Un peliculón, una obra maestra. De Niro y Irons están espectaculares, la fotografía es una maravilla, la música es prodigiosa. Y tiene muchos momentos inolvidables, el mismo comienzo de la película con el sacrificio del primer misionero lanzado cataratas abajo crucificado...

Nada más que por los apartados estético-artísticos ya merece muchísimo la pena.