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Tema: Nicholas Ray: revisando sus películas

Vista híbrida

  1. #1
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Me temo que no. Hoy me he llevado un trastazo y de los buenos. Había cambiado de turno (yo trabajo de tarde) para poder visitar el ático (¿de mis sueños?) y me iba a acompañar una amiga que también tiene pensado cambiar de vivienda pero a mediodía me ha llamado la inmobiliaria para decirme que el inquilino ya lo había alquilado.

    Y pensar que me he levantado a las 6.00 de la mañana (cosa que no hacía desde que los Hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo...) y todo para nada...



    Si desaparezco una temporada de los foros que nadie se asuste...

    ... no estoy para mucho trote...

    Última edición por Alcaudón; 27/05/2021 a las 00:58

  2. #2
    Senior Member Avatar de cinefilototal
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    Me temo que no. Hoy me he llevado un trastazo y de los buenos. Había cambiado de turno (yo trabajo de tarde) para poder visitar el ático (¿de mis sueños?) y me iba a acompañar una amiga que también tiene pensado cambiar de vivienda pero a mediodía me ha llamado la inmobiliaria para decirme que el inquilino ya lo había alquilado.

    Y pensar que me he levantado a las 6.00 de la mañana (cosa que no hacía desde que los Hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo...) y todo para nada...


    En estos temas hay que ir al vuelo, no dejarlo para mañana, porque ocurren estas cosas; tengo un amigo que quería independizarse en una casa de planta baja, pues como es algo "pavo" para decidirse, todas las ofertas se las pisan y aún sigue buscando, a mas de un año que lleva...

    Seguramente ese ático era un "sueño" y por eso te lo han "ventilado" tan rápido...
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  3. #3
    Senior Member Avatar de Alcaudón
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Pero el dueño podía haber avisado con tiempo y de esta forma ahorrárme el cambio de turno y el madrugón...


  4. #4
    gurú Avatar de Alex Fletcher
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Ese ático no era para ti Alcaudón, mereces algo mejor, es más ese especulador no te merece.

  5. #5
    gurú Avatar de Otto+
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Ya lo siento, Alcaudón. Espero que tengas más balas en la recámara en forma de áticos por ver, que la misión como ya ha suscitado con su advertencia en forma de amistad suya cinefilotototal tiene su dificultad. Ático en Bilbao, quizá en el extrarradio.... pero en Bilbo in situ (peor en Donosti aún, claro)... paciencia y que no te vendan la moto.
    Respecto a Ray veo que en general parece que he visto los títulos más relevantes alguna vez en mi vida, salvo "Bigger than life" y su ópera prima, que mira por donde me ha sorprendido para muy bien por lo que se cuenta. Me faltaría también por ver el western con James Cagney, que sospecho es otra que habrá que ver sí o sí a poco que a uno haya disfrutado "Tribute to a bad man", otro western del actor.

    Hace un par de años vi por primera vez "Un secreto de mujer" y también yo destaco esa suerte de "relato sin pulso real por lo anodino de la trama, que resulta anémica" pese a la buena labor de sus intérpretes: la afectada y buena samaritana de Maureen O'Hara (me gustó su cambio de registro alejada de sus roles más habituales), la proactiva de Melvyn Douglas (¡me quedé con ganas de que enviara al hospital también al "marine"!, pero eso hubiera sido todavía más anodino en un relato que peca de ello... y que se hubiera acabado con un par de .... a los 10 minutos) y la repelente-viborilla-niña mimada de la Grahame. Pero la historia no da para mucho. El final con todos apelotonados en la habitación del hospital y cómo se quedan planchados ante la definitiva verdad funciona, mira por dónde, como radiografía de cómo concluye el espectador al término del film. Se deja ver pero la trama es anoréxica y Ray cumple pero sin mordiente más allá de dejar suelto a Melvyn.

    Es curioso lo mío con "Rey de Reyes", que reconozco no haber visto en muchos años, porque suelo borrarla de la lista de producciones de Samuel Bronston y de la filmografía de Miklós Rózsa con pasmosa facilidad.

  6. #6
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Ahora mismo, como decían The Beatles, estoy down on the ground.


  7. #7
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    Pero el dueño podía haber avisado con tiempo y de esta forma ahorrárme el cambio de turno y el madrugón...

    Ese dueño es un "caradura" en mi tierra... quizás ahora encuentres algo aún mejor.
    tomaszapa, mad dog earle, Alcaudón y 2 usuarios han agradecido esto.

  8. #8
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    3. Llamad a cualquier puerta (Knock on Any Door, 1949)

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    EL ÚLTIMO GRAN ROMÁNTICO DEL CINE CLÁSICO NORTEAMERICANO

    O

    REVISANDO LA FILMOGRAFÍA DE NICHOLAS RAY / PARTE III:


    KNOCK ON ANY DOOR (1949, LLAMAD A CUALQUIER PUERTA)



    Estudio: Santana Pictures, Inc. / Columbia Pictures Corp.

    Productor: Robert Lord.

    Guión: Daniel Taradash y John Monks, Jr., a partir de la novela homónima (Nueva York, 1947) de Willard Motley.

    Dirección artística: Robert Peterson.

    Fotografía: Burnett Guffey (en b/n).

    Música: George Antheil.

    Reparto: Humphrey Bogart (Andrew Morton), John Derek (Nick Romano), George Macready (fiscal del distrito Kerman), Allene Roberts (Emma), Susan Perry (Adele Patterson/Morton).

    Duración: 100 minutos.

