EL ÚLTIMO GRAN ROMÁNTICO DEL CINE CLÁSICO NORTEAMERICANO
O
REVISANDO LA FILMOGRAFÍA DE NICHOLAS RAY / PARTE VIII:
THE LUSTY MEN (1952)
Estudio: Wald-Krasna Productions, Inc. / RKO Radio Pictures, Inc.
Productor: Jerry Wald.
Guión: Horace McCoy y David Dortort, a partir del artículo “King of the Cowboys” de Claude Stanush (
Life, 13 de mayo de 1946).
Dirección artística: Albert S. D'Agostino y Alfred Herman.
Fotografía: Lee Garmes (en b/n).
Música: Roy Webb.
Reparto: Susan Hayward (Louise Merritt), Robert Mitchum (Jeff McCloud), Arthur Kennedy (Wes Merritt), Arthur Hunnicutt (Booker Davis).
Duración: 113 minutos.
Inicio de rodaje: 27 de diciembre de 1951.
Esta (aparentemente) modesta producción, último vínculo del director con el estudio del excéntrico multimillonario Howard Hughes (que únicamente ayudaría en la financiación y cedería además alguno de sus mejores profesionales (como el director artístico D'Agostino o el compositor Roy Webb)), podría considerarse a todas luces como una de las más grandes (y desconocidas) obras maestras del director norteamericano.
Y no deja de ser particularmente fastidioso que una obra tan fascinante (engañosamente fascinante, me atrevería a decir) resultara al igual que buena parte de la primigenia producción del director inédita en salas comerciales en nuestro país y sólo haya sido posible disfrutar de ella en noctámbulos pases televisivos o en su edición en formato doméstico.
Partiendo de una historia que narraba la vida de un auténtico “cowboy”, Bob Crosby, los guionistas Horace McCoy (uno de los grandes autores clásicos de novela negra) y David Dortort, elaboraron un espléndido libreto (en el que también intervinieron (anónimamente) Alfred Hayes, Andrew Solt y el propio productor, Jerry Wald) que serviría de base para desarrollar una de esas historias “bigger than life”, prototípicas del director de Wisconsin, donde el dibujo de los personajes, tanto principales como secundarios, es tan impecable y los diálogos tan bien ajustados a los mismos que parece que hubieran sido escritos ex profeso para cada uno de los actores/actrices elegidos para interpretarlos.
Un proyecto que en principio iba a dirigir Robert Parrish pero que finalmente acabaría en las manos de Ray aunque el primero llegó a rodar algunas tomas cuando éste cayó enfermo durante unos días (al igual que pasó en producciones anteriores como ON DANGEROUS GROUND e INFIERNO EN LAS NUBES. La sempiterna mala salud del director...).
Antes de hacer un breve resumen de la trama (como decía al principio aparentemente sencilla pero de un hondo calado emocional) me gustaría hablar brevemente de las personas que intervinieron en la elaboración de la cinta.
Destacar especialmente la maravillosa labor del operador Lee Garmes, uno de los imagineros del b/n más grandes que ha dado el cine y que logra, mediante la profundidad de campo, encuadres absolutamente perfectos donde vemos a los tres protagonistas con total nitidez aunque se dispongan a distintas distancias del objetivo de la cámara. Además está esa riquísima gama de grises que acentúa una película impregnada de melancolía pero también plena de romanticismo.
Igualmente es soberbia la partitura del músico por autonomasia de la RKO, el gran Roy Webb, aquel que elaboraría las delicadas partituras de la magistral trilogía de Val Lewton/Jacques Tourneur CAT PEOPLE/I WALKED WITH A ZOMBIE/THE LEOPARD MAN.
Y, por supuesto, el talento de los productores, en este caso el guionista Norman Krasna y el ejecutivo Jerry Wald, ambos con una larga experiencia a sus espaldas y que a través de su pequeña compañía independiente crearían piezas tan hermosas como la hoy comentada o CLASH BY NIGHT (1952) de Fritz Lang, una película que cuenta con numerosos fans en este pequeño rincón de impenitentes cinéfilos.
La película hoy comentada (como THEY LIVE BY NIGHT, IN A LONELY PLACE (aunque aquí seguro que el compañero mad dog earle disentiría de mi criterio) o la próxima a ser comentada en este rincón, la inmortal JOHNNY GUITAR) vendría a sustentar con toda justicia el encabezamiento que enmarca estos modestos comentarios: el profundo romanticismo (aunque a veces con tendencias (auto)destructivas) que impregna las mejores películas de su realizador.
Y es que el dibujo que hace Ray de los dos personajes principales, Louise Merritt (Susan Hayward, cedida por la 20th Century-Fox) y Jeff McCloud (Robert Mitchum), es tan perfecto y su relación tan bellamente trazada que no me importaría incluir esta película entre las más románticas que nos ha legado el cine norteamericano clásico.
Pero rebobinemos un poco y hablemos aunque sea brevemente de la trama.
