"POBRE TÍO WIGGILY"
O
REVISANDO CLÁSICOS: EL MELODRAMA.
MY FOOLISH HEART (1949) de Mark Robson.
Samuel Goldwyn Productions, Inc. / RKO Radio Pictures, Inc.
No tengo reparo en admitir que desconozco buena parte de la filmografía de Mark Robson, un director por otra parte francamente interesante (especialmente recomendables son sus aportaciones al ciclo de películas de Val Lewton), pero también no dudaría en señalar MY FOOLISH HEART (inédita en salas comerciales en nuestro país) como su obra maestra y una de las cimas del cine romántico de los años '40.
Adaptación libre del cuento de J. D. Salinger "El tío Wiggily en Connecticut" (The New Yorker, 20 de marzo de 1948) a cargo de los mellizos Epstein (Julius J. y Philip G.) que provocaría la indignación del excéntrico escritor y el consiguiente veto por parte del mismo a cualquier otro intento de llevar alguna de sus obras a la gran pantalla.
Una lástima que Salinger no tuviera mayor amplitud de miras y reconociera el soberbio trabajo llevado a cabo por los Epstein plasmado en un libreto ejemplar, pleno de diálogos memorables y de un profundo romanticismo.
Samuel Goldwyn, el más poderoso de los productores independientes (junto a David O. Selznick), contó no sólo con los Epstein si no con el gran operador Lee Garmes y el magnífico músico Victor Young, así como un excelente reparto donde destacan el siempre sobresaliente Dana Andrews (un actor en la línea de Robert Mitchum, aparentemente poco expresivo pero que siempre está perfecto) y una pluscuamperfecta Susan Hayward (justamente nominada a los Oscar aunque perdiera ante mi querida Olivia de Havilland) para crear una soberbia pieza de cine romántico que nos conmueve profundamente.
La historia es un largo flashback, en el que la protagonista del relato, Eloise Winters (Susan Hayward), que vive un presente infeliz con un marido, Lew Wengler (el insustituible Ken Smith), al que no ama y con una hija pequeña que no la ama, recuerda su vida pasada cuando conoció a Walt Dreiser (Dana Andrews), del que se enamoró locamente ("Mi loco corazón" es el título de la hermosa melodía que recorre toda la película) y con el que tuvo esa hija, aunque él nunca llegó a saberlo (ni siquiera llegaron a casarse) pues el murió en un absurdo accidente aéreo antes de entrar en combate (estamos en las fechas posteriores a Pearl Harbour).
No estamos ante una película como LETTER FROM AN UNKOWN WOMAN (1948, CARTA DE UNA DESCONOCIDA), la extraordinaria obra maestra de Max Ophüls (y el mejor trabajo interpretativo de mi poco admirada Joan Fontaine), donde la relación es unívoca. Aquí el amor es recíproco, profundo y sincero y con ese punto de melancolía y fatalismo que impregna las mejores obras del género.
Pocas veces he visto a una actriz como Susan Hayward (una de mis favoritas, sin lugar a dudas) tan ajustada a su personaje como si hubiera sido escrito sólo para ella. E igualmente me gustaría destacar el trabajo de Robert Keith, el padre de Eloise, un hombre con el que ésta mantiene una relación especial. Un padre con un excelente sentido del humor que se casó con la madre de Eloise sin amarla pero que nunca perdió la fe de volver a recuperar ese sentimiento amoroso de las primeras citas que pareció evaporarse tan pronto. Un sentido del humor que le acerca a Walt, el único hombre que ha hecho reír a Eloise, como ella misma afirma una y otra vez. Y esa frase que encabeza este modesto comentario hace referencia a un personaje de cuentos infantiles, el conejo Wiggily, que siempre sufría todo tipo de percances y al que siempre había que proteger de todo mal.
Una película hermosa que no recuerdo haber visto nunca.
Sin lugar a dudas, toda una revelación.
P. D. Me acabo de acordar que Andrews y Hayward ya habían trabajado juntos en la estupenda CANYON PASSAGE (1946, TIERRA GENEROSA) de Jacques Tourneur. Creo recordar que la comenté hace un tiempo en este mismo rincón...![]()




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. No la recordaba tan bonita. Lo tiene todo: gente que es capaz de lo mejor y de lo peor. La codicia, la cobardía, la crueldad, la lascivia... pero también el sublime heroísmo, el espíritu de sacrificio, la caballerosidad y la idea de que, aún en medio de las peores adversidades, toda vida puede ser importante, sea la de una princesa o la de una criada, y marcar la diferencia. No falta nada: princesas de armas tomar, pero capaces de controlarse y reprimir sus impulsos como las verdaderas princesas -y como la Princesa del Guisante de Andersen, ser capaces de darse cuenta de los problemas de su pueblo y ponerles remedio-, abnegados generales capaces de sacrificarlo todo por la causa a la que han servido, acción (¡esos combates de Mifune a caballo
!), drama, comedia (¡ésos campesinos cobardes, codiciosos, entrañables y tronchantes que continuamente salen del fuego para caer en las brasas
!), intriga, emoción desatada... En fin, una maravilla. Sé que suena tópico, pero ya no se hace cine así.
y los efectos cuando se ve algo sobrenatural son muy pobres

. Como tampoco se hicieron eco de la muerte de Juraj Herz -por algunas de cuyas obras sabéis siento una debilidad especial- Qué pena.