    Inicio de rodaje: 2 de agosto de 1948.

    Durante los primeros años de su carrera (1947-50), Nicholas Ray sólo pudo escapar al férreo control que la RKO (y especialmente su dueño y señor Howard Hughes) ejercía sobre él con dos proyectos vinculados a la pequeña compañía que el astro Humphrey Bogart había constituido (con denominación igual a la de su querido yate) bajo el amparo de la Columbia y que le permitiría elaborar una de sus más exquisitas obras maestras, IN A LONELY PLACE, además de la película que hoy comentamos.

    Después del mal sabor de boca que a Ray le dejó una película tan insustancial como A WOMAN'S SECRET (un encargo de su amigo Dore Schary que el director despachó con pulcritud pero sin dotarlo de una personalidad propia), LLAMAD A CUALQUIER PUERTA, que al contrario que la anterior fue además un notable éxito de taquilla, supuso un paso adelante en el afianzamiento de la carrera del director y donde además Ray encontró en un actor como Bogart alguien muy afin a sus planteamientos vitales.



    Y también es justo de agradecer que, pese a ser Humphrey Bogart la estrella de la película (su nombre aparece delante del título de la misma y en grandes caracteres) este no tiene reparo en ceder todo el protagonismo al novato John Derek, un actor al que hoy casi todo el mundo recuerda más por haber sido el marido de la espectacular (¿?) Bo Derek que por sus dotes interpretativas y con el que Ray volvería a contar en la muy atractiva RUN FOR COVER (1955, BUSCA TU REFUGIO).



    Dejándole el desarrollo del argumento al impenitente mad dog earle que tiene más labia que yo (), LLAMAD A CUALQUIER PUERTA tiene una de esas frases que han pasado a la historia del cine aunque todo el mundo atribuye al malogrado James Dean. Me refiero a cuando (y lo hace dos veces), Nick Romano (o sea, John Derek) espeta el famoso “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Una buena forma (aunque incompleta) de definir al personaje, sin lugar a dudas, el mejor diseñado por el director hasta la fecha junto a la pareja Keechie y Bowie de THEY LIVE BY NIGHT.

    Usando un procedimiento que Ray por otra parte detestaba como es el flashback (y aquí hay cuatro (todos ellos narrados por Morton)) pero que aquí tiene la razón de ser al alternar los tiempos presente (el juicio por el asesinato de un polícia de Nick) y pasado (el recorrido vital del mismo) y con el cual el director vincula dramáticamente la vida de Nick y de Andrew, acusado y abogado, dos personas nacidas en unas mismas circunstancias sociales pero que tuvieron distintas formas de afrontar los retos que nos presenta todos los días la vida: uno se volcó en la delincuencia mientras que el otro se convirtió en un letrado de prestigio.



    Creo que el mensaje que pretendían dejar claro tanto Ray como Bogart (ambos autores a partes iguales) es que vivimos en una sociedad tan horrible, tan deshumanizada, capaz de crear un “monstruo” como Nick Romano, un individuo que nació con las cartas marcadas y para el que la única solución posible para él es... la solución final.

    El hermoso parlamento que Andrew (Bogart) lanza al jurado (y a la sociedad en general) cuando finalmente se prueba que, efectivamente, Nick si mató a sangre fría al policía, me recuerda poderosamente a aquel que un “clown” del que nadie se acuerda lanzó en 1940. Un manifiesto en contra de la pena de muerte y a favor de la educación, de la mejora de las zonas más desfavorecidas, de la posibilidad de encontrar un trabajo con el que dignificar una vida, de poder crear (y criar) una familia sin miedo y con esperanza.



    Andrew le falló una vez a Nick cuando despreció el caso de su padre y este falleció en la cárcel injustamente acusado de asesinato y le vuelve a fallar cuando es incapaz de salvar su vida al final.

    No importa que Nick sea culpable. Al conocer su historia, comprendemos sus motivos (ojo, no los defendemos).

    Un Nick que finalmente perdona a Andrew y que afronta su final con dignidad, con ese gesto suyo tan característico de peinarse el tupé.

    Una excelente película, tal vez una película de tesis, pero un bonito canto contra la barbarie y la dejadez de los poderes públicos como garantes del bienestar de sus ciudadanos.

    Le cedo el testigo al amigo Earle y a todo aquel que quiera aportar su granito de arena.

    Es un placer estar entre gente tan estupenda.

    Saludos.



    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Llamad a cualquier puerta (Knock on Any Door)
    Amplio el comentario de Alcaudón. De entrada, si leemos la sinopsis del film y nos fijamos en su estructura, podríamos pensar que nos encontramos ante un híbrido entre They Live By Night y A Woman’s Secret (aunque ya aclaro que, afortunadamente, se parece más a la primera que a la segunda).
    Como en la primera, tenemos una pareja de jóvenes marginados: él, Nick “Pretty Boy” Romano (John Derek, mucho más duro que Farley Granger, más ajustado a su papel de delincuente),


    hijo de una familia de inmigrantes italianos, vio cómo su padre murió en la cárcel por no haber sido defendido correctamente (por culpa de la desidia de Andrew Morton, el abogado que encarna Bogart); al igual que Bowie (al que recordemos le llamaban “The Kid”) ha pasado por reformatorios y cárceles, y se ha ido hundiendo cada vez más en la delincuencia, ejemplo vivo del barrio más miserable de la ciudad.


