Una película infravalorada y denostada por la entonces incipiente moda de menospreciar a George Lucas, como si la ola de "veracidad" que sacudía el cine cuando se estrenó necesitase hacer menos a aquéllos que -aún- empleaban la imaginación, o incluso la metáfora. Como si todo lo que no fuese introspectivo, y presuntamente real, fuese infantil, o un engaño.
Lo curioso es que, en el fondo, "La amenaza fantasma" tiene mucho más de realidad que la mayoría de películas enarboladas por la crítica en aquellos tiempos, hasta tal punto, que en ella se encuentran muchos de los problemas -y las enseñanzas- de la situación geopolítica de nuestros días.
Una historia y una situación vertebradas por arquetipos, motivaciones y actitudes reales, que elevan la Saga no muy lejos de ese canon que también asumieron Shakespeare y otros grandes de la narración, al establecer historias universales y reconocibles como iconos atemporales del comportamiento humano, y sus problemas/derivas cíclicas.
Lo irónico es que, lejos de envejecer prematuramente, como un juguete de niños que pasa de moda, tal y como se predijo, 25 años después sigue siendo una película interesante, vigente, llamativa, y entretenida. Y un film que, al contrario que la tercera trilogía, es Star Wars y huele a Star Wars, hasta ese último plano final en que Yoda y Mace Windu dudan si han destruído al (Sith) maestro o al aprendiz, justo antes de que la cámara -traviesa, pero solemne- nos muestre un plano de Palpatine.
Me extrañó ver algún plano ligeramente desenfocado, con poca definición, pero la experiencia que supone ver una película como esta, con todo lo que implicó y es, en los cines, pantallas y sonido, que hay hoy en día, supera con mucho cualquier extrañeza, y se convierte en una experiencia cinematográfica fantástica.
Nunca mejor dicho.
Por cierto, no había ni una sola butaca libre en la sala. En la siguiente sesión tampoco.