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Tema: El callejón de las películas perdidas

  1. #451
    Senior Member Avatar de Alcaudón
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    La maldición del celacanto…

    MONSTER ON THE CAMPUS (1958)



    Producción: Universal-International Pictures Co., Inc.

    Distribución: Universal Pictures Co., Inc.

    Director: Jack Arnold.

    Productor: Joseph Gershenson.

    Guion: David Duncan.

    Fotografía: Russell Metty, en blanco y negro (1.85:1).

    Dirección artística: Alexander Golitzen.

    Decorados: Russell A. Gausman y Julia Heron.

    Música (de stock): Paul Dessau, Irving Gertz, William Lava, Henry Mancini, Henz Roemheld, Hans J. Salter, Frank Skinner y Herman Stein [No acreditados].

    Montaje: Ted J. Kent.

    Reparto: Arthur Franz (Dr. Donald Blake), Joanna Moore (Madeline Howard), Judson Pratt (Teniente de policía Mike Stevens), Nancy Walters (Sylvia Lockwood) y Troy Donahue (Jimmy Flanders).

    Rodaje: desde finales de abril hasta principios de mayo de 1958.

    Estreno: el 22 de octubre de 1958 (en programa doble junto a LA SANGRE DEL VAMPIRO [1958], de Henry Cass).

    Duración: 1:16:17 (Copia editada en DVD en 2009 por L’Atelier 13 Pictures dentro de su colección “Lo mejor y lo peor del cine de ciencia ficción” [LA 048]).



    Ignoro si MONSTER ON THE CAMPUS (inédita en salas comerciales en nuestro país) es la peor película del gran Jack Arnold (1912-1992) dado que desconozco una parte sustancial de su (por otra parte no demasiado extensa) filmografía, pero no creo equivocarme si afirmo que es su peor obra dentro del género fantástico del que llegó a ser todo un consumado maestro en los años 50.



    Gracias al éxito de la que (a tenor de lo que acabo de exponer) puede considerarse su obra maestra, EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957),...



    ... compañías rivales (más poderosas) como Paramount o MGM requirieron de sus servicios, pero sus contribuciones no obtuvieron idéntica respuesta en taquilla en buena medida debido a los ajustados presupuestos con los que se vio obligado a trabajar.

    * En THE SPACE CHILDREN (1958),...



    ... una cinta ciertamente paupérrima, pero para nada despreciable (y que en cierta medida puede considerarse como precursora siquiera tangencial de la mítica E.T. EL EXTRATERRESTRE [1982], de Steven Spielberg) volvió a colaborar con William Alland (1916-1997), el productor de sus grandes éxitos en la Universal-International. *

    Con el rabo entre las piernas Arnold regresó a su antigua casa donde como “premio” le endosaron la dirección de la primera película como productor (en sentido estricto) del director musical Joseph Gershenson (1904-1988).

    Y es que pese a contar con algunos de los mejores profesionales del estudio, especialmente el gran camarógrafo Russell Metty (1906-1978) [quien se manejaba igual de bien con el blanco y negro (como es el caso) que con el color (recordemos su excepcional trabajo en los melodramas más famosos del no menos grande Douglas Sirk y ganador de un Oscar en 1961 por ESPARTACO [1960], de Stanley Kubrick)], el guion del también escritor David Duncan (1913-1999) es, siendo generosos, digno de mejor causa.

    Un argumento ciertamente demencial en el que se combina con igual desparpajo “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” (1886), de Robert Louis Stevenson, el (histórico) descubrimiento de un segundo ejemplar (vivo) del presuntamente extinguido celacanto (Latimeria chalumnae) en 1952 y los efectos biológicos de las radiaciones ionizantes (¡!).



    El doctor Donald Blake (casualidades de la vida el mismo nombre que el del alter ego de “El Poderoso Thor” [1962] marveliano… ), profesor de paleontología del departamento de ciencias de la universidad de la (ficticia) localidad de Dunsfield, California, recibe en préstamo (cortesía de su colega, el doctor Moreau [sic] de Madagascar) un ejemplar del mencionado celacanto, un pez de aletas lobuladas que se creía extinguido desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años.



    El (alegre) descuido con el que tratan al (preciado) animal se justifica (¡científicamente!) en que el mismo fue previamente sometido a radiaciones ionizantes (en concreto rayos gamma, los mismos que convertirán al también doctor Bruce Banner en “El Increíble Hulk” [1962]… marveliano… ) para su conservación.

    La explicación tan descabellada que se da al hecho de que una especie tan antigua (apareció en el Devónico, hace unos 400 millones de años) haya llegado hasta nuestros días consiste en las singulares propiedades de su plasma sanguíneo que no solo ha logrado ralentizar el paso del tiempo sino que inoculado en otros seres vivos es capaz de revertir la mismísima Evolución (¡¡!!).

    Con una idea tan peregrina no resulta extraño que a raíz de que el mencionado doctor (encarnado por Arthur Franz [1920-2006], protagonista de la espléndida THE SNIPER [1952], del delator arrepentido Edward Dmytryk) se hiera la mano al manipular el pez con sus afilados dientes...



    ... y a falta de un botiquín en el laboratorio no tenga mejor idea para calmar el dolor que meterla en el agua producto de la descongelación del hielo que ayudó en la preservación del ejemplar, provoque que este se convierta (cual zombi moderno) en una especie de señor Hyde antediluviano (¡¡¡!!!).



