Ayer presencié unas estremecedoras imágenes en las noticias. Cientos de trabajadores de la naval, cual hordas de Atila, tomaron al asalto el edificio de la Xunta en Vigo, destrozando cuanto hallaron a su paso y arrojando a la calle miles de documentos oficiales. Previamente, habían agredido brutalmente a un conductor de autobús.



Desgraciadamente, aquí en Cádiz ya conocemos de primera mano ese fenómeno. En cuanto algún sector tiene problemas (llámese astilleros, llámese Delphi), lo primero que sus trabajadores "discurren" es ponerse pasamontañas, armarse de tiradores y tuercas de acero de tamaño considerable, y cortar todos los accesos a la ciudad, destrozando de paso el asfalto mediante hogueras, o literalmente destruyendo la cabina de control del puente Carranza.

No creo que nadie que me conozca pueda tacharme de totalitarista o poco amante de las libertades, pero sinceramente creo que esto tiene que acabar. Todo tiene un límite. Y donde empiezan mis derechos, terminan los de ellos. Los documentos destruidos en Vigo suponen un daño TERRIBLE no solo a la Xunta, sino a miles de ciudadanos. Muchísimas personas no pudieron acudir a rehabilitación, o incluso a someterse a operaciones quirúrgicas de importancia por que los mamelucos que cortaron el puente no permitían el acceso ni a las ambulancias. Ya está bien de que la única forma de protestar que parece existir sea el vandalismo y la falta absoluta de respeto por los demás.

Abro el debate.

Manu1oo1