    Ella, Emma (una dulce y tierna Allene Roberts), vive con una tía alcohólica, que morirá pronto, quedándose sola. Como Keechie, es una muchacha triste, melancólica, que no confía demasiado en su futuro y que se agarra a Nick como a un clavo ardiendo, pero a diferencia de la protagonista de They Live By Night, no tendrá fuerzas para seguir adelante cuando compruebe que Nick le ha mentido y que ha vuelto al robo, al juego, al crimen (dando pie a una brutal escena en que, embarazada, se suicida con el gas, momento filmado por Ray con una enorme delicadeza).


    Estamos pues ante una pareja en que todo lo que definía a Bowie y Keechie, y en consecuencia su inevitable fatalismo, está más acentuado, las esperanzas aún son menores (hay, sin duda, un cierto determinismo social en la narración).
    Como en A Woman’s Secret, se parte de un acto homicida (en este caso un asesinato, estremecedor: un hombre no identificado mata a bocajarro al policía que lo persigue, de varios disparos, sin piedad), en un inicio electrizante, como el de They Live By Night. Los primeros minutos es de lo mejor del film. También en esta ocasión se nos va a narrar el pasado de Nick en forma de flashbacks (cuatro, como bien ha apuntado Alcaudón, el tercero de larga duración). Esos flashbacks sirven para ilustrar la descripción de su pasado que efectúa Morton ante el jurado,


    intentando hacerles ver que en lo que se ha convertido Nick es el resultado de una vida de miseria, de injusticia, de pobreza, de ignorancia, en el que han participado de manera destacada los estamentos públicos (en especial el reformatorio, que en lugar de “reformarlo”, lo acaban de llenar de odio y lo convierten en un tipo violento, irascible). Es esta ocasión, como se trata de flashbacks que van contando linealmente el devenir de Nick no suponen un freno al ritmo del film tan acusado como pasaba en A Woman’s Secret, aunque remiten a una fórmula narrativa un tanto convencional.
    Una vez contado todo ese background de Nick, el film se convierte en una típica película de juicios, auténtico subgénero en la cinematografía de Hollywood. Como es habitual, se vivirá un duelo entre el abogado defensor (Bogart), un profesional que ha triunfado saliendo del mismo arroyo que Nick, y el fiscal (George Macready), un tipo odioso y malcarado que presenta unos testigos convenientemente manipulados y un tanto caricaturescos.


    Aquí el film de Ray prescinde de planteamientos novedosos (aunque filma con ligereza las secuencias) y plantea un duelo claramente maniqueo, hasta el punto de que vemos como el fiscal, que tiende a llamar a Nick “Pretty Boy”, se acaricia a menudo una ostentosa cicatriz que le cruza la cara (¡premio a la sutileza!).

    Spoiler Spoiler:


    Knock on Any Door es un film irregular, pero muy apreciable. Tiene momentos excelentes o detalles curiosos (la camisa con manchas de sudor del juez o el rastro húmedo que ha dejado en su butaca; la salida del ataúd que contiene a Emma, visto desde una azotea por Nick;


    el inicio ya comentado, de una violencia seca; esos manguerazos de agua fría en el reformatorio, cruel forma de tortura;



    el frustrado asalto en la estación de tren, cuando uno de los colegas de Nick cae violentamente desde una cierta altura y revienta contra el suelo; algunos apuntes antirracistas cuando se interroga a un testigo mexicano o a un amigo de Nick, negro; o las ya comentadas secuencias del suicidio y el paseo final hacia la silla eléctrica). Quizá si el juicio no se hubiera planteado de una manera tan convencional, con el recurso al flashback, y con el duelo maniqueo entre abogado y fiscal, podríamos estar ante un film excelente. Con todo, es una buena película, digna de la filmografía de Ray, y próxima a sus temáticas más reconocibles. Y además dejó para la historia una de las frases más míticas de la segunda mitad del siglo XX: “live fast, die young and leave a good-looking corpse”, que parece un eslogan pensado para tantos músicos de los 60 y 70 (Hendrix, Morrison, Jones, Joplin y un largo etcétera).
    Para acabar, apunto algunas presencias destacables dentro del elenco de actores secundarios, excelente como era habitual entonces: Dewey Martin, otro de esos jóvenes rompedores, aunque nunca llegó a estrella, o Vince Barnett (el barman, testigo clave), al que recordaremos como el grotesco Angelo del Scarface de Howard Hawks.
    Casiusco, jmac1972, tomaszapa y 4 usuarios han agradecido esto.

  9. #9
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Como curiosidad, señalar que Bogart fue a ver a Marlon Brando (cuando no había hecho cine aún) a Broadway, donde estaba actuando en la obra A Streetcar named desire (que más tarde interpretaría en el cine y le daría el prestigio y fama suficientes). Lo quería para interpretar a Nick Romano. Brando, en el backstage, no mostró demasiado interés, pero se le quedó clavada a fuego la frase famosa de "vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver"

  10. #10
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Cita Iniciado por tomaszapa Ver mensaje
    Como curiosidad, señalar que Bogart fue a ver a Marlon Brando (cuando no había hecho cine aún) a Broadway, donde estaba actuando en la obra A Streetcar named desire (que más tarde interpretaría en el cine y le daría el prestigio y fama suficientes). Lo quería para interpretar a Nick Romano. Brando, en el backstage, no mostró demasiado interés, pero se le quedó clavada a fuego la frase famosa de "vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver"
    Pues no la aplicó en su vida, porque murió a los 80 años y me temo que no dejó un cadáver bonito, a juzgar por su aspecto de los últimos años.

    tomaszapa, cinefilototal, Alcaudón y 2 usuarios han agradecido esto.