Esta es la historia de Jeff McCloud, un veterano “cowboy” de los circuitos de rodeos que a raíz de una grave lesión durante la monta de un toro Brahma y dándose cuenta además de su declive (tanto físico como (especialmente) anímico) decide volver a su hogar, a ese hogar que abandonó hace ya veinte años.
Allí descubrirá que la casa de sus padres ha sido comprada por un anciano, Jeremiah Watrus (Burt Mustin), el cual le invita a que pase y tome una taza de café con él.
Al despedirse del anciano conoce al matrimonio formado por Louise (la citada Hayward, una actriz tan soberbia como incomprensiblemente olvidada por las actuales generaciones de ¿cinéfilos?) y Wes (Arthur Kennedy, un actor que ese mismo año nos ofrecería sus mejores trabajos interpretativos (el Emerson Cole de BEND OF THE RIVER (1952, HORIZONTES LEJANOS) y el Vern Haskell de RANCHO NOTORIOUS (1952, ENCUBRIDORA)) Merritt, que tienen en su punto de mira el comprar la casa al anciano aunque sus modestos ingresos estén todavía lejos de lo que pide el anciano.
Wes reconoce a Jeff y se declara profundo admirador del mismo ya que el también interviene en el circuito de rodeos aunque se forma modesta.
Es significativo y premonitorio el excelente encuadre en el que se muestra a la izquierda del mismo el rostro preocupado de Louise y a la derecha (reflejada en el cristal del “jeep”) la imagen de Jeff y Wes que pronto forjarán un profunda amistad y algo más...
Porque ésta es también la historia de Louise Merritt, uno de los personajes femeninos más ricos dentro del ya de por sí extenso elenco de espléndidas actrices/caracteres que frecuentan el cine de Ray. Una mujer de fuerte personalidad, que ama a su marido profundamente pero que también siente una extraña atracción por el fanfarrón pero romántico ex cowboy. Una Louise que sigue los pasos de Keechie (Cathy O'Donnell) de THEY LIVE BY NIGHT o Laurel Gray (Gloria Grahame) de IN A LONELY PLACE pero que resulta mucho más fuerte que ellas. Una mujer a la que no le importa propinar una patada en el trasero a la que compite por el afecto (interesado) de su marido (una vez éste ha alcanzado la fama) o dejar a la altura del betún a todo representante del género débil (el masculino, se entiende) cuando se ve tratada con desdén o condescendencia.
Wes convencerá a Jeff (a cambio de la mitad de sus emolumentos) de que le enseñe su oficio pues ve en el circuito de rodeos la (rápida) oportunidad de alcanzar su sueño: poseer una casa propia donde vivir felizmente con su maravillosa esposa. Y Jeff se deja convencer tal vez porque por primera vez en su vida ha conocido a una mujer a la que amar y respetar, alguien por la que hubiera abandonado su vida errante sin dudarlo un segundo.
Pero según Wes va ganando aplomo y trofeos sus ambiciones empiezan a ser otras. Empieza a pensar que Jeff se lleva demasiado dinero y además empieza a descuidar a su mujer, coqueteando con otras y dándose a la bebida.
No quiero enrollarme que se me hace tarde y ya tengo al amigo mad dog earle a la puerta golpeándola con insistencia para hacer su personal aproximación a la película.
Me gustaría destacar algunas cosas curiosas (mi cerebro cinéfilo no descansa) como la preciosa escena en la que Jeff observa con diversión (y con admiración) que Louise es más baja de lo que aparentaba (y que, curiosamente, me recuerda a un comentario similar que el mismo Robert Mitchum le hacía a Jane Greer en la inmortal OUT OF THE PAST (1947, RETORNO AL PASADO) de Jacques Tourneur (me suena este nombre...)).
O la igualmente maravillosa donde una enfurecida Louise se pone su mejor vestido y deja boquiabierto a Jeff pues nada hay más hermoso que una mujer (o un hombre, nadie se me enoje, por favor) que luche con uñas y dientes por rescatar a su marido/mujer de las garras de una vampiresa/gigoló.
Cuando finalmente Jeff se da cuenta de que Wes a pesar de ser alguien insignificante para una mujer tan formidable como Louise es la única persona a la que verdaderamente ama decide volver al mundo que durante tanto tiempo ha sido su razón de ser pero que servirá para certificar su adiós definitivo al mismo (y al mundo que le vió nacer). Pues Jeff se sacrificará (sublime sacrificio, como el título de esa maravillosa película de Stahl/Sirk) para devolver sano y salvo a Wes a los brazos de su amada. Y Jeff tendrá el consuelo de morir en brazos de la mujer que ama. No oímos sus propias palabras pues el actor se coloca de espaldas pero podemos imaginárnoslas.
Wes comprenderá al final el sacrificio de Jeff y abandonará el mundo del rodeo y en un plano magistral veremos el rostro resplandeciente de Louise que no cabe en sí de felicidad.
Así pues, la muerte da paso a la vida. Como en una película de John Ford (lo siento, no he podido evitarlo...

)
¡Qué grande es el cine!
Feliz noche a tod@s (hay que ser políticamente correctos).
