El Confidencial
CON LUPA
La altura de miras de Sarkozy que admiramos y el vuelo rasante del Zapatero que padecemos
Jesús Cacho - 21/05/2007
“Pienso con emoción en la expectativa, la esperanza, la necesidad de creer en un futuro mejor, ideales que se han expresado de forma tan rotunda durante la campaña que acaba de terminar. Me abruma la importancia del mandato que el pueblo francés me ha confiado, la exigencia tan fuerte que lleva implícita y que no tengo derecho a traicionar.
Exigencia de unir a los franceses, porque Francia sólo es fuerte cuando está unida, y hoy necesita ser fuerte para afrontar los desafíos a los que se enfrenta. Exigencia de respetar la palabra dada y cumplir los compromisos adquiridos, porque nunca la confianza ha sido tan traicionada ni tan frágil. Exigencia moral, porque nunca la crisis de valores ha sido tan profunda, nunca tan fuerte la necesidad de encontrar referencias.
Exigencia de rehabilitar los valores del trabajo, del esfuerzo, del mérito, del respeto, porque estos valores son el fundamento de la dignidad de la persona y la condición del progreso social. Exigencia de tolerancia y apertura, porque nunca la intolerancia y el sectarismo han sido tan destructivos, nunca ha sido tan necesario que los hombres y mujeres de buena voluntad aúnen su talento, su inteligencia y sus ideas para diseñar el porvenir.
Exigencia de cambio, porque nunca el inmovilismo fue tan peligroso para Francia como en este mundo en plena mutación, donde cada uno se esfuerza en cambiar más rápido que el de al lado, y donde el retraso puede resultar fatal hasta convertirse en irrecuperable.
Exigencia de seguridad y de protección (...) Exigencia de orden y de autoridad, porque hemos cedido demasiado ante el desorden y la violencia, plagas particularmente dañinas para los más vulnerables y los más humildes. Exigencia de resultados, porque los franceses se han acostumbrado a pensar que nada mejora nunca en su vida cotidiana (...) Exigencia de Justicia (...) Exigencia de romper con los comportamientos del pasado, las formas de pensar y el conformismo intelectual...
El pueblo me ha confiado un mandato. Yo lo cumpliré. Lo cumpliré escrupulosamente, con la voluntad de ser digno de la confianza que me han manifestado los franceses. Defenderé la independencia y la identidad de Francia..."
Hasta aquí la parte del discurso pronunciado por Nicolás Sarkozy el pasado 16 de mayo, con motivo de su proclamación como presidente de la República Francesa, que más me ha interesado. Para un español, escuchar su discurso pausado –apenas tres folios-, leído con convicción y determinación, no puede resultar más emocionante, por un lado, y frustrante, por otro, hasta casi provocar las lágrimas. Es la emoción del huérfano que cree descubrir de pronto, entre la muchedumbre, la voz del padre que falta, del líder que reclama la nación, del político honesto y cabal con el que sueña un país tan castigado como España por todas las incurias, tan ayuno de verdaderos hombres de Estado desde hace mucho, muchísimo tiempo.
El tiempo dirá si Nicolas Sarkozy cumple sus promesas, porque los cementerios están llenos de políticos cargados de buenas intenciones cuando estrenan poltrona, pero, en espera de ese veredicto, la contraposición entre la altura intelectual y moral del líder galo y el vuelo rasante de nuestro Zapatero remendón no puede resultar más desoladora. Para los españoles. Ni altura de miras, ni honestidad, ni valor cívico. Nada de nada.
Desde el primer día abjuró de su obligación de ser el presidente de todos los españoles y ahí sigue, más firme que nunca, sin vuelta atrás posible, convertido en el presidente de la mitad de la nación, más o menos, convertida su presidencia en una especie de oposición permanente al PP, enfeudado, enfangado en el dogmatismo más brutal. Enganchado a la mentira como arma de supervivencia política. Mentira sistemática y contra toda evidencia.
La revelación efectuada por Gara, según la cual el PSOE se reunió con Batasuna hasta en 25 ocasiones –desde 2001 de forma ininterrumpida, más o menos cada dos meses, para acelerarse en 2004- antes del alto el fuego declarado por ETA en marzo de 2006, es una de las cosas más graves que han ocurrido en esta legislatura, porque quiere decir que mientras pactaban con el PP las leyes antiterroristas para hacer frente a la banda y sus cómplices, los socialistas mantenían contactos secretos con los violentos, mintiendo al pueblo español y al Gobierno de la Nación. Valía todo, con tal de arrebatar el poder a la odiada derecha.
En el mismo orden de cosas, Zapatero ha mentido a los españoles a propósito de la ilegalización de Batasuna. Tras casi infinitas declaraciones oficiales en contra, la dura realidad es que ANV, una de las franquicias etarras, va a estar presente en las instituciones vascas, no en todos los Ayuntamientos como hubieran querido, cierto, pero se van a presentar, van a dominar no pocos Ayuntamientos, van a cobrar de los impuestos de todos y se van a seguir riendo de las instituciones democráticas. Ha pasado lo que nos temíamos que iba a pasar y lo que tantas veces Zapatero nos dijo que jamás pasaría. Este es el hombre. Este el político que padecemos los españoles.
Mientras, en la acera de en frente, sigue la tremenda confusión en que navega un Partido Popular víctima de los demonios de su pasado reciente. El PP de Rajoy parece empeñado en desanimar a esos cientos de miles de españoles que desean votar a una derecha en las antípocas ideológicas en las que milita José María Aznar. ¿De qué otra forma, si no, cabe entender la participación del ex presidente en el mitin celebrado el sábado en la ribera del Manzanares, al lado de Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre?
En un ejercicio de soberano cinismo político, el alcalde madrileño parece dispuesto a hacerse perdonar sus veleidades progres tonteando por un día con la derecha más rancia. El resultado es que, en lugar de esconderlo bajo siete llaves como gran responsable de los desastres políticos actuales que padecemos, la cúpula del PP no consigue quitárselo de encima y lo saca a pasear, gesto que nuestro franquito, convertido en una caricatura de sí mismo, agradece como mejor sabe: recordándonos al peor Aznar de su segunda legislatura. ¿Es este el PP al que Mariano Rajoy quiere que votemos? Conmigo que no cuenten.



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