  11. #11
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Ficho en principio para cotillear.

  12. #12
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    7. Infierno en las nubes (Flying Leathernecks, 1951)

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    EL ÚLTIMO GRAN ROMÁNTICO DEL CINE CLÁSICO NORTEAMERICANO

    O

    REVISANDO LA FILMOGRAFÍA DE NICHOLAS RAY / PARTE VII:


    FLYING LEATHERNECKS (1951, INFIERNO EN LAS NUBES)



    Estudio: RKO Radio Pictures, Inc.

    Productor: Edmund Grainger.

    Guión: James Edward Grant, a partir de una historia de Kenneth Gamet.

    Dirección artística: Albert S. D'Agostino y James W. Sullivan.

    Fotografía: William E. Snyder (Technicolor)

    Asesor de color: Morgan Padelford.

    Música: Roy Webb.

    Reparto: John Wayne (Mayor Dan Kirby), Robert Ryan (Capitán Carl “Griff” Griffin), Don Taylor (Teniente Vern “Cowboy” Blithe), Janis Carter (Joan Kirby), Jay C. Flippen (Sargento Clancy), William Harrigan (Doctor Joe Curan).

    Duración: 102 minutos.

    Inicio de rodaje: 2 de noviembre de 1950.

    Primera película en (Techni)color de Nicholas Ray, rodada entre dos obras mayores como son ON DANGEROUS GROUND (1951) y THE LUSTY MEN (1952), INFIERNO EN LAS NUBES se configura con toda probabilidad como el escalón más bajo dentro de la, por otra parte, admirable trayectoria fílmica del director de Wisconsin.

    Simple encargo del magnate de la RKO Howard Hughes que Ray solventó con profesionalidad pero en la que es prácticamente imposible detectar rastro alguno del estilo o de la personalidad del cineasta.

    Con esta película Ray finalizaría su relación contractual con el excéntrico millonario que por un lado le permitiría salir indemne de la Caza de Brujas (aunque Ray nunca fue un cineasta cuyas ideas políticas pudieran ser objeto de persecución) pero al que también Hughes usaría como “apagafuegos” completando y/o finalizando rodajes conflictivos (como THE RACKET (1951) de John Cromwell o MACAO (1952, UNA AVENTURERA EN MACAO) de Josef von Sternberg).

    Una película, digámoslo ya, a mayor loa de su estrella principal, el gran John Wayne.



    Un John Wayne, buen amigo de Hughes y que aquí se vería rodeado de gente de su confianza, como el productor Edmund Grainger (con el que Wayne había trabajado recientemente en la excelente (y exitosa) SANDS OF IWO JIMA (1949, ARENAS SANGRIENTAS) de Allan Dwan (y que le valdría su primera nominación a los Oscars)) y, especialmente, el guionista James Edward Grant, sin duda, el favorito del astro a lo largo de su extensa carrera cinematográfica.

    Compartiendo cabeza de cartel tendríamos al siempre excelente Robert Ryan, el actor (principal) que más veces trabajó bajo la batuta del director.



    Un breve (brevísimo) resumen de la historia.

    El protagonismo de la misma recae en el Cuerpo de Marines de los EEUU, más en concreto, en el Ala Aérea de los mismos.

    La acción se inicia en el verano de 1942 en la isla hawaiana de Oahu, donde reside el escuadrón VMF 247, también llamado “Wildcats”.

    La llegada del nuevo jefe de escuadrón, el mayor Kirby (John Wayne), transtoca las ilusiones no sólo del capitán Griffin (Robert Ryan) que optaba a dicho cargo sino también las de los hombres que operan bajo su mando ya que todos le tienen en la mayor estima al ser un oficial comprensivo y tolerante.



    El más que cantado enfrentamiento entre dos caracteres (aparentemente) tan disímiles y que hubiera dado mucho juego (como se puede apreciar en la admirable TWELVE O'CLOCK HIGH (1949, ALMAS EN LA HOGUERA) de Henry King)) queda totalmente diluido por el guión de Grant, pues en lugar de humanizar la figura del despótico (pero en el fondo de buen corazón) Kirby lo que hace es convertir a Griffin en un sosias del primero, reconociendo éste al final que más importante que la vida de los hombres que están bajo su mando es la obediencia a los superiores cuya autoridad nunca debe cuestionarse. Algo difícil de tragar en tiempos como los actuales diría yo...

    Sólo la presencia del siempre estupendo Jay C. Flippen, otro actor habitual en la filmografía de Ray, un hombre capaz de solventar cualquier contratiempo que se le presente aunque para ello tenga que “tomar prestado” todo lo que se le ponga por delante (y que parece un embrión del excelente personaje encarnado por el simpar Tony Curtis en la divertidísima OPERATION PETTICOAT (1959, OPERACIÓN PACÍFICO) de Blake Edwards)) sirve para dar algo de “aire” a una trama demasiado cargada de pomposidad y la típica retórica reaccionaria del jefe del estudio, del guionista y de su estrella principal.

    Destaquemos únicamente las excelentes escenas de combates aéreos que proceden del (escaso) material que fue rodado en Technicolor y que se complementan a la perfección con las escenas filmadas en estudio. Al parecer se llegaron a incluir escenas de la propia Guerra de Corea que en aquellos mismos momentos estaba en su auge (aunque no hay confirmación fehaciente al respecto).

