Algunos datos interesantes sacados de un artículo de Rubén Amón que pueden dar una idea de la compleja personalidad de tan insigne personaje:
Según escribe Norman Lebrecht, Bernstein «era el típico judío de Nueva York: bullicioso, generoso, efusivo, vulgar y tan mordazmente divertido como Woody Allen». Y según reconoce Yehudi Menuhin, «Bernstein era una manera de comprender Nueva York».
¿Quién era, realmente, el viejo Lenny? Seguramente, la antítesis -y el antídoto- de Herbert von Karajan, o Dioniso frente a Apolo, o el judío ruso emigrante frente al alemán dado a conocer durante el nazismo, o el candidato americano frente al europeo.
«Pero Bernstein quería más: quería que los austroalemanes lo amasen, quería llegar a ser el judío aceptado por todos, triunfar donde habían fracasado otros judíos después de Mahler.
Leonard Bernstein nunca tuvo reparos en reconocerse bisexualmente activo ni encontró demasiadas dificultades para conciliar la vida familiar -tres hijos- con una abierta promiscuidad y una generosa predisposición al wishky y el tabaco.
«El problema tuyo y mío», le decía al compositor Ned Rorem, «es que queremos ser amados por todas las personas del mundo. Y, por supuesto, esto es imposible: no se puede conocer a todas y cada una de las personas que existen en el mundo».
Para mí, una personalidad tan apabullante, tan dominadora en todos los aspectos de la música que nunca llegó a ser el referente máximo en ninguno de ellos, siendo enorme en todos como lo era. Que quería sobre todas las cosas ser reconocido y amado por todos, y que, por supuesto, representa uno de los mayores talentos e inteligencia que ha dado el mundo de la música...tan llena de gente ignorante que se cree Dios. Éste sí que era un verdadero Dios.
He aqui una rareza, la reunión de dos monstruos:
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