    La reiterada mención a la obra maestra de Stevenson no es un brindis al sol puesto que como Blake explica al inicio de la narración durante una de sus clases magistrales....



    ... (a las cuales acude, por cierto, el guaperas Troy Donahue [1936-2001], poco antes de convertirse en el coprotagonista de los primeros melodramas de Delmer Daves en su última etapa como director/productor/guionista)...



    ... que si el hombre (o sea, el macho de la especie) no es capaz de controlar sus (violentos) instintos atávicos la humanidad (en general) estará avocada a su autodestrucción (¡¡¡¡!!!!).

    Lástima que esa influencia stevensoniana solo se aprecie (y muy levemente) en el primer tramo de la historia como por ejemplo en ese sugerido tira y afloja que parece sufrir el protagonista entre el Bien (o el deber) y el Mal (o el deseo) y que está encarnado en las figuras de la (castrante) novia, Madeline (una bella, pero sosa Joanna Moore [1934-1997]),...



    ... y la (sensual) enfermera del doctor (en este caso en medicina) Oliver Cole (el siempre sólido Whit Bissell [1909-1996]), Molly (Helen Westcott [1928-1998], la esposa de Jimmy Ringo (Gregory Peck) en la obra maestra del wéstern, EL PISTOLERO (1950), de Henry King)...



    ... y que se saldará rápidamente con el asesinato de esta a manos de aquel.

    La imagen de Molly colgada de un árbol es una de las más perturbadoras que nos ha legado el cine de aquellos años teniendo en cuenta la férrea censura impuesta por el Código de Producción creado por la propia industria cinematográfica.



    Como decía, es una lástima que ese leve apunte stevensoniano quede rápidamente olvidado y el argumento se torne más absurdo de lo que ya de por sí era, lo cual no deja de tener su mérito.

    Ojo al dato…

    Una libélula que se posa sobre el pez muerto y que cual mosca cojonera ingiere su sangre revertirá en la forma de uno de sus ancestros gigantescos y pagará semejante afrenta intentando atacar al doctor en justa reciprocidad.



    * Si uno se acerca lo suficiente a la imagen podrá percatarse de los hilos que la movían. Ah, esos tiempos de efectos especiales analógicos... *

    Blake la matará clavándole un punzón cual si fuese un acólito de nuestro Conde favorito.



    Pero ahí no quedará la cosa puesto que unas gotas de la sangre de la libélula caerán sobre el tabaco de la pipa del doctor y provocarán que este de nuevo se convierta de nuevo en el señor Hyde.



    Si antes mató a su pretendiente (es un decir) ahora intentará hacer lo propio con su pretendida.

    Blake, que se ha autorrecluido en una cabaña con el fin de probar mediante una sesión fotografía, que es él y no otro el autor de las muertes (se me olvidó mencionar que después de la enfermera acabó con la vida del guardaespaldas que le puso la policía porque sus sospechas apuntaban a que alguien que odia al buen doctor es el autor de los asesinatos) saldrá (lógicamente) trasquilado.

    El monstruo destroza la instalación pero no antes de que la cámara saque una fotografía.



    En la misma se observa el susodicho usando una indumentaria muy parecida a la que habitualmente lleva el buen doctor.



    Para sorpresa del respetable nadie, salvo Blake, parece darse cuenta de semejante circunstancia.

    * Por cierto, el incidente de la camisa me recuerda a las películas sobre la figura del Hombre Lobo facturadas por la Universal entre 1935 y 1943, sobre todo las protagonizadas por Lon Chaney, Jr., donde a pesar de la transformación jamás llegaba a rasgarse por completo la prenda.

    Vamos, como los pantalones del citado Hulk… *

    No sigo.

    Es una lástima que la habitualmente cuidada puesta en escena de Arnold y la excelente labor tras la cámara de Metty (y de la envolvente música de stock [algo habitual en la Universal-International de la época]) sea incapaz de conseguir más que puntuales fogonazos de genio como especialmente la mencionada escena de la pareja de enamorados abrazados mientras que el cuerpo sin vida de la enfermera cuelga del árbol delante del que se encuentran.



    Pese a todo, y como digo siempre, antes al menos las películas malas (o no demasiado buenas, no seamos tan rigurosos) duraban bastante menos que las actuales y decididamente eran mucho más simpáticas lo cual hace que su visionado no solo no sea una pérdida de tiempo sino que nos permite darnos cuenta de que hasta los más grandes cineastas también facturaban de vez en cuando cagarrutas (dicho de nuevo sin ánimo peyorativo).

    Se agradecen además detalles como esa mano que surge de la espesura...



    ... y que nos recuerda poderosamente a la de la (desdichada) Criatura de la Laguna Negra al inicio de la proyección y que provocó más de un sobresalto al respetable al estar rodada en 3-D.



    O la divertida insinuación de la mujer como el último paso evolutivo de la humanidad (recordemos que antes solo me he referido al hombre y no a la mujer) en las máscaras que Blake elabora de los eslabones que nos llevan desde nuestros antepasados más primitivos hasta la actualidad... de aquellos años...



    Y aunque la edición de L’Atelier 13 Pictures no respeta el formato panorámico original (1.85) en el que fue exhibida la calidad de la copia es excelente.

    Además, y como era habitual, la edición incluye un episodio de una serie televisiva de ciencia ficción de la época, en este caso procedente de TALES OF TOMORROW (1951-1953) y que también trata sobre un tema similar, aunque imagino que no de forma tan demencial.

    Resumiendo.