    Un uso del Technicolor, por cierto, meramente funcional y sin ningún ánimo creativo (véase el ejemplo contrario en la maravillosa JOHNNY GUITAR (1954, ídem)) y cuya finalidad fue únicamente el poder usar ese material de archivo tan escaso.

    Ah, y el propio Grainger reemplazó a Ray durante unos días cuando éste cayó enfermo (al igual que hiciera Ida Lupino en ON DANGEROUS GROUND).

    En resumen, una película que podría haber dirigido cualquiera pero que al menos supuso para Ray su mayor éxito en taquilla hasta la fecha al recaudar unos más que suculentos 2.600.000 dólares.

    El que no se consuela es que no quiere.

    Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.



    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Infierno en las nubes (Flying Leathernecks), de Nicholas Ray.


    Completo el comentario de Alcaudón con algunas breves consideraciones sobre esta “faena de aliño” de Nicholas Ray, que aquí se limitó a pasar por caja para cobrar la nómina de Howard Hughes y quizá pagar algún favor.
    Se trata de un film extremadamente conservador, que nos recuerda que aunque la II Guerra Mundial ya había finalizado hacía algunos años (lo que podría dar a entender que estamos ante un film “pasado de moda”), la implicación de Estados Unidos en la Guerra de Corea seguía necesitando de films patrióticos a mayor gloria del ejército norteamericano.

    Ya los títulos de crédito no engañan: fanfarrias militares (si no me equivoco el himno de los Marines). El desarrollo, tampoco: militarismo en estado puro. Esto de ser oficial es muy duro, pero mejor ser duro que no dejarse llevar por los sentimentalismos, que al final solo hacen que llevar la misión militar al fracaso. Esa es la lección (porque de eso se trata, de dar una lección al espectador) que aprende el capitán Griffin (Robert Ryan), que a pesar de ser un buen militar es un mal comandante porque es “demasiado humano”. En cambio, el mayor Kirby (John Wayne, en un papel que parece hecho a su medida) sabe de la necesidad de sacrificar a algunos para el beneficio común. A pesar de que es un hombre “de buen corazón”, querido padre de familia (que le regala una catana!!! a su hijo, que se dirige a él como “mayor”, y se abraza amorosamente a su devota y sacrificada esposa, reducida a un papel de “reposo del guerrero”), sabe ser inflexible durante las misiones del escuadrón aéreo. Solo cuando Griffin consiga hacer lo mismo (y sacrificar la vida de su cuñado y amigo), podrá tomar el relevo de Kirby, promocionado a teniente coronel, como es natural.



    El mensaje es cristalino. Incluso las secuencias de transición (formalmente quizá las mejores aunque son las que consolidan el mensaje ultraconservador), como cuando los soldados escriben a sus familias o el descanso de Kirby con su familia, están al servicio de la causa.

    Sobre la realización de Ray, diría que es inapreciable, parece un film construido en la sala de montaje a base de retales de material documental y filmaciones en estudio de las cabinas de los aviones de lo más convencionales y vulgares. Hay muchos planos repetidos, en un montaje ramplón y tosco, incluido un escandaloso error de continuidad: un piloto, nativo americano, es herido en una pierna, primero vemos un plano de la cabina desde su derecha, que nos muestra la herida en la pierna de ese lado, y poco después una desde su izquierda, en que la pierna herida pasa a ser la izquierda (!!!!). Un error incomprensible en una película de estas características. Me huelo que Ray dejó el montaje en manos de la RKO y que probablemente se rodaron bastantes planos adicionales.

    Y como ya ha apuntado Alcaudón, el uso del Technicolor no tiene “color ni brillo”, es de lo más anodino, supongo que para que no canten los fragmentos documentales de escenas de batallas (estamos en la guerra del Pacífico, en Guadalcanal). O sea que la primera vez que Ray rueda en color se queda a años luz de distancia de sus magníficos trabajos en color como Johnny Guitar, Rebel Without a Cause, Bigger Than Life o Party Girl.

    En resumen, solo para completistas o fervorosos seguidores del espíritu castrense. Afortunadamente, el próximo film es The Lusty Men, un espéndido film con Robert Mitchum, Susan Hayward y Arthur Kennedy. Hay que quitarse el mal sabor de boca…y rápido.
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  13. #13
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Lo más divertido de Infierno en las nubes fue la razón que hizo que el director eligiera a Ryan para su papel. Ryan había sido boxeador en el instituto, y creía que era el único actor que podía hacerle frente a Wayne y patearle el culo.

  14. #14
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    8. Hombres errantes (The Lusty Men, 1952)

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    EL ÚLTIMO GRAN ROMÁNTICO DEL CINE CLÁSICO NORTEAMERICANO

    O

    REVISANDO LA FILMOGRAFÍA DE NICHOLAS RAY / PARTE VIII:


    THE LUSTY MEN (1952)



    Estudio: Wald-Krasna Productions, Inc. / RKO Radio Pictures, Inc.

    Productor: Jerry Wald.

    Guión: Horace McCoy y David Dortort, a partir del artículo “King of the Cowboys” de Claude Stanush (Life, 13 de mayo de 1946).

    Dirección artística: Albert S. D'Agostino y Alfred Herman.

    Fotografía: Lee Garmes (en b/n).

    Música: Roy Webb.

    Reparto: Susan Hayward (Louise Merritt), Robert Mitchum (Jeff McCloud), Arthur Kennedy (Wes Merritt), Arthur Hunnicutt (Booker Davis).

