Tengo una anécdota que contar, ocurrida hoy, que no sé si viene a cuento o no pero creo que sí entronca con esto de la LOGSE, la educación infantil y demás. Divertida y penosa a partes iguales.
En la tienda, un chaval le pregunta a otro (ignoro la edad de los infantes, yo calculando esas cosas soy muy malo; digamos unos 14-15 tacos):
"¿Qué hora es, tío, tío, qué hora, tío, qué?"
El otro mira el reloj de la pared de la tienda, que marca en dígitos extra-grandes y fosforitos: 12:45
Y dice:
"Las doce... menos cuarto, tío"
Normal, la pobre criatura leyó de izquierda a derecha: un doce y luego, los 45 minutos, que asocia automáticamente con el "menos cuarto". Ergo es fácil: la hora es las doce menos cuarto
Comprendo que ya no haya costumbre de "leer" un reloj de agujas (hazaña que pronto será equiparable a hablar élfico en la intimidad), pero cojones, no saber "descifrar" un reloj digital tiene putos huevos, ¿eh?
No me extraña que la puntualidad también esté pasada de moda, si todo dios lee los relojes así... "Ah, ostias, las doce menos cuarto... Quedé a la una, así que me queda más de una hora, todavía" (claro, que para eso tendrían que saber restar... ¡horas, que van sobre 60, no sobre 100! :cuchillo).