiples obras maestras como lo es ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ (1976), un fabuloso compendio a caballo entre el ‘Río Bravo’, de Howard Hawks y ‘La noche de los muertos vivientes’, del venerado George A. Romero. Toda una simbiosis de pudor y efectividad que conjugo dos categorías tan diferentes entre sí unidas en una película memorable.



Un buen día Carpenter llama a su amigo Dan O’Bannon para que protagonice un nuevo y prometedor corto en blanco y negro de ciencia-ficción titulado ‘Electric Dutchman’ y éste acepta. Ninguno de los dos saben que están ante el primer largometraje de John Carpenter. Comenzado el rodaje de un corto de bajas pretensiones y con objetivos evolutivos sus respectivas carreras, O’Bannon modifica el guión ampliándolo hasta llegar a tener un mediometraje en color. Carpenter nunca pensó en rodar un largo después de su Oscar, pero aceptó el reto de su guionista. No conforme con ello y con un compromiso de amistad invulnerable, O’Bannon (que por aquel entonces estudiaba con Carpenter) se dedicó en cuerpo y alma al guión que según él “era absolutamente fascinante, en mi vida volveré a ver a ningún estudiante de cine con un guión tan impresionante como aquel” según sus palabras. Como curiosidad, cabe destacar la notable influencia literaria que inspiró a Carpenter y a O’Bannon a la hora de alargar el cortometraje, ya que bastantes fragmentos de ‘Dark Star’ proceden directamente de un relato corto de Ray Bradbury titulado ‘Kaleidoscope’. El reto estaba superado, el guión de largometraje era una realidad. Faltaba la producción para llevarla a cabo. En una primera película ningún productor suele arriesgar para alguien que es desconocido en el medio. El Oscar obtenido por Carpenter sería el salvoconducto que haría que J. S. Kaplan se ofreció como productor para acabar el filme, pero ni aún así, parecía solucionarse el esperado debut de Carpenter.





Con el nuevo nombre de ‘Dark Star’, parecía poco probable que ningún productor arriesgara con una película en la que se daban cita la ciencia-ficción y la comedia, sin que hubiera al menos algo de sexo. Fue entonces Jack Harris quien, de forma despótica y dictatorial, hizo que ‘Dark Star’ viera la luz en 1975. El resultado fue una archimaldita parodia irónica y cáustica de ‘2001: Una odisea del espacio’, de Dios Kubrick jugando, a su manera, con el vestigio de opresión e histerismo que viven unos astronautas perdidos en el espacio con una bomba a punto de estallar y que, según O’Banon, “era una metáfora de la rutinaria y agobiante vida americana”. La historia de estos cuatro ‘hippies’ metidos a astronautas es de lo más demencial. La tecnología gobierna las vidas de los equipos hasta tal punto la apatía en la tripulación de la ‘Dark Star’ se vuelve insoportable, de tal forma que la constante discusión es el inusual divertimiento del equipo galáctico. Hasta que tienen el primer contacto extraterrestre.

Carpenter ya tenía su ‘ópera prima’ y O’Bannon pasaría a ser uno de los guionistas más solicitados de la década interviniendo en el ‘Alien’, de Ridley Scott, ‘Muertos y enterrados’, de Gary Sherman o ‘Trueno azul’. Por otra parte ‘Dark Star’ no sólo descubría a un excelente director en plena y majestuosa evolución en el joven John Carpenter, sino que además de dirigirla la montó, la co-escribió y compuso su magistral banda sonora, que ha venido siendo desde entonces una de las labores más destacadas de este talento del séptimo arte.



Su segundo trabajo ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ (1976) le adjudica, por fin, el privilegio de rodar una película de autor, pudiendo tener la posibilidad de hacer con ella lo que siempre quiso, lo que sabe, siguiendo su propio instinto, creando un guión y atmósfera simplemente geniales. Teniendo una libertad que le ha dado sus mayores satisfacciones en el cine.



Anderson, California (Un ghetto de Los Ángeles). La oscuridad tile la pantalla, sólo se ve a un grupo pandilleros juveniles que es acribillado por la policía. Una radio informa del aumento de la violencia y del peligro de estos inciviles. Tres hombres (uno de ellos con el mismo look que Cuervo Jones de ‘2013: Rescate en Los Ángeles) hacen un extraño y silencioso pacto de sangre. “¿Quiere ser un héroe en su primer día de trabajo?”. “Sí”, responde risueño el agente Bishop. “Ya no hay heroes, sólo hombres que acatan ordenes de otros hombres” le replican. Este es el comienzo del que es, posiblemente, el clásico imperturbable de Carpenter. La historia convoca también a un padre de familia que presencia, sin poder hacer nada, la muerte de su hija pequeña a manos de estos extraños macarras que la han asesinado junto al vendedor de helados en un sádico e inquietante prólogo imposible de olvidar (nunca una decisión tan absurda como darse la vuelta a por el especial de vainilla fue tan atroz). Los planos del acoso observados a través de los retrovisores del heladero, el inhumano disparo a la niña y la posterior reacción del padre componen uno de los mejores y más valorados arranques del cine de John Carpenter. Ante el asedio de éstos, el destrozado hombre se refugia en la vieja comisaría a punto de cerrar sus puertas y en la que acaba de parar un furgón con tres peligrosos reclusos que tiene que parar debido a la enfermedad de uno de ellos. En un primer ataque los enojados y bárbaros pandilleros logran eliminar a parte de los pocos ocupantes que permanecen en la delegación de policía. Ninguno de los supervivientes es capaz de darle significado a la rabia incontenida de la banda de malhechores que les acosan impetuosamente desde el exterior. El punto de partida es realmente turbulento e inexplicable, terrorífico y violento, así como su posterior desarrollo y desenlace.


(a Childs) "¿Por qué no esperamos aquí un rato a ver qué ocurre?" </p>Editado por: <A HREF=http://pub132.ezboard.com/bmundodvd43132.showLocalUserPublicProfile?login=mc ready>McReady</A>* fecha: 8/29/02 2:40:58 am