Vista anoche Llueve sobre nuestro amor (1946).
Poco que añadir a los previos análisis de los compañeros.
Si bien Bergman ya expone aquí muchos de los temas que serán recurrentes en su flmografía posterior (personajes que tratan de escapar de un pasado algo turbio, que toparan con todo tipo de trabas por parte del estado, de la religión y de la propia sociedad), es la forma lo que choca más en relación a esta.
Y es que, como se ha mencionado, el relato adquiere por momentos el tono de fábula capriana (en forma de ¿ángel? en el personaje del hombre del paraguas, interpretado por Gösta Cederlund, voz de la conciencia y claro trasunto del director, como delata su gorra).
Lo cierto es que, como mencionó mad dog earle, el guión evita menciones al estado social y económico del país tras la guerra, con lo cual, mediante ese tono de fábula, se suavizan aspectos que revelarían una sordidez que no habría sido del agrado de la indústria (pese a que la primera parte de la película deja clara la opinión del director al respecto).
Lo malo es que no siempre funciona, haciendo que su desarrollo no mantenga la fluidez desable (por contraste) en algún pasaje que otro, aunque siendo su segunda película (y más aún no partiendo de un guión propio, sino una adaptación) y ante la presión a la que estaba sometido tras las críticas a su primera película y a la del productor de esta segunda, Lorens Marmstedt (que bajó los humos al director, forzando su auto-crítica, que motivó la reescritura del guión y el volver a rodar numerosas escenas), no se le puede exigir el (altísimo) nivel de su filmografía posterior.
Destacable, como también habéis mencionado, la sensualidad latente en sus primeras escenas.
Así como la presencia de temas recurrentes en el cine del director (espejos, trenes, artistas, etc..). Curiosamente, aquí el director hace una ácida mención en cuanto al arte (o a su vulgarización), mediante el horrible matrimonio que regenta la floristería/jardinería, más concretamente en la hija que toca el piano (a la que apenas vislumbramos) .
Las imágenes finales (y su mensaje) me han evocado al Chaplin de Tiempos modernos (salvando las distancias).
Un par de apuntes: el propietario de la cabaña me pareció muy dickensiano y en ciertos apectos, la película (al menos en su tramo inicial) me recordó a películas del noir americano como (la posterior) They live by night (Los amantes de la noche) (1948), de Nicholas Ray.
Como curiosidad, antes de ver la película, leyendo su argumento tuve la impresión de que la cinta tendría semejanzas con L'atalante (1934), de Jean Vigo, aumentadas tras ver los gatos que conviven con el personaje del propietario, aunque obviamente, nada tenga que ver con el bonachón interpretado por Michel Simon.




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