Empecemos. Ahora lo entiendo. En mi caso, en mi decálogo terrorífico de los setenta sí estaría Carrie.
En otro orden, Gary Oldman interpreta fenomenal su Drácula, pero los que nos dejamos arrastar por la metafísica lugosiana, o por el horror epidémico de Lee, ambos muchísimo más icónicos, queda en un segundo plano. No en vano se ha escrito mares de tinta de ambos. Es la importancia de la elección no sólo de un gran actor, sino de un físico adecuado.