    MONSTER ON THE CAMPUS fue la última película fantástica (al menos en sentido estricto) rodada por Jack Arnold.

    No tan lejos quedaban joyas (o joyitas) como IT CAME FROM OUTER SPACE, LA MUJER Y EL MONSTRUO, TARANTULA! o EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE.

    Quedemos con estas, pero también disfrutemos en su justa medida de esta.

    Ah, qué grande es el cine... pequeño...

    Buenas tardes y, buena suerte.





    Última edición por Alcaudón; 21/02/2026 a las 20:42

  2. #452
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    No tan lejos quedaban joyas (o joyitas) como IT CAME FROM OUTER SPACE, LA MUJER Y EL MONSTRUO, TARANTULA! o EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE.
    Ciertamente, son cuatro películas más que notables, en especial esa maravilla que es The Incredible Shrinking Man. La que comentas la vi hace muchos años y no la recuerdo bien, pero por las anotaciones en mi base de datos no me pareció mala, aunque no está al nivel de las otras. En todo caso supongo que los efectos especiales pueden resultar hoy en día algo grotescos. Quizá me animo a revisarla.
    Alcaudón y hannaben han agradecido esto.

  3. #453
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Ciertamente es mala, pero simpática.

    Y el argumento digno de una película de serie C.

    Lo mejor, como decía, su desparpajo, su corta duración (todo un bálsamo en tiempos de elefantiasis), el buen trabajo de Arthur Franz y la cuidada fotografía de Russell Metty.

    En cambio, el maquillaje del gran Bud Westmore es indigno de su talento.

    Y tanto el celacanto como la libélula gigante cantan por soleares.

    Última edición por Alcaudón; 21/02/2026 a las 21:17
    mad dog earle, cinefilototal y hannaben han agradecido esto.

  4. #454
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Creo que seguiré revisando la (añorada) colección de CF puesto que lo mismo que simples guijarros hay también algunas rutilantes joyas, aunque no sé si luego plasmaré en este rincón el subsiguiente comentario. La edad no perdona.

    mad dog earle, cinefilototal y hannaben han agradecido esto.

  5. #455
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Cita Iniciado por mad dog earle Ver mensaje
    Ciertamente, son cuatro películas más que notables, en especial esa maravilla que es The Incredible Shrinking Man. La que comentas la vi hace muchos años y no la recuerdo bien, pero por las anotaciones en mi base de datos no me pareció mala, aunque no está al nivel de las otras. En todo caso supongo que los efectos especiales pueden resultar hoy en día algo grotescos. Quizá me animo a revisarla.
    Yo también la tengo en DVD, creo recordar que me pareció simpática...
    mad dog earle, Alcaudón y hannaben han agradecido esto.

  6. #456
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    LOS WESTERNS DE JACK ARNOLD

    A raíz del comentario de Alcaudón sobre Monster on the Campus, un film competentemente realizado por Jack Arnold, con una magnífica fotografía de Russell Metty… pero con un argumento de lo más tontorrón, un reparto poco o nada inspirado y unos efectos especiales y maquillaje de guardarropía, me he decidido a comprobar si en la carrera de Arnold hay vida más allá de la ciencia ficción. Para ello me he programado, gracias a Filmin, un miniciclo con tres westerns, un género que el director frecuentó a finales de los 50 con resultados bastante notables, antes de dedicarse sobre todo a la televisión en las décadas de los 60 y 70.

    Muerte al atardecer (Red Sundown, 1956)



    En el primero de estos westerns tenemos una sorpresa en el reparto. El “malo” de la película, en un papel de pistolero sádico y algo perturbado, Chet Swann, un auténtico asesino, nos encontramos a Grant Williams, actor con una filmografía más bien breve, ya que se dedicó sobre todo a la televisión, pero que al año siguiente protagonizó la inolvidable The Incredible Shrinking Man, quizá la mejor película de Arnold. Aquí, en un registro completamente distinto, nos recuerda a otros actores, malvados habituales, como Jack Palance o Dan Duryea.



    Red Sundown, como los otros dos westerns que comentaré, aunque se trate, en definitiva, de una película de serie B que recurre a los tópicos habituales, cuenta con un guion que integra elementos de interés. Por ejemplo la forma de iniciarse, en media res, sin que sepamos nada del protagonista, el pistolero Alec Longmire (un Roy Calhoun que cumple), que poco a poco nos irá dando pistas de su pasado y, sobre todo, defendiendo su futuro: quiere dejar las armas y dedicarse a una vida honrada. Cuando el sheriff Jade (Dean Jagger) le propone ser su ayudante, le responderá que prefiere dedicarse al trabajo de cowboy, porque las vacas no te disparan.



    Alec, que desde el principio se muestra generoso y honrado, a pesar de su pasado, ayuda a un pistolero sediento y desorientado, Purvis (James Millican), el cual como contrapartida se sacrificará por él cuando un grupo violento intente matarlos (Alec se salvará de una manera harto inverosímil e impropia de un pistolero… ¡enterrándose en el suelo!).



    Más tarde, ya en Durango, acabará aceptando el ofrecimiento del sheriff, que ha de hacer frente al típico conflicto entre ganaderos, en especial debido a las ansias de acaparar poder de Henshaw.



    Será Henshaw quien contrate a Swann, que, como es de esperar, protagonizará un duelo final con Alec, siempre bajo la mirada fascinada de dos niños que actúan en forma de coro, uno de los grandes aciertos del film.



