Lo más preocupante son los batacazos que lleva pegándose Sony durante el ultimo año y medio. No me extraña que se cargaran a varios directores ejecutivos porque han dado luz verde a proyectos verdaderamente infumables. Y me da rabia ya que siempre he sentido simpatía por el estudio. Tanto que invertí en acciones de la empresa a principios de 2012, unos meses antes de estrenos como Skyfall o la primera entrega de Hotel Transilvania. Primero con Columbia y luego, tras la compra por parte de Sony, han combinado buenos proyectos cinematográficos con rentabilidad. Fue como una especie de renacer y para una major clásica como Columbia, tener el músculo financiero de Sony detrás es una bendición, aunque últimamente se haya convertido en una maldición. Le ha salvado las excelentes cifras de Angry Birds y esa rareza animada titulada "La fiesta de las salchichas". El ejecutivo que dio luz verde a este último proyecto es el único que merece un aumento de salario.
Todo lo contrario que Universal, la cual no para de romper récords de taquilla. Y eso que no me gusta Fast and Furious pero reconozco que con Jurassic World dieron en el clavo. Lo tenía todo para triunfar y era una apuesta segura.
Y luego está Disney pero Disney es otra historia. Es una marca personal propia, ampliamente reconocida por el espectador medio y juega en otra liga. Cualquier batacazo que tenga Disney será un mínimo impacto en sus cifras anuales.




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