El día 12 de octubre cumplo mi primer aniversario como ex-fumador, he sido fumador durante 11 años, aunque estos 2-3 últimos reduje mucho el consumo debido a la transición al tabaco de liar y al volver a hacer deporte con regularidad (hecho que me quitaba las ganas de fumar cada vez más).
El proceso fue duro al comienzo, fumé los últimos 3 cigarrillos viendo una tertulia futbolera la noche del 11 de octubre, los fumé a la fuerza ya que tenía molestias de garganta, y al día siguiente contraje un catarro de los buenos (fiebre, náuseas, dolores en garganta y estomacales...), estuve 1 semana sin poder tragar, por supuesto sin poder fumar, y otra más a sopitas y carne pasada (también sin fumar). El primer día de estar recuperado, estaba en la puerta de la facultad liando un cigarrillo y un compañero me planteó aguantar todo lo que pudiera ya que el mono físico en teoría ya estaba pasado.´
Así lo hice, para hacer algo después de las comidas bebía te, el problema es que terminé bebiendo 6-7 vasos de te al día, al llegar la noche entre la ansiedad y ganas de fumar y la cantidad de te ingerida me era imposible conciliar el sueño, me acostaba antes de la medianoche y podía estar dando vueltas en la cama hasta las 6 de la madrugada fácilmente, todo acompañado de sudores fríos, temblores y ansiedad, mucha ansiedad.
A base de palizas de correr y nadar empecé a conciliar el sueño de manera más fácil gracias al cansancio físico, estuve unos 3 meses sin salir de bares para evitar tentación y pasé la época de exámenes como buenamente se pudo. Al terminarlos, me sentí diferente, ya no tenía tanta ansiedad por fumar (ganas me siguen entrando a veces), me molestaba el humo de nuevo, la capacidad pulmonar iba aumentando...
Y así hasta el día de hoy, y en mi caso puedo decir que además de las ventajas directas, como el tema de la salud (el de la cartera en mi caso no era problema, gastaba 10€/mes máximo), puedo decir que desde que dejé de fumar la duración de los catarros se ha reducido a la mitad (y el número de ellos se ha visto reducido a 2-3 veces en el último año). El sentido del olfato se ha recuperado extraordinariamente, y la capacidad pulmonar se ha visto incrementada. La casa, la ropa, el coche... ya no huele nada a tabaco y no hay necesidad de pasar frío en la calle en invierno por fumar un cigarrillo.
También sigo teniendo ganas de fumar alguna vez, pero cada vez van reduciéndose más, también es cierto que ya nadie en mi círculo cercano fuma, y eso ayuda bastante.
Así que animo a todo aquel que esté indeciso con abandonar el tabaco, que aproveche ocasiones que surgen (como la del compañero Imeldhil) y sea tajante.



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