    Sangre en el rancho (Man in the Shadow, 1957)



    Man in the Shadow es, en mi opinión, la mejor de las tres, un estupendo western moderno que tiene mucho de denuncia social. Vistos los tiempos que corren en Estados Unidos (y no solo allí) me parece de visionado obligado. El rancho del título en castellano es el Golden Empire, cuyo propietario, Virgil Renchler (encarnado por Orson Welles con uno de esos maquillajes que le modifican la cara, especialmente la nariz) se jacta de que es más grande que varios países europeos, frase que no sé si es del guionista, Gene L. Coon, pero tiene todo el sabor del Welles más agudo (como lo del reloj de cuco de The Third Man).



    El conflicto arranca con la muerte de uno de los braceros del rancho, Juanito, golpeado contundentemente por el capataz, Ed Yates (John Larch). A Ed se le va la mano a la hora de castigar al joven wetback, demasiado atento con la hija de Renchler, Skippy (Colleen Miller en un papel con poca enjundia, aunque aporta frescura).



    La denuncia de otro bracero obliga al sheriff, Ben Sadler (Jeff Chandler, en un papel que parecía ideal para Glenn Ford… incluso me recuerdo algo a su personaje de la languiana The Big Heat), a intervenir, a inmiscuirse en los asuntos del rancho, que parece gozar de un ley propia, al margen de la comunidad,



    la cual, además, depende en buena parte del dinero que les proporciona el negocio de Renchler. Sadler no dudará en porfiar por resolver el caso, aunque pronto comprobará que su vida peligra, que su estrella no le protege lo suficiente.



    La película va derivando en el típico enfrentamiento entre un hombre honesto y el poderoso Renchler, incluso en contra de la opinión de las fuerzas vivas del pueblo, los que le pagan el sueldo, que inicialmente le exigen que abandone la investigación. Hay algo que me recuerda films como High Noon y otras parábolas sobre el macartismo, un poco en la línea de otro western que comenté hace poco: Terror in a Texas Town, de Joseph H. Lewis. Como en aquella, al final esas mismas fuerzas vivas, cuando se dan cuenta que se han convertido en marionetas en manos de Renchler, deciden apoyarlo, en un final catártico.



    Quizá ese final sea algo exagerado o inverosímil, pero agradezco que la película me deje un buen sabor de boca. Como es obvio, es fácil establecer paralelismos entre este Renchler y cierto inquilino de la Casa Blanca.

    Una bala sin nombre (No Name on the Bullet, 1959)






    No Name on the Bullet es un western más clásico, pero extraño, tiene algo de espectral. Un pistolero de lo más inexpresivo, John Gant (interpretado por Audie Murphy, héroe de la Segunda Guerra Mundial, para mí un actor muy limitado, del que recuerdo sobre todo el film de Huston The Red Badge of Courage) llega al pueblo de Lordsburg. Le precede la fama de ser un asesino a sueldo. Su presencia, por tanto, quiere decir que alguien del pueblo tiene los días contados.



    La sola presencia de Gant provocará que ciertos personajes importantes de Lordsburg experimenten un miedo cerval, todos ellos creyendo que son los destinatarios de las balas del pistolero. La película mantendrá la incógnita de quién será la víctima hasta el final (¿un banquero, los propietarios de unas minas, el empleado de una tienda, un juez moribundo?), e incluso entonces un giro de guion nos ofrecerá un desenlace inesperado. Entre tanto miedo y corrupción, sobresale la honestidad de Luke (Charles Drake), que compagina su consulta médica con el trabajo en la herrería de su padre (R.G. Armstrong).



    La película de Arnold goza de cierta aureola de cult movie. He leído comentarios hiperbólicos sobre ella, pero en mi opinión, aunque es un film curioso e interesante de ver, no va mucho más allá de una película de serie B con sus debilidades, como un guion algo confuso (también firmado por Coon) y, una de las principales, un reparto bastante desajustado y un protagonismo de Murphy que, al menos para mí, es bastante desacertado. A retener el enfrentamiento final entre Gant y Luke, personajes antitéticos pero que en el fondo se aprecian uno al otro. Mientras que Gant hace uso de su herramienta, el revolver, Luke utilizará el martillo de la herrería, con el que tiene una gran habilidad (lo que me hace pensar en el arpón que empuñaba Sterling Hayden en Terror in a Texas Town: el western de los cincuenta experimentaba con formas nuevas, aunque fuera solo en los detalles).



    Valgan estos tres films como una muestra de que no sólo de ciencia ficción vivía Jack Arnold.
    Última edición por mad dog earle; 06/03/2026 a las 14:30
    cinefilototal, Alcaudón y hannaben han agradecido esto.

  7. #457
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Hace no mucho (el 27 de diciembre de 2020...) la comenté en "el otro rincón" y mi valoración también fue francamente positiva...

    REVISANDO CLÁSICOS: EL CINE DE SERIE "A" MINÚSCULA O EL CINE DE SERIE "B" MAYÚSCULA

    o

    MAN IN THE SHADOW (1957, SANGRE EN EL RANCHO)



    Director: Jack Arnold.

    Producción y distribución: Universal-International Pictures Co., Inc.

    Productor: Albert Zugsmith.

    Guion: Geen L. Coon.

    Dirección artística: Alexander Golitzen y Alfred Sweeney.

    Decorados: Russell A. Gausman y John P. Austin.

    Fotografía: Arthur E. Arling (en CinemaScope).

    Música: Hans J. Salter y Herman Stein (no acreditados).

