Spielberg es DIOS punto.
Hasta el sabado...
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Hasta el sabado...
Han colgado la banda sonora en youtube, no oficialmente
https://youtu.be/CwQ4UEMd1g0
What makes Megalopolis so strange and, for a big-budget Hollywood film, so singular, is that, just like Vergil’s Aeneid, it is at once accretive, allusive, and idiosyncratic because Coppola is attempting something very few artists have ever done: to speak from inside the imperial organism, even as it begins to crack, and to craft a vision that is both a monument to its grandeur and a requiem for its decline.
Disclosure Day es, como ya nos avanzaba Spielberg, una banda sonora que se caracteriza por su contención y mesura. Es un trabajo que podríamos definir como otoñal, pero esa placidez casi beatifica (las orquestaciones son las mas transparentes, limpias y depuradas de la carrera de Williams en muchos, pero que muchos años, no sobra ni una nota), se ve atravesado casi constantemente por tensión y suspense, que, en términos musicales, supone el grueso del score. Largos pasajes rítimicos con presencia bastante importante del sintetizador que recuerdan inevitablemente a Minority Report, se alternan con el lirismo antes mencionado (incluyendo unos coros y voz solista femenina), todo ello salpicado con puntuales -muy muy puntuales- momentos de acción.
Estilisticamente la partitura, supone una mezcla entre Inteligencia Artificial, Las Cenizas de Angela, Minority Report y La Guerra de los Mundos (esta última exclusivamente para los segmentos de acción, muy breves).
¿Es un score temático? Bueno, hay un tema principal perfectamente identificable que Williams varía y desarrolla, pero en su mayor parte, es un score motivico en el que priman el ritmo y las texturas muy por encima de lo melodico.
Concluyo por tanto que aburrirá a la mayoría, que certificará que Williams ha vivido tiempos mejores y ya está en decadencia, lamentando especialmente la ausencia de espectacularidad orquestal y temas tarareables.
A mí, en cambio, me ha encantado, e incluso sorprendido. Un trabajo crepuscular y reflexivo para degustar con calma varias veces.
What makes Megalopolis so strange and, for a big-budget Hollywood film, so singular, is that, just like Vergil’s Aeneid, it is at once accretive, allusive, and idiosyncratic because Coppola is attempting something very few artists have ever done: to speak from inside the imperial organism, even as it begins to crack, and to craft a vision that is both a monument to its grandeur and a requiem for its decline.