En el tubo, poco antes del verano (porque los talibanes de los derechos están últimamente muy picajosos), se podían ver los minutos que se habían conservado de una de esas versiones del Gólem. En concreto, por lo que parecía, se trataba de una historia muy parecida a la que se cuenta en la versión que sí se ha conservado, pero ambientada en época contemporánea, no medieval.
El estudiante de Praga (1926) es una película que, en mi opinión, no desmerece al ser puesta junto a Nosferatu. Lástima que corra por ahí en copias absolutamente pedorras, en las que a veces tienes problemas para distinguir a un personaje de otro, que no respetan la velocidad original de la proyección (en otras palabras, se mueven a tirones y a saltitos, una de las cosas que ha hecho creer a muchas gente que, durante el período mudo, sólo se hizo cine cómico), con música enlatada y subtítulos sólo en inglés.




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