    Montaje: Edward Curtiss.

    Reparto: Jeff Chandler (Sheriff Ben Sadler), Orson Welles (Virgil Renchler), Colleen Miller (Skippy Renchler), Ben Alexander (Ab Begley), Barbara Lawrence (Helen Sadler), John Larch (Ed Yates), James Gleason (Hank James), Royal Dano (Aiken Clay), Paul Fix (Herb Parker), Leo Gordon (Chet Huneker), Martín Garralaga (Jesús Cisneros), Mario Siletti (Tony Santoro).

    Duración: 80 minutos.

    Rodaje: del 15 de octubre a principios de noviembre de 1956.

    Estreno: 12 de diciembre de 1957.



    Los años ‘50 fueron años de esplendor para la Universal-International, la más grande de las Tres Pequeñas (Universal > Columbia > United Artists) durante la Edad de Oro de Hollywood (de 1930 a 1949).

    Y aunque las simplificaciones siempre suelen ser malas consejeras seguramente los directores más importantes que trabajaron para dicho estudio en aquellos años fueron, por orden alfabético, Jack Arnold (de 1953 a 1959), Anthony Mann (de 1950 a 1954) y Douglas Sirk (de 1950 a 1959).

    Precisamente de este último recientemente finalicé la revisión completa de sus grandes melodramas (los que van desde OBSESIÓN (1954) a IMITACIÓN A LA VIDA (1959)), una de las mayores satisfacciones a nivel personal que he tenido en estos tiempos aciagos que nos ha tocado vivir.

    Y aunque aparentemente directores tan disímiles como Jack Arnold y Douglas Sirk parecen tener pocos nexos de unión lo cierto es que sí podemos encontrar algo o mas bien alguien que nos sirva de puente entre ambos.

    En esta caso la presencia del productor Albert Zugsmith (1910-1993) quien se encargó de dos de los mejores melodramas del director alemán, ESCRITO SOBRE EL VIENTO (1956) y ÁNGELES SIN BRILLO (1957) y también de cinco de los largometrajes del director norteamericano, entre ellos su gran obra maestra, EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957) pero también dos atractivas muestras de cine negro como son THE TATTERED DRESS (1957) y SANGRE EN EL RANCHO (1957).



    ÁNGELES SIN BRILLO y las dos últimas películas de Arnold mencionadas comparten además el hecho de haber sido rodadas en blanco y negro y en CinemaScope, algo que la Twentieth Century-Fox, propietaria del procedimiento, tuvo vetado hasta 1956.

    Y como no hay dos sin tres, la presencia del Orson Welles (1915-1985) en el reparto, quien se encargó de reescribir sus propios diálogos como era habitual en él, le serviría para conocer al productor que financiaría una de sus mejores películas, la magistral SED DE MAL (1958), que como ya se indicó en el rincón de Sir Alfred Hitchcock bien podría ser un antecedente de la mismísima PSICOSIS (1960) y no sólo por la presencia en el reparto de ambas de la bellísima Janet Leigh...

    A nivel formal una de las cosas que aúna las obras de Sirk y de Arnold producidas por Zugsmith es la aparición del rostro y del nombre de los actores principales al principio de la película.





    Dado lo escueto del metraje Arnold no se anda por las ramas y la película se inicia de una forma magnífica, sin necesidad de usar las palabras.

    Hagamos un pequeño inciso:

    Nos encontramos en el estado de Texas, en los dominios del rancho “Golden Empire” donde rige con puño de hierro (y no precisamente en guante de terciopelo) el todopoderoso Virgil Renchler (Orson Welles), quien mantiene su enorme explotación ganadera gracias al trabajo de los cientos de braceros mexicanos que malviven en ella y que parece tener como única debilidad su joven y hermosa hija Skippy (Colleeen Miller).



    Virgil es también el hombre más importante del condado y todos sus habitantes dependen, de una forma o de otra, de él.

    Retomemos el hilo:

    Dos individuos, Ed (John Larch) y Chet (Leo Gordon), salen del recinto fuertemente vallado del rancho y se dirigen a los barracones donde los trabajadores disfrutan de sus breves momentos de ocio.

    La entrada de los dos individuos provocará el cese de los cánticos y seremos testigos además de cómo ambos se colocan diligentemente sus guantes de cuero.



    Entran bruscamente en el baño y ahí se encuentran el objeto de su búsqueda, el joven y atractivo Juan Martín (Joe Schneider), acicalándose. Luego sabremos el motivo…



    Juan será sacado a la fuerza del bungalow y conducido a una pequeña cabaña donde será objeto de una brutal paliza que acabará con la muerte del joven.

    Sin embargo, alguien ha sido testigo del crimen.



    El anciano Jesús Cisneros (Martín Galarraga).

    El grito de muerte de Juan ha despertado a Skippy, una bella forma de indicarnos por qué se acicalaba con tanto afán el joven y guapo mexicano…



    Son algo más de tres minutos en los que no media palabra alguna y que muestran el excelente buen hacer del director y que conseguiría su máxima depuración en el puñado de títulos de ciencia ficción que facturó para el estudio y que le consagrarían como uno de los mejores cultivadores del género en los años ‘50.

    A continuación, como decía, la presentación de los protagonistas, encabezados por el personaje que encarna el prematuramente desaparecido Jeff Chandler (1918-1961).



