Critica/Review de La Odisea (Christopher Nolan)
Pues ya la he visto. No he querido entrar en el hilo ni leer vuestras opiniones hasta poder verla por mí mismo. (Luego os leo.)
Ya lo dije cuando se anunció que el siguiente proyecto de Nolan sería La Odisea: pocas historias me apasionan tanto como la mitología griega y la Antigüedad clásica. Es, probablemente, el tema sobre el que más he leído. Así que enterarme de que uno de mis directores favoritos iba a adaptar precisamente La Odisea... fue un auténtico sueño.
Con el paso de los meses, conforme fueron anunciando el reparto y se confirmaron algunas decisiones sobre ciertos personajes, ese entusiasmo se fue enfriando un poco. Aun así, seguía siendo, con mucha diferencia, la película que más esperaba de este año.
Nos encontramos ante una adaptación de La Odisea sorprendentemente fiel en su estructura narrativa. Al igual que el poema de Homero, Nolan renuncia a una narración lineal y comienza la historia con Telémaco, hijo de Odiseo, mostrándonos el caos que reina en Ítaca tras la prolongada ausencia de su padre. Los pretendientes han tomado el palacio, dilapidan las riquezas de la casa y presionan a Penélope para que elija un nuevo esposo.
Durante este primer bloque también se intercalan varios flashbacks que presentan detalles que cobrarán importancia más adelante: el protagonismo de Antínoo, la herida que Odiseo sufrió en una cacería de jabalí —elemento fundamental en el desenlace— y un breve vistazo al rey de Ítaca antes de partir hacia Troya, cuando aún era un hombre íntegro y honorable. Es una forma de establecer un claro contraste con el Odiseo que regresará años después, profundamente transformado por la guerra y por todo lo que tendrá que vivir durante su regreso.
Este bloque concluye con la decisión de Telémaco de abandonar Ítaca para buscar noticias de su padre, iniciando así su viaje a Pilos y Esparta.
A continuación, la película da el salto a la isla de Ogigia, donde encontramos a Odiseo junto a Calipso. Han pasado ya siete años y el héroe vive sumido en una especie de amnesia provocada por el consumo continuado del loto, incapaz de recordar quién es realmente ni todo lo que ha vivido.
Es aquí donde Nolan realiza uno de los cambios más interesantes de la adaptación al fusionar dos episodios del poema: el de los lotófagos y el de los feacios.
En la obra de Homero son los compañeros de Odiseo quienes consumen el loto durante su estancia en la isla de los lotófagos, olvidando inmediatamente su hogar y todo deseo de regresar. Es el propio Odiseo quien, por la fuerza, consigue hacerlos volver a las naves para continuar el viaje hacia Ítaca. En la película, sin embargo, es el propio Odiseo quien permanece bajo los efectos del narcótico durante años.
Al mismo tiempo, Nolan integra el episodio de los feacios dentro de esta situación. En el poema, es ante el rey Alcínoo, Nausícaa y la corte feacia donde Odiseo relata en primera persona todas las peripecias de su regreso desde la caída de Troya hasta su llegada a Ogigia. En la película ese papel pasa a desempeñarlo Calipso: consciente de que solo recuperando sus recuerdos podrá marcharse, decide dejar de suministrarle el loto y es entonces cuando, poco a poco, Odiseo comienza a reconstruir su memoria, convirtiendo ese proceso en el vehículo para narrar sus aventuras.
Todo el relato de Odiseo me ha parecido una adaptación magnífica. En líneas generales, Nolan respeta con bastante fidelidad el espíritu del poema, aunque prescinde de algunos episodios, como el de Eolo y la bolsa de los vientos o el de los lotófagos, que, como ya he comentado, queda integrado de otra manera dentro de la historia.
El resto del viaje me ha parecido excelente: el saqueo de los cícones, el encuentro con Polifemo, los lestrigones, Circe, el descenso al Hades, las sirenas, Escila y Caribdis, la llegada a Trinacria, la matanza de las vacas de Helios y el posterior naufragio que acaba con la vida de toda la tripulación. Son secuencias muy bien adaptadas que, aun introduciendo algunos cambios, conservan la esencia del relato de Homero.
Quizá el episodio de Polifemo sea el que más me sorprendió. Nolan lo presenta como una criatura mucho más primitiva y animal, construyendo toda la secuencia como si fuera una película de terror dentro de la cueva. Aunque elimina el célebre engaño de «Nadie me ha atacado», la tensión que consigue durante toda la escena hace que, para mí, el resultado funcione a la perfección.
El otro cambio importante aparece con los lestrigones. En el poema son gigantes antropófagos, pero en la película su diseño y comportamiento son diferentes. Mi impresión es que Nolan ha querido diferenciarlos deliberadamente de Polifemo para evitar que el espectador sienta que está viendo una variación de la misma escena: otro grupo de gigantes primitivos devorando hombres apenas unos minutos después. El cambio no termina de convencerme, pero al menos le encuentro una lógica narrativa.
(Ojalá pudiera decir lo mismo de otras modificaciones que introduce más adelante. Esas sí me parecen decisiones difíciles de justificar y, en algunos casos, errores importantes de la adaptación, de los que hablaré después.)
Circe, el descenso al Hades y la secuencia de las sirenas me han parecido sencillamente extraordinarias. Si tuviera que elegir una, me quedaría con el descenso al Hades. La aparición de Tiresias, el encuentro con Agamenón y la inclusión de Sinón y su historia con Antínoo me parecieron un acierto absoluto, con esa atmósfera tan característica que le aporta el rodaje en Islandia. Para mí, es un 10/10.
