Yo creo que Charlie Kaufman no sabe parar, lo lleva todo al extremo, siempre dando un nuevo giro, una vuelta más... hasta que se pasa de rosca. Luego cada uno sabrá dónde piensa que el guionista ha empezado a desbarrar, pero hasta que llega ese momento es una delicia.

Por ejemplo, en John Malkovich el tercio final creo que es ya excesivo, pero no por ello dejo de apreciar la película.
Eso sí, no me gusta nada que se dé una explicación a la puerta. Hay cosas inexplicables que pierden toda su magia si se intentan explicar.