    No deja de ser curioso que el actor se hiciera famoso por hacer el indio…



    … o sea, por encarnar a Cochise, el famoso jefe de los apaches chiricahua en tres películas, FLECHA ROTA (1950) de Delmer Daves, THE BATTLE AT APACHE PASS (1952) de George Sherman y RAZA DE VIOLENCIA (1954) de…

    … Douglas Sirk…

    Al parecer el director y el actor mantenían una buena relación personal como se puede comprobar por el hecho de que Chandler sirviera de narrador en la primera película del director (GIRLS IN THE NIGHT (1953)) y protagonizara tres películas consecutivas para el mismo, las dos arriba indicadas y la comedia romántica ESCALA EN TOKIO (1958).

    Es una lástima que una película que empieza tan bien no finalice de igual forma.

    Y aunque SANGRE EN EL RANCHO podría parecer un remake en tiempos modernos de SÓLO ANTE EL PELIGRO (1952) de Fred Zinnemann (y de Carl Foreman) por la desigual lucha que mantiene el integro sheriff Ben Sandler (Jeff Chandler) no sólo contra Virgil y sus adláteres sino también contra sus propios conciudadanos e incluso sus superiores y su ayudante, lo cierto es que la puesta en escena de Arnold es diametralmente opuesta a la del director de origen vienés.



    Ciertamente SANGRE EN EL RANCHO carece de la mítica que envuelve a la película de Zinnemann pero en su modestia y en algunos tramos me parece francamente superior, aunque más de uno tal vez ponga el grito en el cielo.

    Uno de los aspectos a destacar es la clara denuncia del racismo de los habitantes del condado hacia sus vecinos mexicanos a los que únicamente consideran como una mano de obra barata y carente de todo derecho.





    Y también la película apunta a la extraña relación que mantiene Virgil con su hija a la que no deja abandonar el rancho y que además es objeto de las atenciones del brutal Ed.



    Aunque Jeff Chandler está lejos de ser considerado un gran actor, lo cierto es que su labor interpretativa en la película es impecable y de hecho se convierte en una de las grandes bazas de la película junto a la depurada puesta en escena del director y un uso impecable del formato CinemaScope.



    Y si antes mencionábamos SÓLO ANTE EL PELIGRO, la secuencia en la que el sheriff es apaleado y arrastrado por una camioneta por las calles del pueblo bien podría ser el antecedente de una similar de la excelente LA JAURÍA HUMANA (1966) de Arthur Penn (director, por cierto, al que tuve oportunidad de conocer personalmente en una de mis dos estancias en la Seminci, allá por 1994 o 1995).



    Como antes indicaba únicamente el final desentona del tono global de la película porque es poco creíble que en el enfrentamiento final entre Ben y Virgil, o más bien entre Ben y Ed, el (fiel) guardaespaldas del terrateniente, acabe por sacar lo mejor de los ciudadanos del condado y ayuden, rifle en mano, a acabar con la tiranía del hombre más poderoso de la región.



    Pese a todo, una excelente muestra de cine negro tardío (o de western contemporáneo) que me deja con ganas de ver la película que le antecede, la mencionada THE TATTERED DRESS, donde además de Chandler contamos con la presencia de dos féminas tan sugerentes como la voluptuosa Jeanne Crain (la maravillosa protagonista de PINKY (1949) de Elia Kazan…) y la atormentada Gail Russell (a la que su amigo (y tal vez algo más) John Wayne había sacado temporalmente de su infierno particular al incluirla en el reparto de uno de los mejores westerns de todos los tiempos, SEVEN MEN FROM NOW (1956) de Budd Boetticher).


    Última edición por Alcaudón; 07/03/2026 a las 17:13
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  8. #458
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    ¿Os habéis puesto de acuerdo para los comentarios?... porque vaya casualidad...

    Yo también la ví en su momento, aunque he de reconocer que me gustó más "Muerte al amanecer" que "Sangre en el rancho".
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  9. #459
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    No. Simplemente recordé que yo también la había comentado hace un tiempo, aunque no pensaba que TANTO tiempo...

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  10. #460
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Pues yo no las había visto nunca, ninguna de las tres. Y me parece un ciclo más que interesante. No sé si Arnold tiene algún western más.
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  11. #461
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje

    Y como no hay dos sin tres, la presencia del Orson Welles (1915-1985) en el reparto, quien se encargó de reescribir sus propios diálogos como era habitual en él,
    Veo que mi intuición no me falló. La frase que cito, lo de que su propiedad es mayor que varios países europeos, suena a Welles de todas todas.

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje

    Como antes indicaba únicamente el final desentona del tono global de la película porque es poco creíble que en el enfrentamiento final entre Ben y Virgil, o más bien entre Ben y Ed, el (fiel) guardaespaldas del terrateniente, acabe por sacar lo mejor de los ciudadanos del condado y ayuden, rifle en mano, a acabar con la tiranía del hombre más poderoso de la región.
    Sí, es poco creíble, así lo he señalado en mi comentario. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, me ha gustado el final a pesar de ser inverosímil. De todos modos, hay que tener en cuenta que cuando los sicarios de Renchler entran en el pueblo a tiro limpio traspasan los límites de lo permisible, incluso por parte de los timoratos prohombres de la comunidad. Si los hombres de Renchler se les "mean" en la cara, ¿dónde queda su poder, su orgullo? Algo por el estilo se está viviendo en los últimos tiempos a nivel de política internacional.
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  12. #462
    sabio Avatar de hannaben
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas


    La he visto y aún no toca en el hilo de Bergman,la coloco aquí






    La joven doncella morirá en el espeso bosque, dos desalmados le arrebatarán el orgullo y la vida…pero el destino siempre se gira en contra de los pecadores, condenados a un final imposible de esquivar
    La furia de Odín y Cristo toman forma en esta leyenda de muerte y venganza,no siendo la primera pero sí abriendo significativamente al cine moderno el "rape and revenge"

    Tan polémica como aplaudida en su momento, es sin duda una de las obras magnas del maestro,en ese momento tan importante con el estallido de la Nueva ola en Francia junto a otros movimientos incluido el cine sueco.