    Duración: 113 minutos.

    Inicio de rodaje: 27 de diciembre de 1951.

    Esta (aparentemente) modesta producción, último vínculo del director con el estudio del excéntrico multimillonario Howard Hughes (que únicamente ayudaría en la financiación y cedería además alguno de sus mejores profesionales (como el director artístico D'Agostino o el compositor Roy Webb)), podría considerarse a todas luces como una de las más grandes (y desconocidas) obras maestras del director norteamericano.



    Y no deja de ser particularmente fastidioso que una obra tan fascinante (engañosamente fascinante, me atrevería a decir) resultara al igual que buena parte de la primigenia producción del director inédita en salas comerciales en nuestro país y sólo haya sido posible disfrutar de ella en noctámbulos pases televisivos o en su edición en formato doméstico.

    Partiendo de una historia que narraba la vida de un auténtico “cowboy”, Bob Crosby, los guionistas Horace McCoy (uno de los grandes autores clásicos de novela negra) y David Dortort, elaboraron un espléndido libreto (en el que también intervinieron (anónimamente) Alfred Hayes, Andrew Solt y el propio productor, Jerry Wald) que serviría de base para desarrollar una de esas historias “bigger than life”, prototípicas del director de Wisconsin, donde el dibujo de los personajes, tanto principales como secundarios, es tan impecable y los diálogos tan bien ajustados a los mismos que parece que hubieran sido escritos ex profeso para cada uno de los actores/actrices elegidos para interpretarlos.



    Un proyecto que en principio iba a dirigir Robert Parrish pero que finalmente acabaría en las manos de Ray aunque el primero llegó a rodar algunas tomas cuando éste cayó enfermo durante unos días (al igual que pasó en producciones anteriores como ON DANGEROUS GROUND e INFIERNO EN LAS NUBES. La sempiterna mala salud del director...).

    Antes de hacer un breve resumen de la trama (como decía al principio aparentemente sencilla pero de un hondo calado emocional) me gustaría hablar brevemente de las personas que intervinieron en la elaboración de la cinta.

    Destacar especialmente la maravillosa labor del operador Lee Garmes, uno de los imagineros del b/n más grandes que ha dado el cine y que logra, mediante la profundidad de campo, encuadres absolutamente perfectos donde vemos a los tres protagonistas con total nitidez aunque se dispongan a distintas distancias del objetivo de la cámara. Además está esa riquísima gama de grises que acentúa una película impregnada de melancolía pero también plena de romanticismo.



    Igualmente es soberbia la partitura del músico por autonomasia de la RKO, el gran Roy Webb, aquel que elaboraría las delicadas partituras de la magistral trilogía de Val Lewton/Jacques Tourneur CAT PEOPLE/I WALKED WITH A ZOMBIE/THE LEOPARD MAN.

    Y, por supuesto, el talento de los productores, en este caso el guionista Norman Krasna y el ejecutivo Jerry Wald, ambos con una larga experiencia a sus espaldas y que a través de su pequeña compañía independiente crearían piezas tan hermosas como la hoy comentada o CLASH BY NIGHT (1952) de Fritz Lang, una película que cuenta con numerosos fans en este pequeño rincón de impenitentes cinéfilos.

    La película hoy comentada (como THEY LIVE BY NIGHT, IN A LONELY PLACE (aunque aquí seguro que el compañero mad dog earle disentiría de mi criterio) o la próxima a ser comentada en este rincón, la inmortal JOHNNY GUITAR) vendría a sustentar con toda justicia el encabezamiento que enmarca estos modestos comentarios: el profundo romanticismo (aunque a veces con tendencias (auto)destructivas) que impregna las mejores películas de su realizador.



    Y es que el dibujo que hace Ray de los dos personajes principales, Louise Merritt (Susan Hayward, cedida por la 20th Century-Fox) y Jeff McCloud (Robert Mitchum), es tan perfecto y su relación tan bellamente trazada que no me importaría incluir esta película entre las más románticas que nos ha legado el cine norteamericano clásico.

    Pero rebobinemos un poco y hablemos aunque sea brevemente de la trama.

    Esta es la historia de Jeff McCloud, un veterano “cowboy” de los circuitos de rodeos que a raíz de una grave lesión durante la monta de un toro Brahma y dándose cuenta además de su declive (tanto físico como (especialmente) anímico) decide volver a su hogar, a ese hogar que abandonó hace ya veinte años.

    Allí descubrirá que la casa de sus padres ha sido comprada por un anciano, Jeremiah Watrus (Burt Mustin), el cual le invita a que pase y tome una taza de café con él.

    Al despedirse del anciano conoce al matrimonio formado por Louise (la citada Hayward, una actriz tan soberbia como incomprensiblemente olvidada por las actuales generaciones de ¿cinéfilos?) y Wes (Arthur Kennedy, un actor que ese mismo año nos ofrecería sus mejores trabajos interpretativos (el Emerson Cole de BEND OF THE RIVER (1952, HORIZONTES LEJANOS) y el Vern Haskell de RANCHO NOTORIOUS (1952, ENCUBRIDORA)) Merritt, que tienen en su punto de mira el comprar la casa al anciano aunque sus modestos ingresos estén todavía lejos de lo que pide el anciano.

    Wes reconoce a Jeff y se declara profundo admirador del mismo ya que el también interviene en el circuito de rodeos aunque se forma modesta.

