Acabada de ver, la película, sin disgustarme para nada, me está provocando la misma sensación que me dejó la lectura de la novela de Cronenberg, Consumidos, que tal vez la mezcla de temas filosóficos con unas hechuras de thriller conspiranoico pueda quedar algo descompensada.


Dicho esto, pues indicar que me parece muy valiente que Cronenberg se haya lanzado a tumba abierta (nunca mejor dicho) a hablar del duelo y de la pérdida desde su experiencia personal (que desde el primer instante vemos que Vincent Cassell está trasmutado en un personaje que parece un sosías de Cronenberg) y creando una historia que para mí no ofrece concesiones de ningún tipo y que en algunos de sus elementos me ha recordado a su obra magna, Crash.

En lo estético, diría que nada se innova, que por otro lado no es necesario. Y tras dos trabajos conjuntos, el trabajo de Douglas Koch en lo fotográfico me parece tremendo y que encaja perfectamente en el universo del autor.

Saludos