    Bergman regresa a la Edad Media adaptando una leyenda sueca que conoció de estudiante, ¨Per Tyrssons döttrar i Vänge¨, la cual relata el (enigmático y escabroso) origen de la iglesia de Kärna. Esta vez firma el guión la escritora Ulla Isaksson, célebre por sus reflexiones sobre la religión y la fe del ser humano, lo que congeniaba a la perfección con las ideas del director.
    Los hechos cambian con la puesta en escena de Bergman.


    En el siglo XIV, Töre, señor de Vänge, vive en una heredad de Delacarlia, con su esposa, su hija única, Karin, y otra adoptiva. Al empezar la primavera, Karin, por ser virgen, debe realizar la ofrenda de los cirios pascuales en una ermita cercana. Con su mejor vestido, emprende el viaje. En el bosque encuentra a tres caminantes, cuya cordialidad despierta su confianza, de manera que les invita a compartir sus provisiones. Pero la joven advertirá pronto que esa actitud es sólo aparente
    Entran en conflicto dos creencias, la de los paganos y blasfemos y la cristiana (puros y castos), materializadas en los personajes de Karin e Ingeri.

    Esta última, pobre, desaliñada,bastarda y con gran rencor en su interior, pide a Odín que la ayude en su venganza contra la primera, una doncella pulcra, mimada, consentida, que irá a la iglesia para ofrecer los cirios en la misa.


    Veremos un retrato de familia devota ignorantes de la desgracia que les marcará y que su dios, quien supuestamente ayuda y protege, no evitará.

    Un sapo actuará presagiando la muerte mientras el Diablo ronda en secreto a Karin, quien será advertida por su madre (¨el demonio seduce al inocente, se afana por destruir lo bueno¨); este Diablo acechante tomará la forma de un viejo tuerto que las mujeres encontrarán en el bosque y cuyo sacrificio calmará la sed de venganza de Ingeri. Todo se halla bajo el signo de la amenaza y la fantasmagoría, y pronto el ambiente bucólico reinante (la doncella, los tres pastores, la resplandeciente naturaleza) se tornará sombrío y grotesco al producirse el crimen, atroz y efímero.

    Como si de un voyeur Hitchcockiano se tratase, a la vez consumida por la culpa y el deseo, Ingeri observa en silencio, al igual que el niño, cuya conciencia irá pudriéndose por el encubrimiento; la fatalidad del destino será la que juegue un importante papel en la segunda mitad, cuando los mismos asesinos se presenten ante los padres de Karin. El fraile, adivinando de algún modo el secreto oculto por el pequeño, le advierte del castigo que espera en el infierno a los pecadores, aunque le insta a no perder la fe, a confiar en Dios para salvarse; sobrecogedora irrupción que eleva la tensión antes del brutal clímax.


    La culpa está en los personajes, quienes avanzan juntos por el bosque bajo la mirada de ese negro cuervo que siempre ha estado presente: a Ingeri por presenciar el crimen, a Märeta por sus celos hacia Töre, y a éste por haber ejecutado su venganza a ojos de un dios que ha permanecido en silencio (frente al pagano Odín, que ha desatado la maldad y el caos); como de costumbre para el director, que vuelve a hacer hincapié en sus más profundas obsesiones, su protagonista cuestiona sobre su fe e implora a Dios una respuesta que jamás llegará, sirviendo sólo la expiación..

    El agua brota por la gracia de Dios, un agua de purificación, para limpiar todos los males...

    La peli es Shakesperiana, uno de los pastores regalará la túnica ensangrentada de Karin a Märeta, Töre se encuentra a Ingeri, que confiesa su culpa: sin posibilidad de actuar mientras observaba la violación mantenía en su interior el deseo de sufrimiento para la chica. De este modo, Töre se prepara,primero lanzándose furioso contra el abedul,para luego cortar sus ramas, pues ha de purificarse con ellas para entrar en combate.

    IMPRESIONANTE!



    Bergman mantiene la angustia en silencio, dejando que el padre registre cuidadosamente en las bolsas que han traído los pastores, allí postrados, durmiendo, ignorando lo que les acecha. Después de encontrar las cosas de su hija clava con fuerza el puñal sobre la mesa, su acto de venganza sentenciado; no obstante el noble aguarda paciente el despertar del día a través de la trampilla del techo.La atmósfera no puede presentarse más desasosegante…el violento estallido final está cerca.

    Asesinato descarnado; Töre, que siempre había permanecido sereno durante toda la película, revela toda su furia contra aquellos que le arrebataron a Karin. Las palabras del fraile se cumplen, los pecadores han pagado por su crimen, veremos cómo uno de los pastores es empujado al fuego de la hoguera; incluso el pobre niño será ajusticiado por guardar el secreto, en manos de un Töre iracundo que más tarde pedirá a Dios que se apiade de su alma. Todo ello sin música, realzando la crudeza del momento.


