Del BFI lo mejor es la librería, sin duda. El café está concebido más para el turista que pasea por el Támesis y va del London Eye a la Tate Modern que para la tertulia cinéfila.

En la nueva de París me han dicho que hay programación a la carta y que los puestos de consulta están muy bien, pero yo no conseguí llegar a ellos. La librería está bastante bien pero sus fondos pasan de la nadería chic al tocho de Derrida sin muchos pasos intermedios. Las salas habilitadas para exposiciones demasiado pequeñas y obligan a recorridos un poco absurdos.

La antigua de Amsterdam era una auténtica maravilla como lugar. Un palacete en el Vondelpark, como si en Barcelona estuviera en la Ciudadela o en Madrid en mitad del Retiro. La programación era bastante limitada cuando estuve allí.

La de Lisboa está también en un palacete, en una de las bocacalles de la Avenida Liberdade, arriba. Aquí el café es una maravilla, íntimo y agradable, con un cartel de una película Totò titulada "Totò en Madrid" que no es otra que Totò, Eva e il pennello proibito, en la que el príncipe de Curtis venía a Madrid a falsificar una tercera maja. La librería estaba cerrada el año pasado, creo que por remodelación, pero el personal es atentísimo.

El Doré lucha por mantener la programación, una de las más completas de Europa, contra el tsunami económico y las nuevas directrices del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.

Sobre el funcionamiento de la Cinemateca de Uruguay pueden hacerse una idea viendo La vida útil.