Desplat es frio
Frio, mis cojones, la pieza final es EMOCION pura y llana con esa mirada al horizonte.
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Frio, mis cojones, la pieza final es EMOCION pura y llana con esa mirada al horizonte.
Por cierto irreconocible Segura, eh.
Y ver a los miticos del genero como Ineson, Dance y Bradley siempre se agradece.
Leo alabanzas a la puesta en escena y diría que está lejos de otras obras de Del Toro en ese aspecto. Que sea una peli para Netflix creo que le hace un flaco favor y creo que bajo el paraguas de un estudio de verdad luciría mucho mejor. De hecho, El callejón de las almas perdidas me parece más refinada en ese aspecto.
What makes Megalopolis so strange and, for a big-budget Hollywood film, so singular, is that, just like Vergil’s Aeneid, it is at once accretive, allusive, and idiosyncratic because Coppola is attempting something very few artists have ever done: to speak from inside the imperial organism, even as it begins to crack, and to craft a vision that is both a monument to its grandeur and a requiem for its decline.
Vista ayer y si bien en líneas generales me ha gustado y me ha mantenido entretenido, hay un par de cosillas que no me acaban de cuadrar:
Spoiler:
Spoiler:
Sí, pero a diferencia de la novela, Del Toro desprovee a la criatura de esa pulsión atávica que siente cualquier ser humano al contemplarle. Luego toda la interpretación -o visión- de Del Toro sobre la criatura -y con ella la novela- queda enormemente simplificada. Una pena.
Formalmente es formidable, incluso teniendo cierto aroma a producción Netflix que la limita un poco. Pero en lo capital; en la profundidad, el sentimiento de abandono y la ambigüedad que genera multitud de interpretaciones que reverberan en el lector al acabar el libro; el director se queda muy corto.
ATENCIÓN, SPOILERS.
Habiendo escuchado ya el album (que es el score completo en orden cronológico, el cual Del Toro inserta de manera integra en el film, sin cortar nada), y teniendo fresca la película, puedo decir que a mi parecer esta es una de las grandes creaciones en la carrera del frances, a la altura de la obra maestra de Doyle (no lo digo yo, Elliot Goldenthal calificó este trabajo como una de las cumbres de la música de cine de los 90), y de la obra maestra de Waxman para La Novia de Frankenstein, score legendario por derecho propio.
Como Doyle, Desplat trabaja concienzudamente la estructura y el desarrollo de su trabajo, y como Doyle, el tema principal, el de Victor, discurre en su desarrollo a la par que el tema musical de la criatura (que, como Doyle, Desplat asigna principalmente a unos tenebrosos metales en su registro más bajo, al menos en principio). En este caso, a diferencia de Doyle, no hay un tema de amor que dialogue con los otros dos, pero si de deseo carnal, compartido, en una decisión brillante por parte de los cineastas, por Elizabeth y el trabajo de Victor. Cuando lo segundo deviene en obsesión y locura, este tema, un precioso vals, adquiere un cariz irónico: la felicidad de Victor va aparejada a su pérdida de juicio (vease a este respecto la secuencia de la creación, por ejemplo).
Cuando más adelante la criatura conoce el afecto sincero por primera vez en su vida, (la familia del bosque), su tema musical se torna calido y emotivo, y al final, cuando hace las paces con su creador -y con el mundo- ambos temas, el de Frankenstein y el de la criatura, se entrelazan en una preciosa rendición orquestal, que adquiere, en la ultima escena del film, incluso cierto tono de esperanza y júbilo.
Antes de eso, Elizabeth ha fallecido en los brazos de la criatura, y es el tema musical de esta, no el vals de Victor, el que los envuelve a ambos de manera delicada, manifestación musical de amor puro en lugar del deseo sexual moralmente condenable (por tratarse de la prometida de su hermano William).
Hay muchas más cosas que señalar claro, y temas secundarios que convendría analizar, pero basten estos someros apuntes para constatar que me parece una joya de partitura, una obra maestra tanto a nivel dramático como narrativo.
What makes Megalopolis so strange and, for a big-budget Hollywood film, so singular, is that, just like Vergil’s Aeneid, it is at once accretive, allusive, and idiosyncratic because Coppola is attempting something very few artists have ever done: to speak from inside the imperial organism, even as it begins to crack, and to craft a vision that is both a monument to its grandeur and a requiem for its decline.