Los gastos de La Zarzuela
En La Zarzuela tienen 25 perros y cerca de una docena de gatos, atendidos por un cuidador especializado e instalados en modernas perreras con todos los adelantos. No es excesivo, teniendo en cuenta que una vez, hace algunos años, tuvieron además un guepardo. Estaban los reyes de viaje particular en Etiopía cuando el entonces secretario de la casa, Alfonso Armada, recibió un télex anunciándole: "Vamos con un guepardo, prepara alojamiento". No era una broma y Armada tuvo que llamar al zoológico de Madrid para pedir ayuda a la hora de recibirlo. Se informó bien sobre el tipo de comida que necesitaba y, en fin, todo lo que interesaba saber para cuidar bien al animal más veloz de la fauna terrestre. El guepardo vivió en palacio varios años, paseándose por los salones y los pasillos como si tal cosa, hasta que murió de viejo. No fue antes de que Sabino Fernández Campo sustituyera a Armada en el puesto de secretario. El primer día que acudió a trabajar a la Zarzuela, no estaba sobre aviso y el guepardo le dio un susto de muerte cuando entró en su despacho con total naturalidad. Lo que más le preocupó no fue que pudiera atacarle, sino que pudiera estar sufriendo alucinaciones.
Los que han mantenido, durante los 13 años como príncipes y 25 años como reyes, el lujo africano de Juan Carlos y Sofía en la Zarzuela, han sido los contribuyentes de a pie con sus impuestos, a través de una partida especial de los Presupuestos Generales del Estado. Esa partida para los gastos de la Casa del Rey no está sometida por ley al control del Tribunal de Cuentas. La Constitución de 1978 permite al monarca disponer de él sin dar más explicaciones sobre en qué se lo gasta, ya sea en guepardos, o en motocicletas o en lo que le dé la gana. El primer año se fijó una cantidad (antes el Rey cobraba un sueldo de Capitán General, y los gastos los llevaban desde el ministerio correspondiente), en 1980, el gobierno le asignó 200 millones de pesetas. El incremento anual se suponía que tenía que ser el del índice de precios de consumo (IPC), pero no se sabe bien cómo, a lo largo de los años el presupuesto ha ido aumentando hasta 1.122 millones en el año 2000. Por otra parte, existe un acuerdo con la Organización Nacional de Loterías según el cual el Rey juega en todos los sorteos al número 00000, pero todavía no le ha tocado nunca, más que unos cuantos reintegros.
Del presupuesto oficial de la Casa del Rey salen los sueldos del rey, de la reina, del príncipe y de las infantas, el mantenimiento de la Casa, los coches, las comidas, los regalos, todo tipo de material y el pago de los empleados. Juan Carlos cuenta con dos ayudas de cámara para vestirle por las mañanas, y la Reina, con dos doncellas. En total, incluyendo a los guardias, choferes y hasta al cuidador de los perritos, unas 160 personas trabajan en la Zarzuela. Pero la mayor parte es personal funcionario y sus sueldos corren a cargo del ministerio de Administraciones Públicas. Los gastos de los viajes, recepciones y actos oficiales también se pagan aparte, fuera del presupuesto de la Casa. Otras menudencias, como el mantenimiento del yate Fortuna o del Palacio Real, corren a cuenta de Patrimonio Nacional, organismo autónomo dependiente del ministerio de la Presidencia del Gobierno.
A partir del establecimiento de un presupuesto anual para la Casa, después de la Constitución, también se pensó en la necesidad de que el rey hiciera la declaración de la renta para que fuera un ciudadano más. Se consultó con el ministerio de Hacienda para que aconsejara sobre lo que había que hacer, y entendieron que lo mejor era que el rey se asignara a sí mismo una cantidad como sueldo, que serían sus ingresos para calcular los impuestos a pagar. El sueldo del rey, que no se suele hacer público, se rige por un convenio especial entre la Casa y el Ministerio de Hacienda y se materializa en una nómina donde figuran los correspondientes ingresos, los rendimientos del patrimonio personal y las retenciones del IRPF. Lo que no se suele contabilizar son los regalos que recibe, a veces millonarios... en cualquier caso totalmente fuera de control. Algunos especialmente significativos, como el último yate Fortuna, obsequio de un grupo de empresarios de Mallorca, cuyo precio estimado ronda los 14.000 millones de pesetas, se ha puesto legalmente a nombre del Patrimonio Nacional, a fin de que este organismo corra con los gastos de mantenimiento.
La Zarzuela, que era en origen un pequeño chalet para las cacerías de los últimos Borbones, elegido por Franco para residencia de los príncipes por su proximidad a El Pardo, ha sido rehabilitado varias veces desde que lo ocuparon por primera vez, en 1962. La primera, poco después de que Juan Carlos fuera proclamado rey, fue una pequeña ampliación; y la segunda, más ambiciosa, se realizó entre 1987 y 1988. Aprovechando el desnivel en el que está ubicado el palacio se construyeron nuevas plantas para despachos, salones de reuniones, oficinas, archivos, salas de visitas y un salón de audiencias... La nueva superficie construida ocupa 2.660 metros cuadrados en la planta principal y 1.540 en la planta semisótano. En total, 4.200 metros.
La parte antigua y la moderna se comunican a través de dos largos túneles que discurren por debajo del jardín y la piscina de la familia real. La construcción es noble, de granito y mármol fundamentalmente. Los muebles y la decoración son una combinación entre lo clásico y lo funcional, con piezas procedentes del Patrimonio.
En aquella última remodelación también se construyó un refugio antinuclear y se instaló un moderno sistema informático y de comunicaciones, que cuenta incluso con un pequeño estudio de televisión desde el cual el rey puede dirigirse al país cuando quiera.
Irene, la hermana de la reina, tiene su propio apartamento en La Zarzuela. Y es que los reyes, aparte de con la suya propia, corren con los gastos de la familia real griega, porque, al parecer, no tienen cómo ganarse la vida. Irene, en concreto, se dedica a hacer buenas obras, a través de una ONG suya dedicada a repoblar la India de vacas lecheras, que cuenta con un despachito en la calle Barquillo cedido por Banco Central Hispano. El ex rey Constantino vive en el exilio en Londres desde hace unos treinta años, al parecer también con el apoyo de Juan Carlos. Su hijo Pablo fue a estudiar a Estados Unidos con el príncipe Felipe a comienzos de los 90 en un prestigioso y carísimo college, pero rentabilizó los gastos al emparejarse allí con la rica heredera americana Marie Chantal Miller (hija del fundador y propietario de la cadena de tiendas libres de impuestos de los aeropuertos, las duty free, más importante del mundo), con la que se casó poco después.
El rey Juan Carlos también se ocupó, hasta su muerte, de su padre y de su madre. Y, cuando fue necesario, de sus hermanas Margarita y Pilar. Ésta última, la hermana mayor del rey, tuvo que hacerse cargo al fallecimiento de su marido, Luis Gómez-Acebo, de una deuda que había dejado como herencia en el Banesto. Para solucionarlo de un modo discreto, el rey llamó a Mario Conde y a Conde se le ocurrió que, como lo de perdonarle la deuda sin más ni más iba a quedar bastante mal, y lo de pagar era algo descartado, lo mejor era darle un cargo en la Fundación Banesto, para que fuese abonando lo que debía con su sueldecito. Y se le dio a Pilar un despacho, sin nada que hacer, claro.
Fragmento del capítulo 14 del libro
Un rey golpe a golpe.