    Es significativo y premonitorio el excelente encuadre en el que se muestra a la izquierda del mismo el rostro preocupado de Louise y a la derecha (reflejada en el cristal del “jeep”) la imagen de Jeff y Wes que pronto forjarán un profunda amistad y algo más...



    Porque ésta es también la historia de Louise Merritt, uno de los personajes femeninos más ricos dentro del ya de por sí extenso elenco de espléndidas actrices/caracteres que frecuentan el cine de Ray. Una mujer de fuerte personalidad, que ama a su marido profundamente pero que también siente una extraña atracción por el fanfarrón pero romántico ex cowboy. Una Louise que sigue los pasos de Keechie (Cathy O'Donnell) de THEY LIVE BY NIGHT o Laurel Gray (Gloria Grahame) de IN A LONELY PLACE pero que resulta mucho más fuerte que ellas. Una mujer a la que no le importa propinar una patada en el trasero a la que compite por el afecto (interesado) de su marido (una vez éste ha alcanzado la fama) o dejar a la altura del betún a todo representante del género débil (el masculino, se entiende) cuando se ve tratada con desdén o condescendencia.

    Wes convencerá a Jeff (a cambio de la mitad de sus emolumentos) de que le enseñe su oficio pues ve en el circuito de rodeos la (rápida) oportunidad de alcanzar su sueño: poseer una casa propia donde vivir felizmente con su maravillosa esposa. Y Jeff se deja convencer tal vez porque por primera vez en su vida ha conocido a una mujer a la que amar y respetar, alguien por la que hubiera abandonado su vida errante sin dudarlo un segundo.



    Pero según Wes va ganando aplomo y trofeos sus ambiciones empiezan a ser otras. Empieza a pensar que Jeff se lleva demasiado dinero y además empieza a descuidar a su mujer, coqueteando con otras y dándose a la bebida.

    No quiero enrollarme que se me hace tarde y ya tengo al amigo mad dog earle a la puerta golpeándola con insistencia para hacer su personal aproximación a la película.

    Me gustaría destacar algunas cosas curiosas (mi cerebro cinéfilo no descansa) como la preciosa escena en la que Jeff observa con diversión (y con admiración) que Louise es más baja de lo que aparentaba (y que, curiosamente, me recuerda a un comentario similar que el mismo Robert Mitchum le hacía a Jane Greer en la inmortal OUT OF THE PAST (1947, RETORNO AL PASADO) de Jacques Tourneur (me suena este nombre...)).

    O la igualmente maravillosa donde una enfurecida Louise se pone su mejor vestido y deja boquiabierto a Jeff pues nada hay más hermoso que una mujer (o un hombre, nadie se me enoje, por favor) que luche con uñas y dientes por rescatar a su marido/mujer de las garras de una vampiresa/gigoló.



    Cuando finalmente Jeff se da cuenta de que Wes a pesar de ser alguien insignificante para una mujer tan formidable como Louise es la única persona a la que verdaderamente ama decide volver al mundo que durante tanto tiempo ha sido su razón de ser pero que servirá para certificar su adiós definitivo al mismo (y al mundo que le vió nacer). Pues Jeff se sacrificará (sublime sacrificio, como el título de esa maravillosa película de Stahl/Sirk) para devolver sano y salvo a Wes a los brazos de su amada. Y Jeff tendrá el consuelo de morir en brazos de la mujer que ama. No oímos sus propias palabras pues el actor se coloca de espaldas pero podemos imaginárnoslas.



    Wes comprenderá al final el sacrificio de Jeff y abandonará el mundo del rodeo y en un plano magistral veremos el rostro resplandeciente de Louise que no cabe en sí de felicidad.

    Así pues, la muerte da paso a la vida. Como en una película de John Ford (lo siento, no he podido evitarlo...)

    ¡Qué grande es el cine!

    Feliz noche a tod@s (hay que ser políticamente correctos).

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    The Lusty Men, de Nicholas Ray.

    Añado unos breves comentarios a la valoración de Alcaudón sobre este espléndido film de Nicholas Ray, uno de sus mejores títulos.

    Si Infierno en las nubes empezaba con las fanfarrias del himno de los marines y nos endilgaba un discursillo patriotero de lo más conservador, con The Lusty Men parece como si Ray quisiera sacarse la espina, con una especie de contraimagen del anterior film. Aquí los títulos de crédito aparecen en pantalla superpuestos a las imágenes de un desfile, una de esas típicas parades americanas que hemos visto en tantísimos films. También la musiquilla y las banderas, disfraces y comparsas nos transmiten una imagen mítico-patriótica de Estados Unidos, que se enlaza con lo que podríamos llamar “la fiesta nacional”: el rodeo, con sus caballos, becerros enlazados, monta de peligrosos toros Brahman, etc., a mayor gloria de la figura legendaria del cowboy, del self-made man americano. Todo un despliegue de los tópicos más americanos que pronto se verá confrontado con una realidad amarga. Uno de esos vaqueros errantes, Jeff McCloud (un magnífico Robert Mitchum, en una de sus más brillantes interpretaciones), prematuramente envejecido, hastiado y cansado por las lesiones, deja atrás el recinto del rodeo, solitario y sucio,



    para iniciar un viaje a su antiguo hogar (su Ítaca particular), que descubriremos que se trata de una vieja casa, de aspecto ruinoso, donde creció y a la que hace muchos años que no ha vuelto.



