Queda claro que es cuestión de gustos.
Para mí A Scene at the Sea está en lo más alto, codeándose sin problemas con Hana-Bi o Dolls.
No creo que su ritmo sea mucho más diferente que el de las otras grandes películas de Kitano, envolventemente poético. Es impecable en su transmisión de la quietud de la playa a través de la calmada realización, la brisa marina se te mete por los oídos en forma de las notas de Hisaishi, la historia de amor fluye con un tempo tan imperceptible como real, etc. Yo soy un anti-playa casi total; solo me atrae si se dan determinadas características. Y siempre que veo A Scene at the Sea me entran unas ganas locas de ir a tumbarme en la arena y mirar a los surfistas.
O2




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