Un bodrio a mayor gloria del culo de George Clooney. Mi tendencia al masoquismo debió impulsarme a caer en lo que ya suponía un timo. Nada que ver, por supuesto, con la profundidad temática y brillantez cinematográfica de la personal interpretación de Andrei Tarkovski de la novela de Lem ni por supuesto con la capacidad sugestiva que produce la lectura de esta última.