Cuando veo una película, quiero que despierte en mí las emociones para las que ha sido concebida. Es decir, si es una comedia, me quiero reír a lo bestia; si es un drama, quiero llorar; y si es un thriller, quiero dejarme las uñas en la butaca. Que todos esos aspectos técnicos no resalten de manera artificial, sino que estén perfectamente integrados en la película, es la clave. Por eso me molesta cuando el director hace filigranas con la cámara que no vienen a cuento, o los actores dicen frases profundas pero absurdas que no tienen sentido... llamadme maniático, pero no me gustan todas esas tonterías innecesarias. Por eso, me encanta cuando en una película esos aspectos formales la hacen aún más grande sin resultar falsos o artificiales.