    Allí encuentra algunos de sus “tesoros” de infancia: una vieja revista, un revólver medio desmontado, una lata de tabaco con unas pocas monedas. La casa, que él cree deshabitada, es ahora propiedad de un viejo que está esperando venderla a un matrimonio que vive en un rancho cercano, los Merritt: son Wes (Arthur Kennedy) y Louise (una sensacional Susan Hayward).
    En pocos minutos Ray (gracias a un magnífico guion perfectamente filmado y montado) sintetiza de maravilla la otra cara del sueño americano, casi como si de John Huston se tratase. Jeff, Wes y Louise son un grupo de perdedores, pero en distinto grado. Jeff ya ha dejado atrás sus momentos de gloria, de ser una de las estrellas del circuito de los rodeos, alguien que ha ganado mucho dinero y lo ha perdido siempre rápidamente (easy comes, easy goes, como le dirá Louise). Wes y Louise viven humildemente, él como peón en un rancho, ella como ama de casa (en cierto modo una gloria incierta para ella después de dejar atrás la barra de un bar, de donde la “sacó” Wes... y cuando en un film de Hollywood se dice “barra de un bar” uno puede entender algo mucho más sórdido). Ahorran para conseguir esa utopía de nuevo típicamente americana: tener su propio rancho, ser dueños de su destino, no depender de nadie. Pero Wes se deja fascinar rápidamente por la fama, el éxito y el dinero que ve representado en Jeff, un auténtico espejismo. Así, sin contar con Louise, deja el trabajo y decide empezar una nueva vida en los rodeos, contando con el asesoramiento de Jeff (nada desinteresado, y por partida doble, porque al dinero que va a sacar sin riesgo, la mitad de las ganancias de Wes, se une la atracción que siente por Louise).
    Ray nos mostrará con detalle toda una galería de perdedores que sobreviven dentro del universo de los rodeos: Buster, desfigurado por una tremeda cicatriz en la cara causada por un Brahman; su mujer, Lorna, amargada por ver a su marido convertido en un alcohólic, un jugador, un fracasado; Booker (que luce por unas monedas las cicatrices de su pierna deforme), un viejo algo tocado por causa de un accidente de monta (Arthur Hunnicutt, en uno de esos papeles que solía bordar Walter Brennan), que sigue la feria de los rodeos con su hija;




    o Rosemarie, que tuvo en su día un afer con Jeff, al que acudía con que solo silbará, pero, como le dice a Louise, un día Jeff “dejó de silbar”.
    Esa caravana de perdedores, de buscadores de sueños imposibles nos acompañan a lo largo del circuito. Wes mantiene una ascendente carrera que Louise ve cada vez con más desconfianza. En juego está la seguridad de una tranquila vida matrimonial, de un hogar estable, de una vida sedentaria, alejada del alcohol, los bares, el juego y las mujeres tentadoras que acechan a los ganadores, y sobre todo alejada de la muerte.
    El conflicto es inevitable. Wes disfruta de su éxito, cegado por el brillo del dinero y de la fama. Jeff se atreve a sugerir a Louise que quizá él podría ser una alternativa a su disoluto marido. Pero ella decide no jugársela. Se intuye que siente suficiente atracción por Jeff como para poder dejar a Wes, pero hay una actitud de dignidad, de respeto a los compromisos, de voluntad de no dejarse llevar por la falsedad del mundo del rodeo, que la obligan a decirle a Jeff que no (y quizá de miedo de volver a “la barra del bar”). Un no que lleva al vaquero a un último sacrificio: no podrá tener a Louise, y con ella esa vida que se le ha escamoteado, que nunca ha podido gozar, pero al menos ayudará a que ella sí pueda tenerla, obligando a que le caiga la venda de los ojos a Wes. ¿Y qué mejor manera de hacerlo? Volviendo él mismo al rodeo y muriendo en el intento. Creo que se puede fácilmente ver ese sacrificio final como una especie de suicidio por amor, algo que Ray refuerza con ese final que ha comentado Alcaudón, en que Jeff se despide de Louise de espaldas a la cámara y con un mensaje inaudible. Y que se cierra con una imagen de claro simbolismo:



    No me alargo más porque Alcaudón ya ha hecho un resumen completo. Formalmente, Ray consigue mezclar con habilidad una gran profusión de imágenes documentales sobre los rodeos con las propias del rodaje con los personajes (en buena medida en estudio), de forma que el film adquiere un carácter a menudo casi documental. Quizá el mejor film sobre el mundo del rodeo que recuerdo y, a su vez, un drama romántico de altura. En esta faceta de mezclar un espectáculo de riesgo con un cierto tríangulo amoroso me recordó la maravillosa Ángeles sin brillo de Douglas Sirk, aunque allí el ambiente era el de las acrobacias aéreas y más que un triángulo era un cuadrángulo
    Y la semana que viene... Johnny Guitar, no sé si la mejor de Ray, pero sí mi preferida.
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  15. #15
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Si no me equivoco, hubo que esperar a 1972 para poder verla, por televisión, en nuestro país. Imagino que a principios de los 50, era demasiado esto de los tríos protagonistas en esta España tan católica.

  16. #16
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    Predeterminado Re: Nicholas Ray: revisando sus películas

    Cita Iniciado por tomaszapa Ver mensaje
    Lo más divertido de Infierno en las nubes fue la razón que hizo que el director eligiera a Ryan para su papel. Ryan había sido boxeador en el instituto, y creía que era el único actor que podía hacerle frente a Wayne y patearle el culo.
    Uff, recuerdo esa película de un pase de tv y que mediocre me pareció... Ni Wayne, ni Ryan, ni el technicolor pudieron salvarlo del aburrimiento...

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