Eso sí, eché mucho de menos la aparición de Aquiles, que sí está presente en el poema. Habría sido un momento perfecto para incluirlo y, ya puestos a soñar, me habría encantado volver a ver a Brad Pitt interpretándolo.
Llegados a este punto, y antes de entrar en el tercer acto, tengo que detenerme en varios aspectos de la película que, personalmente, no termino de comprar.
El primero es el casting de Helena y Clitemnestra, ambas interpretadas por Lupita Nyong'o. Mi problema no es solo que no encaje con la descripción tradicional de Helena, sino que la película convierte a ambas en hermanas gemelas. Eso, para mí, genera un problema interno dentro de la propia historia. Si Helena era considerada la mujer más bella del mundo, hasta el punto de rivalizar con las diosas, hacer que tenga una hermana idéntica físicamente le resta parte de esa excepcionalidad que define al personaje.
Algo parecido me ocurre con Himesh Patel como Euríloco, Will Yun Lee como Anquialo y Elliot Page como Sinón. Son decisiones de reparto que me sacan constantemente de la película porque no encuentro una justificación narrativa detrás de ellas. A diferencia del cambio realizado con los lestrigones —que, aunque no me guste, entiendo por qué Nolan lo hace—, aquí no veo una razón que aporte algo a la historia.
En el caso de Elliot Page, además, creo que el problema va más allá del reparto en sí. Sinón es el soldado griego que idea y ejecuta uno de los engaños más decisivos de toda la guerra de Troya, convenciendo a los troyanos para introducir el caballo en la ciudad. La película adapta muy bien ese episodio y su relación con Antínoo me gustó mucho, pero físicamente nunca terminé de creerme al personaje. Por constitución y presencia en pantalla, no transmite la imagen de un veterano de la guerra de Troya, y eso hace que, al menos para mí, el personaje pierda credibilidad.
Y vamos con el final. La llegada de Odiseo a Ítaca, la preparación de la venganza contra los pretendientes, la recuperación de su identidad, los reencuentros con su familia y la restauración del orden en el reino... me ha parecido un auténtico finalazo.
Me ha gustado muchísimo el Antínoo de Robert Pattinson. Desde niño queda retratado como un cobarde que siempre se escuda en que no le permitieron ir a la guerra mientras presume de un honor que nunca ha demostrado. Lo único que realmente le mueve es el poder y su obsesión por convertirse en el nuevo rey de Ítaca. Su forma de tratar a los mendigos, a Eumeo o incluso a Argos, el perro de Odiseo, consigue que el personaje resulte todavía más despreciable. Y, por cierto, todas las escenas entre Argos y Odiseo son una maravilla; ese perro esperando durante veinte años el regreso de su amo hasta poder verlo una última vez me pareció uno de los momentos más emotivos de toda la película.
Pero lo mejor del desenlace no es solo la escena del arco ni la venganza sobre los pretendientes. Lo que realmente eleva este tercer acto son dos decisiones de Nolan que me parecen brillantes.
La primera es la conversación entre Odiseo y Penélope. Ahí culmina todo el viaje del personaje. El hombre honorable que abandonó su hogar para luchar en una guerra provocada por el rapto de Helena —aunque, en el fondo, alimentada por las ambiciones de poder de reyes como Agamenón— regresa convertido en alguien completamente distinto. Ha contemplado durante años los horrores de la guerra, ha visto de lo que es capaz el ser humano cuando desaparecen todos los límites morales y, sobre todo, carga con el peso de haber ideado el plan que hizo posible la caída de Troya.
Nolan plantea el caballo de Troya no como un motivo de orgullo, sino como el origen del sentimiento de culpa que perseguirá a Odiseo durante toda su vida. Aquel ingenioso plan puso fin a la guerra, sí, pero también desencadenó la destrucción de una civilización, la muerte de miles de inocentes, el saqueo de una ciudad y toda la violencia que acompañó a la conquista de Troya. Es un hombre que comprende demasiado tarde que una idea concebida para poner fin a un conflicto terminó desatando una masacre.
En ese sentido, el paralelismo con Oppenheimer me ha parecido evidente. Igual que Oppenheimer comprende que su creación ha cambiado para siempre la historia de la humanidad, este Odiseo entiende que el caballo de Troya marcó un antes y un después. No solo destruyó una ciudad; también destruyó al hombre que era antes de partir hacia la guerra.
Y ahí es donde, para mí, Nolan acierta plenamente con el sentido de La Odisea. El largo viaje de regreso deja de ser únicamente una aventura para convertirse en un castigo. Cada monstruo, cada pérdida y cada obstáculo forman parte de la penitencia de un hombre que debe convivir con el peso de sus decisiones. Su verdadera batalla nunca fue regresar a Ítaca, sino aprender a vivir con la culpa de haber contribuido a desencadenar aquella espiral de destrucción.
Quería terminar destacando otro de los aspectos que más me han gustado de la película: la representación de los dioses. Nolan encuentra una solución que me parece brillante. Zeus está presente a través del estruendo de los rayos; Poseidón, mediante la furia del mar y las tormentas. Los dioses nunca aparecen de forma física, pero su influencia se siente constantemente. Es una forma muy "nolaniana" de trasladar lo sobrenatural a un lenguaje más realista sin perder la esencia del poema.
Y, hablando de los dioses, merece una mención aparte Zendaya como Atenea.
Spoiler:
En definitiva, y a pesar de los cambios y de algunos errores de casting que he comentado, he disfrutado muchísimo de la película. Me parece una adaptación muy fiel al espíritu de La Odisea, visualmente espectacular y con una lectura muy interesante sobre la culpa, las consecuencias de la guerra y el viaje de Odiseo como un proceso de expiación.
Nota: 9/10.
Saludos.




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