Makelele agotado ante tal ejercicio zen de preguntas absurdas, se va arrastrando hacia el almendro en flor más cercano y apoyándose con sus últimas fuerzas sobre el tronco, se saca el plátano del ano y lo vuelve a meter en el zurrón.

Chu-lín le había pillado desprevenido, y ése error no lo volvería a cometer: la próxima vez emplearía la técnica del "banana-split" -una técnica que aniquilaba al enemigo en cuestión de minutos, pero que al mismo tiempo resultaba mortal para el que la empleaba, ya que le dejaba el culo y el intestino congelado.

Makelele se giró y se quedó mirando a Chu-lín, y le dijo con voz fatigosa:

-La próxima vez te voy a meter una hondanada de ostías que no vas a saber si subes o bajas"

Ante tal frase zen sin sentido, Chu-lín empezó a gritar y a sangrar por la nariz copiosamente, manchando a las jirafas que pastaban tranquilamente en el Kilimanjaro y tiñiendo de rojo las ramas de los almendros.

(Como es una película afro-japonesa hay que insertar 5 minutos de planos de la selva africana y de los jardines zen de Zimbabwe, con música de tambores tribales y flautas japonesas)

Mientras todo ésto sucedía, en la granja de Zimba Kon-ichi y su abuelo, apareció en el horizonte la silueta de un hombre que se dirigía hacia ellos. Su aspecto resultaba confuso y algo extraño, ya que portaba dos objetos muy grandes a la espalda, más exactamente, encima de sus hombros.


<span style="color:blue;">El cine oriental será cool gracias a la película </span><span style="color:red;">"Las Flores del Almendro sobre las Nieves del Kilimanjaro"</span>

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