No sé si tiene demasiado sentido reflotar este hilo, pero es que acabo de ver esta peli y, lamentándolo mucho, no puedo más que discrepar visceral y profundamente con algunos foreros que tengo en estima y con los que creo que suelo coincidir.
STUCK IN LOVE me parece una de las películas más tóxicas que he visto nunca.
Y no lo digo a la ligera, porque, personalmente, intento disociar forma de fondo; creo que hay grandes películas que pueden resultarnos muy alejadas de nosotros moralmente y no por ello deben ser menospreciadas y, por el contrario, a menudo me encuentro con gente y criticos meapilas que ensalzan películas que son una auténtica mierda sólo porque coinciden con su perspectiva de la vida.
Como mera película, STUCK IN LOVE me parece... bah, mediocre; como mucho correcta. No se puede negar que hay una historia correctamente estructurada, vertebrada principalmente sobre diálogos más o menos ingeniosos –demasiado "literarios" y artificiales– en los que se aprecia claramente un esfuerzo de creación, e interpretada por un elenco solvente, en el que destaca Jennifer Connelly porque... bueno, porque Jeniffer Connelly es una especia de entidad inefable que eleva cualquier material en el que participe con su sola presencia. Y luego los aspectos más formales son debidamente profesionales, a la altura de lo que uno espera encontrar en un anuncio realizado por un estudio publicitario "de confianza": la fotografía es adecuadamente "bonita" e impersonalmente genérica, y la música acompaña para dirigir las emociones del espectador de forma fácil y manipuladora. Podría ser la hermana menor de otras pelis a las que obviamente se quiere parecer, como THE SPECTACULAR NOW o THE PERKS OF BEING A WALLFLOWER, con las que comparte manierismos, más que maneras.
Vamos, que es una peli "bien hecha".
Pero también es una peli vomitiva, que ofrece una visión de la vida y, en especial, del amor, tan insultante y falsa como peligrosa. Una peli protagonizada exclusivamente por personajes de alta extración socioeconómica, todos "niños bien" con vida de ricos acomodados, que hablan de un dolor de digestión fácil y de un "amor verdadero" que, por descontado, está materializado en el matrimonio, y donde los conflictos son de pacotilla y vienen presentados en piezas de fácil encaje, piezas que se compensan por ambas partes como si existiera un "karma" que equilibra y hace funcionar todo, y se solventan mediante el sencillo procedimiento de manifestarlos y esperar un abrazo. Porque ya sabemos que el amor, si es de verdad, siempre vence, basta con esperar a que el otro "entre en razón" y vuelva a nuestros brazos entre sollozos, suplicando que lo perdonemos por haberse "descarriado". No es que el amor se acabe, ni que las parejas se desgasten y se apaguen, ni que se hagan tanto daño que lleguen a odiarse, ni que descubran que, en realidad, no se han querido nunca y han vivido una farsa alimentada por la inercia, el miedo y la comodidad; no, no, nada de esas cosas tan negativas, quita, quita, qué aguafiestas, qué mal rollo. Y si nos hicimos daño fue por ambas partes y ya está perdonado.
Y todo esto contado en medio de unas vidas más falsas que un anuncio de Don Draper, donde las "niñas" que se "pierden" y caen en los abismos de las drogas lo hacen en fiestas en mansiones costa oeste y luego son rescatadas por el expeditivo método de pellizcar en las narices al "lobo malo" que se las había llevado, que se queda gimoteando en el suelo, porque ya sabemos que los malos son en realidad unos cobardes y no tenemos nada que temer de ellos si les hacemos frente protegidos por el escudo de nuestro amor y nuestra bondad (Iñárritu, otro farsante, se ha forjado su carrera a base de ser "turista del dolor", como un Carlos Herrera cualquiera poniendo cara de intensito para hacerse selfies con los cadáveres al fondo, pero al menos en sus pelis los yonkis son yonkis, reutilizan jeringuillas mugrientas y mueren de sida o de sobredosis en un charco de sangre, orina y vómito; el atrezzo es menos de osito de Mimosín, más convincente). Y todo mientras suena de fondo la lista de los éxitos indie-hipster de iTunes de este mes, para que nos sintamos "auténticos" comulgando con una estética que es ética y que es repugnante.
Y papá es escritor, y la hija y el hijo también, y mamá pinta, y en sus ratos libres folla con un tío que no escribe ni pinta, que sólo está cachas y es tonto (así no nos parecerá mal cuando suelte lastre y se deshaga de él, que ya sabemos que el sufrimiento es exclusiva de los listos), con el que está no sabemos por qué, ni ella ni sus hijos tampoco, y, claro, en cuanto que le abren los ojos ve que el amor verdadero la está esperando, con toda la paciencia y la bondad del amor verdadero, que es ese con el que has tenido hijos y has construído una familia, no te me vayas a despistar.
(y eso después de que el ex-marido la haya estado espiando regularmente por la ventana de su casa –incluso mientras mantiene relaciones sexuales con su actual pareja, el "cacho-carne"– porque ya sabemos que eso de que los tíos vigilen a escondidas a sus ex-parejas es una tontería simpática, un gesto "romántico", una "demostración de amor", al fin y al cabo, ¿no?; vaaaaaale, no está bien, pero lo hago porque te quiero)
Y Kristen Bell es una "follamiga" que está tan buena como todos en la película y que dispensa lecciones de vida que ríete tú del Dalai Lama. Porque ya sabemos que en estos retablos participa toda la comparsa.
Y al final, el amor vence, porque, ya lo hemos dicho, cuando es de verdad, basta con esperar.
Y viven felices y comen perdices, menos la drogadicta, claro, porque "no pertenece" y, por mala, porque lleva el demonio en el cuerpo, porque no es "sana", podemos –debemos– excluírla de nuestro sagrado círculo de bondad.
Y podría seguir y seguir, y todo el vitriolo que pudiera soltar sería poco, y me quedaría corto, porque me falta el dominio del lenguaje necesario.
Please, please, please, que nadie se ofenda ni se lo tome como un atque personal; pero de verdad que hacía tiempo que una peli no me indignaba tanto.
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