Yo estaba un día tan tranquilamente en la mesa de mi habitación, hurgando mi dedo dentro de mis fosas nasales, buscando y sacando material prescindible, como siempre, hasta que una paloma se dio tal hostión en la ventana que tenia enfrente, que sus alas quedaron totalmente abiertas.
Subí la cortina, y allí estaba, pegada como un chicle, que suavemente resbalaba hacia abajo por el cristal. Me quedé mirándola como bajaba lentamente, hasta que dio con el borde de la ventana, en ese momento nuestros ojos se cruzaron. Y entonces su cuerpo empezó a moverse para atrás y volvió a caer al vació, esta vez a una velocidad mucho más precipitada, ya que estaba en un séptimo piso. Seguí su trayectoria hasta que se dio su segundo hostión, probablemente mortal, justo en las narices de un peatón.
Me quedé con la mirada perdida a esa escena durante unos segundos, y luego volví a mi tarea de vaciado nasal.

Y ese fue mi punto de inflexión en la vida.