Sucker Punch despliega su nueva y trabajada obra en un terreno concurrido, con pilares recientes e imbatibles como GTA V, Assassin's Creed IV: Black Flag, LEGO Marvel Super Heroes o el venidero Watch_Dogs. PS4 no va falta de mundos abiertos en los que realizar peligrosos encargos, e inFamous: Second Son llegaba con una segunda obligación además del despunte gráfico, encontrar un camino jugable con distinciones respecto a sus dos predecesores, enseñar su nueva sangre y amortizar el puntero hardware sobre el que corre. El cambio de protagonista, ciudad y poderes otorgaba a sus responsables una pared en blanco donde trazar un planteamiento diferente y que permitiera al fan no agotarse y sentir que está ante algo nuevo. No se consigue, pero es que tampoco parece que se haya pretendido obsesivamente. Y es comprensible, esta marca no necesita aún innovar radicalmente en mecánicas jugables y su propuesta para mantenerse firme y tan divertida.
Solo requería ser afianzada con nueva tecnología que abriera algunos otros caminos además de ensalzar el despliegue técnico. El viaje todopoderoso de Delsin Rowe es puro inFamous solo que elevado a una nueva potencia que lo plantea mucho más rápido, vertical, ágil, diestro con las físicas e IA, grande, destruible, variado y rítmico. La luz tiene un papel protagonista en una Seattle muy interactiva y evolutiva capaz de dar cabida a multitud de misiones, caóticos shows de explosiones y poderes cruzados o interesantes jefes finales Los pequeños baches típicos del género como las misiones principales de importancia y originalidad menores, la constante ida hacia el punto marcado en el minimapa o los altibajos de guión y personajes arquetipo no desaparecen en esta obra, parecen un mal endémico de los sandbox que por suerte aquí queda bien disimulado.
El que es el primer inFamous de nueva generación no es más que una vuelta de tuerca a la jugabilidad de la serie respaldada por una nueva potencia gráfica que le permite coquetear con algunos nuevos planteamientos. Tampoco es menos que eso, y apasionará a los incondicionales al mismo tiempo que cautivará a los desconocedores que lo prueben aquí. Una vuelta de tuerca al mismo penetrante tornillo que eran los dos juegos anteriores al fin y al cabo, es decir, un divertidísimo, frenético y completo sandbox urbano con superpoderes, un buen sistema de progresión y decisiones importantes donde el jugador tiene más libertades que las habituales en el género y donde la épica y el espectáculo pirotécnico están más que garantizados. Es el fuerte exclusivo que PlayStation 4 necesitaba pero no aspira a llegar al Olimpo de títulos imprescindibles de la nueva consola, ni en sus innovaciones jugables ni en su despliegue gráfico. A la última pero no vanguardista. Fantásticamente terminado pero no rompedor. Una visita a Seattle totalmente singleplayer y recomendable para jugones que durará bastantes horas y tiene casi todo lo que el fan quería ver y podría esperar.