    Los actores brindan unas magistrales interpretaciones, con unos soberbios Max Von Sydow, Gunnel Lindblom y Birgitta Valberg a la cabeza, Bergman recrea con precisión el medievo sueco con una puesta en escena tan sobria como hipnótica,gran trabajo de Sven Nykvist, cuya fotografía llena de oscuridad y saturación de luz confiere a la atmósfera un tono inquietante, siniestro y no obstante extrañamente esplendido.Un cuento bello y terrorífico convertido en obra inmortal de la historia del cine.


    9/10
    Última edición por hannaben; 16/03/2026 a las 08:49
    mad dog earle y Alcaudón han agradecido esto.

  13. #463
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Bienvenida a este modesto rincón, hannaben. Te echaba de menos.

    Para mí también es una de las mejores películas del cineasta sueco. Habrá que ver (o mejor dicho leer) lo que diga el doctor mad dog earle en el rincón Bergman.

    Ojalá pudiera comentar esta y otras películas que tengo en la recámara, pero me temo que para mí se acabaron las largas estancias delante del ordenador.

    Por cierto, algún día tienes que decirme cómo haces esos collages tan chulos. Eres toda una artista.

    mad dog earle y hannaben han agradecido esto.

  14. #464
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Cita Iniciado por Alcaudón Ver mensaje
    Para mí también es una de las mejores películas del cineasta sueco. Habrá que ver (o mejor dicho leer) lo que diga el doctor mad dog earle en el rincón Bergman.
    De momento, a la espera de que la revise, aquí está mi comentario del 2015: Revisitando a Ingmar Bergman. Sin duda, es uno de sus grandes títulos.
    Alcaudón y hannaben han agradecido esto.

  15. #465
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    Predeterminado Re: El callejón de las películas perdidas

    Motín (Mutiny, 1952), de Edward Dmytryk



    Aunque Dmytryk rodó casi de todo, y reconozco que no he visto más que un tercio de su filmografía, me ha sorprendido dirigiendo este film de aventuras, más propio quizá de un Walsh.

    Mutiny es una producción de los King Brothers, Frank y Maurice, de esas que solemos etiquetar como de serie B, en la que participó en el guion Philip Yordan, que acabo emigrando a Europa por culpa del maccarthismo. La acción nos sitúa en el año 1812 cuando se declara la guerra entre Estados Unidos y la antigua metrópoli británica. Los americanos necesitan financiación, para lo cual el capitán Marshall (Mark Stevens) ha de navegar hasta Francia para recoger una ayuda de 10 millones de dólares en oro.

    Marshall, que es un capitán joven, pide que le acompañe como primer oficial su antiguo maestro, el capitán Waldridge (Patrick Knowles), un oficial de la Marina británica expulsado por una acusación de robo,



    que vive además amargado por un amor frustrado, el que siente por Leslie (Angela Lansbury en un papel de femme fatale que parece extraído de un film noir).



    Aunque inicialmente Waldridge no acepta el ofrecimiento, por lo que tiene de haber de someterse a las órdenes del que fuera su pupilo, acaba aceptando con la condición de que podrá visitar a Leslie, que vive en Francia. Además se le permite incorporar a la tripulacióm a sus hombres, entre los que destacan los siniestros Hook (Gene Evans), dotado de un garfio como su nombre indica, y Redlegs (Rhys Williams).



    Consiguen superar el bloqueo de la marina británica y llegar a Francia, donde embarca Leslie, lo que generará un conflicto con Marshall, y una pesada ancla, que, como adivinarán pronto Hook y Redlegs, incitados por la ambiciosa Leslie, está hecha de oro macizo pintado de negro (un detalle que me ha hecho recordar The Maltese Falcon).

    Pero ni Leslie ni los turbios marineros de Waldridge están por la labor de llevar el oro a Estados Unidos, sino que deciden robarlo, con la final complicidad de su capitán, que cede más por asegurarse a su amada que por codicia. Pero en un gesto último de amistad decide salvar la vida de Marshall (que algo antes le ha salvado también de morir ahogado).

    Marshall llega a la costa americana, donde se fleta un barco para perseguir a los amotinados. El enfrentamiento final nos ofrecerá uno de los detalles más curiosos de la película: necesitados de escapar del acoso de una nave británica los dos capitanes se embarcan en un rudimentario submarino que hunde el bajel enemigo con un torpedo (!!), acción heroica en la que Waldridge perderá la vida. Como último gesto de amistad y de gratitud, Marshall anota en el diario de a bordo, a pesar de motín, que su antiguo maestro ha muerto en acto de servicio.



    Que es una película modesta se nota en la gran cantidad de planos cerrados en decorados abigarrados y tremendamente oscuros (la fotografía es en Technicolor, aunque las imágenes que he encontrado en internet son mayoritariamente en blanco y negro), lo que disimula las limitaciones presupuestarias.



    Además, los enfrentamientos de las naves son claramente maquetas filmadas en estudio.



    Dudo de si la oscuridad del film es debida a las condiciones de la copia que he visto en Filmin, pero en todo caso hay más de una secuencia en la que es difícil apreciar qué es lo que está pasando.

    A esas pobres condiciones de producción se une un reparto poco atractivo, especialmente por lo que respecta a los dos protagonistas masculinos, un sosísimo Mark Stevens y un circunspecto Patric Knowles. Landsbury, eso sí, está que se sale como la malvada, y cumplen muy bien la pareja de malvados marineros, Evans y Williams. Discreta propuesta, pero que bien merece un visionado.

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